domingo, 27 de mayo de 2018

Juan Rafael Álamos

Los Hermanos Álamos Quiroz
(Texto tomado del libro Álbum de la gloria de Chile)

X.

Del tercer Álamos, sólo sabemos que, nombrado subteniente del Bulnes, cayó prisionero en el Rímac, i debió a esta circunstancia ser incorporado en los Carabineros de Yungai. Como alférez de este cuerpo, Ildefonso Álamos se batió en todos los encuentros de arma blanca que presidieron a la batalla de Tacna, distinguiéndose por su amor a la disciplina i su bizarría de familia. "En la batalla de Chorrillos, -dice una relación que de sus servicios poseemos,- supo Ildelfonso Álamos vengar tanto sus ofensas de Tarma como la sangre de sus hermanos José María i Juan Rafael. Le dió tanto trabajo a su sable, que las ropas se le adhirieron al cuerpo cuajadas de sangre enemiga." 

I más tarde en las crudas pero estériles campañas de la sierra acontecióle otro tanto. Ildefonso Álamos es hoi capitán. 

XI.

Quédanos todavía por hacer memoria de un último retoño, cortado en flor al vigoroso ramaje. Aludimos a Juan Rafael Álamos, muerto por la patria a la edad de 21 años. 

El teniente del 4.° de línea don Juan Rafael Álamos nació en Santiago el 15 de agosto de 1859 i ocupó en la Academia Militar el puesto que en ella había tenido su hermano Gabriel, hasta la disolución de aquel establecimiento en noviembre de 1876. Llamado al servicio, como todos los cadetes licenciados, alistóse en calidad de subteniente del 4.°, i en las filas de este valeroso rejimiento combatió siempre con singular valentía. En Tacna servía de ayudante al bravo San Martín i en Arica cayó junto con él, destrozado uno de sus pies por una bala al llegar al Morro, i a su bizarro comportamiento en la acción debió su ascenso. Como trofeo de aquel día, el teniente Álamos envió a Santiago la bandera peruana del fuerte Ciudadela, que en aquel recio ataque de los "cuartinos" había recibido setenta i siete balazos, flameando en el alto muro, del cual por su brazo él, humillada, la apeara. 

Recobrado de su peligrosa herida el teniente Álamos, ingresó a su cuerpo, i como en Arica, volvió a caer al pie de la trinchera, esta vez para no volver a levantarse. Atravesado su hombro derecho a la altura de la clavícula, sufrió todos los tormentos de una navegación que fué un chiquero de matanza, antes del cuchillo; i en seguida, habiendo soportado con rara entereza una cruelísima operación (la desarticulación del brazo podrido por el cáncer) tuvo el consuelo de morir en casa amiga, rodeado de los suyos, en el hospital de sangre de la familia Matte.  

Lejos de abatirse por el dolor físico i la cercanía de su temprano i no merecido fin, el "huasito Álamos", se mostró digno de sus hermanos i de su anciano padre en su lecho de muerte.  Pocas horas antes de espirar aconsejaba todavía a uno de sus primos, don Rafael Quirós, que se hiciese soldado para labrarse honrosa carrera i servir a su Patria dignamente

XII. 
Tiene todavía don Benito Álamos un quinto hijo de su propio nombre, que es capitán de milicias en el departamento de la Ligua; de suerte que por la carencia de un número en la lotería de la vida no ha completado esta valiente familia un septenario heroico de servidores de Chile. El padre común ha peleado, sin embargo, para reemplazar a los que faltan, i como voluntario ha merecido la corona de los triunfadores junto con la de su jeneroso martirio en su condición de padre. 

"Los momentos, -dice hablando de la conducta del jeneroso anciano una de las más vivas relaciones publicadas hasta hoi por la prensa de la batalla de Chorrillos,- eran angustiosos. Las tropas de refuerzo eran esperadas con ansia, pero los pocos hombres en estado de combatir con que contaba la división Lynch no cejaban i estaban dispuesto a morir.

El coronel Lynch no perdió ni por un momento su serenidad i seguía dictando las medidas convenientes para contener en su avance al enemigo.

"Las municiones de infantería estaban casi concluidas después de tan largas horas de combate continuo i pertinaz. Felizmente llegó en esos momentos el señor Benito Álamos -padre de Gabriel Álamos, hoi jefe accidental del Coquimbo; de Juan R. Álamos, el valiente oficial del 4.° de línea; del bravo teniente Álamos, del Buin; del alférez Álamos, i de todos esos valientes muchachos que desde el principio de la guerra corrieron a alistarse bajo las banderas de su Patria.  Felizmente, digo, llegó el señor Álamos, quien, sin obligación ninguna i obedeciendo sólo a su patriotismo, conducía algunas mulas cargadas de municiones, para lo cual había tenido que arrostrar un crudísimo fuego. 

"Este refuerzo de municiones no podía llegar más a tiempo, i la conducta del señor Álamos era tanto más digna de encomio cuanto que ya llevaba la muerte en su corazón, pues dos de sus hijos habían caído como buenos".

XIII. 
"Efectivamente, -dice otra versión de aquellas terribles escenas en que se pelea por el patrio suelo vadeando charcos de la sangre más querida, -allí estaba el padre de los cuatro Álamos, testigo del valor indómito de los hijos. Empapados los ojos en lágrimas, transido de dolor el corazón, pero ardiendo en el fuego de la venganza el alma, acompañó a José María  hasta recibir su último suspiro. Besó la  frente helada del cadáver i corrió en auxilio de Juan Rafael, del 4.° de linea, que a poca distancia había caído también, atravesado por una bala. Recojióle i llevóle a una ambulancia; i hecho esto, volvió hacia el cadáver de su hijo mayor para darle sepultura conveniente, a fin de poder  traer los restos a Chile. 

"Todavía contaba con otro hijo en el Estado Mayor i corrió a verlo. Era éste el ex-mayor del Atacama, que vengaba la sangre de los dos primeros.  Entretanto, Ildefonso peleaba a la par de los más arrojados en los Carabineros. 

"Don Benito lo olvidaba todo para servir a la patria, i corría en medio de las balas acarreando municiones que faltaban, multiplicándose aquí i allí en lo que fuera necesario. En seguida empuñó el mismo rifle que había dejado Juan Rafael i entró al medio de la pelear"(I).

(I) Articulo publicado en LOS TIEMPOS, en febrero de 1881, con las iniciales R. P. 

XIV. 
Tal ha sido la noble agrupación que hoi el lápiz del artista entrega a la respetuosa afección de todos los chilenos, i aunque la segur de la muerte la ha despojado de sus más animosas figuras, aunque las mejores ramas del corpulento tronco han sido derribadas por el vendaval, no por esto el nombre de "Los Huasos Álamos" dejará de pasar a la posteridad con el mismo prestijio de gloria i nombradía con que hoi brilla en ella el inmortal jinete que se llamó "el HUASO BUERAS", centauro de Chile. 


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Texto e imagen tomado del Álbum de la gloria de Chile, Tomo II, por Benjamín Vicuña Mackenna

Saludos
Jonatan Saona

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