sábado, 21 de marzo de 2015

Chocano sobre los Ángeles

Parte de Julio César Chocano sobre el combate de los Ángeles

República Peruana.
Comandancia del Batallón Grau. 
Omate, Marzo 31 de 1880.

En la tarde del 19 del presente mes se retiró la división, por orden de V.S. del Alto de la Villa a las alturas de Torata, a consecuencia de que una parte considerable del ejército chileno, escalonado desde dias antes entre el Hospicio i el valle de Moquegua, avanzó en esa misma tarde hasta las inmediaciones de la ciudad. 
Habiendo acampado nuestras fuerzas en la pampa del Arrastrado, dispuso V.S. que el batallón de mi mando se situase en la trinchera de los Anjeles, i se encargara solo de la defensa de esta posición, debiendo atenderse con los demás cuerpos de la división i con la jendarmería, a la vijilancia i defensa de los otros puntos por donde el enemigo pudiera acometernos. 

El 20 las tropas chilenas, compuestas de infantería, caballería i artillería avanzaron hasta el Alto de la Villa, acampando en la estación del ferrocarril i en los potreros inmediatos. 

En la noche del 21 una parte de esas tropas se movió por el camino de Samegua i se situó en el cerro fronterizo, alto de Quilinquilin mas arriba de Sacara, estableciendo allí cuatro piezas de artillería. Esta fuerza rompió sus fuegos al aclarar el dia, sobre nuestra columna, jendarmes de infantería posesionada desde el dia anterior del cerro Colorado i sobre una compañía del batallón Granaderos del Cuzco, situada en la otra banda del rio en una cuchilla inmediata a la que ocupaban los enemigos, cuya compañía fué reforzada después por otra del batallón Canchis. 

En la misma noche del 21 un cuerpo del ejército chileno, que según he sabido, fué el rejimiento Atacama fuerte de 1,200 plazas, emprendió su marcha por la quebrada de Estuquiña, i por un camino practicado durante la noche por el cuerpo de Zapadores, ascendió al cerro que está a la derecha de la trinchera de los Anjeles i que domina completamente a ésta. 

Al amanecer el dia 22 los vijilantes colocados en la cumbre de dicho cerro, avisaron que los enemigos subían por ese lado. 

Inmediatamente dispuse que la 1° compañía de mi batallón, marchara al trote a ocupar la cima del cerro indicado i ordené que sucesivamente ejecutaran el mismo movimiento, las compañías 2°, 3°, 4°, 5°, 6°, i 8°, quedando en la trinchera solo la 7°, a fin de impedir a todo trance que el enemigo coronara esa altura. 

Al mismo tiempo mandé al sub-ayudante subteniente don Alejandro Medina, a que pusiera en conocimiento de V.S. el movimiento que el enemigo ejecutaba por nuestra derecha, i lo urjente que era que, de los tres batallones que conservaba en el Arrastrado, enviara en ausilio de mi batallón, siquiera dos compañías que debían subir al cerro de Estuquiña por ese lado, verificando un ataque simultáneo sobre el enemigo, con las compañías de mi batallón que escalaban el cerro por el lado de los Anjeles. 

Al retirarme yo, pié a tierra con unos pocos oficiales i soldados que me habían acompañado hasta el último instante, en la trinchera de los Anjeles, con algunos heridos, noté cuando entraba a la pampa del Arrastrado, que no existían ya allí los demás cuerpos de la división, i que solo había una pequeña fuerza desplegada en guerrilla en la cuchilla mas próxima a dicha pampa.  

Al llegar a este punto encontré en él a V.S. i a los coroneles Céspedes i Mori Ortiz que estaban a su lado, i reconocí que la fuerza desplegada en guerrilla, era una compañía del batallón Granaderos del Cuzco. Entonces supe que, una vez que las fuerzas chilenas se posesionaron del cerro Estuquiña, continuaron a los Anjeles, i batieron por el lado de Quilinquilin a la columna de jendarmes i a dos compañías pertenecientes, una al batallón Granaderos del Cuzco i otra al batallón Canchis, había dispuesto V.S. que el resto de estos dos cuerpos i el batallón Canas que se encontraba integro, no entraran en combate i emprendieran su retirada en dirección a Torata, quedándose V.S. con una compañía del batallón Granaderos para protejer la retirada de dichos cuerpos. 

Desgraciadamente el acceso a ese cerro  es mui difícil por este lado, mientras que es mui practicable por el lado del Arrastrado. 

Esta circunstancia dio lugar a que los enemigos coronaran el cerro, cuando los soldados de mi batallón, haciendo esfuerzos inauditos para subir con prontitud, llegaban solo a la mitad de la altura. Posesionado el enemigo de la cumbre del cerro, rompió un fuego nutrido sobre nosotros, que fué inmediatamente contestado i sostenido por nuestra parte. 

La gran superioridad numérica del enemigo, pues como he dicho antes, un rejimiento que se componía de 1,200 plazas, constando mi batallón, de poco mas de 300, la inmensa ventaja que le daba sobre nosotros la altura que ocupaba, desde la cual fusilaba a mansalva a los valientes soldados de mi cuerpo, que trataban de escalar el cerro, i a los que quedaron sosteniendo la posición de los Anjeles, el fuego activísimo que nos hacía al mismo tiempo el grueso de la artillería chilena, situada en los cerrillos que están delante de la casa de Tombolombo, i sobretodo la circunstancia de no ser protejidos por ningún  otro cuerpo de la división, fueron causas mas que suficientes para que el batallón de mi mando se replegase uniéndoseme los oficiales i soldados de mi cuerpo que han salvado del combate, anhelosos de continuar prestando sus servicios en la defensa de la patria. 

Después de hablar con V.S. i de haber conseguido unas cuantas mulas en que trasportar los heridos que venían conmigo, habiendo tenido un arriero la jenerosidad de cederme la mula en que estaba montado, avancé hasta Yacango a fin de depositar mis heridos en la ambulancia establecida en ese lugar, reunir los soldados de mi batallón que habían salvado i que llegaban dispersos a ese punto, a cuyo efecto comisioné al tercer jefe comandante don José P. Portugal, quien se unió a mí en la pampa del Arrastrado, asociado de algunos señores oficiales. 

Logré, en efecto, reunir algunos, i con ellos seguí en pos de la división hasta Torata i de allí a Ilubaya, a donde ésta se encaminó después de una corta permanencia en la plaza de aquel pueblo. 

En la marcha desde Ilubaya hasta este pueblo, han continuado uniéndoseme los oficiales i soldados de mi cuerpo que han salvado en el combate, anhelosos de continuar prestando sus servicios en la defensa de la patria. De manera que hoi cuenta el batallón 2 jefes, 27 oficiales i 118 individuos de tropa, el segundo i cuarto jefe de mi cuerpo comandante don Martin Flor i sarjento mayor don  Apolinario Hurtado fueron heridos, quedando el primero en Yacango i el segundo prisionero en poder de los chilenos. 

Los tenientes Horacio Mazuelos, Exequiel Medina i Medardo Morante, fueron muertos en el campo de batalla. 

En el mismo dia del combate, nuestras ambulancias de Moquegua i Yatango recojieron 14 muertos i mas de 20 heridos, pertenecientes a mi batallón, i sé que en los dias posteriores se han recojido algunos mas i que hai en poder del enemigo un número no pequeño de prisioneros. 

Espero que los jefes de las respectivas secciones de ambulancias de Moquegua i Torata, cumpliendo con su deber, pasarán a V.S. la relación de los heridos i muertos que ha tenido la división, a fin de que V.S. pueda adquirir conocimiento exacto sobre el particular. 

Al terminar este parte, creo cumplir un estricto deber de justicia, recomendando a la consideración de V.S. el honroso comportamiento que en el combate del 22 han observado los jefes, oficiales e individuos de tropa del cuerpo de mi mando: todos han cumplido con su deber. 

Dios guarde a V.S. 
JULIO CÉSAR CHOCANO. 

Al señor Coronel Comandante Jeneral de la primera división del segundo ejército del Sur.
******************
Imagen, fotografía de José Félix Chocano, militar peruano que participó tanto en la guerra contra España (1866) como en la guerra del Pacífico, fue padre del poeta José Santos Chocano. La familia Chocano, era oriunda del sur del Perú, de Moquegua y Tacna.
Imagen gentileza de Ernesto Linares.

Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

Anónimo dijo...

Los partes militares mencionan en forma de muy bajo perfil, lo que significó el ataque del Atacama para conseguir la victoria del ejército chileno, en el asalto a esta fortaleza natural que era los Angeles, la cual era considerada como inexpugnable.

Le tocó a este regimiento avanzar y escalar de noche por terrenos desconocidos; de hecho se extraviaron y finalmente escalaron la empinada pendiente, en una verdadera operación de comando. Si hubieran sido descubiertos, habrían sido aniquilados.

Al amanecer, se lanzaron sobre las tropas peruanas, que fueron tomadas por sorpresa y desbaratadas.

Chocano expresa en su parte que durante la noche un cuerpo de zapadores “habían habilitado un acceso”, lo cual no es cierto. Los caminos no se habilitan de noche y menos se podría haber hecho en silencio, para no ser descubiertos.

El detalle del ataque se puede consultar en Guerra del Pacífico de Gonzalo Bulnes


http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-694.html#documentos

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