"Ciudadanos:
Si los momentos actuales pudieran ser de recriminaciones, me séria mui fácil demostraros con lo que está ocurriendo, que las naciones nunca abandonan impunemente el camino ancho i recto de la dignidad en sus relaciones internacionales. Si todo reproche no fuera ahora intempestivo, yo os probaría de un modo palpable que estas son las consecuencias necesarias e inevitables del primer paso dado en falso, del primer desfallecimiento, de la primera debilidad, de la primera caída.
Lo digo con la convicción mas profunda, i creo que mi opinión será también la vuestra: el conflicto boliviano surjió con la retirada de Santa Cruz; las insolencias bolivianas en el Pacífico han sido un efecto de nuestras debilidades en el Atlántico; acá se pretende robarnos porque allá nos dejamos despojar.
Fué eso lo que vió Valparaíso, con la alta previsión de los pueblos viriles, cuando vino a este mismo lugar a comunicar su espíritu levantado a los conductores del país; a suplicarles que no arriasen la bandera nacional ante la insolencia estranjera; a pedir al vencedor inmortalizado en esa estatua que continúe protejiéndonos con su sombra i con el ejemplo de sus acciones, i que inspire en los que le han heredado en el puesto de defensores de la patria aquellas jenerosas ideas i aquellas altas resoluciones que lo elevaron a él hasta ese pedestal i dieron a Chile un lugar prominente entre los pueblos sud-americanos.
Pero ya que aquel error es irreparable, echemos por ahora el velo del olvido sobre el pasado i conservemos de aquellos tristes sucesos solo un recuerdo que nos sirva de enseñanza saludable.
Conservemos el remordimiento de aquellas debilidades como un estímulo para volver a ser fuertes, i saquemos de la vergüenza de aquella caída la noble resolución de levantarnos.
I nunca, señores, hubo día mas propicio que el presente para empezar la obra de nuestra redención. Chacabuco, bien lo sabéis vosotros, fué el desquite de Rancagua; la victoria de 1817 fué la reparación de la derrota de 1814; i si el 12 de Febrero mereció ser esculpido con letras de oro en los anales de las glorias chilenas, fué porque en aquel día memorable los caídos se levantaron, los débiles probaron que habían recuperado sus fuerzas i la rejeneración comenzó.
Hagamos, pues, en el aniversario glorioso de aquella fecha, el voto solemne de imitar en cuanto nos sea dable aquellos esfuerzos, aquellos sacrificios i aquel heroísmo. Que el eco de aquellas proezas sea para vosotros la voz omnipotente que gritó en las puertas del sepulcro: -«¡Lázaro, levántate!» voz que fué obedecida i que realizó el milagro portentoso de una resurrección!
Ciudadanos: no fué Chile quien provocó el presente conflicto; no fué Chile quien faltó a la fe jurada; no fué Chile quien, movido por instintos de innoble codicia, ha pretendido consumar en el litoral un acto de verdadero vandalaje. Somos nosotros los provocados, nosotros los engañados, nosotros los despojados.
Un día se oyó en los tristes desiertos de Bolivia el ruido de unos pasos reperentidos por los ecos prolongados de aquellas pavorosas soledades. Eran, señores, los pasos atrevidos de los esploradores chilenos que iban a arrancar a aquella tierra, que parecía maldita, el secreto de los tesoros que ocultaba en su seno.
Mas tarde se oyó en esos mismos desiertos el ruido de la azada, de la barreta i del combo. Eran los industriales chilenos, eran los peones chilenos que habían llevado a aquellas soledades la industria activa, el trabajo fecundo, el progreso i la civilización universal.
I después se escucharon allí todavía los agudos silbidos de la locomotora i los multiplicados rumores de un enjambre de hombres de acción, cuyo jenio creador logró hacer del desierto un emporio de riqueza, i de aquellos arenales un campo abierto a las manifestaciones mas atrevidas de la actividad humana.
Señores: ese suelo conquistado por el jenio emprendedor de nuestros conciudadanos; ese suelo regado con el sudor fecundo de nuestros obreros; aquella creación de la actividad de un pueblo esencialmente trabajador, es lo que se nos quiere arrebatar.
¿Para qué? Para que esas riquezas, que son nuestras, porque son el fruto de nuestro trabajo, vayan a alimentar los ocios corruptores de gobernantes que viven en la perpetua orjía del licor i de la sangre, con mengua del nombre americano i de la avanzada civilización de este continente.
Pero eso es lo que Chile no debe, lo que Chile no puede permitir, porque aquello es su obra, aquello es su creación, aquello es su conquista, i en conservarla para la humanidad civilizada está cifrada nuestra honra. Nunca hubo reivindicación mas necesaria ni mas lejítima!
Ciudadanos: tendremos un aplauso para los gobernantes que mantengan con firmeza los derechos i el honor de Chile; tendremos maldiciones para los que vayan nuevamente a pedir consejos a la debilidad!"
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Conclusiones del meeting.
-Hé aquí las leídas por el señor Errázuriz i aprobadas ayer por aclamación:
«El pueblo de Valparaíso, reunido en meeting para ocuparse de la cuestión suscitada con Bolivia, acuerda:
1.o Excitar al Gobierno a que proceda, con actividad i enerjía, a prestar el amparo de las armas nacionales a los industriales chilenos que se hallan espuestos a gravámenes injustos i odiosa espoliación en el litoral de Bolivia;
2.° Manifestar, al mismo tiempo, que ese propósito no se realizará por completo, en su concepto, mientras Chile no haga valer los derechos que le confiere la ruptura de los tratados de 1866 i 1874 sobre el territorio que cedió a Bolivia en virtud de este pacto;
3.o Tributar un voto de aplauso al Gobierno por su conducta patriótica al declarar roto el tratado con Bolivia a consecuencia de las infracciones que de él ha cometido aquella nación.»
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Ahumada Moreno, Pascual. "Guerra del Pacífico, Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias i demás publicaciones referentes a la guerra que ha dado a luz la prensa de Chile, Perú i Bolivia" Tomo I, Valparaíso, 1884.
Saludos
Jonatan Saona

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