Ha fallecido en Lima durante la semana anterior el general Miguel Iglesias.
El ilustre finado nació en Cajamarca el 11 de junio de 1830, siendo sus padres el señor Lorenzo Iglesias Espinach y la respetable matrona señora Rosa Pino, pertenecientes á acaudaladas familias de esa ciudad.
Cursó hasta estudios universitarios el señor Iglesias; pero abandonó los claustros para dedicarse á la agricultura. El año 1865, abandonó sus labores agrícolas para acudir al llamamiento que hacía la nación á sus hijos, cuando la declaratoria de guerra de España, y formó y sostuvo á su costo un batallón, que prestó importantes servicios.
Llenada su misión patriótica, se retiró á su hogar, en donde el gobierno en premio de los servicios prestados le confirió la clase de coronel.
En esa misma época y durante la administración del general Pezet, asistió al congreso como diputado por la provincia de Cajamarca.
Ha sido en la misma ciudad alcalde municipal, director de beneficencia y prefecto y comandante general en diversas ocasiones; desempeñando esos cargos con el beneplácito de sus codepartamentanos.
Posteriormente fué senador por el citado departamento.
Cuando la declaratoria de guerra del Pacífico, el general Iglesias formó en Cajamarca una división de 3,000 hombres, que condujo á la capital.
Después del movimiento del 21 de diciembre de 1879, el Dictador, señor de Piérola, atendiendo los méritos y el ascendrado patriotismo del general Iglesias, le designó secretario de guerra, puesto que desempeñó con gran lucimiento y actividad. Al finalizar el año y estando próximo el desembarque de los chilenos, para atacar la capital, fué nombrado comandante en jefe del primer cuerpo del ejército. á cuya cabeza se cubrió de gloria en las heroicas jornadas de Chorrillos y defensa del Morro Solar, en donde luchó contra fuerzas diez veces superiores, hasta caer prisionero con todo su Estado Mayor.
Al día siguiente fué enviado como parlamentario cerca del jefe supremo. Allí puso de manifiesto lo inútil de una nueva batalla una vez que se había perdido los fuegos de línea de nuestro ejército, é insinuó por primera vez la conveniencia de entrar en arreglos con el enemigo para impedir la ocupación de la capital.
Después de la luctuosa batalla de Miraflores, deshecho nuestro ejército, se retiró á su fundo «Udima», donde fué solicitado por el contralmirante Montero para ocupar el puesto de jefe supremo político y militar de los departamentos del norte y general en jefe del mismo ejército, mientras el expresado contralmirante se dirigía á Huaráz, á conferenciar con el ministro Trescott, sobre negociaciones de paz.
Habiendo invadido fuerzas del ejército de Chile la ciudad de Cajamarca, mientras el general Iglesias se hallaba en Chota, reunió éste los escasos elementos de que disponía y después de dirigir una proclama al pueblo de Cajamarca, se dió la batalla de San Pablo el 13 de julio de 1882; que marcó un día de gloria para las armas del Perú.
Invadido un mes después el departamento de Cajamarca por una fuerte división chilena, tuvo que retirarse al interior en la imposibilidad de hacer frente al enemigo.
El 30 de agosto de 1882 dió el manifiesto de Montán, en el cual evidenciaba la necesidad de la paz, vista la imposibilidad absoluta y la falta de medios para contrarrestar al enemigo.
Reunida en Cajamarca la asamblea del norte, que é convocó, le invistió en 25 de diciembre del mismo año con el cargo de Presidente Regenerador dándole con posterioridad facultades é instrucciones para negociar la paz con Chile.
Después de un período lleno de dificultades que él supo vencer con la energía de su carácter, se constituyó en Trujillo primero, para ocupar luego Lima, á la cual libertó de las bayonetas enemigas el 23 de octubre de 1883, después de negociar el tratado de paz de Ancón.
Durante su período presidencial, que tenemos por su abdicación espontánea el 2 de diciembre de 1885, tuvo que rehacerlo todo, después del desbarajuste, consecuencia de tres años de ocupación y del desconcierto consiguiente á este estado de cosas.
La asamblea de Ayacucho le confirió el año 1889 la alta clase de general de brigada, como premio á la heróica defensa del Morro Solar, clase militar que fué ratificada después por la asamblea del norte, la asamblea constituyente de 1884; el congreso de 1894 y finalmente por ley de 17 de noviembre de 1902.
La inquebrantable voluntad de retirarse á la tranquilidad del hogar le tuvo apartado durante los últimos años de su vida de toda actuación política, recibiendo entonces, como homenaje á una vida de abnegación, honradez y patriotismo, los respetos no sólo de sus amigos, sino de sus adversarios de otros tiempos.
La muerte del señor general Iglesias ha sido acompañada del sentimiento de todos y sus restos fueron conducidos al cementerio con la pompa oficial reglamentaria y séquito numeroso y distinguido.
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"La Ilustración Peruana". Año I, n° 22. Lima, 18 de noviembre de 1909.
Saludos
Jonatan Saona

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