2 de noviembre de 2023

8 Guardias Nacionales

Soldado peruano
"Ocho Guardias Nacionales"

Son las 6 h. a. m. y el poderoso estampido de un cañonazo truena en la hasta hace poco tranquila plaza de Pisagua. Un entusiasta ¡Viva el Perú! contestan los peruanos á ese reto de muerte que el enemigo les envía desde diez y nueve buques.

La fuerza guarnecedora de Pisagua esta compuesta de190 hombres de la Guardia Nacional, organizada pocos días antes y 800 plazas del ejército de línea.

El enemigo trae á bordo 10,000 soldados veteranos.

La costa de Pisagua sólo se halla defendida por dos cañones de á 100, sistema Parrot, los chilenos cuentan en los buques de guerra con que atacan la casi indefensa playa, 21 cañones, entre los que distinguimos 6 de calibre de 300, 4 de 150, 1 de 115, etc, etc. si contar los de los cruceros y transportes armados qué también combaten.

La superioridad no puede ser más real.

¡Pero no importa! El valor suplirá el número ó el sacrificio no hará estéril una derrota.

¡Pisagua está ardiendo! Los buques chilenos, situados casi a tiro de revolver, vomitan sobre la población desde un proyectil de rifle hasta la bomba incendiaria, cobarde recurso qué sólo sirve para arruinar la propiedad.

50,000 quintales de salitre y 200 toneladas de carbón de piedra arden en la estación de ferrocarril esos variados humos, confundiendo se con el de la pólvora y el de las casas incendiadas, dan a la ciudad una atmósfera tétrica, qué la envuelve sirviéndole de sudario.

Los defensores de ella contemplan todos esos horrores con estoica abnegación. Despreciando el fuego del enemigo que siembra la muerte entre ellos, no lo han contestado, y esperan el momento oportuno de hacerlo con ventaja. 

Los dos cañones únicos, contrarios a la poderosa artillería enemiga, se han callado, obligado uno por los proyectiles chilenos, que ha hecho volar su plataforma y explanada, el otro por haberse desmontado al primer tiro qué hicieron.

***

A las 10 a. m, treinta y cinco lanchas se han desprendido de los costados de los buques invasores y bogan en dirección al muelle.

Pronto se hallan frente a él, y tomando distintos rumbos se preparan para el desembarque.

Llega el momento psicológico. La voz del jefe de la plaza, comandante Isaac Recabarren, se deja oír, y tras ella, cual si fuera su eco, la corneta de órdenes hace vibrar en los aires el toque de ¡fuego!

Por primera vez, desde que principiar el ataque, del enemigo, disparan sus armas nuestras fuerzas, enviando sus proyectiles con  tal éxito, que los asaltantes retroceden atemorizados hasta el punto de su partida.....

Una segunda expedición se acerca y nuevamente nuestros bizarros soldados la hacen retroceder.

¡Pero la fatiga los ahoga!, hace dos horas qué son diezmados a mansalva, las municiones se les acaban y no viene refuerzo de ninguna clase en su ayuda... Es preciso vencer o morir, y entusiastas patriotas aceptan el dilema...

Cual si conociera la desviación de ese puñado de valientes, el enemigo cambia el plan de ataque y dirige la tercera remesa de lanchas a la caleta de Huata, distante dos millas de Pisagua, hacia el norte.

***

El enemigo ha pisado tierra y la lucha en terreno firme principia.

Palmo a palmo se disputan el suelo que pisan los contenedores.

Al fiel número domina al valor.

El chileno vence, más su victoria le cuesta numerosas víctimas.

Nuestras abatidas fuerzas se baten ya en retirada.

La dispersión, consecuencia lógica de este movimiento, se efectuó...

Un grupo de ocho guardias nacionales se dirige por las afueras de Pisagua a tomar el camino que conduce al Hospicio, punto distante diez leguas y en el que está acantonado parte del ejército unido  Perú boliviano.

Sudorosos, jadeante, muertos de sed, marchan esos buenos patriotas, vencidos, pero no humillados. 

La mirada ansiosa de más de treinta chilenos distingue el grupo, y corren todos a cortarles el paso.

Pronto se acercan a ellos y les intiman rendición.

Ninguna respuesta reciben sus palabras, pero si en, llenos de asombro, qué los perseguidos hacen alto, y formándose en cuadro, desafían sus iras, disparando sus rifles y poniendo a cinco de sus compañeros fuera de combate.

La rabia de los chilenos no reconoce límites a vista de este hecho, furiosos atacan con las bayonetas a ese puñado de bravos, y estos, con igual encarnizamiento, resisten el choque.... ¿ Cuanto tiempo duró el combate?...

Uno a uno fueron cayendo sin vida esos valerosos hijos del Perú, pero arrastraron en su caída a muchos de los enemigos.

Como los Granaderos de la guardia imperial en la batalla de Waterloo, prefirieron morir antes que gozar de la vida por merced de sus contrarios.

Pero lo glorioso de ambos sacrificios no es igual, los soldados de Napoleón defendieron a un hombre, y su heroicidad, si bien admirable, no encierra la grandeza de una Patriótica idea.

Los ocho guardias nacionales de Pisagua, murieron defendiendo a la patria, a "esa idea igual en todos los cerebros, a ese latido igual en todos los corazones, a ese impulso igual en todos los brazos", qué es como concibe lo que es patria uno de nuestros más ilustres escritores del presente.

El sacrificio de los Granaderos imperiales se nos figura bravura de locos, el sacrificio de los modestos Artesanos de Pisagua, hechos soldados por el peligro que corrían su madre Nación, es la bravura que inspira la fe de lo grande, de lo honroso.

Sectarios de esta fe, cayeron como buenos unos tras otros.

Sus cuerpos quedaron tendidos en el camino, y hoy son nada, más que polvo, pero sus alentados espíritus moran en la Mansión de los héroes y desde allí nos dicen: "No nos olvidéis y en el momento de la venganza cumplid como nosotros....."

A las dos de la tarde quedó Pisagua por completo en poder de los chilenos

Siete horas de combate, más de 600 tiros de cañón, y numerosos muertos y heridos, les costó esa victoria, que jamás podrán recordar, sin que el despecho los violente, al considerar que menos de un millar de hombres pudo, en aras del amor patrio, resistir por tanto tiempo y causar tan graves perjuicios a su ejército, diez veces superior en número.


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Rivas, Ernesto. "Episodios Nacionales de la Guerra del Pacífico 1879-1883". Lima, 1903.

Saludos
Jonatan Saona

1 comentario:

  1. El cobarde recurso de la "bomba incendiaria" es una novedad que no registro en el material de guerra de la Armada de Chile durante esa guerra.

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