Henos aquí con una personalidad nacional. que necesitaría la serenidad de Tácito, el autor de una de las mejores biografías que nos ha legado la antigüedad, para bosquejar debidamente, vale decir, sin brizna de apasionamientos y menos sin ninguna fraseología rimbombante. Montes, más que cualquiera otra eminencia boliviana, demanda, exige e impone la nítida justeza de apreciación que debe salvar dos escollos peligrosísimos en el juicio ordinario de los hombres: el pesarlo con pesas falsas, o el no percibir absolutamente su presencia misma en la balanza de la justicia, cual si se manifestara imponderable. Y Montes no puede, no, escapar al juicio verídico, imparcial y sereno de la Historia, es un hombre como cualquier otro, mas es un hombre que hay que verlo por dentro, si se nos permite la expresión, para sentir las pulsaciones de su alma y si estas sus vitalidades interiores han dirigido su carácter en la vía recta de las intenciones sanas, o desviádose en las hipérboles de la presuntuosa egolatría.
El doctor Montes será tal vez un problema para más de un historiador; sin embargo, no es preciso haberle tratado íntimamente para penetrase del rasgo más saliente de su psíquis: su carácter de acero. Linares fué así, pero el carácter de Ismael Montes es de un acero aun más templado.
Una biografía de este personaje, no será posible sin colocarnos en un terreno especialísimo, sin los relieves opacos que nos ocultarían parte de los rayos que irradian de su brillante mentalidad, o demasiado iluminado por ellos a la observación, que nos produjeran espejismos engañadores, si lo hemos de contemplar bajo la atmósfera caliginosa de un entusiasmo arrebatado. Para juzgar a Montes sine amore nec odio habrá de correr el tiempo, juez único imparcial de hombres y de acontecimientos.
La ciudad del Illimani, fecunda en hijos privilegiados, meció entre los albos pliegues de las náyades del Choqueyapu, la cuna del doctor Montes. Vino a la vida el 5 de Octubre de 1861, habiendo sido sus padres el pundonoroso militar don Clodomiro Montes y la señora Tomasa Gamboa. Apenas egresado de los estudios secundarios llegó la guerra del Pacífico, y, demasiado joven aun, tomó su puesto como soldado en el Regimiento "Murillo", que formó la juventud paceña. Era subteniente en la batalla del Alto de la Alianza, el 26 de Mayo de 1880 y con la tercera compañía de ese heroico cuerpo tuvo el comportamiento más cumplido que puede tener un oficial de su edad. Después del desastre que sufrimos allá, el general Campero lo ascendió a Teniente y poco después a Capitán destinándole al batallón "Sucre" 2o de línea y en ese cargo, aun subalterno, ya le cupo la distinción de formar con jefes de alta ilustración la comisiones técnicas que reformaron los Reglamentos de Infantería, Caballería, etc.
Cuando Campero dejó el mando supremo, Montes se retiró del servicio militar y resolvió continuar sus estudios superiores hasta obtener el título de Abogado. Con esta profesión abrió su bufete y ejercíala con todo crédito. De filiación liberal empezó a distinguirse en la prensa opositora, por sus artículos bien sazonados, llenos de nervio y bravura, lo que le atrajo todas las iras del gobierno conservador, que empasteló imprentas y desterró a los periodistas que osaban impugnar los desmanes de Arce y Baptista; pero ni las amargas proscripciones, ni los perjuicios innumerables que sufrió por sus convicciones políticas y leales, pudieron disminuir un ápice de su indomable energía. Arce le temía tanto, que en sus incesantes zozobras, le atribuyó hasta una tentativa de asalto a su palacio; cosa que Montes bien habría podido hacerla, pero no tuvo ese propósito tal vez ni en proyecto. En 1897 entró al concurso del profesorado oficial, como postulante a la segunda cátedra de la Facultad de Derecho; tras de brillante prueba, en que puso de relieve, no solamente su perfecta versación en los ramos que aspiraba dictar, sino hasta muy bellas cualidades oratorias, obtuvo por aprobación plena del Tribunal el cargo que aspiraba.
Cuando vino a realizarse la revolución liberal de 1898, en la que con el doctor Guachalla tuvo tanta parte, y en la que el pueblo le confirió el grado de Coronel, la Junta Federal encomendóle la jefatura del Estado Mayor General del ejército de operaciones, habiendo obtenido con un destacamento del Regimiento Abaroa el triunfo de Ayoayo (primer Crucero), sobre las tropas que traían los aprovisionamientos de guerra al ejército de Alonso en Viacha. El 10 de Abril del siguiente año con Pando, dió a su partido el triunfo definitivo en los campos de Paria (segundo Crucero). Después de este triunfo concurrió como representante a la Convención Nacional de 1899 en Oruro y cuando se proclamó Presidente de la República al general Pando, éste lo nombró inmediatamente Ministro de la Guerra, cargo en el que ha marchado a la Campaña del Acre y en la que batió a los filibusteros en dos ocasiones (Riosinho y Bajé). A su regreso de esta penosísima campaña el partido liberal lo proclamó candidato a la presidencia de la República, obteniendo un triunfo completo sobre sus opositores don Lucio Pérez Velasco y don Luis Paz.
Su labor presidencial fué vasta, su divisa ha sido la de Hoche: facta non verba y la ha llevado a la práctica con un empecinamiento, que podría traducirse en obsesión megalómana, pero obsesión de patriotismo sincero. Si él ha errado en algo ha errado de buena fe.
Terminado su período presidencial de 1904 a 1908 debía entregar la Magistratura Suprema, al por mil títulos estimable y digno estadista doctor Fernando E. Guachalla, electo en mayoría absoluta por todo el pueblo boliviano, cuando sobrevino la muerte exabrupta del nuevo Presidente. ¿Quién debía reemplazarle? La cuestión se debatió larga y acaloradamente en el Congreso; don José Carrasco que llevaba la batuta en la mayoría parlamentaria contrariando acaso el sentido de las leyes, hizo que las Cámaras declarasen caduca la elección de Guachalla y de sus Vicepresidentes, prorrógose el período del Presidente cesante. El doctor Montes, debía entregar el Poder, ya que se declararon nulas las elecciones, al Presidente del Congreso doctor Pinilla, pero no sucedió así. En el año siguiente creado un nuevo período constitucional de los años 1909 1913, el Partido Liberal propuso la candidatura del doctor Villazón, quien triunfó sin el menor óbice. Para el período siguiente, regresando Montes de Europa, donde fué como Ministro Plenipotenciario y ascendido ya a General, volvió a terciar como candidato a la presidencia y sucedió a Villazón de 1913 a 1917. Su segunda Presidencia ha sido muy combatida y su labor política y administrativa ha concitado profundos odios. No nos toca juzgarlos.
Entregó el mando en Agosto de 1917 al señor José Gutiérrez Guerra.
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González y Medina. Editores. "De siglo a siglo. Hombres célebres de Bolivia". La Paz, 1920.
Saludos
Jonatan Saona

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