En Iquique, a primero de Junio de mil ochocientos ochenta i uno
Reunidos en el Cementerio de este puerto el señor Jefe Político, Comandante Jeneral de Armas i Delegado fiscal, don Antonio Alfonso; el cirujano del blindado nacional Blanco Encalada i ex-cirujano de la Esmeralda, don Francisco Cornelio Guzmán; el teniente primero del mismo blindado, don Carlos Krug; el sarjento segundo del Blanco, don Ramon Silva; el ayudante del Juzgado del Crimen, don Pedro Mardones I.; el ciudadano español que presenció el entierro de los restos del glorioso sarjento de la Esmeralda Juan de Dios Aldea, don Feliciano Arego; los ciudadanos italianos que presenciaron la amputación que se le hizo en el brazo izquierdo al mencionado sarjento, señores Adolfo Gariazzo e Hilario Mayno; don Máximo Urízar, don Carlos A. Navarrete; el sarjento del piquete del Batallón Linares que hizo la excavación en el Cementerio hasta descubrir los restos de Aldea, Eleuterio Concha; el soldado del mismo piquete que descubrió los restos, Segundo Bueno, i el notario público, secretario del Juzgado de Letras i del Ilustrísimo Tribunal de Alzada que suscribe: con el objeto de reconocer la identidad de los restos del ya mencionado inmortal compañero de Arturo Prat, sarjento Juan de Dios Aldea, se procedió a examinar la posición que ocupaba el cadáver i ver si coincidía con la que ya había indicado don Feliciano Arego.
En efecto, como lo había dicho el señor Arego, el cadáver se encontró a distancia de un metro i medio de la pared Sur del Cementerio i a cinco metros de la pared Oriente. El cadáver estaba boca abajo i con la cabeza hácia el Norte, i solo tenia una camisa blanca.
Estaba casi en completo estado de descomposición. Su esqueleto estaba incompleto; el brazo izquierdo había sido amputado en la parte media del hueso húmero, quedando aun los restos manifiestos de un vendaje contentivo del muñón. En el muslo derecho había vendas que indicaban que en ese lugar había existido una herida; sin embargo, el hueso fémur de esa rejión estaba intacto.
Por último, se le encontró colgado al cuello un escapulario del Cármen unido a una pequeña medalla, que fué reconocido como de los mismos que se habían repartido en Valparaíso a los soldados del ejército i armada de Chile, antes de salir a campaña.
Una vez adquirido el convencimiento de que los restos de que se trata pertenecían al heróico sarjento, se colocaron en una urna para ser trasladados al lugar que la autoridad designe.
Para constancia, los concurrentes firman la presente acta ante el notario público que autoriza
-Antonio Alfonso.-Francisco Cornelio Guzmán. Cárlos Krug. - Ramon Silva.-Pedro Mardones I.-Feliciano Arego. - Adolfo Gariazzo. Hilario Mayno. - Máximo Urízar. - Carlos A. Navarrete. - Eleuterio Concha. -Segundo Bueno. -Eduardo Reyes L., notario público i conservador de comercio.
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Ahumada Moreno, Pascual "Guerra del Pacífico, Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias i demás publicaciones referentes a la guerra que ha dado a luz la prensa de Chile, Perú i Bolivia" Tomo VI, Valparaíso, 1889.
Saludos
Jonatan Saona

Sepultado en una fosa común, sin identificación alguna, semidesnudo y boca abajo. Vale decir, arrojado a esa fosa. Para que hablar de honores militares o cosa parecida.
ResponderBorrarHablamos de un soldado chileno, de guarnición en la Esmeralda el 21.05.79, malherido en la cubierta del Huáscar después de haber pasado al abordaje siguiendo a su comandante, y fallecido en el hospital de Iquique el 23 de mayo, después de amputado.
Solo quiero recordar que, poco menos de 5 meses más tarde, luego del combate de Angamos, todos los oficiales, marineros y soldados de guarnición peruanos caídos por su patria a bordo del Huáscar fueron inhumados con honores solemnes por su adversario. Y que fueron apropiadamente identificados en sus sepulturas, con excepción de aquellos restos irreconocibles por la explosión de granadas navales. Sobre los cuales se indicó respetuosamente tal condición. En el caso de Grau, los escasos restos recuperados pudieron identificarse por declaración de sus propios oficiales.
Todos ellos quedaron a disposición de sus connacionales para su traslado a territorio patrio en el futuro, lo que Perú realizó cumplidamente en diversos procesos.
Raúl Olmedo D.