4 de septiembre de 2021

Ricardo Santa Cruz

Ricardo Santa Cruz
Teniente Coronel Ricardo Santa Cruz Vargas

Nació en Cartagena, el 2 de julio de 1847 en el hogar formado por don Joaquín Santa Cruz Carrillo y doña María Mercedes Vargas. Cuando aún no cumplía catorce años ingresó a la Escuela Militar, el 27 de febrero de 1861.

El 12 de enero de 1865 recibió sus despachos de Subteniente y fue destinado al Batallón 2° de línea. Con este grado hizo la Campaña del Norte durante la Guerra con España y estuvo destacado en Caldera. 

El 27 de noviembre tomó parte en el ataque a la fragata Berenguela que bloqueaba dicho puerto. Ese día, el Comandante de Armas de Caldera, Coronel Graduado José Antonio Villagrán, trató de sorprender a los españoles en la bahía de Calderilla, con un grupo de lanchas cañoneras, sin que este ataque diera el resultado apetecido, por cuanto el fuego de la nave obligó a los chilenos a abandonar su intento.

Terminada la Guerra con España, Santa Cruz fue destinado a la región de la Frontera y participó en los combates con los araucanos que tuvieron lugar en el mes de diciembre de 1868, actuando bajo las órdenes del Coronel José Timoteo González. Posteriormente bajo el mando del General José Manuel Pinto, se halló en los combates que, en enero de 1869, tuvieron lugar entre Lolenco y Chiguaygüe. Durante el resto de ese año de 1870, estuvo de guarnición en el fuerte de Chigüaygüe y le tocó participar, a las órdenes del Coronel Benito Wormald, en el adelantamiento de la línea fronteriza hacia el Malleco. Hallándose de guarnición en Collipulli, formó parte de las fuerzas que con el Sargento Mayor Adolfo Holley penetraron por Cangulo hasta las márgenes del río Quino y el 25 de enero de 1871, al mando de un destacamento, con el grado de Capitán, concurrió oportunamente al lugar denominado “Monte Redondo’’ y pudo evitar que una masa de más de 300 indígenas coparan a 36 granaderos a caballo que tenían rodeados y a los cuales se les había terminado su munición. Durante los años siguientes continuó sirviendo en la Frontera y tomó parte en las expediciones que realizó el Coronel Gregorio Urrutia en fortalecimiento de la línea del Traiguén. El 13 de abril de 1879, con el grado de Sargento Mayor fue llamado para integrar las fuerzas del Ejército que debían marchar al norte, como Segundo Comandante del Regimiento Zapadores, con el su nuevo grado de Teniente Coronel.

En Antofagasta fue un valioso auxiliar del mando y participó en la instrucción que se hacía a los reclutas y a los soldados de línea, en el empleo de la guerrilla. Este se fue generalizando lentamente y las unidades del Ejército terminaron por adoptar este orden abierto, desplegado ante sus frentes. Debido a su profunda afición al estudio de manuales extranjeros, Santa Cruz pudo redactar un manual de instrucción que prestó valiosos servicios. Su actividad lo hizo destacarse ante la mirada atenta del General en Jefe de] Ejército Erasmo Escala, quien, al iniciarse la Campaña de Tarapacá, ordenó que el transporte Lamar, que llevaba a su bordo a la Brigada de Zapadores, marchara a la cabeza, para que esta tropa fuera la primera en desembarcar y preparara el camino a las otras unidades.

Al comenzar el desembarco, el 2 de noviembre de 1879. una Compañía de Zapadores y dos del Atacama fueron las primeras que pisaron tierra enemiga. Tan pronto como se inició el avance de la segunda ola, Santa Cruz con el resto de su Batallón saltó a tierra y tomando la dirección de la Unidad, marchó con bizarría sobre las líneas adversarias, desplegando sus compañías en guerrillas y manejándolas al son de la corneta. El orden y la disciplina de combate que hicieron gala Zapadores admiró a todas las fuerzas de desembarco y el prestigio de Ricardo Santa Cruz creció ante los ojos de sus soleados.

El avance que las fuerzas de Hospicio hicieron hacia Dolores, bajo el mando del General Escala, Santa Cruz y sus Zapadores llegaron a reunirse a las tropas vencedoras del Coronel Sotomayor y, días más tarde formaron en la columna que, al mando del Coronel Luis Arteaga marchó sobre la Quebrada de Tarapacá.

Al realizarse el ataque a la Quebrada de Tarapacá las tropas mandadas por Santa Cruz, integradas por dos Compañías de Zapadores una del Segundo de línea, una de Granaderos y cuatro piezas de montaña, perdieron su dirección en la camanchaca de la amanecida. Hombres y bestias no bebían ni comían desde hacia cuarenta y ocho horas y el cansancio había alargado la columna de 500 hombres en más de tres kilómetros. Cuando se levantó la niebla, Santa Cruz comprobó que había perdido la dirección hacia su objetivo y en cambio desfilaba por la ceja, a la vista de la aldea de Tarapacá. El adversario lo había visto y sus cometas tocaban alerta. Los oficiales de artillería de su columna solicitaron autorización para abrir fuego sobre las fuerzas adversarias que se arremolinaban en el fondo de la quebrada y que, con algunas fracciones, comenzaba a trepar por la ladera en actitud de sorprenderlo.

Santa Cruz negó su autorización, lo que permitió a los infantes peruanos alcanzar la ceja y colocarse a su retaguardia, abriendo un nutrido fuego de fusil. Santa Cruz había enviado a su caballería a Quillaguasa, objetivo que se le había fijado por alcanzar, de modo que solamente contaba con sus 400 infantes y zapadores. Con una extensa línea de combate, comenzó a hacer frente a la infantería aliada que parecía brotar de l a quebrada y sin poder ha­cer uso de su artillería. El combate se convirtió en una hecatombe: en media hora Santa Cruz había perdido un tercio de sus hombres y el adversario una cantidad similar a la suya que cubría el campo de batalla. La llegada de los Granaderos, salvó a la columna, ya que su carga obligó a retroceder al enemigo. El saldo del combate fue espantoso: un cincuenta por ciento de los soldados de Santa Cruz había caído en la lucha, antes del medio día. Pero aún quedaba algo peor. El enemigo que había sido rechazado en todas partes, recibió refuerzos provenientes de Pachica, generalizando en la tarde un nuevo ataque, que tuvo como resultado la derrota de las fuerzas de Arteaga y su desastrosa retirada a través de la pampa, donde sufrieron considerables pérdidas.

Terminada la Campaña de Tarapacá, el Ejército de Chile comenzó la Campaña de Tacna, desembarcando en Pacocha e Ilo. Luego de un auspicioso triunfo en Los Ángeles, se dio principio a la marcha al sur en demanda de las posiciones de] Ejército Aliado Perú-boliviano, que se encontraba en las cercanías de Tacna, El 26 de mayo de 1880, los chilenos comenzaban muy temprano el ataque a las posiciones aliadas, que se extendían en las alturas, denominadas por ellos, Campo de la Alianza.

La Batalla de Tacna fue particularmente sangrienta. Los Zapadores formaban en la División del Coronel Orozimbo Barbosa (IV División) y en el ataque que ésta hizo para aliviar la presión que los aliados hacían a la primera línea de combate, reforzando a sus divisiones delanteras, fue herido mortalmente el Comandante Ricardo Santa Cruz, cuando sus tropas alcanzaban los atrincheramientos adversarios. Una bala lo alcanzó en el vientre y falleció luego de conocer el triunfo alcanzado por los chilenos en la acción,

Profundamente sentido por sus soldados y cantaradas de armas, sobre él escribió Vicuña Mackenna: “En el Alto de Tacna cayó el primero entre los primeros, Ricardo Santa Cruz, adalid de 33 años que, como don Ramón Freiré en Maipo, mandaba en tan temprana edad uno de nuestros más aguerridos regimientos”. Por su parte, el poeta José Antonio Soffia, escribió: “Mientras haya en Chile quien lleve uniforme de soldado, habrá quien llore y quien recuerde al que fue no jefe y sí padre y hermano de sus subordinados” .

Junto con él habían caído en Tacna muchos brillantes oficiales de todas las unidades, como los Martínez y Torreblanca del Atacama, pero todos ellos señalaban con su sacrificio, la voluntad de un pueblo que sabía derramar su sangre por su Patria.


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Estado Mayor General del Ejército. "Galería de hombres de armas de Chile" Tomo II. Santiago.

Saludos
Jonatan Saona

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