viernes, 3 de noviembre de 2017

Barrientos sobre Pisagua

Parte oficial de Juan Amador Barrientos sobre desembarco y toma de Pisagua

“Vapor Loa”.
Pisagua, Noviembre 3 de 1879.

Señor Comandante: 
Paso a dar cuenta a V.S. de la comisión que tuvo a bien confiarme el día 2 del presente en el puerto de Pisagua.

Cumpliendo sus órdenes salí de a bordo al mando del 1º, 2º, 3º y 4º botes, en los cuales iban en comisión los aspirantes señores Alberto Fuentes, Eduardo Donoso, Cenobio Bravo y voluntario Carlos Gacitúa López, ocupando el que suscribe el 1º. Habiéndome puesto a la disposición del capitán de navío señor Enrique Simpson, se me ordenó tomar en los botes a los soldados del batallón Atacama con el objeto de efectuar el desembarco en el puerto, lo que hicieron como en número de 50, yendo en el 1º como 15 de ellos.


Según orden recibida del capitán de corbeta señor Constantino Bannen, nos colocamos en segunda línea con varios otros botes que conducían soldados del mismo cuerpo, yendo en la primera los botes ocupados por el cuerpo de Zapadores.

La escuadrilla se puso en movimiento gobernando hacia el Sureste de la bahía; pero como a su medianía se me ordenó desembarcar. En el acto hice rumbo al Noroeste, donde se divisaba una pequeña playa de arena, siendo seguida por toda la 2ª línea y muy de cerca por los botes del buque.

Al acercarnos a la playa fuimos recibidos por el enemigo con un nutrido fuego de fusilería que nos hacía parapetados tras unas rocas que no distarían 7 u 8 metros de la playa; pero como no viese quienes nos hacían fuego, seguimos avanzando a toda fuerza de remos.

A las 9:20 mi bote tocó el primero la playa y salté a tierra con los 15 soldados que conducía, llevando enarbolada la bandera de nuestro bote. Sucesivamente desembarcó la gente del 2º, 3º y 4º, y como no hubiese en el primer bote ningún oficial del batallón y siendo tan críticas las circunstancias, tomé el mando de los soldados que saltaron conmigo.

El enemigo tenía su primera línea parapetada tras de las rocas y a lo largo de la playa, y la segunda en el cerro como a 100 metros más o menos sobre el camino del ferrocarril; así es que al desembarcar quedamos colocados en medio de la primera línea, quedando la segunda a nuestro frente.

Inmediatamente que estuvimos en tierra me dirigí con los 15 hombres que llevaba hacia un pequeño Morro que está como a setenta metros hacia el Sur, donde había algunos enemigos, y a las 9:25 acompañado del aspirante señor Fuentes, enarbolamos en su cúspide nuestro tricolor, empeñando al mismo tiempo el combate con el flanco iz quierdo del enemigo, acompañándonos momentos después unos 15 hombres más del 2º bote, el resto atacó a los enemigos que quedaron a retaguardia al cortar la línea.

El fuego del enemigo era nutridísimo, pues estábamos entre tres fuegos. En este mismo instante los demás botes desembarcaron pocos metros más al Sur donde estaban atrincherados unos 40 enemigos; éstos al verse atacados por el flanco y el frente emprendieron la retirada, siempre batiéndose, hacia la cumbre del cerro.

Los oficiales del Atacama iban mandando su gente, pero el combate estaba ya empeñado, y los bravos del Atacama al paso de carga y con un valor sin igual hacían un vivo fuego avanzando siempre por el camino arenoso, empinado y difícil; terribles estragos le hacían al enemigo, que estaba ya al descubierto. Desde este momento el ataque se hizo general en toda la línea, no pudiendo dar pormenores de lo que sucedía más hacia el Sur de la playa por no verse a causa de los accidentes del terreno.

En este primer desembarco el enemigo mató tres de los soldados que iban en nuestro bote e hirió a uno.

Mandé los botes al Copiapó en busca de más soldados, permaneciendo el que suscribe en tierra. Al llegar por segunda vez los botes a la playa fue herido el aspirante señor Donoso, el patrón del segundo bote Sebastián Barquero y el marinero primero Tomas Jhonson muy gravemente.

El primer bote recibió dos balas a proa y una a popa que lo perforaron; otra bala rompió uno de los toletes y a más recibió muchas otras que solo sacaron astillas de sus costados; el segundo bote recibió una que rompió el barril de aguada.

Después de este segundo desembarque, los botes se ocuparon en desembarcar soldados y remolcar las lanchas que iban llenas de ellos, pues el paso estaba ya libre. Igualmente envié a bordo cuatro heridos, entre ellos se encontraba el capitán Fraga, del batallón Atacama.

Debo agregar que nuestra marinería, desde el primero basta el último desembarco que se hizo, desde sus botes hacía un nutrido y certero fuego de rifles, pues hasta el grumete José Sepúlveda, de doce años de edad, derribó a dos soldados enemigos.

Tanto el valor de nuestros soldados del Atacama como el de la marinería de nuestros botes, ha sido digno de todo elogio, no puede ya exigirse mayor coraje, audacia y serenidad.

Igualmente tengo el placer de poner en su conocimiento que los señores aspirantes y el voluntario señor Gacitúa se han portado con valor y serenidad admirables.

Es cuanto tengo que decir a Ud.

Dios guarde a Ud.
J. A. BARRIENTOS.
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Saludos
Jonatan Saona

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