2 de noviembre de 2026

Hortensia Ceballos


Hortensia Ceballos de Ruiz

El bombardeo, incendio y saqueo infernal, que la soldadesca chilena, practicara con pleno consentimiento de sus jefes, en el indefenso puerto de Pisagua, cortó en un día toda la felicidad de que había disfrutado el hogar formado al calor de un cariño y de una consideración, que nada había interrumpido, en buen número de años, por don Alejandro Ruiz y su esposa doña Hortensia Ceballos, quienes para que nada les amargara en la vida, quedaron viviendo al lado del padre del esposo de la ilustre dama, D. Antonio Ruiz, poseedor de una de las fortunas más sólidas de la época.

Cuando el ataque se generalizó, doña Hortensia se negó a abandonar su casa, diciendo que ¡cómo sería posible, que ella se pusiera en salvo, mientras que su padre, su esposo y sus dos hijos, cumplían su deber de patriotas!.... No, les dijo, yo estaré con ustedes, hasta que Dios defina la suerte que nos corresponda.

La casa de la familia Ruiz, por lo mismo que se sabía, cuanto atesoraba, era el punto de mira de los saqueadores; pero los dueños supieron defenderla, cayendo sucesivamente, al mismo tiempo que mataban a los asaltantes.

Al fin quedó sólo don Alejandro, quien encontrando, que la situación era muy grave para su esposa, que en ese momento procuraba ayudarlo en la defensa en lo que fuera posible hacer, y sintiéndose herido y sin fuerzas para sostener el arma, que había de defender el honor de su esposa, viendo que un chileno, la tomaba por los brazos, para hacerla ya, su más preciado trofeo, le arroja la bayoneta del rifle, que ya no podía sostener y le dice: defiéndete, ¡¡¡mátate, para que no caigas viva en poder de estos malvados!

Hortensia, se hace cargo del tétrico cuadro, que se le presenta, y con la presteza del rayo, al saber que todos habían muerto, se hunde en la garganta la bayoneta, que había formado parte del arma, con que su esposo, había defendido ese hogar destruido en un momento, y pensando en su patria encarnecida.

De esa familia, tan feliz antes, sólo quedaban cinco cadáveres.

Los chilenos, que habían mirado con inquietud el heroísmo de esa familia, se descubrieron reverentes, ante el desenlace que a la escena final, daba esa valerosa mujer.


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García y García, Elvira. "La mujer peruana a través de los siglos". Lima, 1924.

Saludos
Jonatan Saona

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