"Conciudadanos:
Cada vez que la campana de la alarma nacional ha llenado con sus ecos solemnes los ámbitos del país, anunciando que ha llegado para los hijos de Chile una hora de prueba i de sacrificio, la primera de las ciudades que se ha presentado a ocupar el puesto del deber ha sido la de Valparaíso.
Hace cuarenta años, en una época que pertenece a la historia i de la cual hablan enternecidas a sus hijos las madres chilenas, atravesó las calles de Valparaíso el ejército encargado de abrir la campaña contra el poder de la Confederación Perú-boliviana; i aquí se impregnó de ese espíritu heróico i levantado i de esa resolución invencible que lo hizo capaz de destruir en diez meses un sólio que descansaba sobre 12,000 bayonetas i de derribar un coloso de ambición i de iniquidad.
De nuevo, en 1865, se presentó en nuestra bahía un enemigo poderoso en son de amenaza i de provocación, i fué el pueblo de Valparaíso el primero que devolvió el reto, i en una mañana inolvidable de Setiembre se vió a las madres, las esposas i las hermanas de los porteños, desplegar en la playa el pabellón i entonar el himno de la patria, a la faz del adversario que traía a nuestro pueblo el bloqueo i el bombardeo.
Finalmente, en época mas reciente, ha sido Valparaíso la primera ciudad de la república que ha formulado enérjica advertencia contra la política de contemporizaciones i concesiones sin término que ha predominado durante tantos años i que nos ha hecho bajar del alto puesto que ocupábamos en la escala de las naciones sud-americanas.
Culpa de Valparaíso no ha sido si esa política ha prevalecido sin contrapeso, si hemos estado arrancando, uno tras otro, jirones de nuestra dignidad i de nuestro territorio, si hemos vivido huyendo de la tempestad, como bajel desmantelado, en vez de desafiarla i de hacer frente a ella cual corresponde a una nación digna.
Hoi mismo nos encontramos saboreando uno de los frutos amargos de la política que siempre ha condenado la opinión de Valparaíso.
En 1866 estaban ya a la moda las concesiones dolorosas para el patriotismo. En 1866 se conocía i practicaba ya el sistema de denigrar i desacreditar las posesiones que se pretendía entregar al extranjero. Nuestros políticos i hasta nuestros sabios afirmaban que el desierto de Atacama era un arenal improductivo i maldito; i sin embargo los cateadores chilenos, animosa vanguardia de la industria i de la civilización, lo recorrían en bandadas, persiguiendo las huellas seguras del cobre i el salitre, i en la portada del desierto se abre la bahía de Mejillones, la primera del Pacífico del Sur.
Cedimos esa rejión a Bolivia en cambio de ciertas concesiones. ¿I cuál fué nuestra recompensa? ¿Gratitud, adhesión, siquiera lealtad? No, porque desde el día siguiente comenzó Bolivia a aplicar tenazmente en sus relaciones con nosotros un sistema de política que consistía en mantener i respetar todas las disposiciones del tratado favorables a ese país i en considerar como nulo i no escrito todo lo que favorecía a Chile.
Las exijencias bolivianas nos arrastraron a nuevas concesiones, i en 1874 firmamos el tratado en virtud del cual renunciamos a la parte que se nos reconoció en 1866 en los productos de las aduanas del litoral, i consentimos en que se redujese las ventajas de Chile a la participación en el producto de las huaneras i en franquicias e inmunidades para las personas, las industrias i los capitales chilenos establecidos en el litoral.
Ni esto siquiera ha sido respetado por Bolivia. Las concesiones otorgadas en virtud de un pacto solemne le parecieron insoportables, i aprovechó el momento en que nos suponía envueltos en complicaciones bélicas con la República Arjentina, para dictar i aplicar una lei gravando con un impuesto indebido la exportación del salitre.
I a las reclamaciones entabladas por nuestro país, llevando en la mano el pacto, ha contestado en último término declarando que se hará justicia, que no habrá impuesto, pero echando, al mismo tiempo, el guante a las propiedades de la Compañía Salitrera.
Es decir, que no ha bastado a Bolivia hacerse ceder por Chile el territorio. Su ambicioso plan se extiende a la espoliación de las propiedades de los chilenos en el litoral. En pos del despojo de las salitreras vendrá el de las ricas propiedades de minas, i así, en poco tiempo, no quedaran allí ni rastros de la riqueza acumulada merced a la intelijencia, al coraje, al sudor i a la sangre de los chilenos.
Hé aquí, ciudadanos, el fruto lejítimo de la política débil i contemporizadora. Hé aquí, también, por qué nos hemos reunido hoi, en uno de los grandes aniversarios de la patria, a cielo descubierto, con el Pacífico a la vista i en presencia de nuestros gobernantes, i les preguntamos, con las mil voces del pueblo, si ha de seguir imperando la política que tan funesta ha sido al país, o si creen que es necesario entrar con resolución al camino que les señala el sentimiento unánime de la nación, si hemos de resignarnos a soportar sin término la afrenta i el abuso o si piensan que ha llegado la hora de estender sobre el territorio que fué un día chileno, como un arco-iris de paz, de justicia i de civilización, el noble tricolor de Chile.
Vemos, afortunadamente, que ha cesado el desacuerdo entre la autoridad i la nación, que la política de contemporización ha sido abandonada resueltamente, i qu que hoi mismo, en el aniversario del 12 de Febrero de 1817, ha debido zarpar de Caldera la escuadrilla que conduce las tropas encargadas de plantar la bandera chilena en la playa de Antofagasta.
Si es así, puede contar el Gobierno con la seguridad de encontrar en el país cooperación i apoyo ilimitados. Impuesto, soldados, corriente poderosa de entusiasmo i vigor, -todo el tesoro del patriotismo de una nación estará a su alcance.
Pero debe tener presente, al mismo tiempo, que se halla al frente de una opinión decidida a ejercer severa vijilancia, a formar una sola masa para aplastar las maniobras i las influencias mezquinas, a ser un solo corazón para resistir a las pruebas i al sacrificio, a ser un solo brazo para levantar bien alto la espada i escarmentar a sus enemigos.
Creyendo, ahora, interpretar fielmente la opinión de los millares de ciudadanos aquí reunidos, propongo a vuestra aprobación las siguientes conclusiones, que deben ser consideradas como la fiel espresión del sentimiento público porteño en las presentes circunstancias."
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Ahumada Moreno, Pascual. "Guerra del Pacífico, Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias i demás publicaciones referentes a la guerra que ha dado a luz la prensa de Chile, Perú i Bolivia" Tomo I, Valparaíso, 1884.
Saludos
Jonatan Saona

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