lunes, 22 de mayo de 2017

Rescate de Náufragos


Rescate de Náufragos de la Esmeralda

Vamos a revisar un hecho ocurrido al finalizar el combate de Iquique que es mencionado en la historia del Perú, pero poco conocido en Chile e incluso algunas veces negado, y nos referimos al rescate de náufragos de la Esmeralda, el buen trato a los prisioneros de parte de Miguel Grau y la polémica frase ¡Viva el Perú Generoso!.

Transcribimos en primer lugar un editorial que apareció en El Peruano (Lima) y publicado en la recopilación de documentos de Pascual Ahumada y Moreno:
"¡VIVA EL PERÚ JENEROSO! 
Palabras pronunciadas por los marinos de Chile en el combate de Iquique.
(Editorial del Diario Oficial del Perú.)
Junio 15
—Aun resuena en las playas de Iquique el grito de perdón i misericordia dado por los tripulantes del buque chileno Esmeralda cuando el Huáscar le clavó el espolón... la tripulación de la Esmeralda, se desnudó con precipitación, arrojándose una parte de ella al agua i hundiéndose el resto en medio de la confusión i del desorden que acusan falta de disciplina i de serenidad. He allí un cuadro que pasará a la historia como una muestra triste i desgraciada de lo que es i lo que puede Chile en 1879!
...Entretanto, sus tripulantes se entregan llorando en la cubierta del monitor; el 2.° comandante señor Uribe ríndese con sesenta i cuatro tripulantes, desnudos, avergonzados i en actitud de pena i de aflicción. —«Muchachos, grita el jefe, al frente de los suyos, estamos en un país hospitalario, ¡viva el Perú jeneroso!" I esos mismos hombres que poco antes habían determinado rendirse, que ven la resolución de los nuestros, se apresuran a gritar con un servilismo que no honra por cierto sus insignias militares en aquel trance: ¡Viva el Perú jeneroso!
I jenerosidad ha habido en efecto de nuestra parte. Se ha atendido a los prisioneros, se les ha curado con solicitud, se les ha vestido en el acto, se les ha rodeado de atenciones i de seguridades. Esta conducta llamará sin duda la atención en Chile, donde se cree aun en el derecho de asesinar a los rendidos; se ha enaltecido la conducta de los que arrojaron bombas esplosivas sobre un tren lleno de mujeres i niños que huían de Iquique, i se desprecian las leyes de la guerra i los preceptos del derecho internacional. Esa conducta jenerosa sorprenderá a Chile...
...Nosotros no opondremos a tales aberraciones sino las siguientes palabras que pasarán a la historia universal como una muestra elocuente de lo que es Chile en 1879, palabras pronunciadas a gritos por sesenta i cinco marinos de Chile, que arrojaron sus armas i sus vestidos i suplicaban conmiseración: —«Muchachos, el Perú es una tierra hospitalaria,¡Viva el Perú jeneroso!"
Si bien es cierto que este editorial tiene algunos puntos cuestionables, imprecisiones o exageraciones, y por la forma redactada se nota aún la pasión por los sucesos ocurridos, además por ser publicada en Lima y casi un mes después del combate, se podría pensar que lo mencionado son tan solo mentiras inventadas mucho después de los hechos, para verificar si ocurrió debemos revisar los diversos testimonios del combate que fueron publicados.

Una vez que la Esmeralda terminó de hundirse en las aguas de Iquique, Miguel Grau en gesto humanitario, decide rescatar a los náufragos chilenos, en lugar de ir a apoyar a la Independencia contra la Covadonga (el hecho no ir directamente a Punta Gruesa es criticado por algunas personas pues consideran que perdió tiempo que pudo haber utilizado en alcanzar y destruir a la Covadonga)

Dejemos que Miguel Grau nos lo cuente en su parte oficial de 23 de mayo:
"Finalmente, emprendí la tercera embestida con una velocidad de 10 millas, y logré tomarla por el centro; a este golpe se encabezó y desapareció completamente la Esmeralda, sumergiéndose, y dejando a flote pequeños pedazos de casco y algunos de sus tripulantes...Inmediatamente, mandé todas las embarcaciones del buque a salvar a los náufragos, y logré que fuesen recogidos sesenta y dos, los únicos que habían vivido a tan obstinada resistencia....
Terminado en el puerto de Iquique el salvamento de los náufragos y con ellos a bordo, me dirigí en demanda de la Independencia..."
Como se sabe no solamente los recogió del mar, como la mayoría estaban desnudos, Grau les brindó uniformes de la marinería peruana. En nota de Grau al Comandante General de Marina del 10 de junio, pide 150 uniformes pues la tripulación peruana se encuentra sin ropa, por haberse gastado en el uso y por haber auxiliado a los chilenos:
"Al Comandante Gral. de Marina,
Habiendo tenido necesidad de auxiliar a los sesenta i dos náufragos recojidos después del hundimiento de la Corbeta Esmeralda, se le proporcionaron igual número de vestuarios de marineros, tanto por este motivo como por efecto de las espediciones al Sur, en que se ocupaba a la gente en toda clase de trabajos penosos, se encuentra actualmente sin ropa, por cuyo motivo tengo el honor de dirijirme a US. para que se sirva ordenar la entrega de ciento cincuenta vestuarios completos, con que atender á las necesidades de la tripulación del buque de mi mando.—Miguel Grau".

Si revisamos la Bitácora del Huáscar, correspondiente a las 12 h a 4pm del miércoles 21 de mayo, el oficial Carlos de los Heros, responsable del llenado del libro a esa hora, describe el panorama desolador para los sobrevivientes chilenos que trataba de mantenerse a flote aferrándose a cualquier trozo de madera:
"A las 12 h le pusimos proa a la Esmeralda y recibió por 3° vez un espolonazo que la undió completamente, quedando en la superficie del mar restos del buque y parte de su tripulación agarrada á los maderos que flotaban, por lo que se arriaron las embarcaciones y se les prestó auxilio recogiendo á los siguientes individuos...(hace una lista de los náufragos...)...
A las cuatro horas el Sr. Comandante mandó arriar las falúas para trasportar los heridos á tierra y el cadáver del Sr. Velarde..."
En los documentos de Grau se demuestra la generosidad que tuvo al rescatar a los náufragos chilenos, propio de su carácter, ya que posteriormente tendría acciones similares, como por ejemplo al devolver las prendas a la viuda de Prat, al no bombardear máquinas resecadoras de agua, bombardear puertos indefensos, o darle tiempo al Matías Cousiño para que la tripulación abandone el buque antes que lo hunda.

Los corresponsales de los diarios, algunos testigos presenciales de los hechos, fueron quienes relataron tempranamente lo ocurrido en Iquique, y curiosamente tienen difieren en la forma de algunos sucesos pero todos coinciden en los puntos mencionados, que Grau tuvo un gesto de generosidad con los náufragos chilenos y que ellos vivaron al Perú.

Modesto Molina, corresponsal de "El Comercio" de Iquique, nos da la versión más conocida del combate, que fue incluso utilizada en Chile para escribir la biografía de Prat:
"Mientras que en nuestra bahía el Huáscar arrió todas sus embarcaciones para socorrer a los náufragos de la Esmeralda que a gritos pedían auxilio, del Covadonga se hacia fuego de rifles y ametralladoras sobre los botes y la gente que nadando tomaban la playa, después de abandonar la Independencia.....
Luego que el Huáscar tomó a los prisioneros que, en número de cerca de cuarenta, pudieron salvarse, se dirigió al Sur en persecución de la Covadonga y en auxilio del blindado...
Al abordar los prisioneros chilenos las embarcaciones que fueron en su auxilio, dieron un ¡viva al Perú! y encomiaron el valor y generosidad de los peruanos para con los rendidos."
El corresponsal José Rodolfo del Campo, de "El Comercio" de Lima, en carta fechada al día siguiente del combate nos indica quien fue el oficial que:
"El tiempo trascurrido entre el último espolonazo del “Huáscar” y la desaparición completa de la corbeta “Esmeralda” bajo las aguas fué de cortos instantes, apareciendo en seguida muchos náufragos asidos a trozos del buque. Se arriaron inmediatamente los botes del “Huáscar” y se recogió a los individuos que constan en la relación adjunta, los cuales fueron mandados a tierra, donde se hallan presos.
Casi todos estaban desnudos y fué preciso darles ropa a bordo. Se les trató, como debía esperarse, con la mayor benevolencia...
Cuando los prisioneros de la “Esmeralda” estuvieron a bordo del “Huáscar” su comandante el teniente Uribe, les dijo: Muchachos, ese pabellón bicolor que veis (señalando la bandera peruana) es un país hospitalario, ¡Viva el Perú!
Este viva fué contestado por todos los prisioneros, que inmediatamente después fraternizaron con sus vencedores, con aquella franqueza tan natural en los marinos.
Julio Octavio Reyes, el corresponsal de "La Opinión Nacional" de Lima y testigo presencial por estar a bordo en el Huáscar, nos dice en su crónica del 23 de mayo que los chilenos rescatados vivaron a los peruanos y que los oficiales peruanos contestaron a ello:
"El buque se abrió en dos partes, levantó excesivamente su popa, y se hundió instantáneamente. El cuadro que se presentó entonces a nuestra vista fue terrible, desgarrador, casi parecía un sueño. Desapareció súbitamente el buque y sólo vimos en las aguas a sus tripulantes asidos a los fragmentos de madera. Aquello, a pesar de ser un triunfo para nosotros, nos causó una impresión profundísima.
Casi a la par del hundimiento de la nave, corrimos a popa, soltando los salvavidas y arriamos las embarcaciones menores, que muchas de ellas estaban averiadas. Todos fueron salvados por la precipitación de enviar de a bordo las embarcaciones, y los que no vinieron a bordo fue porque habían muerto, pues nadie llegó a tierra ni a las otras embarcaciones. A tierra no pudo ir ninguno por la distancia.
Al llegar los soldados a nuestro costado gritaron: ¡Bravo comandante Grau! ¡Vivan los valientes e hidalgos peruanos! A los que les contestaron la oficialidad y tripulantes: ¡Bravos valientes chilenos de la Esmeralda: no hacemos sino cumplir con nuestro deber!Una vez a bordo se les dio a jefes, oficiales, y en general a todos, vestidos de marineros que eran los únicos que habían en el buque, y se les atendió lo mejor posible. No se les pudo dar alimentos porque hacía 10 horas no los tomábamos por motivo del combate....
Los oficiales de la Esmeralda al hundirse su buque estaban ya desnudos, pues habían comprendido que el hundimiento era inevitable....
El corresponsal del diario "La Patria", Benito Neto, nos menciona en su escrito también de fecha 23 de mayo, que los náufragos vitorearon a los generosos peruanos:
"qué extraño es que yo, simple espectador de la tragedia, experimente tal emoción, cuando los mismos que con admirable entereza y denuedo acaban de vengar los ultrajes inferidos al país, les veo haciendo los más nobles y heroicos esfuerzos por salvar a los náufragos, con grave riesgo de la vida que ha respetado la metralla arrojada por esos a quienes procuran salvar de una muerte segura.
Esta acción hidalga y caballeresca no requiere comentarios; con narrarla basta para que quede glorificada la conducta de nuestros bravos marinos. Sí; glorifiquemos una y mil veces ese proceder humano, esa sublime abnegación de los vencedores.
¿Qué mayor triunfo y gloria podíamos ambicionar que obligar a nuestros enemigos con actos de generosidad e hidalguía hasta el punto de hacerlos prorumpir en vítores a los valientes, a los generosos peruanos, como aconteció con los náufragos de la Esmeralda al trepar sobre la cubierta del Huáscar?
¿Puede darse una victoria más completa?...."
Como se puede apreciar, todos los corresponsales mencionan sobre el auxilio a los náufragos chilenos y dar vivas al Perú por el auxilio brindado, no es un rumor que surgió semanas después, pues los corresponsales escribieron sus respectivas crónicas en los días siguientes de los hechos.

Puede decir que ellos eran sólo corresponsales y no parte tripulación del Huáscar, pero recordar que entre ellos algunos sí estaban a bordo del Huáscar. Además en una entrevista realizada a fines de la década de 1940 al veterano Manuel Elías Bonnemaison (aspirante de marina en 1879) se le pregunta lo siguiente:
-¿Cómo fue el encuentro con el "Esmeralda"?
-...Por espacio de dos horas se dedicó a cañonear a la "Esmeralda" pero de forma infructuosa, porque sus proyectiles no alcanzaban el blanco. Fue entonces que para acortar la lucha el Comandante Grau con esa serenidad que le caracterizaba recurrió al espolón y ordenó que el "Huáscar" embistiese a la corbeta....
Fue en esos instantes -agrega el ilustre marino- que Grau ordenó echasen al agua a los botes para salvar a los náufragos. Completa confusión se produjo en esos instantes. Algunos trataban a nados de llegar a los botes. Uno de ellos, el Guardiamarina Riquelme, al pisar el portalón del "Huáscar" prorrumpió en un grito de entusiasmo: "Viva el Perú generoso"
Si bien es cierto Manuel Elías Bonnemaison comete un error al confundir el nombre, pues Ernesto Riquelme falleció en el combate, debemos tomar en cuenta que está recordando algo que pasó hace casi 60 años atrás.

Tal vez haya dudas por ser escritos destinados a la publicidad, pero también existe en la recopilación de Ahumada y Moreno, una carta privada (del 22 de mayo) del oficial de artillería Ernesto Canseco, quien estaba en tierra y disparando a la Esmeralda cuando ésta se puso cerca a la población de Iquique.
"La Esmeralda a pique con 150 a 200 de tripulación; solo hay 50 ó 60 prisioneros, los demás quedaron en el abismo. Al ser prisioneros los chilenos vivaron al Perú."

Veamos ahora que dicen los testimonios de los propios náufragos chilenos sobre su rescate del mar y la ayuda que les brindó Miguel Grau. A ellos se les permitió escribir a sus familiares y amigos

El segundo comandante de la Esmeralda, Luis Uribe en carta a Jacinto Chacón del 23 de mayo le dice lo siguiente:
"Yo, los oficiales y marineros sobrevivientes, en número de cincuenta, fuimos recogidos del agua por los botes del Huáscar y en la actualidad estamos prisioneros en Iquique y perfectamente atendidos por las autoridades peruanas.  Ellas han tenido la amabilidad de permitirnos escribir a Chile y librar así a nuestras familias de angustias."

Mientras que Francisco Sánchez  ese mismo 23 brevemente narra a su hermano que fueron bien atendidos:
"Los que salvamos fuimos tomados medio ahogados por los botes del Huáscar, completamente desnudos una gran parte. De los 42 salvados hay ocho oficiales, siete perecieron...
En el Huáscar fuimos muy bien atendidos y desembarcados ese mismo día. En tierra hemos sido visitados por los señores oficiales del ejército peruano.
Las autoridades militares y civiles nos han guardado muchas consideraciones, y estamos muy agradecidos."

El mismo 23 de mayo Antonio Hurtado escribía su padre una carta donde menciona que en el Huáscar se les dio ropa:
"la Esmeralda fue echada a pique después del tercer espolonazo que recibió del Huáscar, quedando a flote un gran número de cadáveres. Los que salvamos, que fuimos más o menos 60, hemos salvado a nado. A los veinte minutos fuimos recogidos por los botes del Huáscar. Después que se nos dio ropa i permanecimos algún tiempo abordo se nos llevó a tierra, donde nos encontramos prisioneros."
Arturo Wilson le cuenta a su amigo Vicente, en carta fechada el 23 de mayo el buen trato que recibieron:
"He escapado qué se yo cómo, pues hasta ahora no me doy cuenta de ello. Nos desembarcaron en este puerto, donde permanecemos prisioneros de guerra, buenos y sanos.
Las autoridades peruanas nos han tratado con amabilidad y consideración, pero después del bloqueo de este puerto no hay casi recursos, así es que sólo tenemos un traje de marinero." 
Todos los testimonios anteriores son breves menciones de lo ocurrido, sin embargo un relato mas extenso aparece en la carta del guardiamarina Vicente Zegers a su padre, de 28 de mayo:
"Cuando el buque se hundió yo estaba en la toldilla y casi al mismo instante sentí hundirse el buque bajo mis pies y el torbellino inmenso que formó el buque al desaparecer bajo las aguas. Permanecí por algunos instantes sin saber lo que me pasaba, y Dios sólo sabe cómo salvé. Cuando saqué la cabeza fuera del agua, vi al Huáscar y una especie de nata formada por cincuenta o sesenta cabezas junto con diferentes trozos de madera, restos del buque.
Yo, que como usted no ignora, sé nadar, traté de irme a tierra, y junto con dos marineros que sabía eran buenos nadadores, nos prometimos ayudarnos mutuamente.
Yo veía cerca al Huáscar y veía también sus botes que trataban de salvar a los náufragos, más no sé qué instinto me obligaba a huir de ellos; pero el bote avanzaba con gran ligereza y pronto sentí sobre mi cabeza la voz de un oficial que me decía subiera al bote. No teniendo otra cosa que hacer, subí y allí encontré a varios otros compañeros que ya habían sido recogidos. Pregunté por Riquelme, y tuve el gran sentimiento de saber que había perecido. Recogimos a varios otros, y pronto llegamos a bordo, donde fuimos bien recibidos.
Allí permanecimos cuatro horas, viniéndonos enseguida a tierra, donde permanecemos como prisioneros de guerra. Nos tratan bien. Estamos alojados en el cuartel de bomberos."
Cornelio Guzmán, cirujano de la Esmeralda, en carta escrita en 1923 hace un recuerdo de todo lo ocurrido y narra como fue rescatado y que conoció a Miguel Grau:
"Me pareció que mi buque se partía por mitad, y una ola inmensa nos cubrió y sumergió. No puedo decir hasta qué profundidad hemos llegado. Yo, que soy gran nadador, nadé con el intento de llegar a la superficie y de salir de la obscuridad en que me encontraba; luego vi una luz y una claridad. Miro a mi alrededor y veo que varias cabezas emergían casi al mismo tiempo, y también aparecían flotando una gran cantidad de tablones rotos, coyes y tinas de combate; sirviéndonos todo esto de ayuda para no sumergirnos nuevamente. Los sobrevivientes formábamos un círculo que permitía vernos las caras y reconocernos. Nos contamos, somos 37; en la mañana éramos 210.
El Huáscar queda como a 100 metros de distancia, y la ciudad de Iquique, bastante lejos. En esta crítica situación permanecimos largo rato, tal vez media hora. Sin embargo, nunca dudamos que el buque enemigo nos socorriera. Efectivamente, se nos explicó después que la tardanza en socorrernos fue debida a la compostura de los botes, destrozados por nuestros proyectiles.
Una vez encerrados en la cámara del Comandante, se nos proveyó de un saco y de un pantalón de marinero, pues estábamos casi desnudos. Se nos dijo que el comandante Grau vendría a vernos. Efectivamente, a poco rato llega un marino de cierta corpulencia, no muy grande, ancho de espalda, de rostro tostado por la vida de mar, patillas a la española, donde aparecen algunas canas. Ciñe espada, pero su aspecto es el de un capitán de buque mercante. Nos saluda con ademán cordial, nos felicita por nuestra conducta, y recordó que a alguno de nosotros había conocido en otra época en el Callao. Notando que estábamos sin zapatos, ordenó se nos proveyera...
llegó un oficial y me preguntó si yo era el médico; y como viera que yo tenía el traje de marinero, penetró a su camarote y volvió con un vestón de brin blanco con insignias de oficial, de su uso personal."
Todos los testimonios chilenos anteriores coinciden en algunos puntos: que muchos se mantenían a flote agarrándose a los trozos de madera, que estuvieron entre 20 a 30 minutos en el mar mientras llegaban los botes del Huáscar, que fueron bien tratados por los marinos y las autoridades peruanas, que algunos estaban completamente desnudos, que se les proveyó un traje de marino y zapatos que correspondían a la tripulación peruana.

Sin embargo hay un relato chileno que hace varias afirmaciones que no coinciden con la de sus compañeros, y nos referimos al testimonio de Agustín Cabrera, ingeniero que estaba a bordo de la Esmeralda, relato que fue publicado en 1880 al cumplirse un año del combate.

Agustín Cabrera, a diferencia de sus compañeros, menciona que los náufragos recibieron varios disparos mientras estaban en el agua, y que en lugar que el Huáscar vaya hacia ellos, los marinos peruanos pedían que ellos se les acerquen.
"Muchos no sabían nadar, pero felizmente consiguieron tomarse de algún objeto de los muchos que el buque no había arrastrado consigo. Entónces pudimos reconocernos i contarnos porque eramos mui pocos; no alcanzabamos a cincuenta... Cuando recién estábamos en el agua los rifleros peruanos nos hicieron algunos disparos. El “Huáscar” con su proa al norte se mantenía sobre la máquina a alguna distancia.
Instintivamente miramos hacia atrás cuando nadábamos a tierra i vimos que la cubierta del “Huáscar” estaba llena de jente i que nos hacían señales con pañuelos para que nadásemos hácia ellos. Nosotros sin embargo nos mantuvimos asidos de coyes i maderos que flotaban, esperando nos fuesen a tomar. Los botes estaban todos averiados por nuestras balas, de manera que por arreglarlos se demoraron algún tiempo en ir a salvarnos.
Permanecimos en el agua como media hora mas o ménos. Cuando subimos a los botes ya algunos estaban fatigados i habrian resistido poco mas..."
Aquí Cabrera menciona un hecho que puede tener relación con el dicho de "Viva el Perú Generoso", y según él, es un guardiamarina peruano quien fuerza a uno de los náufragos al saludarle dándole la "hospitalidad generosa"
"Un guardia marina peruano, cuyo nombre se me escapa, en el momento de pasar a Zegers la mano para subirlo al bote, le dijo en ese tono que les es peculiar: Recibid la hospitalidad generosa que el vencedor da al vencido”. Con toda prontitud le fue contestada tan estrafalaria ocurrencia, i a no haber sostenido a Zegers la prudencia, aquello habría tenido un fin desagradable...
Una vez que todos estuvimos embarcados, los botes hicieron rumbo al “Huáscar”, i pocos momentos mas tarde estábamos en su cubierta donde permanecimos miéntras concluían de subir todos los compañeros...."
También cuenta que los oficiales peruanos les daban abrazos y felicitaban por su resistencia y que algunos ya se habían conocido antes: 
"La mayor parte estábamos completamente desnudos. Los que no habían podido desembarazarse de su ropa ántes de sumerjirse, lo hicieron después para tener mas libertad al nadar. Sin embargo, muchos marineros se pusieron dos trajes para no perder su ropa. 
Una vez que todos estuvimos reunidos, nos hicieron bajar a la cámara de Grau. Aquella entrada fué por demás conmovedora. Los primeros compañeros que llegaron, recibieron con los brazos abiertos i lagrimas en los ojos a los que íbamos entrando enseguida..... A esas lágrimas consagradas a la memoria de los héroes se mezclaron i sucedieron los abrazos i felicitaciones de la oficialidad peruana. Todos unánimemente elojiaron i encomiaron en sentidas i bien coordinadas palabras, la heroica conducta de Prat, Serrano i demás que los acompañaron; así como la tenaz resistencia de los que tenían ahí presentes.... 
Algunos de los oficiales peruanos se habían conocido en mejores tiempos con otro de sus prisioneros. La conversación se redujo entonces a recordar las buenas horas que habían pasado, i a preguntar por varios oficiales chilenos que se encontraban en nuestra escuadra."
Menciona Cabrera que se les dió algo para comer, pero todavía no se le había brindado ropa, y que luego vino Grau y preguntó por el comandante (suceso extraño pues ya se sabía que había muerto a bordo), y señala algo que ningún náufrago dijo anteriormente, que el comandante del Huáscar fue frío con ellos y no les tuvo compasión:
"Al rato de haber entrado a la cámara, nos hicieron servir un poco de cerveza i de coñac con unas cuantas galletas. Esto nos vino perfectamente porque entramos un poco en calor. El baño que nos habíamos dado i el estado de desnudez en que estábamos hacia algún tiempo, nos tenia dando diente con diente.
Charlábamos amigablemente con la oficialidad peruana cuando llegó el contra-almirante Grau i parándose en la puerta de su cámara hizo un seco i frió saludo a los que estábamos en ella. Preguntó en seguida por el comandante de la “Esmeralda” pero sus oficiales le dijeron que ahí solo estaba Uribe, su segundo, a quien le presentaron.
No recuerdo las palabras que pronunció esa vez, i sí tengo mui presente que todos se dirigieron a encomiar la valiente i resuelta conducta de los tripulantes de la “Esmeralda”. Terminó aquella visita diciéndonos algo en que parecía trataba de consolar nuestra triste condición de náufragos i prisioneros.
No sé a punto fijo cuánto tiempo después de estar a bordo de la nave enemiga se nos presentó el almirante Grau... Nuestra crítica situación de náufragos no le inspiró ninguna compasión. Todas sus manifestaciones se redujeron a meras palabras..."
 Cabrera se queja del trato recibido y dice que esperaron más de tres horas para darle un burdo traje de marinero, luego Miguel Grau ordenaría que se les dé calzado:
"Hacía mas de tres horas que nos habían sacado del agua i solo dos o tres estábamos medio cubiertos; los demás tiritábamos del frio completamente desnudos.
El espectáculo no les debía desagradar, porque todo se reducía a hablar; que trajeran ropa i la ropa no aparecía. Al fin llegaron con algunos trajes de marineros que nos repartieron i que nos pusimos en el acto....
La noche se acercaba, i estando ya con el burdo traje del marinero que nos debía acompañar hasta fines de junio, entró por segunda i última vez el contra- almirante Grau i nos dijo: “Siento no estar mas con ustedes, pero la clase de espedicion que tengo que hacer en el sur, me impide tenerlos por mas tiempo en mi compañía. Van a quedar bajo la custodia de las autoridades de tierra, aquí en el puerto de Iquique. Pueden ustedes salir”.
Al pararnos notó que todos estábamos descalzos i ordenó se nos trajese de los calamorros de la tripulación. En unos cuantos segundos estábamos listos para marchar, pues al elejir el calzado solo nos fijamos que entrase el pié.
Subimos a cubierta, donde había muchos jefes de tierra, i nos condujeron al costado de estribor donde debíamos embarcarnos en un bote que nos desembarcase...."
Juan Agustín Cabrera es el único testimonio que se conoce de los náufragos chilenos que no está conforme con la actitud del futuro Caballero de los mares, tal vez lo diga de ese modo pues ya pasó mas de un año y Grau había muerto en Angamos, pero faltaba mucho aún para terminar la guerra, o tal vez como civil no le gustó ponerse un traje de marinero peruano.

Para terminar este breve análisis sobre la actitud de Miguel Grau al rescatar a los sobrevivientes de la Esmeralda, y si ellos dieron vivas al Perú generoso, hay un documento que tiene una historia especial. Es el "Diario de Campaña del Huáscar".

Este Diario era redactado por Jorge Velarde, indicando todo lo ocurrido cada día. Lo último que escribió fue del día 20 de mayo de 1879, pues fallecería al día siguiente en el combate de Iquique. Miguel Grau, comandante del Huáscar, encargó  al teniente 1° Pedro Gárezon que continuase con la tarea de seguir redactando el Diario de Campaña.

Al caer el Huáscar en el combate de Angamos, este documento pasó a manos de los chilenos. Este Diario no era conocido en Perú, fue publicado originalmente en 1913, como el "Diario de Campaña de Jorge Velarde" 

Transcribimos lo relacionado al rescate de náufragos
"Terminado el combate del Huáscar, por haberse sumergido la Esmeralda, se mandaron arriar todas las embarcaciones desde el momento que principió a sumergirse el mencionado buque. Esta orden fué cumplida con tanta presteza que no hubo necesidad de repetirla; pues toda la tripulación de los botes se había lanzado a salvar a los náufragos que ya no eran enemigos.
Media hora después estaban a bordo sesenta y dos náufragos, los que al llegar a la cubierta dieron un grito de ¡viva el Perú! Todos estaban completamente desnudos, excepto dos o tres que conservaban la camisa. Se les colocó a los oficiales en la cámara, y a la marinería debajo de la toldilla de popa, tomándose las precauciones del caso y proporcionándoles a la vez a la oficialidad y marinería ropa de la oficialidad y marinería de a bordo...."

Como mencioné este documento fue publicado originalmente en la "Revista Chilena de Historia y Geografía" de 1913, como el "Diario de Campaña de Jorge Velarde" con comentarios de Ismael Gajardo, quien lo califica como: "El Diario de Velarde proseguido por Gárezon, a que paso a dar lectura, viene así a llenar un vacío histórico y os va a dar conocer hora por hora, durante trece días, las peripecias de aquel activo monitor en su peligrosa ruta por nuestros mares, bajo la égida del valiente y caballeroso Grau..."

Al comentar el párrafo relacionado a los sobrevivientes de la Esmeralda, donde Gárezon anota el rescate de náufragos y que ellos vivaron al Perú, Gajardo realiza el siguiente comentario:
"No hubo tanta presteza como dice este diario, en acudir a salvar a los náufragos, pues como los botes del Huáscar estaban muy agujereados por las balas de los rifleros de la Esmeralda, se demoraron algún tiempo en ir a salvarlos.
Aun más, los peruanos dispararon sobre los náufragos, infringiendo, de ese modo, las leyes de la guerra, que ordenan suspender los fuegos estando el contrario imposibilitado para hacer uso de sus armas. Cuando el guardiamarina Fernández Vial subió a uno de los botes del Huáscar, se apoderó de la caña y empezó a dar órdenes para sacar luego del agua a sus ya extenuados compañeros; pero un brusco culatazo del sargento a cargo de la embarcación, le impidió seguir adelante tan humanitaria tarea.
Esto prueba que los botes peruanos no se lanzaron con debida presteza a salvar a los náufragos chilenos, que ya no eran enemigos,
Séame permitido decir al señor Gárezon, que aquello de ¡Viva el Perú! lo creo enteramente inexacto, pues, sin necesidad de entrar a minuciosas investigaciones, la sana razón me dice que no es posible suponer que esos hombres pletóricos de coraje, que tantos vivas habían lanzado a su patria a bordo de la legendaria corbeta, en medio de un diluvio de balas, fueran a postrarse de rodillas ante un enemigo inclemente, que no otra cosa significaba un ¡Viva! a la nación cuyos marinos no les habían escatimado sus proyectiles cuando nadaban y en cuyo barco, aún tendido sobre cubierta, permanecía el cadáver de su heroico jefe junto al inerme cuerpo de Aldea y de tantos otros valientes..."

En 1984 se publica en Perú “Diario de la Campaña Naval escrito a bordo del Huáscar. El combate de Iquique” un estudio preliminar realizado por Guillermo Ugarte Chamorro, quien al comentar el párrafo anteriormente mencionado dice:
"Se confirma así, una vez más, la versión de que los náufragos de la Esmeralda exclamaron ¡viva el Perú! al sentirse sanos y salvos por voluntad y manos peruanas....
Y trato este asunto en forma particular porque ciertos historiadores y comentaristas chilenos han negado reiteradas veces que los náufragos de la Esmeralda hubiesen vivado al Perú en grito perfectamente natural ya que marinos y marineros peruanos les habían salvado nada menos que la vida.
Ejemplos de tales negaciones se hallan, con palabras añadidas, en los propios originales del Diario y en un comentario de Ismael Gajardo. En los originales, como puede advertirse en la página facsimilar número 21, luego del párrafo que concluye con la frase “salvar a los náufragos que ya no eran enemigos", una mano extraña añadió en Chile con letra manuscrita: “y sin embargo se nos hizo fuego estando en el agua", y en el párrafo siguiente también añadida se lee la palabra “mentira” después de las frases "dieron un grito de ¡viva el Perú !" y "todos estaban desnudos".
Ugarte Chamorro enfatiza que es innegable que los náufragos chilenos fueron salvados por la generosidad de Miguel Grau y atendidos en lo que más necesitaban que era ropa:
"Resulta contradictorio y absurdo que, mientras nadie haya negado ni podido negar que los náufragos de la Esmeralda fueron salvados por los tripulantes del Huáscar y por orden de Miguel Grau, haya quienes afirmen que “se les hizo fuego estando en el agua".
Poca importancia tiene que los náufragos hubiesen estado o no, todos o algunos, completamente desnudos, pero si interesa reconocer que fueron completamente vestidos con ropa de la oficialidad y de la marinería del Huáscar. Así lo confirma, en indiscutible testimonio gráfico la lujosa Historia Ilustrada de la Guerra del Pacifico publicada en Santiago de Chile, en 1979... En la página 22 aparece la fotografía del náufrago de la Esmeralda cirujano Francisco Cornelio Guzmán con impecable uniforme de la Marina Peruana. La leyenda que acompaña a la fotografía dice textualmente:
"Cirujano Francisco Cornelio Guzmán, de la dotación de la corbeta Esmeralda, sobreviviente del Combate naval de Iquique, con uniforme de la Armada Peruana".
Así Guillermo Ugarte muestra la importancia de este documento que está acorde con los de los corresponsales de la misma época, tomando en cuenta que fue escrito el mismo 21 de mayo, y era un documento oficial donde no podía poner fantasía o mentiras pues todos los tripulantes del Huáscar fueron testigos de lo ocurrido:
"Ya no debiera haber la menor duda acerca de la verdad de aquella exclamación de gratitud, máxime si se considera que la afirmación de Gárezon -coincidente pero no concertada con otros testimonios difundidos en esos días- fue volcada en un documento de suma responsabilidad como es un diario oficial de navegación, no destinado, precisamente, a su inmediata publicación pero sí redactado inmediatamente después de los sucesos por un testigo presencial y específicamente autorizado para registrar y dar fe de los acontecimientos. La honradez y severidad del Comandante Miguel Grau jamás hubiesen permitido ninguna invención ni el falseamiento de hechos que, por lo demás, toda la dotación de su nave había presenciado. Por otra parte, el contenido del Diario, sólo ahora, al cabo de más de un siglo, es conocido en el Perú. Antes, confirmaron la veracidad de aquel grito, autoridades de la calidad de Modesto Molina, distinguido poeta y periodista tacneño, José Rodolfo del Campo, corresponsal de guerra de “El Comercio” de Lima",. ambos testigos presenciales del Combate, y Jorge Basadre, eminente historiador peruano contemporáneo...".

Conclusión.

En base a todos los testimonios anteriormente mostrados, se comprueba en primera lugar que Miguel Grau ordena el rescate de los náufragos como acto de generosidad ante el enemigo caído, que si hubo alguna demora fue debido al estado de los botes. Se comprueba por los testimonios de los mismos chilenos que Grau ordenó darles ropa, calzado y algo ligero para comer, que era lo que necesitaban en ese momento.
Sobre la afirmación de dar "vivas al Perú generoso" los testimonios chilenos son cuidadosos de no mencionar algo parecido, y se entiende el motivo, pero sí mencionan que fueron auxiliados y bien tratados por los peruanos (todos excepto Agustín Cabrera). En cambio los demás relatos tanto de los corresponsales, como el de Manuel Elías Bonnemaison y el Diario de Campaña del Huáscar (que estuvo en poder de los chilenos y no se hizo público hasta varios años después) nos indican que este hecho si ocurrió.


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Saludos
Jonatan Saona

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