sábado, 20 de octubre de 2018

Proclamas de Cáceres

Proclamas de Andrés Cáceres octubre de 1882

"Andrés A. Cáceres, Jefe Superior y militar de los Departamentos del Centro

Conciudadanos:

Cuando a la sombra de la unidad política, consolidada con extraordinarios y sangrientos sacrificios, el Perú se presentaba ante sus implacables enemigos a la altura de su dignidad y de sus gloriosas tradiciones, el general Iglesias ha venido a levantar el odioso pendón de la anarquía, proclamando los departamentos del norte independientes del gobierno nacional y cali­ficando como un crimen y falso honor al sentimiento que conduce a los defensores del país a luchar por la soberanía e integridad territorial de la re­pública.

Semejante inconcebible procedimiento del Jefe del Norte significaría para el enemigo un triunfo incomparable; y envolvería para nosotros el más funesto descalabro, tendentes a facilitar a Chile sus propósitos de dominación y de conquista, y a presentarnos a la contemplación del mundo como un pueblo ingobernable, sin moral política, sin fe en sus propios destinos e incapaz de sobrellevar con nobleza las amarguras que ofrece el infortunio, si la obra de Iglesias no tuviera como tiene para su inmediata destrucción el sello de su monstruosa iniquidad.

Habitantes del Centro:

En el sendero del deber y de las conveniencias del Perú en que me encuentro, interpretando los sentimientos de la nación y el pensamiento del gobierno, he dedicado mis esfuerzos todos a la continuación de la guerra, después de nuestras dolorosas caídas, porque he visto en ella, con la más profunda convicción, el único medio de arribar a la paz, que hoy persigue con noble y generoso empeño en el campo del honor el gobierno del Vice­presidente encargado del poder Ejecutivo.

Un crimen sería, ciertamente, sostener el estado de guerra con todos sus horrores y ninguna de sus ventajas, sólo por conseguir la satisfacción de un amor patrio exagerado y el predominio de bastardos intereses sobre las ruinas nacionales. Pero cuando lo que se persigue, como principal objetivo, es la paz, entonces es una necesidad y un deber patriótico demandarla con las armas en la mano, con toda la altivez de quien no ha perdido la conciencia de su derecho ni el amor por su libertad e independencia.

Mas, lo que hoy pretende el general Iglesias, olvidando en hora la­mentable el buen nombre del Perú, es una paz implorada a Chile de rodillas, paz humillante y vergonzosa, que subleva todo sentimiento de indignación y ante la cual el patriotismo se encuentra escarnecido y degradado.

Conciudadanos:

Vosotros que con tanto valor y abnegación acabáis de revelar con he­chos heroicos y eminentes, todo el poder de un pueblo que prefiere a la igno­minia de la conquista el sacrificio de la existencia, seguro estoy de que con­denaréis con enérgica protesta el escandaloso extravío de un soldado que, en los momentos de la prueba y del sacrificio, proclama el desconcierto y la anarquía, y pone humildemente a las plantas del vencedor extranjero la espada que la patria le confiara para la defensa de su honor y de su gloria.

Por lo demás, contando como cuento, con vuestro decidido patriotismo, confío en que la unificación nacional, obra exclusivamente vuestra, por un instante amenazada, tendrá en vosotros la más segura garantía y el más firme apoyo.

Vuestro jefe y amigo,
Andrés A. Cáceres

Tarma, Octubre 16 de 1882"
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"Andrés A. Cáceres, Jefe Superior y militar de los Departamentos del Centro
Al Ejército de su mando

Soldados:

En el hermoso cielo de vuestras glorias, conquistadas en medio de cruenta adversidad, se levanta hoy liviana sombra pretendiendo empañar los felices horizontes que vuestro esfuerzo, vuestro arrojo y vuestro oficio descubrieron a la patria en sus horas de luto y de martirio. Una espada que brilló por un momento con el vivo resplandor del cumplimiento del deber, rasga desleal y osada el sagrado manto de la unión que se extendía en la república.

Soldados:

El aliento emponzoñado del enemigo, su planta que marca las huellas de la desolación y la ruina, exaltó vuestros espíritus para buscar con la enér­gica resolución del sacrificio, o la gloria de la muerte o la satisfacción de la venganza. La obra inesperada del destino, el amargo recuerdo del pasado, el aspecto aterrador de los campos asolados, el grito de millares de inocentes, el espectáculo de pueblos incendiados, arrancan al general Iglesias la palabra de la impotencia y la voz de la traición, cuando a vosotros os llevaron por el camino de Pucará, Concepción y Marcavalle, para fijar, como habéis fijado, la senda de la gloria con los soberbios monumentos de vuestros triunfos.

Amigos:

Una espada que se rinde, nada significa, nada importa, en nada falta, cuando son los laureles el portarifle de vuestras armas.

Compañeros:

Vuestros nobles hechos han inspirado el ardiente amor de los pue­blos. En cada ciudadano habéis encontrado un amigo; como habéis alcanzado los aplausos del gobierno, como habéis conquistado el orgullo para el por­venir. Un hombre que deserta, jamás debilita las potentes filas que el infortunio ha respetado y la patria bendecido.

Soldados:

Estamos en el campo del honor. La victoria es nuestra guía. Ella, como en las luchas de ayer, nos brindará con dignidad el olivo de la paz. Defendéis el suelo que encierra las glorias de Junín y de Ayacucho. Imitad, pues, con la unión y con la fe a los grandes campeones de la libertad de un mundo.

Vuestro general y amigo,
Andrés A. Cáceres

Cuartel General de Tarma, a 18 de Octubre de 1882"

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Fuente: "Recopilación de Documentos..." de Pascual Ahumada y Moreno, tomo VII

Saludos
Jonatan Saona

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