jueves, 8 de octubre de 2020

Penton sobre Angamos

Huáscar después de Angamos

Testimonio de Penton sobre Angamos
Edwin John Penton, marino inglés que ocupaba el puesto de carpintero jefe a bordo del blindado Cochrane., dejó escrito un diario que fue recientemente publicado en español.

"Martes 7 de Octubre 1879
Supimos que el “Huáscar” está al Sur de Antofagasta. Estamos ocupados rellenando carbón desde el “Loa”, lo cual es hecho, habiéndose éste abarloado a nuestro costado, para tales efectos. 

Miércoles 8 de Octubre
Habíamos zarpado de Mejillones a medianoche, con cautela. A las 8 am divisamos al “Huáscar” y la “Unión”, viniendo desde el Sur en dirección hacia tierra. La otra parte de nuestro escuadrón, el “Blanco”, el (Matías) “Cousiño” y la “Covadonga”, estaban en su persecución, pero no pudieron alcanzar a los buques peruanos. Inmediatamente nos posicionamos en dirección al “Huáscar” para interceptarlo; la “O’Higgins” hacía lo mismo con la “Unión”, pero más al Norte, la Unión se encontraba mucho más al Norte. Continuamos acercándonos al “Huáscar” y a las 09:20 AM, éste disparó el primer tiro, pero sin efecto (consecuencias).

Habíamos tocado Zafarrancho General de Combate y cada hombre estaba en su puesto. Esperamos muy pacientes, pero ávidos, hasta que logramos estar más cerca de él. Todos estaban muy ansiosos, entusiastas y alegres de poder combatir con el largamente buscado y renombrado “Huáscar”. Cuando estuvimos más cerca, abrimos fuego y nos trabamos en combate y la batalla comenzó en serio, casi todos nuestros tiros daban en blanco y causaban gran destrucción. Nuestro segundo tiro, presumiblemente, dio en su torre de mando y mató al Capitán de Navío (Comandante) Grau. Poco después, el segundo Comandante fue muerto y poco después de eso, nuevamente un Teniente Primero resultó muerto. El fuego por ambos lados, continuaba de manera encarnizada, siendo nuestros tiros muy precisos y propagando destrucción por todos lados. Su bandera se vino abajo y nosotros cesamos el fuego, pensando que se habían rendido, pero nos disparó de nuevo y otra bandera fue izada. Volvimos (a la carga) de nuevo, más fuerte que nunca (después, nos dimos cuenta que la driza de su bandera había sido alcanzada por un tiro y por eso su bandera se había venido abajo). La contienda duró hasta las 10:55 AM, completando una hora y treinta y cinco minutos de combate, hasta que el “Huáscar” arrió su bandera y se rindió. En unos pocos minutos la bandera chilena fue izada en su lugar, en medio de entusiastas vítores de Viva Chile.

Una de las granadas del “Huáscar” atravesó nuestro buque, sobre del blindaje del Camarote del Comandante, desgarrando y destrozando, en pedazos, los mamparos de los camarotes de proa y popa, los armerillos, una gran lumbrera, un mamparo transversal de madera, la botica del médico, un pilar de acero, a través de los pilares de los pañoles, golpeando la parte angulada del mamparo acorazado de la batería de popa, por el lado de babor, golpeando de refilón y pasando a través de la plancha de la tronera (porta), tomando o sacando una pequeña parte de la boca del cañón de popa y rasgando el amplio fierro angulado donde la troneras terminan y están ajustadas a la coraza. Las esquirlas causadas por esta granada, hirieron a 10 hombres, 2 seriamente, los que murieron poco después, los otros 8 sólo levemente y se recuperaron. Otra granada pasó cerca de 5 pies debajo de la bocina de escobén de estribor y sobre la coraza, reduciendo la cocina a pedazos, rompiendo los calzos de las bitas de amarre a babor, bajo la cubierta superior y cayó en la cubierta principal sin explosar (esta granada fue preservada), resultando sólo un herido leve a causa de este hecho.

Otra granada golpeó el Pescante metálico de la Gata de 6 pulgadas, un poco más arriba del castillo por la banda de estribor, llevándose consigo la inmensa pieza superior con el cuadernal del pescante aún hecho firme, pasando por sobre la banda de babor y cayendo al mar, pero nadie resultó herido por esto.

Otra granada golpeó la parte superior longitudinalmente al centro de la batería, haciendo una hendidura de 2 ½ pulgadas de profundidad, remeciendo la plancha, afectando el calafateo del metal y rompiendo un soporte del bao en la batería.

Nada más al interior fue afectado por esta granada. El “Cochrane” disparó cuarenta y cinco granadas Palliser, surtiendo efecto la mayoría de ellas.

El “Blanco”, había llegado después que nosotros habíamos estado trabados en combate por alrededor de una hora y disparó unas pocas granadas, en el momento en que la batalla ya estaba casi terminada. Después de la Batalla, yo fui enviado a bordo del “Huáscar” para ver el estado del buque y el Sr. Wakeham, para ocuparse de los Pañoles de Munición (SS.BB).

La escena después de la Batalla
Lo primero que encontraron nuestros ojos, fueron montones de escombros, astillas de madera, esquirlas, granadas rotas y numerosos artículos, todos entremezclados con cuerpos de los muertos, moribundos y heridos, temerosos de contemplar, algunos decapitados, otros sin brazos, otros sin piernas y algunos sólo el tronco, algunos con sus ropas quemadas, otros con los botones de sus ropas carbonizados y quemados por la explosión de las granadas.

Este horrible espectáculo, era igualmente malo sobre y bajo cubierta, cuerpos yaciendo en montones, uno sobre otro y atravesados con otros, en montones de escombros tal como cayeron. En un grupo en la popa del buque, debajo en la Cámara del Comandante, yacían siete hombres en una pila, habían resultado muertos debido a una granada explosiva que había entrado por la popa del buque.

Estos hombres estaban sirviendo la rueda del timón del buque con guarnes, la otra rueda de gobierno había sido alcanzada dos veces por disparos.

El hombre que estaba encima de lo muertos, estaba decapitado. La primera cosa que hicimos fue encontrar un motón para reemplazar el que estaba roto y reemplazar otro para gobernar el buque a alguna bahía o puerto y para despejar el aparejo, tuvimos que empujar a los pobres amigos de las cuerdas en que yacían tendidos, donde habían caído cubriendo sus puestos.

Donde quiera que fuéramos, sobre cubierta, bajo ésta, en la torre, en la Sala de Máquinas y por todos lados, eran hallados cuerpos destrozados y en diferentes posturas, algo horrible de contemplar. Además de los heridos, incluso en el palo mayor colgaba un muerto, le habían disparado mientras servía la ametralladora, aun cuando la cofa estaba protegida por una plancha de fierro por todo el derredor.
La espeluznante vista iba más allá de toda descripción.

Aquellos que estaban heridos y habían sido tomados prisioneros, parecían resignarse y muy animados de haberse librado con vida. Los pobres tipos habían perdido toda animadversión o venganza, en su humillante situación. Varios de la tripulación eran ingleses, especialmente en el Departamento de Ingeniería y los artilleros.

Después que tapamos, en forma temporal, los agujeros de impacto de bala con camas, almohadas, etc., la máquina (del “Huáscar”) estaba bien y navegó a Mejillones. Los muertos fueron desembarcados en la costa y sepultados, los heridos desembarcados y entregados para sus cuidados y los prisioneros fueron llevados a Valparaíso. Del Comandante Grau no se encontró nada, excepto parte de una pierna que debiese ser suya, aunque se supone que la granada que traspasó la torre de mando, quemando y chamuscando, lo quemó ó pulverizó o bien, fue expulsado por la parte superior de la torre hacia la borda, ya que él se encontraba en la torre de mando, su lugar correspondiente al momento de la acción. Tanto yo como los demás, jamás vimos una escena de muerte y masacre como ésta y espero no tener que presenciarla nuevamente.

Distancia al comenzar la batalla Alrededor de 3000 yardas
Al momento de concluir     50 yardas
Tripulación del “Huáscar” con oficiales 193
Número de muertos y heridos 64 muertos y heridos
Prisioneros 129 

En el atardecer, después de la Batalla, el “Cochrane” salió a buscar a la “O´Higgins” y al “Loa”. Habiendo tenido que taponear las perforaciones de bala en el “Huáscar”, me fui a bordo del “Blanco” a dormir.

Jueves 9 de Octubre 1879
He sido designado para ir a Valparaíso con el “Huáscar”. Ocupado con los carpinteros taponeando los agujeros de la coraza para el viaje. El “Cochrane”, la “O´Higgins” y el “Loa”, regresaron. Ellos perdieron a la “Unión”"
 

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Texto tomado del libro "Diario de Edwin John Penton, a bordo de la fragata blindada Cochrane 1878-1882" por Andrés Contador Zelada. Chile, 2017.

Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios:

  1. Interesante no había leido este testimonio.

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  2. Quizás por mal manejo del idioma, Penton escribe "humillante situación" en relación a los sobrevivientes prisioneros aún a bordo del Huáscar. Podrá estimárseles "atribulados", quizás, y posiblemente shockeados por la experiencia recién vivida. Pero de humillante la situación no tiene nada. Lucharon bien, valientemente, y fueron vencidos. Por ello es que fueron tratados con respeto y hasta "exquisitamente" como señala Carvajal en su parte. Se reconoció su valor y se honró a sus muertos con honores militares.
    Es atendible la frustración que deben haber sentido al ver su nave capturada, y no hundida como se trató de implementar hacia el final del combate. Pero no hay desdoro, ni menos humillación en ello.
    Las posteriores afirmaciones del alférez de fragata Tizón, desde su prisión en San Bernardo, nos indican que otro fue el fin, al menos temporal, de los restos de Grau. Algo que nunca ha sido investigado y que al parecer se mantendrá para siempre en el misterio.

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