21 de diciembre de 2016

Juan Gildemeister

Juan Gildemeister
Juan Gildemeister
Fallecido el 31 de Mayo de 1898

Acatamos cristianamente los designios de la Providencia, pero nuestro espíritu, sino se revela, por lo menos deplora, que esa ley fatal que se intitula morir, se cumpla en hombres de las cualidades que distinguían á aquel cuyo nombre sirve de epígrafe á éste artículo. 

Ley fatal es morir, y aún la alegoría mitológica nos enseña que la vida eterna en este mundo sería una carga penosa para el hombre; pero aceptando la lógica de esa fatalidad, convengamos en que es también muy sensible ver desaparecer del escenario social, seres que en el han actuado con ruda pero proficua tarea, y cuando todavía sienten en su pecho alientos para seguir en ella.

El misterio de la nada no nos aterra; el silencio de la tumba no nos impone; confiados en la justicia del Gran Arquitecto del Universo, vamos serenos marchando por el camino de la vida, como el soldado que, impávido con la justicia de la causa que defiende, avanza contra su contrario. Pero si palidecemos, al ver que abandona nuestras filas un compañero digno de nuestro respeto y admiración, por su valor y ardentía para cumplir como bueno en todas las etapas de la lucha por la existencia.

Juan Gildemeister fué uno de los más distinguidos gladiadores de esta lucha; los apuntes biográficos que a continuación damos, sincerarán lo que dejamos dicho.

Nació en Bremen el 16 de Junio de 1823, y no había cumplido 20 años cuando su inquieto espíritu lo trajo al Nuevo Mundo, deteniéndose en el Brasil, donde trabajó dos años como dependiente de una casa de comercio en Río Janeiro. Económico, por convicción de que en la economía está la riqueza, llegó á reunir escaso capital con el que compró un pequeño buque de vela el que cargó de madera y dirigió á Chile. Penosa fué la travesía; el viaje duró seis meses; le asaltaron calmas chichas, y furiosas tormentas, más el ánimo de Gildemeister no se abatió; sabía que el triunfo no es de los cobardes, y al peligro opuso su constancia en vencerlo y lo venció.

Ya en Valparaíso, y vendida la madera y la barca, sufrió un contratiempo con la noticia del naufragio en las costas del Brasil, de su socio don Fernando Corsen en viaje de Hamburgo á Chile, con mercaderías consignadas á ambos. Esto lo desidió á trasladarse al Perú, afamado entonces por sus riquezas, pero al pisar nuestras playas, su actividad creyó encontrar más campo de acción en California, atrayente entonces por la fama de sus terrenos auriferos. Su arribo fué tarde, y esto lo obligó á regresar a nosotros, avecindándose en Lima, y abriendo una casa comercial en la calle de San Pedro, bajo la razón social de Gildemeister, Combruch y C.

La aurora del salitre se nos mostraba avisando el explendente sol de tanta riqueza; y Gildemeister, talento preveedor, asociado con el señor Gibbs, son los primeros en dar impulso á esta industria, estableciendo en Iquique una sucursal de la casa para la habilitación de los salitreros que entonces trabajaban con escasos capitales.

Pero el destino se complacía en probar la voluntad de Gildemeister, y cuando los resultados del negocio de habilitación producía los mejores rendimentos, y cuando para él se habían gastado fuertes sumas en almacenes, bodegas, muelles, lanchas, etc, el terremoto de 1868; arrasó por completo con todo.
Desmayar ? ¡Jamás!

No lo aturdió su completa ruina, y, como Anteo, surgió de su caída con mejores bríos para el combate. Una especulación inteligentísima con el salitre existente en las plazas de Europa, le rehizo de sus pérdidas y acentuó más su crédito é influencia comercial.

Conocedor de la manera rudimentaria con que se explotaba el salitre, decidió hacerlo científicamente y por su cuenta, para lo que trajo químicos europeos, fundó las oficinas de «San Juan», «Argentina», «San Pedro» y otros. Pronto los beneficios premiaron sus esfuerzos.

La guerra que nos declaró Chile, sangró también la fortuna de Gildemeister que, patriota como el mejor peruano, prestó grandes servicios á nuestras tropas del Sur, y cuando la ocupación de Iquique por los chilenos, clausuró sus oficinas salitreras, para no verse obligado á pagar á Chile el impuesto sobre sus productos.

Pasada esta luctuosa época, los negocios de Gildemeister, caminaron celados por la diosa Fortuna, que puso el colmo á sus dones con la venta que hizo Gildemeister de la oficina "Rosario de Huara" —que le había costado cien mil pesos—en un millón doscientas mil libras esterlinas, ó sean seis millones de pesos oro. Digamos si que había empleado en ella capitales por más de un millón de pesos. 

Cuando todo le sonreía; cuando había dado fin á la larga lucha sostenida contra el destino, y rodeado de amorosa familia, y distinguido y respetado de cuantos le conocían, lo ha sorprendido la muerte, en pleno uso de todas sus potencias viriles y no habiendo aun dicho su última palabra en materia de negocios.

No tenemos necesidad de pedir paz para su tumba, pues la Providencia se la habrá decretado, como á probo ciudadano y buen pabre de familia.

Consuelo para los suyos es lo que imploramos.


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"Lima", revista de ciencias, literatura y comercio. Lima, 1° de julio de 1898.

Saludos
Jonatan Saona

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