“Antofagasta, Agosto 22 de 1879.
Sra. Doña Delia R. de Arrate.
Mi negra querida:
Miguel me ha dado un gran contento participándome que tú me habías elejido padrino de tu preciosa hijita. Te he agradecido mucho está elección y te confieso que me llena de orgullo al saber que tu primogénita hija me pertenece como nieta y como ahijada.
Ansioso quedo mi negra en acariciar a esa preciosa criatura por quien tengo un extremado cariño sin conocerla. Tu mamá y hermanos me la han retratado como el ángel más precioso, y tengo por esto un deseo infinito de conocerla y acariciarla con ese entusiasmo con que te acaricie a ti al nacer.
Los viejos, mi negra, volvemos a ser niños cuando acariciamos un ser querido, y yo me conozco que estoy en esa categoría de viejos chochos cuando pienso que tengo una nietecita que será dueña de un cariño que a ti te he profesado, pero, cosa rara, el cariño es indudablemente, y tiene el poder de multiplicarse o la condición elástica de otros cuerpos materiales. Yo te quise con locura como mi primera hija, y quise con igual entusiasmo a todos los demás hijos que vinieron después de ti, te casas y me das una nieta y tengo igual cariño para esa linda criatura como el que tengo para una madre y tus hermanos. Por eso creo mi negra que amar a los deudos que nos son queridos tiene el poder de multiplicarse.
Dale, pues, mi querida hija, muchos besitos cariñosos a mi querida ahijada, besos tan cariñosos como solo una madre es capaz de darlos a su hijo y hace que la vieja abuela de mi nieta, tu querida mamá, la acaricie también en nombre de tu amante padre y compadre que te abraza.
Eleuterio Ramírez.
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La carta original se encuentra exhibida en la cripta del coronel Ramírez en el Regimiento Maipo en Valparaíso.
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Saludos
Jonatan Saona

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