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| Ismael Montes |
Ismael Montes
Henos aquí con una personalidad nacional. que necesitaría la serenidad de Tácito, el autor de una de las mejores biografías que nos ha legado la antigüedad, para bosquejar debidamente, vale decir, sin brizna de apasionamientos y menos sin ninguna fraseología rimbombante. Montes, más que cualquiera otra eminencia boliviana, demanda, exige e impone la nítida justeza de apreciación que debe salvar dos escollos peligrosísimos en el juicio ordinario de los hombres: el pesarlo con pesas falsas, o el no percibir absolutamente su presencia misma en la balanza de la justicia, cual si se manifestara imponderable. Y Montes no puede, no, escapar al juicio verídico, imparcial y sereno de la Historia, es un hombre como cualquier otro, mas es un hombre que hay que verlo por dentro, si se nos permite la expresión, para sentir las pulsaciones de su alma y si estas sus vitalidades interiores han dirigido su carácter en la vía recta de las intenciones sanas, o desviádose en las hipérboles de la presuntuosa egolatría.