martes, 17 de noviembre de 2020

Arturo Fuentes

Arturo Fuentes
Coronel Arturo Fuentes

No repuestos aún de la dolorosísima emoción que la noticia de la muerte del Coronel D. Arturo Fuentes nos causara, trazamos con mano trémula estas líneas, que talvez puedan ser útiles para el que, con más tranquilidad de espíritu y mejor cortada pluma, escriba la biografía del amigo cuya desaparición e este mundo deploramos.

Arturo Fuentes nació en Lima el 15 de Diciembre de 1848.

Su padre el Sr. D. Manuel Fuentes, fué un distinguido pedagogo que, como director de un afamado colegio, situado en el barrio de Santa Ana, ilustró á una generación en que han brillado por sus talentos y virtudes numerosos ciudadanos.

Su señora madre, doña Gertrudis Núñez del Prado, es una matrona digna, bajo todos conceptos, del respeto de la sociedad, pues su conducta ha sido siempre ejemplar y ejemplarizadora.

El matrimonio del que Arturo Fuentes fué hijo primogénito, perteneció al número de esas santas uniones que la simpatía hace nacer, la identidad de los sentimientos ascendra, la mutua estimación aquilata, la resignación en las desgracias prueba, y la paz en el hogar corona.

A los 15 años Arturo, que había recibido una sólida instrucción primaria y media, á la vez que una envidiable educación moral y religiosa, regentaba con lucimiento algunas clases en el colegio paterno, y era solicitado por numerosas personas para que diera lecciones en Casas particulares; lo que le permitió, á posar de sus pocos años, disminuir en mucho las fatigosas labores de su padre, y contribuir al sostenimiento de su va larga familia.

Habiendo muerto don Manuel Fuentes, sin legar á los suyos mas que un nombre honrado y honroso, su hijo mayor se presentó al ejército; y merced al reconocimiento de su privilegiada inteligencia y de sus luces, obtuvo, desde luego, en 1865, es decir, á los 17 años de edad, la clase de alférez del Regimiento “Dragones de Lima”, mandado entonces por el señor Coronel Arriz, donde se hizo notable por su irreprochable comportamiento.

Derrocado el Gobierno del General Pezet el 6 de Noviembre del mismo año en que ingresó á la carrera militar Arturo, fué éste separado del servicio; pero el 2 de Mayo de 1866 batióse en el Callao, como voluntario en la batería Zepita, que comandaba el señor Coronel Morón contra la escuadra española; y al reorganizarse después de la victoria el ejército, se le nombró subteniente del Batallón “Artillería de Plaza”. Allí defendió noble y valerosamente al Gobierno Constitucional del General Prado hasta su caída, en que quedó en la condición de indefinido; mas el año 62 el Gobierno vencedor la llamó á ocupar su antiguo puesto en la Artillería, y el 69 le reconoció el ascenso á que por la ley tenía derecho como benemérito vencedor del 2 de Mayo.

El teniente Fuentes, no obstante la pundonorosa lealtad de su conducta, volvió á ser separado de su Cuerpo en 1871; y en esa época él joven patriota, liberal é íntimo amigo de los que formaban la más brillante juventud limeña, se enroló en el partido civil que defendía la candidatura á la Presidencia de la República del nunca bien llorado D. Manuel Pardo, haciéndose notable, durante la campaña eleccionaria, como organizador de clubs, como orador, como escritor, como propagandista, como apóstol y como mártir de la doctrina que defendía en dicha época el mencionado partido, compuesto entonces de la inmensa mayoría de todos los buenos elementos con que contaba la Nación.

Realizada la traición de los Gutiérrez: encontramos al teniente Fuentes la célebre noche del 26 de Julio de 1872, en la barricada de San Diego, sosteniendo una lucha desesperada y heroica contra las huestes dictatoriales. En esa barricada cayó herido y prisionero, siendo en el acto conducido al fuerte de Santa Catalina, donde D. Tomás Gutiérrez, después de asegurarle que al día siguiente lo fusilaría, lo hizo encerrar, no obstante su estado, en una estrecha prisión.

Por fortuna, los hechos se desarrollaron con vertiginosa rapidez. —El Dictador, comprendiendo que sólo se apoyaba en la fuerza de las bayonetas, y que la opinión pública formaba en derredor suyo el vacío, tembló ante su propia obra; quiso huir, y, al efectuar su fuga fué aprehendido y muerto por el pueblo. Una gran gran parte de sus tropas se desbandaron; las otras libres de la presión que tan terrible amo ejercía sobre ellas, se apresuraron á rendirse ante la soberanía nacional; y Fuentes, sacado de su calabozo en triunfo, tuvo el honor de izar la bandera blanca de paz en Santa Catalina, y de entregar ese fuerte al Coronel Vidal García y García, comisionado para recibirlo por el 1er. Vice-Presidente Constitucional de la República, Coronel D. Mariano Herencia Zevallos.

Después de este hecho, el teniente Yáñez, hoy Coronel, hizo cabalgar á nuestro héroe en el caballo y la montura del Coronel Marcelino Gutiérrez, y lo condujo hasta su casa para que atendiera á su herida allí.

Don Manuel Pardo, elevado á la Presidencia de la República, llamó á Fuentes al servicio, y le concedió la efectividad de Capitán en 1873. Un año después, comandando en la campaña del Sur la 7.a compañía del Regimiento de Artillería, que tan célebre se hizo por sus diarios y porfiados combates contra las tropas de la revolución encabezada por D. Nicolás de Piérola, cayó gravemente herido, atacando de frente la artillería revolucionaria, colocada en la inexpugnable cima del cerro de Los Angeles; y, con motivo de este hecho de armas, recibió el grado de Sargento Mayor.

Prado, sucesor de Pardo, nombró á Fuentes Jefe del Museo y Biblioteca de la Artillería; y en la época de la administración indicada, nuestro amigo colaboró dignamente en La Revista Militar, periódico dirigido por el entonces Teniente Coronel D. Juan Norverto Eléspuru; obtuvo una mención honrosa en un concurso de artilleros convocado por el Gobierno; y consiguió ser nombrado Secretario de un Jurado, compuesto por los más afamados jefes del anua y presidido por el señor General Buendía, para examinar el mejor proyecto de Táctica de Artillería que se le presentara.

El año 1879, cuando Chile declaró la guerra al Perú, el Gobierno encargó de la fortificación de Iquique al inteligente Ingeniero Coronel D. Emilio Castañón, quien pidió y obtuvo que se pusieran á sus órdenes dos jefes de Artillería de los más distinguidos;—uno de éstos fué Arturo Fuentes. Sin embargo, á solicitud del mismo Coronel Castañón, que en el acto se dirigió al lugar de su destino, se dispuso, por orden suprema, que los dos Jefes aludidos permanecieran en Lima hasta que su superior los llamara, á fin de que le remitieran de esta Capital los elementos de guerra que tuviera á bien pedir. — Bloqueado el puerto de Iquique pocos días después, y reconociéndose la imposibilidad de que marchara á esa plaza el mayor Fuentes en condiciones tales, nómbresele, primero, jefe de uno de los cañones, y después segundo jefe del torreón “Independencia” del Callao, en donde asistió, con su serenidad habitual ante el peligro, con el cual se hallaba familiarizado, á todos los bombardeos que la escuadra chilena efectuó contra el principal puerto del Perú; y en esos meses, Habiéndose presentado á Fuentes, solicitando ser sirvientes de cañón 30 jóvenes de lo más notable de Lima, entre los que figuraban los Lecca, La Hoz , Cisneros, León y León, Reina etc., formó con ellos la famosa compañía á la que llamó mosqueteros, de la que declaróse Capitán.

Teniendo conocimiento Fuentes de las sangrientas derrotas de San Juan y Miraflores, y de la toma de Lima por el Ejército invasor, hizo reventar sus cañones, quemó su polvorín, desmanteló su batería y se vino á la Capital.

Poco tiempo después, y sabiendo que el Contra-Almirante Montero había sido nombrado Jefe Supremo Político y Militar de los Departamentos del Norte, dirigióse inmediatamente á esa zona, y se presentó á dicho Contra-Almirante, quien lo puso á las órdenes del señor Coronel D. Justiniano Borgoño, hoy 2.° Vice-Presidente de la República. El Contra-Almirante Montero, al partir á la ciudad de Arequipa, para asumir el cargo de Presidente del Estado por ausencia del Dr. D. Francisco García Calderón, dejó como Jefe Político y Militar de los Departamentos del Norte al señor D. Miguel Iglesias, y nombró como Teniente Coronel y 2.° Jefe de la Artillería de esa zona, mandada por el Coronel graduado D. Daniel Nieto, al bizarro Arturo Fuentes.

Llegó el feliz día de la batalla de San Pablo.

Fué Fuentes uno de los que con más juicio y arrojo coadyuvaron á que se iniciara esa gloriosísima jornada; y gravemente enfermo se hizo trasladar en una camilla al campo de batalla, desde la cual y bajo los fuegos del enemigo dictó acertadas disposiciones, que contribuyeron eficazmente al triunfo obtenido en esa ocasión por las fuerzas peruanas.

Premiando su valor el señor Coronel Iglesias, en virtud de las autorizaciones de que se hallaba investido, concedió á D. Arturo Frentes el grado de Coronel; pero como después el mismo D. Miguel Iglesias desconociera en Montán al Gobierno constituido, Fuentes protestó contra tal hecho, separándose del Ejército del Norte; y, exponiéndose á innumerables peligros, á pesar de su digna conducta, se dirigió desde Cajamarca hasta Arequipa, en donde el Gobierno del Contra-Almirante Montero, desconociéndole el grado de coronel que había recibido, lo nombró 2.° Jefe de la Escolta de S.E., puesto de confianza, en el cual cayó mortalmente herido en la plaza de Santa Marta el 25 de Octubre de 1883, defendiendo la persona del gobernante traicionado.

Ocupada la ciudad de Arequipa por el Ejército Chileno, Fuentes regresó á Lima, en donde fué comisionado por el General Cáceres para formar parte de la expedición que debía atacar á Huaráz; pero el vapor "Valdivia", en el que hizo su viaje naufragó, en el puerto de Huacho; y á causa de este desastre dirigióse Fuentes a Lima al cabo de poco tiempo.

Una vez en esta ciudad, salió de ella en busca del General Cáceres, al que encontró en Chosica; y obtuvo de él, sin solicitarlo, el honor de formar parte de la desgraciada expedición de 80 hombres, que al mando del coronel La Combe marchó, entre superiores fuerzas contrarias apostadas para exterminarla, á procurar la ocupación del Callao en nombre de la constitucionalidad.

Por desgracia esa fuerza fué sorprendida en la hacienda de Márquez por los 240 hombres que mandaba el coronel Yesup: y después de este desastre, en el que Arturo Fuentes se hizo notable por varios actos de temerario arrojo dirigióse nuestro amigó á la ciudad de Arequipa, para ponerse otra vez á las ordenes del General Cáceres, quien lo nombró primer jefe del Cuerpo de Celadores de la indicada ciudad, y le concedió el grado de Coronel, al que se había hecho acreedor por su heroico comportamiento, en el ataque al Callao.

Arturo Fuentes acompañó al General Cáceres en su viaje ó campaña de Arequipa á la ciudad de Ayacucho; y allí fué nombrado primer Jefe de la Artillería, la que supo dirigir, merced á sus conocimientos y actividad, por caminos de llamas, hasta esta Capital, habiendo desbaratado, sin delatar á nadie, junto con el Coronel don Arturo Morales Toledo, Prefecto hoy de Lima, y otros varios Jefes, merced á su prestigio, una conspiración para entregar al General Cáceres al furor de sus enemigos.

Durante esta campaña, Fuentes hizo lujo de valor y de conocimientos profesionales; y asistió á los combates de Huancayo, Izcuchaca, Masma y Huariparnpa, hasta la toma de Lima, en que se admiró por todos su heroísmo.

Una vez vencedor el Gobierno de la constitucionalidad, Fuentes se circunscribió á reorganizar del mejor modo posible la artillería y á refaccionar el cuartel de Santa Catalina: más encontrándose enfermo, á causa de los servicios que había prestado á la Nación, tuvo que pedir licencia: licencia que le fué concedida de la manera más honrosa, pues se le otorgó con goce de sueldo y por el tiempo que le fuera necesario, o llenándose al Comandante General de Artillería que, mientras tanto, retuviera el mando del cuerpo que mandaba Arturo.

Sin embargo, nuestro amigo no logró restablecerse de la enfermedad que había contraído, y, casi agonizante, fué nombrado Jefe del Parque de Santa Catalina.

Muerto tan benemérito Jefe el 9 de Setiembre, á las diez de la mañana, el Cuerpo de Artillería hizo extraordinarios honores á su cadáver en una magnífica capilla ardiente; y á su entierro (uno de los más suntuosos que se han realizado en Lima), asistieron un Edecán de S. E. el Presidente de la República, que. en representación de S.E. presidió el duelo; un representante del Prefecto de Lima; el Sr. General D. Andrés A. Cáceres, quien no pudo ocultar sus lágrimas al tomar en sus manos una de las cintas del ataúd: y distinguidos miembros del Congreso, del Foro, del Ejército y del Clero.

Hemos narrado en globo, y de prisa, la brillante carrera, que como soldado, hizo el Coronel don Arturo Fuentes: y al terminar esta exposición nos preguntamos á nosotros mismos, sin darnos una respuesta satisfactoria: ¿qué militar puede exhibir una foja de servicios más limpia que la suya?..........

Nuestro malogrado amigo no perteneció al número de los oportunistas, pues a pesar de que fué en todo caso obediente á las órdenes de sus superiores, jamás los aduló ni se humilló ante ellos.

¿Se quieren pruebas de nuestro aserto?
Pues bien: las daremos.

Cuando gravemente herido, á causa de su heroico ataque á la artillería revolucionaria situada en el cerro de Los Angeles el año de 1874, se le dijo por uno de sus Jefes que el Gobierno había concedido un sueldo extraordinario á los defensores de la constitucionalidad, respondió interrumpiendo los quejidos que su herida le causara: “Yo no acepto esa propina. El soldado se bate en cumplimiento de su deber, para satisfacción de su propia conciencia; y si algo puede esperar después de una batalla, no es dinero. sino honores."—D. Manuel Pardo. Presidente de la República entonces, sabedor de lo dicho por Fuentes, sonrióse, y después de manifestar á los que lo rodeaban que nuestro héroe le recordaba el talento de su hermano Felipe, hizo que le extendieran los despachos de Sargento Mayor.

Más tarde cuando el Gobierno del Contra-Almirante Montero le desconoció el grado de Coronel, á pesar de su patriótica y brillante conducta en la batalla de San Pablo; Fuentes, arrancándose con sus propias manos las presillas que, con legítimo derecho ostentaba sobre sus hombros, exclamó:—"Diez veces me las quitarán; pero otras diez volveré á conquistarlas con, honor en el campo de batalla" 

Bastan estos dos episodios para que queden delineados los perfiles del carácter militar del Jefe de quien hablamos aquí; pero indispensable es que suministremos á nuestros lectores algunos otros datos.

Nuestro Arturo, joven, inteligente, ilustrado, valiente y honrado, se distinguió entre los demás por su jovial modo de ser. —Poseía el arte de la conversación instructiva, amena y divertida, sin recurrir en ningún caso á tararear el can-can.

Contaba, además, con un génio satírico extraordinario; pero sus; admirables é inocentes epigramas, si podían hacer cosquillas, á la delicada epidermis de aquellos á quienes se dirigían, no eran sangrientos; no herían, no atacaban en ningún caso la honra ni la dignidad de nadie; y los mismos que los recibían tenían el convencimiento íntimo, merced á una larga experiencia, de que Fuentes se hallaba siempre dispuesto á favorecerlos con su dinero, con su brazo ó con sus consuelos solícitos en circunstancias desgraciadas, pues no se caracterizaba como amigo de la buena, sino de la mala fortuna, siendo en muchos casos un abnegado benefactor de las familias de aquellos á quienes venció en los campos de batalla. Y si sabía entretener de un modo agradable á una tertulia, así como á los compañeros de vivac en las campañas: y si, merced á sus graciosas ocurrencias, lograba llevar á la muerte á sus soldados (permítasenos la frase) muertos de risa, hacía comprender también con su presencia á sus enemigos que era todo un valiente.

Más, nos hemos equivocado: Fuentes pudo tener émulos entre sus compañeros;—enemigos no los tuvo jamás.

Y por esta razón el Coronel Fuentes, que después de haber recibido á petición suya, todos los auxilios de la religión católica, de la que no renegó nunca, murió como había vivido, confiando en la Providencia Divina, de la que había sido uno de sus agentes en la tierra, y bromeándose con la muerte, como se había bromeado con todos sus camaradas.

De él puede decirse, repitiendo la frase de una leyenda indiana, que, recién vino á este mundo, todos á su alrededor sonreían, y sólo él lloraba; pero que, en los momentos de su muerte, al abandonar esta triste tierra, todos en su derredor lloraban, y sólo él sonreía.

Por nuestra parte, al poder fin á estas líneas, declaramos, no ya como amigos del finado, sino como patriotas, que hacemos votos porque todos los miembros de nuestro Ejército puedan presentar una foja de servicios semejante á la de Arturo Fuentes, quien ha dejado á sus hijos un hogar pobre, pero un nombre inmaculado.

C. A. R.
Lima, Setiembre 14 de 1890.

Tomado la "Revista Militar y Naval"


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Texto e imagen publicados en el semanario "El Perú Ilustrado" núm. 183 y 184, Lima, 8 y 15 de noviembre de 1890.

Saludos
Jonatan Saona

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