Crepúsculo
Y en Udima, la vieja heredad, se mantuvo en silencio. Dedicado a las labores agrícolas y ganaderas. Rehaciendo el patrimonio afectado, con sus hijos y sus nietos. Los pastos de Udima volvieron a verdecer, los animales a pastar, los cercos a levantarse y todo comenzó a animarse como si nada hubiera ocurrido. Estaba presente el Patrón, y la peonada volvía a tener fe en quien sabía conducirlos con mano diestra. Los tiempos malos estaban pasando. "¡Taita Miguel! Vamos a Jaén, a traer ganado". ¡Adelante! La voz de mando sonaba fuerte, pujante y trasmitía el 'nuevo orden' que comenzaba a poner en movimiento las tareas detenidas por tanto tiempo.
















































