![]() |
| Luis Cruz Martínez |
Carta de Luis Cruz Martínez sobre la batalla de Chorrillos
Durante la permanencia de Luis Cruz Martínez en Lima redacta una hermosa carta dirigida a su madre (abuela) Martina Martínez de Franco, fechada en Enero de 1882. Esta carta fue exhibida en la Universidad de Concepción.
La exhibición fue inaugurada por el Presidente de la República Augusto Pinochet Ugarte, el trabajo de montaje lo realizaron los docentes del Departamento de Historia y Antropología con la cooperación del personal de la Biblioteca Central de esa universidad penquista. En ella se presentaron cuatro aspectos fundamentales de la Guerra del Pacífico: bibliografía, iconografía, piezas de museo, entre éstas armas y uniformes de la época, incluyendo una maqueta del poblado de La Concepción que mostraba el desarrollo del combate librado los días 9 y 10 de Julio de 1882.
En la presentación realizada por la Universidad de Concepción se destacaba un importante documento, el cual hasta ese momento era inédito. El documento corresponde a una carta manuscrita fechada en Lima, el mes de Enero de 1882, redactada por el Subteniente Luis Cruz Martínez, la comunicación está dirigida a su madre (abuela) Martina Martínez de Franco. Esta carta, con un alto valor histórico, se encontraba al interior de una urna de cristal. A continuación se acompaña una transcripción fidedigna de la carta original:
“Lima, Enero de 1882.
Señora Martina Martínez de Franco
Querida madre:
Le escribo la siguiente con el corazón henchido de entusiasmo, a la par que de dolor; si me preguntáis cuáles son los motivos i yo os responderé: madre hoi hace un año, un año que se libraron las grandes Batallas de Chorrillos, San Juan i Miraflores, las más grandes batallas que se han visto desde que existe América. Estos días siempre serán para mí días de gloria i a la par de dolor. Os voy a dar un pequeño bosquejo de ellas.
El día 12 de Enero de 1881, al amanecer, abandonamos nuestro campamento en Pachacamac, para dirigirnos a Lurín a juntarnos con los demás cuerpos del Ejército. Llegamos a Lurín como a las doce del día i acampamos junto al Victoria. Estábamos acampados ahí i me llegan tres cartas: una suya, del 21 de Diciembre del año 1880, en la que me hablaba sobre el combate (no podía llegar más a propósito); la otra carta era de un amigo (en ésta no encontré nada), i la última de una persona que no nombro, la cual también me hizo derramar algunas lágrimas.
Supóngase Ud. acampados, acomodándonos para el viaje: la marcha a las 6 de la tarde, el combate al amanecer, ¿podrían llegarme más a propósito las cartas? Yo pensaba i decía: quizás sean las últimas que lea i esto me enternecía mucho; a las 5 de la tarde se da la orden de marcha a todo el Ejército: ¡Qué espectáculo tan solemne era aquél! Ver a 23.500 hombres con el fusil al brazo, el cinturón i la canana a la cintura, el rollo a la espalda, la caramayola i el morral a los costados, marchar airosos i resueltos, como quien va a un festín, al combate; esos hombres no pensaban si verían el día de mañana. ¡Cuántos de ellos no quedaron tendidos en el campo de batalla! En mi vida había visto espectáculo tan solemne, aquello era un laberinto; al principio, los cuerpos salían de los campamentos a tomar colocación en sus respectivas brigadas i divisiones, i luego después la marcha. Yo estaba situado en el puente de Lurín, el famoso puente ‘Buin’, del tiempo de Bulnes, por el cual desfiló casi todo el Ejército, era aquello solemne, grandioso, a cada grito de ¡Viva Chile!, se me erizaban los cabellos i me latía con fuerza el corazón, era aquello conmovedor.
Los soldados marchaban como si fueran a un convite, a una fiesta, con la sonrisa en los labios, andaban un paso i vivaban a Chile.
Ver a la caballería i artillería daba orgullo, esos caballos parecían que conocían la solemnidad del momento, porque se erguían majestuosos i sus jinetes con la carabina al gancho i el barboquejo a la barba se parecían a esos coraceros franceses como los pinta Víctor Hugo en ‘Los Miserables’; la artillería, compuesta de 110 cañones, todos Krupp, abarcaban una extensión como de legua, i esos caballos tan lindos daba gusto verlos pasar el puente a toda carrera con las piezas de campaña; en fin, no he visto nunca un espectáculo tan grandioso i al mismo tiempo tan conmovedor. Anduvimos toda la noche i al amanecer nos encontrábamos como a tres mil metros del enemigo; esto acontecía con la segunda división, en la tercera sucedía otra cosa, ésta venía como a cinco mil metros; la primera división rompió el fuego a las 4 de la mañana. El orden del combate era el siguiente: La primera división debía atacar la parte que correspondía a Chorrillos, en esa parte se encuentran el morro Solar, el salto del Fraile i los caseríos de la hacienda de Villa. La segunda división debía atacar el ala izquierda enemiga que cubría a todo San Juan; la tercera división no debía entrar en pelea sino proteger, en caso de apuro a cualquiera división o brigada. En este orden se principió el combate. La primera división atacó antes que la segunda, porque ésta se extravió del camino i llegó después. No hai cosa más terrible que una batalla. Ver que al lado de uno cae un hermano, un amigo i no poder quedarse al lado de él para auxiliarlo, esto es mui triste.
Estas reflexiones las hace una persona sensata; pero, nuestros rotos, qué van a pensar en amigos, en matar no más piensan. No creía yo que tuviéramos hombres como nuestros rotos, no me lo imaginaba, es cosa grande ver al soldado chileno en una batalla, se transforma completamente, ya no es el amigo, no es el hombre natural, no es el león, el tigre, qué sé yo con qué compararlos, es una hiena sedienta de sangre, todo lo devora, su gusto es matar cholos, saciar su venganza. Habría sido imposible que nos hubieran vencido; con soldados como los nuestros podemos competir con cualquier nación americana, excepto los Estados Unidos de América, no por sus soldados, sino por la cifra de su población. Era grande el espectáculo, tronando el cañón i el fuego de la infantería era un redoble continuo. La artillería no se entendía, parecía que con las manos ponían las bombas i granadas encima de los cerros. La parte en la cual se resistieron más fue en el morro Solar; pero había razón, supóngase usted un cerro el doble más alto que el que hai en esa, de piedra i mucha pendiente, coronado de artillerías i ametralladoras, había un foso que tendría de largo como cuatro cuadras, en contorno un magnífico reducto, trincheras i cuanto diablo hai de defensa. Lo atacaban el Melipilla, Colchagua i Talca; poco después llegó el Cuarto, el Segundo, el Chacabuco i otros cuerpos del Ejército. Los tres primeros cuerpos principiaron el ataque a las 5 a.m. i nada conseguían; llegaban a la mitad o más allá del cerro i los cholos los hacían volver. Para mayor apuro se les concluyeron las municiones; tienen que volver atrás para buscarlas, esto era supremo; pero, sin embargo, de esto no se acordaban, al contrario, con más ardor volvían a la pelea.
A las 2.10 p.m. han venido a conseguir tomarse completamente el morro Solar.
En San Juan sucedía otro tanto, el Buin que nunca se había encontrado entero en ningún combate, aquí se lució, por donde pasó el Buin parecía que había pasado una máquina segadora, la que, en lugar de segar espigas, segaba cabezas humanas; era horrible i grandioso aquello. Pero lo que hubo de grande en San Juan fue la carga de los Granaderos. El cerro que atacaba el Curicó estaba lleno de artillería i había mucha gente; pero la artillería nuestra poco a poco iba disminuyendo a ambas.
El Curicó peleó en toda regla, pocos son los cuerpos que pelearon de esa manera, todo el regimiento desplegado en guerrilla, en columnas por compañías. Los curicanos avanzaban ligeritos i luego se encontraban en la cima del cerro, lugar donde cayó herido el Coronel Cortéz. Los cholos habían arrancado i se habían atrincherado al pie del cerro, en unas tapias que allí había; aquí las iban a pagar a nueve los curicanos; al bajar el cerrito, los cholos les tiraban a puntería fija i nos hacían tremendas bajas. En esto llegan los Granaderos con el Comandante Yávar por el flanco derecho de nosotros, dieron vuelta al cerro i volvieron por el otro lado; todos los peruanos se encontraban en un potrero como de cuatro cuadras o cinco, los Granaderos no encontraban por dónde pasar, pero a caballazos rompieron la muralla i entraron, entonces fue cuando el Comandante Yávar dio la siguiente voz de mando: ”Granaderos, carabinas al gancho, poncho a la cintura, saquen el sable, el gran galope, carguen”. Aquello fue una verdadera carnicería; la victoria fue completa: ‘Viva Chile’.
Querida madre, dentro de poco os seguiré narrando otros combates, si es que antes Dios no exige mi holocausto por mi patria; entre tanto en vuestras plegarias, no os olvidéis de vuestro hijo que os recuerda de continuo.
Luis Cruz Martínez”
**********
Soro Cruz, Mario. "Toda la verdad acerca de Luis Cruz Martínez, uno de los héroes del combate de la Concepción" en "Cuaderno de Historia Militar" N° 4. Diciembre de 2008.
Saludos
Jonatan Saona

No hay comentarios.:
Publicar un comentario