10 de mayo de 2016

José Martí (2 parte)

José Martí
José Martí y su opinión sobre la guerra del Pacífico (2° parte)

Seguimos con transcribiendo lo que Martí escribió sobre la guerra de 1879, después de leer al libro de Barros Arana:

"Esfuérzase desde ahora Barros en acumular razones contra el Perú, -y en pintarlo agitado, clamoroso, amenazador i vociferador, colérico. -Mas todo lo que el Perú hiciese después de la declaración de la guerra, y fueran los que fuesen el grado de su alarma y la exaltación con que la expresara -no añade esto ápice a las razones que tuviera Chile a la declaración para llevarla a efecto. 
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-Que por el 15 se ordenó la expulsión de los chilenos q. no tuvieran carta de ciudadanía, o estuviesen casados con peruanas, residiesen. desde diez años en el país, y fuesen propietarios de bienes raíces.

-Que por decreto del 17, la expulsión se hizo gral.: -y “en cumplimiento de la parte penal de esos decretos, en Lima y Callao fueron reducidos a prisión los chilenos q. por falta de recursos o enfermedad -no pudieron embarcarse; pero se respetó el plazo acordado para salir del territorio”. 

-Que el prefecto de Arequipa, que 2 días antes que el Gobierno decretó la expulsión, concedió 48 horas. 
-Que en la provincia de Tarapacá se concedieron dos o tres horas. 
-Que en Iquique no habían podido embarcarse sin la protección de marinos ingleses y americanos. 
-Que en Huanillos tuvieron q. emprender su viaje a pie, por los arenales del desierto hasta llegar a orillas del Loa, donde los socorrieron las tropas chilenas. 
-Que los chilenos del Perú ascendían a 40,000.

-Que Chile no pensó en expulsar a los bolivianos y peruanos. 
-Que de esto se aprovechó Chile, -haciendo de los fuertes trabajadores expulsos de Tarapacá y refugiados en Antofagasta, los mejores y más útiles soldados de la campaña. Lo que no fue torpeza del Perú, ni habilidad de Chile -puesto que en Tarapacá lo hubieran sido aún mejores, y se hubieran alzado inmediatamente con la tierra, como se alzaron con la de Atacama.

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Barros pinta así el estado de los dos ejércitos: 
A principios de 1879 tenía el Perú 4,200 soldados mandados por 3,870 oficiales de todas categorías, de los cuales 26 eran Grales. Gastaban en ellos 4.000,000. Cuatro buques acorazados: la fragata Independencia. Los monitores Huáscar, Atahualpa y Manco Cápac. 
Corbetas de madera Unión y Pilcomayo. 
Doce buques menores. 
Gastaba en su escuadra $5000,000 

Se creían los peruanos -dice Barro- más diestro por sus revoluciones que los chilenos. Chile tenía 2,400 hombres -de los cuales 410 eran artilleros, 530 jinetes, -y el resto infantes. 
Su marina era 2 fragatas acorazadas: el Blanco Encalada, y el Almirante Cochrane, dos corbetas de madera: O’Higgins y Chacabuco, una cañonera de madera: Magallanes. 4 buques menores. 

Dice que el Congreso había venido aminorando el ejército de 3,500 hasta el tipo de entonces: -y que tan distante se hallaba de pensar en guerra que el dbre. de 1878, cdo. la discusión diplomática con Bolivia tomaba un carácter alarmante, hicieron las Cámaras supresiones importantes en el ministerio de Guerra y Marina. Y al fin del capítulo dice: “Chile llevaba a sus dos enemigos una gran ventaja: -tenía admón. sólida y seria”. -Pues si la tenía, no pudo rebajar el ejército cdo. se estaba en peligro de una guerra conocida. O no era seria la admón.: o no es cierto que Chile hiciera realmente semejantes rebajas.
“No es de extrañarse, que el día en que la guerra vino, Chile se hallase con un ejército insignificante y un armamento insuficiente para la campaña a que era provocado, contra los deseos y las tendencias del país.” 

Dice que al Perú le era fácil aumentar sus fuerzas, con las que fácilmente pasaría a él, como pasó, Bolivia. 

Que los ejércitos de Chile estaban fortalecidos por la instrucción y por la paz. Que Chile no estaba preparado para la empresa a que se le provocaba. Ni el Perú provocó a Chile, puesto que nada tuvo que hacer el Perú con la ocupación de Antofagasta, principio imprevisto y súbito de la guerra; -ni el Perú se ocupó en dar o negar la declaración de neutralidad, que mañosamente exigió Chile, sabiendo que, dado el tratado de alianza con Bolivia, había de vacilar en responder, para hallar de esta vacilación indispensable, que no podía ser más inofensiva, pretexto para la declaración de guerra; -ni puede dejar de pensarse que si el Perú hubiera asumido actitud tan arrogante, y deseado tan ardientemente la lucha, y estado tan de antemano preparado pa. ella, -no hubiese pedido un mes de plazo, (lo cual era visiblemente manera de retardar, sino evitar, el conflicto, o de hallar durante el mes un modo de evitarlo aún no hallado) para hacer la declaración, sino que, en acuerdo con su arrogancia, con su desdén de su adversario, con el auxilio que esperaba de Bolivia, con su doble número de tropas de mar y de tierra, con su presunción en sus ciencias militares, con su convicción de que la guerra seria una campaña de aparatos, y con los 5 millares y medio de población que podía alzar con la de Bolivia, contra los 2.500,000 de Chile; -en acuerdo con todo esto, que supone en el Perú, y, afirma que en él había y bullía, Barros Arana, hubiera -sin necesidad de declarar la guerra, y suponiendo que mientras comenzaba transcurriría spre. el mes de preparación que se intenta creer que buscaba con la demora -hubiera publicado su tratado de alianza, y declarado que estaba a é1. Paréceme ver intento marcado, generoso y prudente intento, en el Gobierno del Perú de impedir la guerra, y de buscar tiempo y medios para impedirla. Niego a Chile el derecho de declarar la guerra al Perú. Y si Chile dice que no podía desocupar a Antofagasta, como el Perú le pedía, pa. tratar con Bolivia, porque desamparaba los intereses de los chilenos, ¿por qué calla la fórmula o las fórmulas que indudablemente proponía Lavalle, porque no hubiese tenido sentido común que no los propusiera, para garantizar las propiedades de los ciudadanos de Chile mientras se gestionaba el arreglo? 

Chile venía apeteciendo el territorio, poblándolo a su guisa, y poniendo la mira en el vejamen y destrozo del pueblo peruano, -cuyas riquezas naturales, desdén del acumulamiento paciente de la fortuna, y brillo intelectual,-como que son condiciones que ella no posee, -envidia. Si con Bolivia era la querella ¿a qué ir a Lima, sólo porque el Perú protegía, como era natural, sus tierras de Tarapacá y pedía un mes pa. declararse o no neutral; -y no ir a La Paz, donde estaba el Gobierno vejador, perseguidor de los chilenos, arruinador de la Compañía de Antofagasta, -el dueño de los terrenos discutidos, el enemigo más cercano, y disputado del terreno discutido, -el perpetuo ofensor y burlador de los tratados y derechos chilenos; que así lo pinta Barros?

Bolivia fue pretexto, con el cual se recogió de paso a Antofagasta; Perú, el objeto real, en el que se iban a saciar, no tanto ansias de poseer las salitreras de Tarapacá, cuanto viejos, celosos y tenaces rencores. El odio del fuerte al débil, odio misterioso e implacable: el odio del que envidia una superioridad de espíritu y una largueza de corazón que no posee. El odio del que no inspiraba simpatías hacia el que las inspira. El odio del mezquino al generoso: un odio grande. 

La guerra toma, en manos de Chile, un carácter devastador, asolador innecesario de la riqueza peruana, desde el primer combate, el de Iquique. Cuéntalo así Barros: 
Habían salido del Callao la Unión y Pilcomayo el 7. El 12 de abril avistan al N. de la embocadura del Loa a una cañonera chilena Magallanes: Aurelio García contra Juan J. Latorre. Averióse una de las máquinas peruanas. Retiráronse éstos. 

De enfrente de Iquique, donde regía la escuadra chilena el Almirante Williams Rebolledo “salieron algunas naves a recorrer la costa vecina, destruyendo los muelles y aparatos de embarque que el gobierno del Perú tenía en esos lugares para el carguío del guano”.  

Pues eran acaso los muelles y aparatos instrumentos de guerra? Pues estaba la guerra suficientemente enconada en esa primera escaramuza para justificar esa destrucción injustificada y a mansalva? Pues no es claro desde el primer instante que la guerra no se hacía por honor mancillado, sino por odio a las riquezas del Perú -el más villano, el menos excusador, el más imperdonable de los odios? Pues, triunfantes en este primer encuentro, ni la disculpa de la ira por la’ derrota tienen los chilenos para esa obra de tala. Por el contrario, debía la primera victoria disponerlos a la generosidad. 

Luego cebaban odios viejos; -porque no había causa para encenderlos nuevos, -ni deja nunca la victoria, y sobre todo la la victoria, de predisponer a la clemencia.

Y ahora, y en una nota vergonzante, sale a relucir la causa, astutamente callada en su lugar natural, de los decretos de expulsión de los chilenos dados en Lima. Encendidos en ira por el destrozo voluntario, innecesario y frío de sus muelles y aparatos de embarque, se amotinó -como dice Barros, -el pueblo de Lima, y en consecuencia de aquel clamor público, y por este acto chileno, se decretó la expulsión de los chilenos del Perú. ¿A qué el alarde del historiador de que no expulsó Chile a peruanos y bolivianos? Ni éstos tenían por hábito, como los de Chile, dejar sus hogares en busca de fortuna; ni eran numerosos en Chile; ni habían destrozado muelles, ni aparatos, ni pueblos chilenos.

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El libro de Barros Arana ha sido escrito para demostrar que ha tenido razón Chile: pues ése es precisamente el libro que convence de que no ha tenido razón Chile. 

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El libro de Barros Arana. 
Yo entré a leer este libro con una generosa creencia (prevención) de que, aunque las razones de abnegación y sentimiento pudiesen estar de parte del Perú, las razones prácticas a lo menos estarían de parte de Chile. Porque sólo se concibe lo racional, en tanto no se palpa lo monstruoso. El primer movimiento, al tener noticia de un crimen, es rechazarlo. Y una vez creído -explicarlo, si cabe; -y si cabe, disculparlo. -Mas yo no creía que un pueblo se hubiera echado responsabilidad tan grave encima -si no lo hubiera podido aligerar con causas visibles y capitales, de fuerza y de peso. "
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Texto publicado en 1991. José Martí. Obras Completas. Volumen 21. Cuadernos de Apuntes. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Saludos
Jonatan Saona

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