El esfuerzo de Montán me ha conducido en un año desde las abruptas cimas de los Andes hasta el seno de la metrópoli peruana.
Traigo conmigo el hermoso bicolor de la patria perdido en los combates de hierro i recobrado al fin en las luchas no menos jigantescas de la razón i la desgracia.
Armado solamente de una idea, impulsado por un solo sentimiento, a nombre de la gran porción honrada de mis conciudadanos, he podido contener al victorioso enemigo, citándole en el terreno de la lealtad en los momentos mas críticos i cuando el delirio del triunfo pudo haberle llevado quizás demasiado lejos.
Cumple a mi deber declarar que he encontrado en el Gobierno de Chile, al entendernos, sinceridad digna de la mía.






