9 de julio de 2026

Reseña de Concepción

Plaza de Concepción

Reseña Histórica de la acción de Concepción
(Semanario El Liberal, Huancayo, 30 de abril de 1912 - No 120)
(Este vocero, muy difícil de hallar, lo hemos encontrado en el paquete PP-7, expediente No 36, seguido por Jesús E. Ponce Martínez, descendiente de Andrés Avelino Ponce, que peleó en Concepción. - Archivo Histórico Militar).

I
Derrotados nuestros ejércitos en los campos de batalla, no pudo contenerse la marcha triunfal del invasor hasta la capital de la república; de allí se desbordó a los demás departamentos, como un turbión incontenible, en son de conquista. Esta región, la más inmediata a la capital, fue invadida por un cuerpo de ejército, fuerte de 4,000 hombres de las tres armas, comandado por el entonces coronel del Canto. El Ejército del Centro encontrábase a la sazón en Ayacucho, después de la brillante retirada de Pucará, llevada a efecto el 5 de febrero de 1882.

Como consecuencia de la retirada del general Cáceres, quedaron sometidos al ominoso yugo del araucano todos los pueblos de los departamentos del Centro, donde reinaba el terror más pavoroso que las bayonetas de la soldadesca chilena infundían. Los vencedores disponían de vidas, honras y haciendas.

Ante tal situación, huérfanos de todo amparo, al menos inmediato a los pueblos de esta zona, no les quedaba otro camino que el de reaccionar, cuadrándose al enemigo, con las armas en la mano, para no legar a la posteridad una página triste de abyección e ignominia. Disertábase sobre tal tópico, admirablemente por los románticos, pero nadie se atrevía a ponerlo en práctica.

Cuando nadie lo esperaba, resonó con la intensidad de un estallido eléctrico el triunfo de Comas por fuerzas preparadas con la más profunda reserva, por un estudiante recién salido del Colegio de Santa Isabel, después de haber concluido sus estudios de instrucción media. Este alumno fue Ambrosio Salazar y Márquez.

Desde ese día flameó en la cumbre más alta de la breña, la enseña del Perú tremolada por un adolescente, vencida pero no humillada, poco ha, en los campos de San Juan y Miraflores.

II
Veamos cómo y en qué circunstancias se realizó aquel combate. El jefe del ejército chileno acantonado en Huancayo, destacó parte del escuadrón Yungay a órdenes de dos oficiales de su ejército, el capitán Fernando Germain y el teniente Ildefonso Alamos, para que expedicionasen sobre la hacienda Runatullo, situada al oriente del pueblo de Comas, a sacar reses de dicha hacienda no sólo para el consumo del ejército enemigo, sino también para vender a los extranjeros, quienes aprovechando de las desgracias de nuestra patria, combinaban grandes negociaciones con los invasores. El italiano Luis Loero, fue el guía de esta expedición.

En la mañana del 24 de febrero se presentó en la población de Comas un piquete del escuadrón Yungay compuesto de 40 hombres de caballería; el jefe de la expedición, Germain, exigió de pronto rancho para 40 individuos; se les proporcionó sin objeción alguna y después de consumido avanzaron su derrotero, sin decir el objeto de su comisión ni a dónde iban ni cuándo regresarían. Sólo se limitaron a decir que esperaban tener rancho listo a su regreso.

A raíz del avance de los expedicionarios, el pueblo reunido en comicio nombró por aclamación jefe de las fuerzas, que desde ese instante debían organizarse, al estudiante Salazar por haber manifestado éste, desde su visita a ese pueblo el 8 de febrero, que convenía organizar fuerzas y reunir armas para un ataque sorpresivo a la guarnición de Jauja o de Concepción. Estaba resuelto, pues, por opinión unánime del pueblo y de su jefe, presentar combate al destacamento a su regreso, cualquiera fuese el éxito que se obtuviera.

La primera medida adoptada por el jefe de la plaza, para estar al corriente del camino que seguiría al regreso, fue enviar chasquis detrás de los chilenos a una conveniente distancia, siguiéndoles las pisadas, hasta el término de su viaje, con la misión de trasmitir a su vez las noticias a otros que a distancias equidistantes se iban ubicando en toda la extensión del camino, a medida que avanzaban su marcha. Necesitaba el jefe de las fuerzas tener un dato seguro sobre el camino de la vuelta, para improvisar trincheras en los sitios más estrechos del tránsito. Podían haber optado al regreso por cualesquiera de los tres caminos que dan acceso a esas regiones. Con el procedimiento que se adoptó se había establecido una línea telegráfica a usanza del tiempo incaico, de fructíferos resultados.

Los chasquis anunciaron al cuarto día, que los chilenos regresaban por el mismo camino que habían llevado, trayendo un respetable contingente de reses y ganado caballar; ya hubo desde luego base segura para construir trincheras y contar casi con el triunfo, porque irremisiblemente tenían que volver a pasar por Sierralumi, especie de horca caudina.

III
En el desfiladero aludido que tiene tres kilómetros de largo, de camino estrecho, cortado a pico y por el que pasa un río de mucho caudal en invierno, lamiendo la base del desfiladero a 200 metros antes de llegar al puente del río para pasar al pueblo de Comas subiendo un cerrito empinado, se levantó una trinchera doble, toda de piedra, destinada para los expertos tiradores de aquel pueblo, capitaneados por Manuel Arroyo.

La parte alta del camino estrecho es un despeñadero de varios centenares de metros de extensión, abundante en piedras de gran volumen, aquí se colocaron cincuenta hombres con el objeto de hacer funcionar las galgas, luego que los chilenos tropezasen con la trinchera preparada casi en la base del cerro, porque era de esperar que reses y arreadores que venían fraccionados, estuviesen ya todos dentro de la quebrada encerrados como en un cartabón.

Así sucedió en efecto. Entre las malezas del otro lado del puente, para subir a Comas, se colocaron treinta hombres con rifles Minié, bien provistos de municiones.

Dispuestas así las cosas hasta el 10 de marzo, una vez preparadas las galgas, sólo esperaban que los enemigos ocupasen toda la quebrada. Desde las once del día 2 principiaron a descender; a las once y veinte minutos, por señal convenida, principiaron a funcionar las galgas, en cuanto Manuel Arroyo y sus compañeros iniciaron los fuegos de fusilería en la trinchera levantada en pleno camino.

El efecto producido por las galgas fue desastroso para los enemigos, quienes rodaban al abismo que se extiende al pie del desfiladero, arrastrados por las mismas reses, que al ruido de las piedras al desprenderse, una arrastraba diez en su caída produciéndose un torbellino. Dejaron inhabilitados para el combate de fusilería más de una decena de chilenos, entre ellos a Germain, con las piernas y los brazos rotos; el resto de ellos optó por abandonar sus cabalgaduras y el grueso contingente de reses, para unirse y desplegarse en guerrilla en la margen izquierda del río y empeñaron un encarnizado combate con los comasinos emboscados en las malezas de la margen derecha; después de tres horas de combate quedaron en el campo treinta y cinco chilenos y sólo se salvaron cinco a uña de caballo y por caminos extraviados, inclusive el teniente Alamos y el guía Loero.

El completo éxito de este combate generó, por decirlo así, la épica resistencia de la Breña contra nuestros tradicionales enemigos.

IV
Enfrentados desde entonces los de Comas con todo el ejército de ocupación de la zona central por habérsele asestado tan rudo golpe al desplante araucano permanecieron vigilantes durante treinta días, esperando por momentos una invasión a Comas del ejército chileno en represalia por el descalabro del destacamento expedicionario. Esta actitud, como queda dicho, duró un mes en razón de que ningún pueblo de toda aquella región imitaba la patriótica rebelión de Comas. Todavía en abril, se levantaron en armas Huaripampa, Orcotuna, Chupaca, Sicaya y Ricrán. Con este levantamiento los chilenos descuidaron amagar a Comas, para reducirlo a cenizas y pasar a cuchillo a sus habitantes, según vociferaban.

El parte oficial del combate de Comas, elevado a la jefatura superior por el comandante Salazar, se registra en el sexto tomo de los documentos de la Guerra del Pacífico, recopilados por el escritor chileno Pascual Ahumada Moreno, que se encuentra en la Biblioteca Nacional del Perú.

Consumado el triunfo de Comas, llegó el instante de pensar en la destrucción de la guarnición de Concepción, que, dicho sea de paso, no fue cosa de un día, a causa de que ni el gobierno ni la superioridad militar del Centro, pusieron en manos del jefe de la plaza de Comas, para tamaña empresa, ni un rifle ni una sola munición; todo hubo de conseguirlo haciendo esfuerzos y sacrificios.

Las 35 carabinas Winchester, tomadas a igual número de chilenos muertos en el combate de Comas, no fueron utilizadas por falta de municiones de ese sistema. Aquel día desempeñaron papel importante las galgas, por el sitio en que se les presentó combate a los enemigos, y los rifles Minié, único sistema que hasta entonces usaban en Comas. Para el asalto de Concepción se necesitaban rifles modernos de precisión, por tratarse de mayor número de combatientes contrarios, con parque abundante.

En junio del 82, cuatro meses después del combate de Comas, disponía Salazar de 105 rifles de precisión con una dotación de cien tiros cada uno, con cuyos elementos formó una columna de 105 hombres que en corto tiempo fue convenientemente militarizada: se llamó "Cazadores de Comas" e integró la división Vanguardia del Ejército del Centro, que vino desde Ayacucho a indicación del jefe de las fuerzas de Comas, al general Cáceres, por oficio que oportunamente le dirigió haciéndole ver que tal medida levantaría el espíritu de los pueblos y reforzaría la fuerza efectiva del flanco oriental, en vista de que el ejército enemigo ocupaba el valle en toda su extensión, Tarma, Oroya y Chicla.

Actuaron pues, en el asalto a la guarnición chilena de Concepción, las columnas "Pucará", "Ayacucho" y "Comas", ésta mandada por Salazar y las demás por los entonces comandantes Freyre y Carbajal, respectivamente, pero, como este jefe saliese herido al principio del combate, su segundo, el mayor Luis Lazo, siguió peleando a la cabeza de la columna. El asalto se inició a las cuatro de la tarde del 9 de julio, cumpliéndose con toda exactitud un plan previamente trazado.

Después de tres horas de enardecido combate, la guarnición perfectamente pertrechada fue reducida en más de la mitad de su efectivo, mientras peleaban a cuerpo libre, desplegada en guerrilla en la plaza; a las 7 de la noche se encerró en su cuartel, desde cuyas ventanas, nos causó muchas bajas, como la de los capitanes Mercado, Macucachi y don Avelino Ponce, que con don Lino Huamán dirigían una guerrilla frente al cuartel. Los chilenos abandonaron sus primeras trincheras, pasando a las habitaciones del departamento contiguo a un costado de la Iglesia, a las 12 de la noche, perforando las paredes que las dividían, donde se resistieron hasta las 9 de la mañana del 10, hora en que tocó a su término el choque sangriento con la muerte de toda la guarnición de capitán a tambor. Consta en el parte que elevó a la comandancia general de la división Vanguardia del Ejército del Centro, el jefe de la columna "Comas" al día siguiente de la hecatombe, los nombres de los pocos patriotas de Concepción que cooperaron al éxito, excepcionalmente único, obtenido durante la infausta Guerra del Pacífico.

Sabemos que en el lugar en que antes se erguía el convento de la parroquia y después el primer baluarte de los extranjeros agresores, se ha levantado un pequeño obelisco a iniciativa del comandante general de la segunda región, coronel La Combe.

Ese monumento que no puede ser sino provisional hasta que la gratitud nacional erija otro digno de la magnitud del acontecimiento, aquel monumento, el definitivo, decimos, llevará entonces el siguiente epitafio:

"Aquí yacen los héroes del Centro, los 
que cayeron sobre el escudo, los que sin 
elementos de guerra antes, lo improvisa- 
ron todo en el momento álgido del peli- 
gro, por salvar la dignidad nacional, y 
exterminaron en leal combate a la 4a. 
compañía del batallón Chacabuco, en la 
tarde y en la noche, en la madrugada y 
en el día del 9 y 10 de julio de 1882". 

Cerro de Pasco, marzo 10 de 1912;
J. M. FRIAS


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Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú. "La Resistencia de la Breña II: La Contraofensiva de 1882 (23 Feb. 1882-05 May. 1883)". Lima, 1982.

Saludos
Jonatan Saona

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