"Cuando muere don Nicolás de Piérola el 23 de junio de 1913, la Nación se estremece de dolor. Había perdido el Perú un gran hombre, no precisamente por lo que hizo, sino por lo que deseó hacer, por su aspiración, por su pureza, por la extensión de sus anhelos, por el milagro de sus virtudes fundamentales. Era un muerto que había echado destellos de gloria y que había encendido y apasionado, en pro y en contra los espíritus. Todos los peruanos expresaron su dolor -amigos y adversarios- con una sola frase: "ha muerto un gran hombre".
Don Ricardo Palma, glorioso y patricio como él, en histórica carta a Capelo dijo: "La ausencia eterna de quien fué la cumbre de una generación, nos acongoja hondamente a los que en el llano contemplamos su excelsitud. En la penumbra de mis añoranzas melancólicas, he contemplado, desde la ventana de mi retiro, la puesta del Sol".
Quién no recuerda, hasta los niños, que eso era yo entonces, el suceso nacional en la mañana del 25 de junio de 1913 cuando se llevó los restos de Piérola de su casa a la parroquia del Sagrario?..... Quién ha olvidado el extraordinario duelo del Perú y de Lima, la mañana siguiente, el 26 de junio, cuando se le llevó al panteón?..... Hombres y mujeres, ancianos y niños se mezclaban en la multitud y en la angustia.
El capitán de leyenda, el Kalifa civil, el caudillo, en el poder o fuera de él, había muerto. Como los dioses no mueren las gentes estaban desconcertadas. Ya no más iría el pueblo a ese hombre glorificado y combatido, el pueblo que le siguió siempre, aquel que brotaba de la tierra al paso de su corcel en ruta hacia cualquier ideal que conquistar, hacia cualquiera libertad que salvar, junto con su señor y su jefe. El rebelde, el modelo de inquietud y de fuerza a cuya ancianidad gloriosa se acercaba el Perú siempre a pedir consejo, a escuchar una nueva lección que el patricio dictaba desde su balcón del Milagro, que era como un púlpito de la Patria, había pagado su tributo físico y volvía a la tierra, que lo acogía con orgullo, después de haberlo prestado.
Y ese triste día del 26 de junio de 1913 el pueblo del Perú fué también rebelde con el destino que le quitaba su hijo predilecto, y se encaró contra él y le retó, y empapeló Lima con este cartel, en grandes letras:
-"¡Piérola ha muerto!......... ¡Viva Piérola!"
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De "Cuatro Biografías", por Jorge Dulanto Pinillos.
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Pons Muzzo, Gustavo. "Historia del Perú. Periodo independiente. Época de la República". Lima, 1950.
Saludos
Jonatan Saona

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