14 de noviembre de 2022

Carta sobre Camarones


Carta de M. Taborga a E. Camacho sobre Camarones

Sucre, Agosto de 1888
Señor General D.D. Eliodoro Camacho
Presente.

Su apreciada de fecha 16 del corriente, recibida el 17, me obliga a una contestación detenida.

Ante todo, debo hacer una reseña rápida de los antecedentes que motivaron la carta que en parte ha sido reproducida no ha mucho, y que ha dado ocasión para que los escritores de "La Libertad" me disciernan calificativos que ni siquiera provocarán mi desden.

Tratábase en esta capital de la elección de diputados; mi nombre figuraba en la lista de candidatos del partido constitucional, pero mi presindencia en la lucha era completa y absoluta, hasta el punto de haber escusado aun mi propio voto. 

La prensa se desbordó, pero el primer paso en este terreno vedado lo dió el partido opuesto. -Conservo todas las publicaciones de esa época con sus respectivas fechas- En tal situación, el directorio en masa del partido liberal dirigió un oficio al Señor Vicario Capitular con denuestos a mi persona, a la vez que la iniciativa a reprimir las publicaciones que se decía salían de la "Tipografía del Cruzado". Esto era un ataque directo á la libertad de imprenta, supuesto que los avances de ésta, desde luego reprobados por la moral, no pueden reprimir se sino por los medios que señalan las leyes; era también un agravio gratuito, no solo porque todo lo que se publica en la "Tipografía del Cruzado" está fuera de mi censura y aun de mi conocimiento, sino también porque era falso que de dicha Tipografía hubiese salido el papel suelto á que aludía el oficio indicado. A pesar de esto, que me daba armas para batir en brecha a mis adversarios, quise llevar al extremo mi prescindencia en la lucha, y me limité á ofrecer que contestaria luego que las elecciones. Mas, esta conducta llena de moderación, solo sirvió para que rebentase el odio que bullía en el pecho de alguno, que se tomó la libertad de dirijirme una carta por la prensa, hiriéndome é hiriendo al candidato para la presidencia del partido constitucional, en la fibra mas delicada- el patriotismo. A esta carta que contesté, y es éste el escrito mío que se ha citado. No está U. pues en lo cierto, Señor General, cuando en su carta me dice que "rectifique yo las lijerezas del periodista de un partido político". No considero este puesto, aunque nunca lo he desempeñado en el terreno político; como tampoco es desdoroso el dirijirse al público en hoja suelta, por mas que diga lo contrario "La Libertad”, olvidando el sistema seguido constantemente por los que forman en sus filas.

Viniendo ahora al asunto, Señor General, es cierto que para discutir un hecho público, como la infame retirada de Camarones, me he servido de los Manifiestos, porque son los únicos documentos públicos que conozco relativos al punto. Toda la cuestión queda reducida á saber si los he citado fielmente, o si hay otros documentos que contradigan, atenuen ó varíen lo que de aquellos se desprende. Si ellos existen, y U., Señor General, los conoce, hará muy bien en indicármelos para que rectifique mi juicio, si es lijero.

En hechos que no solo atañen a nuestra historia, sino que han decidido de la suerte de nuestra desgraciada patria, la verdad interesa á todos los bolivianos sin que tengamos para qué especificar la conciencia sacerdotal,

Y antes de pasar adelante, haré notar que, apesar de que el hecho oprobioso de Camarones, por su naturaleza está sujeto al exámen público y al veredicto nacional, me he abstenido de entrar en contestaciónes, aun con el reto directo y nominal que me hizo "El Progreso" de Cochabamba, en su número 88 del 16 de julio del año pasado, y esto cuando la contestación se presentaba tan sencilla y tan obvia.

Debe tenerse presente que el daño que acaso resulte al nombre de una persona, por los hechos de nuestra vida pública y nacional, no depende de que estos se pongan en tela de juicio, sino de la imbíbita responsabilidad que ellos envuelven.

Ya que U. ha tenido la bondad de poner en mis manos cuatro atestados para que con mas datos rectifique mi juicio acerca del suceso de Camarones, debo decirle con igual franqueza que lo único que resulta de dichos atestados está fuera de la discusión. En efecto, no se trata de saber lo que el General Daza dejó de decir después del suceso, ni de lo que el Señor J. Rosendo Gutierrez, dijo, asumiendo un papel que no le incumbía.

Por otra parte, del Manifiesto de U. se colije que el G. Daza algo debió decir para atenuar la responsabilidad que caía sobre él por el vergonzoso suceso de Camarones.- "Baste á mi propósito decir: que el único responsable de ella (la retirada de Camarones) es el General Daza; aunque él asegure que fué influido por muchos jefes de su círculo; tanto porque pudo evitarla con su incontestable enerjía, cuanto porque la ley no admite tal escusa incompatible con el mando superior de un ejército." - Son palabras de U. escritas mucho antes que el General Daza publicase su Manifiesto, refiriéndo el pormenor de esas influencias.

Que hubo pues influencias, influencia de los jefes del circulo de Daza, U., mismo no lo niega, y se limita á aseverar que ellas no escusaban á este General de cargar con toda la responsabilidad de la contra -marcha de Camarones, de esa vergüenza militar, como U. la califica.

¿Qué parte tuvo U. en esas influencias? Esta es toda la cuestión. El General Daza le atribuye á U la principal, la iniciativa: esa es la palabra del General Daza. La de U. no la hemos oído explícita y clara cómo debía serlo. En los adjuntos atestados, recabados cerca de ocho años después, nada se encuentra al respecto, ni tampoco en los interrogatorios de U. se provoca ningún esclarecimiento pertinente.

Esas influencias a la que U. se refiere, están en abierta oposición con lo que U. dice en su carta: "que la retirada de Camarones fué reconocida y declarada como obra esclusiva del General Daza". Permítame U. decirle que esta opinión carece de fundamento. Esa retirada fué el resultado de un consejo de guerra, hecho que pasó U, muy por encima en su Manifiesto. En todos los países del mundo, sin escluir ni aun á las tribus salvajes, el jefe de un ejército reúne consejo de guerra para pedir opiniones ó dar fuerza moral á sus actos, en todos los casos difíciles.

Fué eso lo que hizo el General Daza, sin que por ello atenuara la responsabilidad legal que le cupo en el hecho mas vergonzoso de nuestra historia; pero al mismo tiempo estoy muy lejos de pensar que porque Daza es legalmente justiciable no quede ya otra responsabilidad para los consejeros y factores de su inicuo proceder. Sr. General, no se juega impunemente con los destinos de la patria: hay otro Tribunal mas inéxorable que el de los majistrados, y una sanción mas terrible que la de la letra muerta de la ley.

Ahora bien, ¿cuál fué el dictámen de U. en aquel célebre consejo? Si U. se hubiese opuesto á esa desastrosa retirada, bien claro y bien alto lo habría dicho ya en su manifiesto; y en todo caso, bien claro y bien alto habría sido el mentís que hace seis años hubiese U, arrojado al rostro del General Daza.

Pero léjos de esto, todo lo que U, ha dicho y lo que mil veces han repetido sus defensores es que: “Desde el principio hasta el fin del consejo de guerra, U. opinó que la órden de avanzar ó de contramarchar el ejército desde Camarones, el general en jefe debía darla de Pozo -Almonte, á donde U. debía acompañarle,-para tomar desde allí las disposiciones del caso" como añade U, en uno de sus interrogatorios.

Señor General, ¿se le ocultan á U. las interpretaciones á que da lugar semejante dictámen? Yo no las haré, porque no se diga que procedo con pasión; pero entre tanto, será por mi completa ignorancia en el arte de la guerra que no comprendo á que plan obedecía el dejar un ejército rodeado de un desierto, mientras el general en jefe se tiraba á treinta leguas de distancia, para tomar desde allí las disposiciones del caso.

Se concibe que un ejército interrumpa su marcha cuando se ignoran las posiciones del enemigo, se recela un ataque sorpresivo ó se teme fundamentalmente el no poder incorporarse con la otra parte del ejército que espera. Pero obtar por la parada de un ejército cuando no hay nada de esto, y en momentos supremos en que debe aprovecharse los minutos; en vísperas de una batalla decisiva y de una victoria segura, anular la acción de la parte mas veterana del ejército, desperdiciar el tiempo y alejar al jefe treinta leguas para que tome las disposiciones del caso, son cosas que, repito, no las comprendo por mi ignorancia.

Discúlpela, Sr, General, como debe hacerlo también respecto de los errores en que haya incurrido en esta contestación, toda vez que son involuntarios, como fundados en los únicos documentos que se han exhibido hasta hoy. Si me equivoco en las apreciaciones de un hecho cuyo conocimiento interesa á toda la nación, fácil es rectificar mis juicios con datos y pruebas irrecusables, que son los únicos que acepta la historia.

Me abstengo de muchísimas consideraciones, por no apartarme de la índole propia de una carta; pero no concluiré sin hacer una observación general.

¿Cuál es el origen reconocido de todas nuestras desgracias y la mala parte que llevamos en nuestra guerra con Chile? Camarones! Camarones trajo la dispersión de San Francisco; Camarones causó el desprestigio de nuestras armas ante los ojos del chileno; Camarones produjo la desconfianza del Peruano; Camarones nos puso en vergüenza ante el mundo entero; Camarones arrancó un prolongado gemido á nuestra patria; Camarones exhibió la ineptitud del General Daza en toda su trasparencia; Camarones influyó de un modo poderoso, y acaso decisivo, en el éxito final de toda la campaña; fué en fin Camarones la causa eficiente de la irritación nacional, que el General Daza se proponía castigar dando el último paso de imbecilidad y desacierto. Sin embargo, á los ojos de U. Camarones es apenas uno de tantos sucesos propios de la ineptitud del fatídico General Daza, y no influye en manera alguna para resolverlo al hecho del 27 de Diciembre. ¿No llama esto la atención, Sr. General?  Hablo en vista del Manifiesto de U. que anoche he vuelto á leer de principio a fin, muy detenidamente; y a quien me contradiga, contestaré con reproducir dicho documento especialmente en su párrafo XIII.

Devuelvo á U. los atestados después de tomar copia de ellos; igual cosa hago de esta carta, de la que puede U. hacer el uso que mas le convenga, quedando yo con igual derecho.

Con este motivo, Señor General, me cabe la satisfacción de ofrecerle mis respetos como su atento y S.S.
Miguel Taborga


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Taborga, Miguel. "Correspondencia cambiada con el Sr. Eliodoro Camacho sobre la traición de Camarones". Sucre, 1889.

Saludos
Jonatan Saona

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