Generalísimo del Ejército de Chile. Nació en Santiago, en 1826(*). Fueron sus padres el antiguo general de Brigada don Fernando Baquedano y la señora doña Teresa González.
Adquirió sus primeros conocimientos militares bajo la dirección de su padre, que era un soldado de la escuela antigua, todo valor, todo patriotismo, todo entusiasmo por la carrera de las armas y la aspiración de las batallas. Su primera campaña la hizo en el Perú, en 1838, en la Portada de Guía y en Yungay. Cuando apenas contaba 12 años, se escapó del hogar y se embarcó furtivamente en el buque que conducía la expedición que iba a destruir la confederación Perú-Boliviana, formada por Santa Cruz. Fué graduado teniente cuando sólo tenía 13 años.
De regreso á Chile pasó en su grado efectivo, á granaderos á caballo, el 8 de Diciembre de 1846. Cinco años más tarde, el 22 de Enero de 1850, era ascendido á capitán de ese regimiento. Por su bizarra conducta en la batalla de Loncomilla (8 de diciembre de 1851) donde combatió contra su padre, que mandaba las fuerzas del ejército del general Cruz, fué ascendido el 12 de Enero de 1852 a sargento mayor. Ha sido, desde entonces, proverbial su consagración al deber como soldado y como hombre. Después de haberse batido con denuedo en la terrible batalla de Loncomilla, una de las más sangrientas de Chile y de América, bajo las ordenes del general Bulnes, cumpliendo fielmente su deber militar, fué, al terminarse aquella batalla, á colocarse al lado de su padre que se encontraba herido, impulsado por sus sentimientos de hijo. En la noche del 20 de Abril de 1851, mientras procuraba calmar con sus soldados la agitación revolucionaria en el pueblo de Santiago, salvó de caer prisionero de guerra al poeta Eusebio Lillo, que armado de su fusil se batía en la Alameda.
Durante la administración de don Manuel Montt, fue separado del servicio militar, el 22 de Abril de 1854, por consideraciones políticas. El soldado se convirtió entonces en agricultor, cultivando una propiedad que poseía en las vecindades de los Ángeles, en la costa de Laja.
Su retiro del ejército no le impidió concurrir a la defensa del gobierno de Montt en 1859, cuando el norte del país se levantó en armas en su contra. Concluida esta nueva campaña, que él hiciera voluntariamente, tornó a sus tareas de labranza.
En 1866 fué ascendido á teniente coronel. En el alzamiento de los indios de la frontera araucana que tuvo lugar en 1868, se apresuró también a ofrecer sus servicios al jefe militar de aquella zona, general don José Manuel Pinto, haciendo bajo sus órdenes, la campaña del Malleco y del Renayco. En 1870 (30 de Julio), fué nombrado jefe de la escolta del presidente don José Joaquín Pérez, al mismo tiempo que se le confirió el grado de coronel.
El Presidente don Federico Errázuriz lo ascendió a coronel efectivo, el 5 de Abril de 1872. El 10 de Mayo de 1876 fué ascendido a general de brigada, y el mismo año, en Setiembre, fué nombrado Comandante general de armas de Santiago.
Al declararse la guerra contra el Perú y Bolivia en 1879, emprendió la campaña de Antofagasta, en su calidad de general de brigada, desempeñando numerosas e importantes comisiones, aún las más modestas del ejército, con la mayor disciplina y consagración al deber militar.
Nombrado general en jefe del ejército en campaña, hizo todas las jornadas de esa guerra tan cruenta como prolongada, alcanzando en todas las batallas las más gloriosas victorias para las armas de Chile. Vencedor en Tacna, Arica, los Ángeles, Chorrillos y Miraflores, hizo su entrada triunfal a Lima, la capital del Perú, dando a la América, con el noble comportamiento de su ejército, el mas elevado ejemplo de moralidad y cultura de los soldados de su patria. Elevado a la categoría de general de división, a su regreso del Perú fué declarado generalísimo del ejército, recibiendo las distinciones que le acordó el Congreso. Posteriormente ha sido Senador y Consejero de Estado en varios períodos legislativos.
En 1889 hizo un viaje a Europa y a su regreso los partidos políticos que hacían oposición al gobierno del presidente Balmaceda, le ofrecieron un banquete que él aceptó como lazo de unión.
La revolución de 1891 no lo contó entre sus promotores, por cuya circunstancia el Presidente Balmaceda abdicó en él el mando, después del desastre de la batalla de la Placilla, en la noche del 28 de Agosto de este año. Los sucesos dolorosos que se produjeron en la capital durante el día 29 de Agosto, que dieron por resultado la destrucción de los hogares de las familias de los vencidos, y que él no supo reprimir, han dado motivos para que su conducta de magistrado interino, que poseía facultades extraordinarias, haya sido juzgada con severidad y con justicia por sus contemporáneos. La historia dará su veredicto más tarde o temprano, para enseñanza de las generaciones. De los ejemplos que ella presenta como de los propios errores y de las grandes acciones de los hombres, se deduce su moralización pública. Nosotros simples cronistas, narramos los hechos con la más estricta imparcialidad, sin poderlos borrar porque se han desarrollado ayer a la faz de todo el país.
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(*) Manuel Baquedano nació el 1° de enero de 1823.
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Figueroa, Pedro Pablo. "Diccionario Biográfico de Chile". Tomo I. Santiago, 1897.
Saludos
Jonatan Saona

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