14 de marzo de 2024

Grau en la Marina

joven Miguel Grau
14 de marzo de 1854: Grau ingresa a la Marina de Guerra

"No fue raro que los dos varones de la familia Grau Seminario quisieran incorporarse en filas de la Marina. Hubo su padre de buscar el patronazgo de los piuranos que ya pertenecían a ella (Camilo Carrillo, José María Raygada, Juan Noel, y quizás su hermano de madre Emilio Díaz Seminario, por entonces de casi 26 años de edad y con más de cinco en la Armada). Bien dirigida por estos, la solicitud presentada por el padre en agosto de 1853, fue acogida. 

Miguel y Enrique se sintieron orgullosos el 14 de marzo de 1854, cuando el primero contaba veintiún años de edad, vistiendo el uniforme de guardiamarinas. Con el traje vino para nuestro héroe vida nueva. Cornetas y formaciones. Dianas alegres y silencios tristes. Desfiles y listas. Ejercicios de boga y de cañón. Saludos militares. 

Por necesidades que la vida imponía a nuestro hombrecito, hubo de alejarse de Enrique, con quien estaba tan unido. Tres años después se separaron para siempre: el hermano mayor murió en Chanchamayo. Se quedó solo, en tierra desconocida y entre hombres extraños. Esto constituyó únicamente un quebranto pasajero. 

El joven Miguel Grau tenía ya reciedumbre templada en veintiún años de refriega, contra una existencia que no había trascurrido en senda de rosas. A golpe de martillo de forja durante su niñez aprendió a sonreír con desprecio ante cuchicheos malintencionados y cobardes sobre su origen familiar. A puñetazos se hizo respetar a bordo de los buques mercantes en que transcurrió su adolescencia. A cambio del dolor que era preciso esconder, cosechó una deducción que le sirvió al iniciar su vida en la Marina de Guerra: había en él muchas valiosas minas submarinas que podían enriquecer su existencia. Como todos aquellos que se forman por sí mismos, se sabía resuelto, confiado, valeroso.

El guardiamarina Grau se hizo a la rutina a bordo del Rímac, Vigilante y Ucayali. Fue buen militar el que ya era espléndido navegante. Antes de los dos años de estar en el servicio ganó los galones de la clase superior. Dulce canción del término que libraba de situaciones militares ambiguas: "Mi alférez".

Trasladado a la fragata mixta Apurímac, el nuevo oficial comenzó a servir con otro marino piurano que ejercería desde entonces sobre su ánimo un fuerte influjo, a pesar de su alma inquieta, borrascosa y romántica tan diferente de la disciplina, la fría calma, la estoica serenidad y el espíritu práctico de Grau. Hablo del gran politiquero Lizardo Montero, el único jefe de marina que ha llegado a presidente de la República, reemplazando en 1882 a García Calderón hecho prisionero y deportado a Chile por las tropas conquistadoras.

Mientras sirve al lado de Montero, Grau toma partida por un hombre que es amigo de su padre. Este hombre se llama Vivanco, sublevado contra Castilla, por entonces presidente del Perú en su segundo período, a quien Montero detesta desde la sanción que le aplicó mandándolo como alumno al Colegio Naval Militar aunque ya era alférez de fragata, en castigo por el mal comportamiento que observó durante el naufragio del Rímac. Aprovechan Grau y Montero una ausencia del comandante Salcedo y sublevan la Apurímac, a la cual pronto se unen Loa y Tumbes. Reciben a Vivanco y proceden al Callao, donde se baten con el Ucayali y los fuertes. Siguen a la costa de La Libertad y toman Trujillo. Castilla se embarca en un vapor de carga, a riesgo de ser apresado, sale al Norte, recupera Trujillo y obliga a huir por Paita a esas naves. En abril de 1857 regresa el rebelde al puerto chalaco, desembarca sus tropas y es rechazado tras sangriento combate en el que nuestro héroe libra la vida por milagro. Frustrada así la revolución, Vivanco escapa a Chile y los marinos revoltosos entregan sus buques en el Callao. Grau es expulsado del servicio junto con Montero, Jurado de los Reyes, Pimentel y Astete. El bautismo de sangre le ha costado caro.

Vuelve el mozo al mar del que ya le cuesta trabajo vivir alejado. Al parecer, durante casi tres años hace la carrera a la China y la India en buques mercantes y pierde el empleo en 1860, regresando al Perú. Según unos autores lo hacen "capitán de un barco inglés", de acuerdo con Arosemena. La única probanza que se posee es que se halla en Lima durante los finales de 1861, y en el Callao en setiembre del mismo año. Se le ha aconsejado reingresar en la Armada. Pero no acepta acogerse a la reconocida magnanimidad de don Ramón Castilla. Mientras el general tarapaqueño es presidente, el sublevado del Apurímac se mantiene fuera de filas.

Trata Vegas de disculpar esta revolucionaria aventura moza de Grau al decir que el flamante alférez de fragata refirió más tarde haber tomado parte en ella por curiosidad. No aceptamos esta afirmación que opacaría el prestigio de Grau. No pudo el futuro héroe emplear en combates a cañón las naves del Estado y sus tripulantes, con el mismo espíritu de quien derriba flotas en el tablero de maniobras. Era demasiado honrado para ello. Además no debemos negarle su capacidad de rebelión, sin la cual no sería meritoria su disciplina de 1879. La virtud sin esfuerzo no tiene mérito. Hay razonamientos más lógicos que explicarían mejor su actitud como alférez. Al lado de Montero la política tomaba el carácter de arrollador ciclón. No había por entonces en nuestra marina un claro concepto de la distinción entre los deberes del hombre como oficial y como ciudadano, a causa de los pronunciamientos y revoluciones militares. Debe también tenerse en cuenta que Miguel Grau sólo contaba 22 años de edad. Cabe pensar que el mozo debió ser conservador por circunstancias de influencia hogareña, y que por otra parte vería con buenos ojos el pronunciamiento de Arequipa que tenía este carácter, pues hacía dos años que el caudillo tarapaqueño mantenía fuera de filas al teniente coronel Manuel María Gómez, querido cuñado de Grau por estar casado con la hermana Dolores, y militar que había sido uno de los derrotados en la batalla de La Palma...

Quien no sabe protestar ante los métodos equívocos, el abuso hecho ley o la ruindad sistematizada, no tiene carácter. Grau no es menos héroe porque se sublevara contra Castilla en 1856, contra Pezet en 1865, contra Tucker en 1866 y contra los Gutiérrez en 1872. Al contrario. Sin tales hechos y sin sus gestos humanitarios de 1879, la historia de su vida sería una frígida enumeración de fechas y circunstancias tácticas; oscuras por la falta de esas actitudes claras, aunque a veces sean equivocadas, que definen los caracteres y hacen comprender que un alma y un corazón animan la estructura perecedera de materia ruin, imponiéndose a menudo sobre el cerebro que reflexiona".


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Romero Pintado, Fernando. "Grau: Biografía Lírica". Lima, 1984.

Saludos
Jonatan Saona

1 comentario:

  1. Hay muchas y muy buenas biografías de Miguel Grau escritas por sus connacionales y también extranjeros. Ensayos, también, firmados por autores serios e informados.
    En mi opinión, lo mejor que se ha escrito sobre este héroe peruano corresponde a la pluma de don José Agustín de la Puente Candamo, quien falleciera - casi centenario ya - el año 2020. Señalo esto porque la investigación de este prestigiado historiador ha sido exhaustiva en los detalles de la vida del marino que su patria identifica como el más relevante de sus hombres de guerra. Y no sólo por lo completísimo de su trabajo, sino porque De la Puente Candamo, en un castellano culto y elevado, utilizando una sintaxis y capacidad narrativa cautivadora, no vacila en abordar, clarificar y opinar sobre aquellos dos aspectos en la vida de Grau que otros autores callan.
    Y lo hace directamente, sin remilgos ni exageraciones, a plena luz. Aborda, pues, aquel ángulo que en el texto de más arriba se cita como "cuchicheos malintencionados y cobardes sobre su origen familiar", y expone con claridad la situación de su madre, que no es del caso resumir aquí. Asimismo, la fallida participación de Miguel Grau en el comercio de aborígenes destinados al trabajo esclavo.
    Dice y explica todo esto, el señor De la Puente Candamo - a quien llamaré "ilustre" por su vida y logros - sin tapujos ni restricción. No lo he visto desmentido, a pesar de que su primera obra sobre Grau data de 1964.

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