2 de marzo de 2014

La guerra chilena

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La guerra chilena.

El atentado se ha consumado — el guante está echado — las cosas definidas.

— Incapaz Chile de resistir por mas tiempo a sus antiguos proyectos de invasión, se ha lanzado a la guerra con tal precipitación, con una audacia tan descarada, que nos recuerda los buenos tiempos de la edad media. Sea que el gobierno Pinto quisiere vengar en nosotros las humillaciones que le ha hecho pasar la república Argentina, sea que constreñido por la lógica de nuestras razones, no hubiese encontrado otra salida, el hecho es, que rompiendo toda consideración, pasando por sobre todos los principios de justicia y de lejislación internacional, sin previa declaratoria de guerra, ha ocupado nuestro territorio, desembarcando de sus buques, en nuestros puertos, completamente inermes, gente de guerra que ha roto nuestro escudo, que ha rasgado nuestra bandera, que ha victimado indefensos ciudadanos, y vertido sangre boliviana, sangre de mujeres y de niños. 
Reservado estaba para Chile cometer en pleno siglo 19, hecho tan escandaloso y tan inicuo; reservado estaba para ella sola entre todas las naciones de la América, el dictado de....; la palabra es dura y vale mas callarla.

La ocasión es solemne y no tenemos otra cosa que hacer, que aceptar la guerra, guerra que no hemos buscado, que no hemos querido y que tampoco esperábamos. Ella nos toma en condiciones bien disfavorables bajo todo punto de vista.

Mientras por su marina de guerra puede Chile poner en pocos días en nuestro Litoral, cuanto elemento de guerra quiera, Bolivia que no posee un solo buque, encerrada en el corazón del continente, teniendo de por medio, desiertos, cordilleras y territorios extrangeros, tiene que hacer obra de titanes para situar su ejército, en los territorios invadidos; y hoi por hoi, la movilidad de ese ejército cuando el flajelo del hambre castiga nuestros departamentos del interior, es obra que puede asustar a todo el que estime en más su vida que el honor nacional, porque, aun cuando tales sean los obstáculos que tengamos de encontrar, y muchos mas, haremos sí, la guerra a que se nos provoca: no se diga que nosotros los descendientes de esos héroes que en sangrienta lucha de 15 años conquistaron la independencia, no sabemos, ni merecemos conservar la patria que nos legaron.

Verdad es que el patriotismo en Bolivia, a causa de nuestra existencia tan borrascosa, estaba amortiguado. Ambiciones personales, lucha de partidos esclusivistas, asesinatos sangrientos, completo olvido en nuestros gobiernos de velar por el progreso moral y material del país; en fin, la empleomanía, la vida a costa de los dineros del Estado, etc.

Pero así como en el mundo material un cataclismo transforma la naturaleza, el golpe moral que acabamos de recibir ha reanimado las fibras de ese patriotismo espirante.

Pueblo y gobierno han comprendido que estamos en un momento decisivo, y que solo la unión puede salvarnos; por eso hemos visto que el gobierno dicta una lei de amnistía, ámplia y sin restricción, y que el pueblo se agrupa como un solo hombre bajo los pliegues de nuestra bandera; un solo pensamiento alienta al pueblo boliviano vengar la injuria que Chile nos ha inferido tan aleve como injustamente, pedirle cuenta de la sangre inocente que han vertido sus invasores huestes, y revindicar nuestro territorio hasta morir en la demanda. ¿De qué nos serviría una vida deshonrada?

Sin hacernos ilusiones, motivos hai bien graves para creer que no estaremos solos en la liza con nuestros enemigos. Las naciones americanas y especialmente el Perú, están tan interesadas en la contienda como que les vá en ello su honor. Cuando un ladrón ataca una casa, el vecino está en el deber de defender al robado, aunque le sea indiferente; así mismo entre las naciones y esto es mas estricto en el derecho (si la que se) considera mas fuerte invade a otra mas débil, es deber de las demás salir a la defensa y restablecer el equilibrio; la nación que llamada a desempeñar este rol por sus relaciones o compromisos, su situación o su historia, no lo hace, tiene que confesar,—o que es egoísta, o que es impotente; en uno y otro caso, su prestijio moral cae por tierra y bien puede yá prepararse a sufrir mañana igual tratamiento. Más, no adelantemos reflexiones sobre este punto, porque no sabemos la actitud que tomen las repúblicas americanas en esta guerra; pues todas, pero particularmente las limítrofes, están en el deber de conservar el equilibrio americano que acaba de caer roto por Chile; y entre todas, el Perú, con quien tan íntimas, tan estrechas relaciones hemos mantenido ántes y mantenemos en la actualidad, sabrá, lo esperamos, colocarse en el terreno que le señalan sus antecedentes y su propio honor.

Entretanto, y sea que contemos con alianza, o no, no debe caber el desaliento en nuestro espíritu; defendemos la causa santa de la integridad de la patria, y debemos saber de una vez, si Bolivia es o nó una nación digna de vivir independiente. Hai un abismo de sangre entre nosotros y Chile. Si tal lo exijiere la fatalidad, viviremos en estado de continua guerra; pero día llegará en que la justicia se cumpla, porque nunca puede prevalecer la usurpación contra el derecho; armémonos con las armas de la unión y del patriotismo; afrontemos la situación varonilmente, y esperemos.

La Paz, marzo 1.° de 1879.
José Lucero.


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"El Comercio". Año II n° 173. La Paz de Ayacucho, domingo 2 de marzo de 1879.

Saludos
Jonatan Saona

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