Rasgos Históricos
¡Cayó á tus piés ….. entonces respiraste,
Cobarde vencedora del vencido ……
El océano mismo no podría
Borrar ese padrón de cobardía!
A. LOZANO
I
Escribimos para la historia.
Queremos mostrar al pueblo los mártires y los héroes de la defensa nacional.
Si poseyéramos una lira cantaríamos sus glorias, pero al menos queremos ensalzar sus virtudes, pregonar sus heróicas hazañas.
Mañana la gratitud nacional grabará sus nombres en mármol y granito; el pueblo admirará esas glorias, la juventud imitará esas hazañas y virtudes.
El jénio y la virtud en su paso por la tierra, dejan luz y perfumes, enseñanza y ejemplo.
II
Se nos dirá que aun no es tiempo de escribir para la historia; que los acontecimientos son muy recientes, que es preciso ver su desarrollo y desenlace; que es necesario esperar días de calma en que á la pasión del momento sucedan la imparcialidad y la justicia.
Todo esto y mucho mas se nos dirá; pero nosotros responderemos con un profundo pensador: “podemos estar indignados y hablar la verdad. Se puede juzgar al mismo tiempo que maldecir”.
Por otra parte nosotros no somos de los que para juzgar un hecho, esperan que los testigos hayan muerto y se hayan apolillado los autos.
No tenemos fé en esas relaciones que se fundan en el informe de los enterradores; que comienzan por una exhumación y un interrogatorio á la muerte.
Nosotros para aplaudir o censurar no esperaremos que los actores desaparezcan del escenario y que caiga el telón.
Concurrimos con el pensamiento al teatro de los hechos, vamos al campo de batalla, y entre el fragor del combate, sobre la sangre tibia tomamos notas y apuntes.
Detenemos al transeúnte y al fugitivo, preguntamos al prisionero, al jefe y al soldado; recojemos la última palabra del moribundo.
Nos apoderamos del parte, del boletín, del diario, de la carta; de todo lo que pueda darnos dato, noticia, luz …….
Si omitimos, si padecemos equivoco, error ó engaño, siempre habrá tiempo para la reparación y rectificar lo mismo que entre el hecho y su juicio no média tiempo remoto.
Reasumiendo somos cronistas de los acontecimientos que se desarrollan; quizá nuestros apuntes puedan servir al que mas tarde escriba la “Historia de la Guerra de Reivindicación Chilena” (1)
III
Hoy apuntamos un nombre que la virtud hizo grande y respetable: que el valor, el patriotismo y el sacrificio han hecho inmortal y glorioso. Es el nombre de uno de los 135 héroes de Calama, de esa lejión de espartanos que la América admira y Bolivia bendice.
EDUARDO ABAROA es la primera victima, el primer mártir de la injusta y bárbara guerra de reivindicación con que Chile escandaliza al mundo, insulta la civilización, deshonra el siglo XIX y compromete la paz y el equilibrio continental de la América.
Abaroa es digno de la epopeya.
Su nombre pertenece á la posteridad.
La historia en sus mas brillantes pájinas lo trasmitirá á las futuras edades como el modelo del valor y el ejemplo del patriotismo.
El nombre de Abaroa brillará eternamente entre los faros de luz que señalan la gloria de los siglos y de los pueblos.
Su gloria no es tan solo nacional es continental. Abaroa ha sido mártir de la idea y del derecho; no ha muerto en defensa de un palmo de terreno, de un grado de latitud: ha sucumbido lidiando por algo mas grande y sublime: ha sido soldado de la libertad, su pecho ha sido escudo del honor y la soberanía; y la libertad, el derecho, el honor, la soberanía, todo eso que forma el credo de los pueblos, la base del órden social, no tiene patria; son principios que emanan de Dios, absolutos e inmutables como El. Libertad, derecho, soberanía, honor ….. esos son los fueros de la humanidad, los atributos de los pueblos, su sér, su espíritu.
Abaroa ha muerto en defensa de esos principios, ha lidiado por ellos …..
Por eso su gloria no cabe en su patria y rebasa por todo el continente.
IV
Eduardo Abaroa era natural de Atacama, descendiente de una respetable familia, no tanto por los favores de la fortuna, como por las virtudes y ejemplares costumbres.
En Calama era Abaroa uno de los vecinos mas distinguidos, uno de los ciudadanos mas útiles al país.
Su amabilidad y franqueza, su jenerosidad y filantropía, su honradez y modestia, le conquistaron la digna posición que ocupaba.
Independiente por el trabajo, laborioso y honrado, nunca mendigó los favores del poder ó de la opulencia, pero nunca escusó tampoco sus servicios al país ni á sus semejantes.
Con tal conducta, con tales virtudes, Abaroa mereció la estimación pública y el respeto general.
Recta conciencia é ilustrada razón; convicciones profundas é inquebrantables propósitos; carácter firme y voluntad decidida; ideas absurdas y nobles sentimientos; patriotismo y valor comprobados en su vida política…. Tal era Eduardo Abaroa según nos refieren los que le trataron en la vida íntima y las relaciones sociales.
Frisaba en los cincuenta años de edad y las canas que coronaban su frente y blanqueaban su barba, le daban el venerable aspecto de la vejez; pero se hallaba en todo el vigor de la virilidad, merced a su constitución atlética, su temperamento sanguíneo y sus metódicas y sencilla costumbres.
Tranquilo vivía Abaroa entre sus negocios y tareas, cuando el 14 de febrero de 1879 Chile profanó nuestro suelo, rasgó nuestra bandera, mancilló nuestro honor y avasalló nuestros derechos.
Ante aquel crimen horrendo, “que encierra en si todos los crímenes: la traición en la concepción, el perjurio en la ejecución; el homicidio y el asesinato en la lucha; la expoliación, la estafa y el robo en el triunfo”……. Abaroa sintió rugir la cólera en su pecho, inflamarse el patriotismo y retemplarse el valor.
Aquel día se levantó ofreciendo su pecho en defensa de la pátria ultrajada, “y sin calcular el número ni la fuerza del enemigo, escudó con su cuerpo la soberanía popular”.
Ante Dios y la pátria juró solemnemente, no vacilar, no desmayar, no descansar ni un solo instante; mantenerse de pié con las armas en la mano para hacer guerra sin trégua á muerte al invasor.
“Olvidó sus dolores propios, sus sufrimientos íntimos, su familia, dispersa y mutilada;” su fortuna y su hogar amenazados; “sus afecciones rotas, su corazón herido,” se olvidó de si mismo, para no pensar mas que en Bolivia á la que consagró su corazón con todos sus latidos, su alma con todos sus afectos, su vida con todas sus fuerzas, su sangre, su último aliento……
Cuando el doctor Cabrera, ese héroe que con su valor y patriotismo, ha conquistado tanta gloria y admiración, llegó á Calama á organizar la defensa de aquella plaza, Abaroa fue designado por sus conciudadanos como miembro de la comisión “Salvadora de Bolivia”
Mas tarde, en la hora de la lucha, fue nombrado segundo jefe de los Rifleros de Calama.
Abaroa aceptó con regocijo los puestos en que podia servir á su pátria, y cumplir su juramento de vencer ó morir.
Durante la campaña dio ejemplo de subordinación y puntualidad, llevando hasta el fanatismo el cumplimiento del deber y la observancia de la disciplina militar.
Hizo su testamento, arregló rápidamente sus negocios y se consagró por completo al servicio militar, á la defensa de la pátria, á la venganza de la honra nacional.
¡Digno ejemplo de abnegación y patriotismo!
V
Llego la hora suprema, el momento de prueba…… Los veteranos del ejército chileno, con grandes aprestos bélicos, superiores en número y fuerza á los defensores de Calama, que mal armados, pero inspirados del mas puro y santo patriotismo, esperaban al enemigo entonando el himno nacional y vitoreando á Bolivia.
No entra en nuestro propósito hacer la historia de la heroica resistencia de Calama.
Estudiamos una escena de esa trajedia, referimos un episodio de la guerra; á él nos concretamos.
Abaroa con 24 rifleros montados fue destinado por el primer jefe Cabrera, á la defensa del puente de Topater.
Aquel pequeño grupo de valientes cumplió su consigna defendiendo su puesto con valor y denuedo,-- “hasta que su bandera no fue mas que un arambel, hasta que sus armas no fueron mas que garrotes, por falta de balas”.
Entonces, y solo entonces se dispersaron: ya era tiempo, pues los invasores, no por el valor de sus soldados ni la pericia de sus jefes, sino por la superioridad numérica y la falta de municiones en las filas bolivianas, formaban las trincheras.
La derrota estaba consumada: Cabrera y sus valientes compañeros habían cumplido su deber luchando hasta el postrer momento; y si habían sobrevivido á la catástrofe, era por que Dios los destina á nuevas glorias y hazañas.
Al emprender la retirada economizaban su sangre para verterla mas tarde con mejor éxito, en defensa de su causa, que es la causa nacional; evitaban un sacrificio estéril, por entonces.
Los chilenos eran dueños de todos los puntos, menos del de Topater, donde quedaban en pié, invisible, invulnerable como Aquiles, terrible como el Arcánjel de Dios, Abaroa, que lidiaba solo contra mas de cien chilenos.
Tenía tres rifles que cargaba un criado suyo, mientras él tiraba con serenidad, destreza y precisión, cual si estuviera en un ejercicio de tiro al blanco, y no en un combate supremo, singular y terrible.
Oigamos al Subteniente chileno Souper que en carta escrita á un señor Medina de Valparaíso, dice entre otros pormenores de la acción de Calama: “Nos sorprendimos ver que un boliviano desde adentro hiciera fuego, á mas de cien hombres de entre caballería y el 2° de línea que iban á pasar por allí, pues amigo, nos dio balas duro, y fue imposible pillarlo por mas que se le buscaba”.
Sabemos por los que han oido referir los hechos á los mismos chilenos, que aquel boliviano de que habla Souper, no es otro que Eduardo Abaroa.
El cuanto á que “no pudieron pillarlo por mas que se le buscaba” se explica teniendo en cuenta que Souper estaba “persiguiendo al Prefecto y tratando muy bien á veinte prisioneros bien armados, que tomó él con ocho hombres” … (?)
La lucha entre Abaroa y sus agresores no podia prolongarse por mucho tiempo, y no porque el valor ó las fuerzas faltáran al héroe boliviano, sino por la desproporción numérica de ciento contra uno.
Y así fue.
Eran las once de aquel día que nunca los bolivianos llamaremos funesto, porque hay derrotas tan gloriosas como la victoria, cuando una de las muchas balas que llovían sobre el defensor del puente de Topater, le hirió mortalmente en la garganta.
Abaroa cayó reclinado sobre la puerta de la máquina de Topater y en tal posición, dice un corresponsal, que caído defendía aun su puesto, impidiendo el paso á los invasores.
No abandonó su rifle al caer, lo sostenía con la mano izquierda pero sin fuerza yá para manejarlo.
Los valientes agresores de Abaroa se precipitaron sobre aquel hombre caído, herido, desangrado, moribundo; y lanza en ristre y bayoneta calada, le intimaron rendición.
Entonces aquél héroe invencible se incorporó con dificultad, quiso levantarse, hizo ademán de apuntar su rifle y no pudo; pero con voz que la muerte comenzaba á hacer trémula y que el valor y la indignación le daban energía. Contestó á los chilenos estas palabras que han recojido la historia y que la fama pregona: palabras que pronunciadas en otra situación parecerían vulgares, en aquellos momentos eran sublimes y eran el reto mas sarcástico y agresivo contra los invasores:
¿Rendirme? …. Dijo Abaroa, ¡que se rinda su abuela …..!
Y concluyó con una interjección enérgica, que no nos es licito repetir por sublime que sea en los labios de un héroe moribundo á quien no pueden vencer ni rendir, el número, la fuerza ni la muerte ……
¡Así caen los Titanes ….. así cayó Leónidas ….. así cayó Cambrone en Waterloo! …..
Ante esa grandeza, ante esa gloria, ante esa tumba ….. descubríos bolivianos ….. ¡arrodillaos chilenos!
VI
“Nada mas grande en efecto, que decir esa palabra y morir en seguida!......
“El que ganó la batalla de Waterloo, ha dicho Víctor Hugo, no fue Napoleón en derrota, no fue Welington replegándose á las cuatro, desesperado á las cinco; no fue Blucke que no se batió; el hombre que ganó la batalla de Waterloo fue Cambrone!”
Nosotros á nuestra vez decimos; el vencedor de Calama no fue Sotomayor, que espectaba el combate desde su coche, aunque su caballo pareció herido en la anca, atestiguando el valor del jinete; no fueron los rotos chilenos que solo acudieron á recoger botín como los cuervos hambrientos que se ceban en los cadáveres;-- el vencedor de Calama fue Abaroa.
“Fulminar semejante palabra contra el rayo que os mata, es vencer-“
“Dar tal respuesta á la catástrofe; decir eso al destino; suministrar esa base al león futuro;” …. Ser la ironía en el sepulcro; hacer de modo que se quede de pié después de haber caído;” ….. reasumir aquella victoria en una palabra suprema, imposible de pronunciar,” perder el terreno y ganar la historia,” la admiración del porvenir ….. es una cosa inmensa” …..
“Es el insulto al rayo y á la tempestad. Eso raya en la grandeza ex - chilena” …..
¡Salve á ti, Atleta invencible; tu nombre, tu gloria, tus hazañas, serán el terror de Chile, porque tú has mostrado al invasor cómo luchan y cómo mueren los bolivianos” …..
Tu pudiste decir á los chilenos como Ney á los ingleses: “venid y veréis cómo muere un boliviano en el campo de batalla”.
VII
La contestación de Abaroa á la intimación de rendirse, fue la señal de su victimario.
“Fuego, “dijeron los chilenos: oyese el trac trac de varios rifles, después una descarga que el éco repitió ….. y entre el humo de la pólvora, vióse al héroe de Topater ajitarse entre las convulsiones de la agonía, herido de dos balazos, uno en la cabeza y otro en el vientre. (2)
Consumado el crimen, los chilenos pasaron cantando victoria, sobre el cadáver de su víctima.
¡Caribes! Que victiman á un moribundo y blasonan valor y clemencia ….. ¡hé ahí su gloria!
¡Cobardes …… no pudieron vencer entre ciento á un solo hombre ….. tuvieron miedo al león y lo mataron …….. hé ahí su victoria
¡Pero la sangre de Abaroa clama venganza como la sangre de Abél!
Esa sangre ha salpicado á todos los chilenos, Caínes, llevan la señal en la frente!
Chile tiene en su historia, en su escudo, en su bandera, un tizne que jamás podrá borrar.
Pasarán los años y los siglos, pero no pasará el oprobio de la reivindicación.
¡Chile lleva sobre si la maldición de un pueblo ultrajado y el anatema de la civilización!
VIII
Abaroa! Titán, entre los jigantes de Calama, duerme en solitaria é ignorada tumba al amparo de la gloria!
Mañana, cuando el jénio de la guerra pliegue sus fatídicas alas y apague su tea de exterminio; cuando la paz después de la victoria impere en nuestra patria, la justicia se alzará sobre la tumba en que duerme, entonces será la hora de la apoteosis.
Entretanto los bolivianos escribimos tu nombre en nuestros periódicos, en nuestros folletos, en las banderas de nuestro ejército, lo pronunciamos en nuestras festividades patrióticas, en los días de gloria, con la misma veneración que el nombre de los que nos dieron Patria, Independencia y Libertad!
¡Qué nuestros soldados al entrar en la batalla, al afrontarse al enemigo invocando á Dios y á la patria, recuerden tu gloria, tus hazañas, tu muerte ……
¡Que cada soldado boliviano sea en la lid un Abaroa, y entonces ¡ay! de esa Nación pérfida y ambicionar solo quedará en la historia su nombre execrable y maldito!
Entonces ¡oh sol del 25 de mayo! Lucirán tus rayos espléndidos y radiantes, sobre un gran pueblo, inmortal y glorioso por el valor y el heroísmo.
Eduardo Subieta.
Sucre, mayo 25 de 1879.
Lectura hecha en la sesión pública de la Sociedad Literaria Sucre, el 25 de mayo de 1879, por el socio Eduardo Subieta.
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(1) Debemos á nuestro amigo don Guillermo Leiton que cultivó estrechas relaciones con don Eduardo Abaroa y permaneció en Calama desde antes del 23 de marzo, hasta muchos días después, la mayor parte de los datos sobre la vida y la muerte del héroe cuyo nombre encabeza en estas pájinas. Hémos escuchado la relación de los señores Emilio Delgadillo y Valentín Navarro, actores principales en la resistencia de Calama: Conocemos los partes de vencedores y vencidos, hemos leído cartas de personas imparciales y consultado la opinión de la prensa nacional y extranjera para escribir estos rasgos históricos con la mayor exactitud posible y ajustándonse á los datos más verídicos y de mas fidedigno orijen (N. del R.)
(2) En el número 4° de los “Intereses Americanos” periódico de Salta, encontramos una carta de Calama en que se hace relación de la muerte de Abaroa difiriendo en álgo de los datos que tenemos, Como escribimos para la historia, consignamos aquí la relación antedicha: "¡Qué cuadros tan tristes se presentaron á nuestra vista! En Topater, en la misma puerta de la entrada á la máquina, estaba el cadáver del que fue Eduardo Abaroa, del hombre que hizo juramento de vencer ó morir, sin abandonar un puesto; sucedió lo segundo, murió de tres balas, dos en la cabeza, una al lado del corazón: admiran aun los jefes el valor de este hombre; dicen que al primer tiro cayó en tierra, volvió á ponerse de pié y hacer fuego, una segunda bala lo echó en tierra segunda vez, en esta pasan el río los chilenos, se dirijen al lugar donde éste está, le intiman q’ entregue su rifle y contesta que solo se desprenderá de él una vez que haya dejado de existir, es cuando le dieron el tercer tiro, y murió”.
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Ugarte, Ricardo. "La Primera Página en la Guerra del Pacífico". La Paz, 1880.
Saludos
Jonatan Saona

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