martes, 26 de enero de 2016

Revista española sobre Lima

Revista española informa sobre la caída de Lima

La revista "La Ilustración Española y Americana" año XXV, n° XVII, fechado en Madrid, el 08 de Mayo de 1881, en su sección "Sucesos de América" informa a sus lectores sobre las batallas de San Juan y Miraflores y el inicio de la ocupación de Lima.

Inserta varios grabados de Chorrillos destruido, en base a fotografías tomadas por el estudio Courret, y que le fueron remitidas por D. Augusto González.

"SUCESOS DE AMÉRICA.
NOTICIAS de buen origen, que hemos recibido por los últimos correos, nos permiten ocuparnos con cierta latitud de los principales acontecimientos, adversos los unos, prósperos los otros, que solicitan la atención en las repúblicas de la antigua América Española

Entre éstos ocupan el primer lugar, por su importancia y trascendencia, los combates librados entre los ejércitos peruano y chileno, y cuya consecuencia ha sido, como no ignoran nuestros lectores, la ocupación por este último de la ciudad de Lima. Las tropas de Chile, al mando del general Baquedano, estuvieron acampadas en el valle de Lurín, punto estratégico importante, desde el 23 de Diciembre del pasado año hasta el 12 de Enero último, invirtiendo este tiempo en proveerse de víveres, municiones y medios de trasporte, ven reconocer las posiciones de los peruanos entre Chorrillos y Monterico-Chico. La primera línea de defensa del ejército á las órdenes del ex-dictador D. Nicolás de Piérola ocupaba las alturas que se extienden en la dirección de Oriente al Norte, desde el Solar hasta más allá de las Casas de San Juan, y desde este punto, de nuevo hacia el Oriente en la dirección de Tebes y Monterico-Chico. Un parapeto formado de sacos de arena, y precedido de dos hileras de pozos destinados á proteger la infantería, constituía la línea de defensa de los peruanos, componiendo su artillería 6o bocas de fuego entre cañones y ametralladoras. 

Tres divisiones chilenas, mandadas por el general Sotomayor y los coroneles Lynch y Lagos, dieron principio al ataque al amanecer del dia 12(*) de Enero, y á las siete y media de la mañana parecía evidente la derrota de los peruanos, cuando éstos, en número de algunos miles, y exhortados a la resistencia por el enérgico Piérola, renovaron el combate, con mayor encarnizamiento, si cabe, que al principio, posesionándose de la villa de Chorrillos y alturas que la rodean. El fuego de cañón y de fusilería no se interrumpió un momento por ambas partes hasta las doce del día, en que las tropas peruanas hubieron de efectuar su retirada, después de una lucha sangrienta y obstinada como pocas. La villa de Chorrillos, memorable de hoy más en la historia americana, por el rudo combate de que fue teatro, era un lindísimo pueblo edificado á orillas del mar, y que, por su agradable temperatura en la estación de los calores, servia de estación de baños á la sociedad más distinguida de Lima. «De aquel hermoso lugar, formado por infinitas casas de campo—nos dice el Sr. D. Augusto González en carta que tenemos á la vista — sólo queda un montón de ruinas. Es un hecho, probado de una manera auténtica y oficial, que el 13 de Enero, día de la batalla, no había un solo rancho lastimado: sólo cuatro horas más tarde, cuando el ejército chileno ocupaba el pueblo, empezaron los incendios y saqueos, metódica y escrupulosamente llevados á cabo.»

No es nuestra intención extendernos en comentarios sobre las precedentes lineas, arrancadas al patriotismo por el dolor de ver el suelo nacional hollado por el invasor. ¿En qué guerra no ha sucedido lo mismo, por desgracia? 

A la atención del mismo Sr. González debemos las fotografías de que son copia el segundo de nuestros grabados de la pág. 292, y los cuatro que ocupan la 293. Ellos dan testimonio de la calamidad de que ha sido víctima la infortunada población de Chorrillos, consecuencia inevitable de la reñidísima batalla, que ha costado 2.500 hombres á los vencedores y 4.000 á los vencidos. 

No ha de escapar seguramente á la atención de nuestros lectores un detalle que presentan las vistas de Chorrillos á que hoy damos cabida. Allá, en la cumbre de un cerro que domina la población, se destaca sobre el cielo, oscurecido todavía por el humo del incendio, el signo de la Redención, como un elocuente reproche á la ambición humana, y una muda plegaria por el alma de los muertos. 

Un deber de la más estricta imparcialidad nos mueve á copiar aquí lo que dice un Boletín de origen chileno sobre el incendio y destrucción de Chorrillos : «La valerosa resistencia de los peruanos en las calles y casas de Chorrillos fue funesta para esta linda población, verdadero nido de lujo, elegancia y riqueza , situada sobre las estériles costas del Pacifico. Los incendios, determinados en ciertos puntos por las granadas, y en otros por la necesidad de desalojar al enemigo, que continuaba haciendo fuego desde los tejados y los balcones de las casas, se declararon á la puesta del sol en proporciones formidables, y derramaron sus fatídicos resplandores sobre esa horrible escena , que suele ser el epilogo de las batallas. Todos los esfuerzos de los jefes chilenos fueron inútiles para contrarrestar el desastre, y el fuego consumió aquellas hermosas casas, unas después de otras. Dos días después sólo quedaba de Chorrillos un montón de escombros, sembrado de cadáveres calcinados.»

En la mañana del dia 15 los representantes de Inglaterra, Francia y República del Salvador se presentaron al general chileno, como encargados por el dictador Piérola para presentar proposiciones de paz. En la conferencia, que tuvo lugar en el campo chileno, el general Baquedano exigió como cláusula sine qua non la suspensión de las hostilidades, la cesión provisional del puerto del Callao y sus fortalezas, y la entrega de los buques de guerra y trasportes que componían la escuadra peruana. Los intermediarios prometieron trasmitir estas bases á D. Nicolás de Piérola, dejando pactado un armisticio, que espiraría á las doce de la noche, pero durante el cual ambos ejércitos beligerantes conservarían la libertad de operar los movimientos que sus generales juzgasen convenientes, en la previsión de próximos sucesos. Pero estaba escrito que la guerra había de llevar sus estragos hasta las puertas mismas de Lima. Mientras se discutía el armisticio, se trababa del lado de Miraflores un nuevo combate, que no se terminó hasta el caer de la tarde, con la toma, por los chilenos, de los cinco reductos artillados, última línea de defensa de la capital, cuyo alcalde se presentó al día siguiente al general Baquedano, declarando que Lima abría sus puertas al vencedor. 

La ciudad fundada por Francisco Pizarro presenció tristes escenas en las noches del 10 al 16. Turbas hambrientas, enloquecidas por el desastre y alentadas por la ausencia de toda autoridad, recorrieron sus calles, asaltando de paso los almacenes de víveres, y entregándose al robo y á la embriaguez. En el Callao ocurrieron los mismos sucesos, y en su puerto fueron entregados á las llamas los restos de la flota peruana, compuesta del monitor Atahualpa, corbeta Unión, y trasportes Rímac, Oroya, Chalaco y Limeña.

El 17 ocuparon los chilenos á Lima, y el 18 el Callao, después de una campaña naval y terrestre que ha durado casi dos años. 

Según El Mercurio de Valparaíso, el ejército chileno, ensoberbecido por la victoria, declara indigna de él una paz que no abrace las condiciones siguientes : Cesión de las provincias de Antofagasta, Tarapacá y Tacna.—Indemnización de todos los gastos de la guerra, incluso el valor de los buques Esmeralda, Loa, Covadonga y Janequeo, perdidos por Chile, y de la flota peruana incendiada en el Callao. Indemnización de daños y perjuicios á los súbditos chilenos expulsados del Perú y Bolivia. — Prohibición para el Perú de artillar sus puertos antes de cincuenta años, y de tener buques de guerra antes de cuarenta.—Tratado de comercio entre las dos Repúblicas, otorgándose recíprocamente la cláusula de la nación más favorecida. — Repartición por terceras partes entre Chile, el Perú y los acreedores extranjeros reconocidos por el Gobierno peruano hasta 1° de Enero de 1879, de los productos del guano.— Obligación para el Perú de mantener á sus expensas un ejército chileno de ocupación, fuerte de 10.000 hombres.

Tal será el porvenir que la adversa suerte de las armas reserva al antiguo imperio de los Incas si los buenos oficios de algún Gobierno amigo no consigue apaciguar las iras del vencedor en beneficio del vencido. Así lo deseamos nosotros sinceramente."

(*)fecha correcta es 13 de enero de 1881
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Texto y grabado tomado de la revista "La Ilustración Española y Americana" año XXV, n° XVII, Madrid, 08 de Mayo de 1881, 

Saludos
Jonatan Saona

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