17 de marzo de 2026

Ruptura del bloqueo

Cuadro por G. Spiers. Colección Cabieses García-Seminario

Diario de Pedro Storace sobre la doble ruptura del Bloqueo de Arica

Proeza de la Doble ruptura del Bloqueo de Arica por la "Unión'' y recio combate
Miércoles 17 de Marzo de 1880. - Después de cuarenta horas de navegación, a las 2h. A.M., avistamos la oscura masa proyectada en la vecindad de la costa de Arica por el lado sur; a las 4h. A.M. detuvimos la marcha en la caleta que forma el Morro por su parte sur; a continuación se manda una embarcación gobernada por un Guardia Marina al puerto, con objeto de dar aviso de nuestra llegada. Fueron adoptadas las mayores precauciones a fin de evitar a los buques enemigos. Nos pusimos en movimiento hacia el puerto, donde entramos felizmente y se larga el ancla a las cinco de la mañana.

Apenas aclara el horizonte, distinguimos las siluetas de las naves bloqueadoras, las cuales como se acercaron al camino de nuestra entrada, nos permitieron el reconocerlas: se trataba del monitor Huáscar y el transporte Matías Cousiño. El primero de los nombrados, acercándose a nosotros disparaba un cañonazo de vez en cuando, a lo cual respondíamos con parsimonia, continuando con descargar cuanto habíamos llevado y con hacer carbón. Mientras tanto el transporte Matías Cousiño se alejó, para regresar hacia el medio día acompañado del Blanco Encalada (se equivoca Storace, pues fue el Cochrane), acercándose al Huáscar por el lado sur, principió a descargar su furia sobre la "corredera" Unión. Los dos buques enemigos disparaban sus proyectiles contra la corbeta, sin dirigir ninguno ni al morro, ni al monitor Manco-Cápac o a las Baterías. 

Durante lo más reñido del desigual combate, que fue alrededor de las dos de la tarde, una bomba de 300 libras disparada por el Huáscar, penetró a la cubierta por encima de la. borda, rompiendo dicha cubierta en parte, destrozando cinco carlingas y todo cuanto encontró a su paso, destruyendo el tubo de extracción de la caldera de proa, etc. Otra bomba que disparó el acorazado Blanco Encalada (ya hemos dicho, trátase del Cochrane), penetró en la parte inferior de la chimenea, produciendo como consecuencia de su estallido el dejar grandes agujeros en diversas partes de dicha chimenea, quedando en ciertos sitios a tubo abierto; varios fragmentos de la bomba cayeron con fuerza sobre el carbón, delante de los hornos. pasando uno de ellos a poca distancia de mis orejas. Esas bombas produjeron incendios en dos o tres partes en torno de la caldera, siniestros que fueron rápidamente apagados con ayuda de una bomba pequeña de que disponíamos y la gente de máquina. 

Finalmente, a las 4 de la tarde, la flota enemiga se retiró fuera de tiro de cañón, reuniéndose quizá por convenirle un acuerdo a fin de encontrar el medio de terminar con nosotros y creyendo haber averiado a la corbeta en una de las calderas, porque veían salir una gran cantidad de humo de la cubierta; esto no se debía a otra cosa sino al estar fugando el vapor por los destrozos experimentados en el tubo de escape. Mas se engañaron. Una vez fuera de tiro del enemigo, principiamos a desembarcar los heridos y muertos durante el combate, los cuales ascendieron a 20 los heridos, algunos graves, y dos muertos; a continuación, forzando vapor, zarpamos para abandonar el puerto que era quizá como salir de la tumba. Sorprendidos los chilenos al vernos escapar, se pusieron de inmediato a perseguirnos, pero ello fue en vano, porque nosotros corríamos a doce y media millas, pese al mal carbón empleado que producía llamas largas, las cuales saliendo por la caja de humo penetraban por aquellos huecos correspondientes sobre la caldera, originando un considerable incendio, el cual apagamos mediante grandes esfuerzos. Durante el incendio, por obra de la confusión de la gente y porque el agua atrojada al fuego pasaba a la caja de humo, disminuyó la presión y, consiguientemente, la velocidad; mas ésta aumenta rápido después de la extinción del fuego y aún aventajamos la distancia con nuestros enemigos; entre tanto, la noche poco clara vino a protegernos más. Navegamos durante la noche a toda fuerza y siempre con el mismo rumbo SO.

A la mañana siguiente el horizonte se presentó despejado; notábamos la alegría en los rostros de cada uno y había razón de ello, pues escapamos de las garras de un poderoso enemigo. Seguimos todo este día navegando al oeste y al día siguiente al norte.


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Storace, Pedro Luis "Las etapas finales de la gallarda corbeta "Unión" (Diario de un marino italiano en la guerra de 1879)" Prólogo y notas del capitán de navío Julio J. Elías. Traducido del italiano por el Dr. Tomás Catanzaro. Lima, 1971.
 
Saludos
Jonatan Saona

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