13 de noviembre de 2022

Criollísimo alumbramiento

Casa en Reque donde nació Diego Ferré

Un criollísimo alumbramiento (1844)

Si bien el título de esta tradicioncita que hoy tengo entre manos, más parece relacionarse con obstetras y atrenzos ginecológicos que con la Marina o los asuntos navales en sí, algún parentesco guarda con los temas de que vengo tratando y a las pruebas me remito, desde que versa sobre el nacimiento del Teniente Primero de nuestra Armada, D. Diego Ferré, valiente y heroico ayudante del inmortal Grau durante las campañas del Huáscar en la Guerra del Pacífico, muerto junto con su jefe -por la misma granada enemiga- el 8 de octubre de 1879, en las aguas de Angamos.

En mi patria, como sucede en todas partes, cuando un hombre se torna famoso y existen ciertas dudillas sobre el verdadero lugar en que se oyeron sus primeros vagidos, los pueblos directamente interesados en pelear paternidades se disputan tal honor. Monsefú y Reque han argüido durante muchos años acerca de cuál de ellos fue la cuna de Ferré. Al final triunfó Reque, aunque muchos monsefuanos no dan todavía sus brazos a torcer. Pero mejor entro de inmediato en materia, para no dejar la historia en el tintero y a mis lectores con curiosidad:

Cuando el 13 de noviembre de 1844, D. Eusebio Ferré y su esposa, Dña. Merceditas Sosa, decidieron aceptar la invitación que habíanles hecho para asistir a las famosas "Novenas de San Martín de Reque", la dama se hallaba pasando por el noveno mes de gestación y el hijo que tan ansiosamente esperaba el matrimonio no se limitaba a contonearse dentro del vientre materno sino que, de cuando en vez, hacía poner cara adolorida a su progenitora, administrándole generosos puntapiés que sabían le a hiel y... a miel.   

...En llegando a Reque se les recibió como merecían. Recién apeados de sus cabalgaduras acudieron a darles la bienvenida lo más graneado del pueblo, así como algunos compadres y comadres, provistos de sendos "patitos" del fermentado claro norteño que, pasando de mano en mano y de boca en boca, ayudaron a introducirles en el ambiente de jolgorio sin protocolos ni etiquetas y en un tris por tras.
-¡Salud con usted, compadre!
-¡Que en salud se nos convierta, comadrita!
-¿Y usted, Dña. Merceditas?
-¡Por nuestras buenas cualidades, que no son pocas!

Y mientras los brindis menudearon entre risas y bromas, los músicos y cantores comenzaron a hacer de las suyas, bordoneando y pulsando guitarras y arpas, sacudiendo el cajón con acompasados toques y dando rienda suelta a la armonía de sus cuerdas vocales, con una de esos alegres "tonderos" de filigrana:

De Lambayeque a Chiclayo
corrió el caballo de Zapata,
¡quinientos soles de plata
sin excepción de caballo!

De Lambayeque a Chiclayo
mataron un huerequeque,
y del buche le sacaron
un cholo de Lambayeque.

¡Y arriba caballo blanco
sácame de este arenal!

Lo conversación se hizo amena y variadísima. Los chascarros y chistes subidos de color, dentro de los grupos masculinos generalmente, resultaron premiados con largas y sostenidos carcajadas. El buen pisco y el vino de chacra también tuvieron un lugar preferencial en los estómagos de tanto contertulio, levantando el nivel de la alegría que embargaba a todos.

Luego pasaron a almorzar, después de haber "picado" gran cantidad de "chifles", "chicharrones", "sangrecita", "cebiche" y ¡qué sé yo cuántas cosas más!

Los platos fueron suculentos. Por descontado que no faltó el arroz con pato "a la Chiclayana" ni el "chupe" criollo ni los crocantes "picarones".

En algunas mesas se saboreó el "bien me sabe", el "manjar blanco", el de chirimoya y el de lúcuma, a guisa de postre y para poner remate al opíparo banquete. Como finalmente había que "bajar" la comida, pues ¡a bailar se dijo!

Después de algunos piezas musicales, la atención recayó en los esposos Ferré. Hubo aplausos para animarles pese a que Dña. Merceditas -debido a su preñez-, no podía aventurarse o bailar un "vals" ni un movido "tondero", por la obligada separación de cuerpos que le imponía el primero, o por el peligroso movimiento que le demandaría el segundo.

Se decidieron por un "triste" evocativo y cadencioso, danzando a los mil maravillas con garbo y señorío.

Pero como el tiñoso procura siempre meter una de sus patas en el guiso, los ánimos caldeados abogaron porque ensayase rematar el baile con una "fuga". Dña. Merceditas accedió, movida a ello por el sutil encanto de la letra de aquello pieza antañera que rezaba así:

Hay en mi pecho un abismo de penas,
donde sólo en él se encuentran pesares ..
Si he de vivir tolerando martirios,
mejor que mi triste vida se acabe.
En mí se cumple el adagio que dice:
"¡No hay mal que por bien no venga!", 
aunque tarde...

Y se reanudaron los aplausos al llegar el instante para ejecutar la "fuga". Los pies de la alegre dama comenzaron a bordar filigranas en el piso, mientras su voluminoso vientre pugnaba por sujetar sus ímpetus...

La lucha entablada entre su carácter de castañuelas y el momento físico por que atravesaba, tuvo resultados casi inmediatos y comenzaron a sobrevenirle los característicos dolores del parto. Sudorosa y jadeante se lo comunicó a su esposo, quien, dándose clara cuenta de la situación, no tuvo más remedio que transportar a su media naranja a una casita cercana, limpia y apropiada para un alumbramiento como el que se avecinaba a pasos agigantados, inmueble que habitara durante mucho tiempo en Reque el vecino, D. José del Carmen Alvarado.

Así, mientras partían "propios" a caballo hacia Eten, Pimentel y Chiclayo, en busca de una partera que no existía en el pueblo ni podía encontrarse entre la concurrencia al "Novenario de San Martín", la cigüeña visitó a Dña. Merceditas en forma imprevista y sin mayores anuncios, para lo cual un par de vecinas experimentadas tuvieron que actuar de comadronas, mientras que otros, interrumpiendo sus proyectos culinarios, se apresuraban a portar ollas de agua hirviente en las que iban a preparar el "aguadito de pato", con el fin de que la parturienta contase con las indispensables garantías que demanda la higiene y el párvulo pudiese ser sometido a las abluciones de rigor, previa la debida esterilización de toallas y pañales.

Ante trance de tal naturaleza, todo el vecindario de Reque cooperó sin dilaciones: cierta señora, portando una tinaja; otra llevando cuatro o cinco balletas recién lavadas; una tercera, disponiéndose a plancharlas de inmediato...,  en fin, ¡hasta los varones colaboraron acompañando a D. Eusebio, invitándole cigarrillos y un par de tragos de aguardiente para atenuar su nerviosidad!

Cuando llegó la obstetriz, ya el Perú contaba con un habitante más: el recién nacido que llevaría por nombre Diego Ferré Sosa, y que con el transcurrir del tiempo se convertiría en héroe frente a Punta Angamos, después de haber recibido su bautismo de fuego en Abtao contra la escuadra española comandada por el Brigadier D. Casto Méndez Núñez, el 7 de febrero de 1866.

Y ahora, lector amigo, habiéndote relatado con puntos y comas un episodio muy poco conocido acerca de la vida de aquel distinguido oficial de nuestra Armada, creo que tengo derecho a preguntarte sobre si el gorro que le he colocado a esta tradicioncita resulta o nó apropiado. Para mí lo es.

Porque, sin lugar o dudas, el imprevisto parto de Dña. Mercedes puede motejarse como "Un Criollísimo Alumbramiento", desde que su hijo vino al mundo mientras la madre bailaba un "triste con fuga de tondero", luego de un "Novenario" de Pipiripao, de esos que acostumbran a celebrarse con arpas, guitarras y cajón en el Norte de nuestra tierra, para orgullo de una región cuyo mejor heráldico lo constituyen la hospitalidad, la alegría, el buen comer y beber.

Fuera de ello, hincapié deseo hacer en que a Ferré le lavaron el recién nacido cuerpecito..., ¡con líquido ya hervido para preparar el "aguadito"! (1)
¡Huelgan los comentarios!

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(1) -El propio D. Eusebio Ferré relató esta historia con todos sus pormenores al Sr. Dr. D. ]osé Rivadeneira Alza y a su hijo, el entonces cadete del 1er. Año de nuestra Escuela Naval, D. Leonidas Rivadeneira Beleván, en enero de 1909, cuando visitaron Reque en su compañía.
En mayo de 1968, el Capitán de Navío (R), D . Leonidas Rivadeneira, ha tenido la gentileza de relatarla al autor, tal como lo hiciera con el contralmirante A.P., D. Manuel Elías Bonnemaison, cuando este último le contaba cómo murió Ferré a bordo del Huáscar. Nació, pues, criollamente; falleció heroicamente.


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Valdizán Gamio, José. "Tradiciones Navales Peruanas" Tomo II. Lima, 1969. 

Saludos
Jonatan Saona

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