domingo, 25 de agosto de 2013

cartas adjuntas

Dos Cartas adjuntas a la carta de Zoilo Flores

"Lima, abril 21 de 1879

Señor Doctor Don Zoilo Flores
Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia
Presente.

Señor:
He tenido el honor de recibir su apreciable carta de esta fecha, en la que se sirve indicarme que le suministre los datos y antecedentes que yo haya podido conocer, durante mi vida pública en Bolivia, sobre las tendencias absorbentes del gobierno chileno con relación al li­toral de sus vecinos del norte.

No tengo inconveniente en satisfacer a su patrióticos deseos; y co­mo jamás hice misterio del incidente a que ellos aluden, paso a referirle el motivo y las circunstancias en que tuve ocasión de conocerlo por mí mismo.

Siendo notorio el ofrecimiento que el gobierno del general Melga­rejo hizo al Perú y a Chile para su alianza con Bolivia a fin de comba­tir la “reivindicación española”, excuso entrar en sus pormenores y debo limitarme a hablar del caso en cuestión.

Por marzo de 1866, fue reconocido en La Paz el señor don Aniceto Vergara Albano en su carácter de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Chile en Bolivia, con el objeto de negociar y con­cluir la alianza ofrecida, y de reanudar las conferencias pendientes sobre límites entre ambos países.

Llenando el primer objeto, el Plenipotenciario Vergara Albano y yo, en mi carácter de Secretario General de Estado y de Ministro de Relaciones Exteriores, procedimos a abrir dichas conferencias. Ago­tadas las discusiones, formulé las bases que, a juicio del gobierno de Bolivia, podrían conciliar los intereses de ambas repúblicas, adoptando como punto de partida la división del territorio disputado, en testimo­nio de confraternidad, y como una transacción equitativa y ami­gable. Fue durante esas conferencias que tuve ocasión de escuchar al representante de Chile la proposición a que se refiere la carta que contesto, esto es: “Que Bolivia consintiera en desprenderse de todo derecho a la zona disputada, desde el paralelo 25 hasta el Loa, o cuando menos hasta Mejillones inclusive, bajo la formal promesa de que Chile apoyaría a Bolivia, del modo más eficaz, para la ocupación armada del litoral peruano hasta el morro de Sama, en compensación del que cedería a Chile; en razón de que la única salida natural que Bolivia tenía al Pacífico, era el puerto de Arica.”

Dicha proposición me fue hecha reiteradas ocasiones por el señor Vergara Albano, puedo decir desde la primera hasta la última confe­rencia, sin haber omitido hacerla directamente al general Melgarejo, cuyo ánimo belicoso trató de halagar con la idea de una campaña gloriosa, que no habían podido realizar sus predecesores. Con tenaz perseverancia apoyaba a Vergara Albano, su secretario don Carlos Walker Martínez, que supo captarse las simpatías íntimas del general Melgarejo, a quien le arrancó el despacho de sargento mayor de ejér­cito, para servirle de edecán, en la campaña sobre el Perú, a que ambos le inducían. Debe existir la toma de razón de este despacho en el escalafón del ejército de aquella época.

No bastó el rechazo leal y franco que Vergara Albano escuchó de parte de Melgarejo y de la mía, para que el gobierno chileno hubiera podido desistir de sus tendencias absorbentes y de sus propósitos esen­cialmente usurpadores; pues hallándome en misión especial en Santia­go, en los días anteriores a la conclusión definitiva del tratado de lími­tes, suscrito allí en 10 de agosto de 1866, por los plenipotenciarios don Álvaro Covarrubias, por parte de Chile, y don Juan Ramón Muñoz Cabrera, por la de Bolivia, el señor Covarrubias insistió con empeño en la demarcación y cambio de litorales que me propuso Vergara Alba­no; y no fue tan sólo Covarrubias, entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, sino también otras muchas personas notables de aquella capital, que nos sugerían la misma idea a Muñoz Cabrera y a mí, bajo razonamientos distintos, pero todos en el sentido de persua­dirnos de que Chile abogaba en favor de Bolivia, y se proponía, única­mente, el equilibrio de los estados del Pacífico y la rectificación más natural en los límites de los tres países.

Viven aún Vergara Albano, Covarrubias y Walker Martínez, así como otros muchos a quienes me refiero: que me desmientan si rehú­san prestar homenaje a la verdad de mi aserto.

Tengo el honor, señor ministro, de suscribirme su servidor muy atento.
Mariano D. Muñoz

Es conforme.
P. Matienzo
Secretario de la Legación

********************

Señor Dr. D Zoilo Flores, Ministro Plenipotenciario de Bolivia
Lima, Abril 20 de 1879.

Muy señor mío:
Acabo de recibir su respetable comunicación de hoy, en la cual me pide datos sobre la expedición organizada en Valparaíso por el señor General D. Quintín Quevedo, para ocupar el litoral boliviano por Agosto de 1872.

Como fui uno de los jefes de aquella expedición y concurrí a organizarla, conozco los antecedentes y otros pormenores, de que puedo darle conocimiento sin que por ello crea faltar a mis deberes, puesto que aquellos han sido casi de pública notoriedad en Valparaíso.

Obligado el general Quevedo a alejarse del Perú a principios del 72, por pedimento del general Morales que mandaba entonces Bolivia, marchó a Chile y se situó en Valparaíso. Habiendo resuelto organizar la expedición militar, a que Ud. se refiere, invitó a los emigrados en Tacna y otros puntos del Perú, para dirigirnos a aquel puerto, siempre que estuviésemos resueltos a tomar parte en la campaña que él se proponía emprender sobre el litoral boliviano, que debía servirle de base para sus operaciones militares en el interior, con el fin de derrocar la dominación de Morales.

De acuerdo con mis compatriotas, fui el primero en llegar allí y ponerme a sus órdenes. A medida que llegaban los emigrados, fui encargado, en mi calidad de Coronel de ejército, de la organización de la fuerza expedicionaria, dando a aquellos la colocación que les correspondía según sus graduaciones y clases. 

Reunido el número competente para el efecto insinuado, negociado el armamento y las municiones precisas, llegó la oportunidad de embarcarnos en el buque a vela María Luisa, comprado exprofeso para la expedición. En estas circunstancias fue llamado el general Quevedo a Santiago, con mucha urgencia, por D. Nicomedes Ossa, amigo suyo que le servía de intermediario con el Presidente de Chile, D. Federico Errázuriz. Dejándome instrucciones para tener la gente las municiones listas para el embarque, marchó en tren expreso a Santiago y regresó al siguiente día, abatido y desesperado por la grave contrariedad que había sufrido en la capital, y resuelto a suspender la expedición proyectada, disponiendo de los pertrechos acumulados y dándome orden para abonar pasajes individuales de regreso a los demás expedicionarios.

Alarmado yo con semejante determinación, cuyo origen no podía alcanzar, hice los esfuerzos posibles por calmarlo y descubrir la causa de tan extraña resolución. Viviendo en un mismo hotel con el General y mereciéndole su confianza y consideraciones, supe, por fin, que todo procedía de su caballerosidad y patriotismo muy ascendrado, pues habiéndole propuesto el Presidente Errázuriz, como condición de su apoyo y disimulo en sus operaciones, la cesión de una parte del litoral reconocido como integrante de Bolivia, ofreciéndole en cambio ayudarlo con todo el poder de Chile en la adquisición del litoral de Arica e Iquique, había rechazado sin vacilación tan torpe propuesta, renunciando a toda consideración privada de parte de ese Gobierno, y aun a su plan mismo expedicionario, antes que consentir en la infamia que se le proponía. 

Horas después de este conflicto, llegó de Santiago el señor Ossa y tuvieron una larga conferencia, cuyo resultado fue darme contraorden de las medidas que tengo indicadas. Supe por el General, que el señor Errázuriz había retirado definitivamente su proposición, y que en prueba de ello le envió con el señor Ossa una comunicación abierta para el señor Intendente de Valparaíso, D. Francisco Echaurren, en la cual le ordenaba que prestara al general Quevedo el apoyo más decidido para que pudiese realizar su expedición, embarcando su gente y sus armas por uno de los muelles inmediatos al almacén de nuestros pertrechos, dando al efecto las órdenes confidenciales del caso.

Así se hizo en efecto y pudimos realizar el embarque de las armas y una parte de la gente en la "María Luisa" que, a consecuencia de haberse vulgarizado el embarque de armamento, salió en alta noche cortando sus anclas y dejando sus papeles y la mayor parte de la gente expedicionaria, para situarse en una altura convenida y esperar allí al General y al resto de la gente. Fué preciso buscar transporte para conducir la gente y alcanzar la "Maria Luisa". Negocióse pasaje para setenta trabajadores de minas en el pequeño vapor "Paquete de los Vilos" que debía zarpar al Norte, de acuerdo y mediante la influencia del señor Echaurren, que conferenció para el efecto con el capitán del paquete. Por denuncia del joven Michel , voluntario de nuestra expedición, pero seducido por el señor Astigneta que se titulaba secretario de la Legación boliviana en Santiago, fue registrado el paquete, donde solo aparecieron pocos hombres con sus correspondientes pasajes, habiéndose ocultado los demás que se encontraban a bordo, merced a un aviso oportuno y secreto que recibimos de la intendencia por conducto de su ayudante; no resultando sospecha en la requisa, el "Paquete" quedó libre y al amanecer del siguiente día, pudimos embarcarnos el general Quevedo y los pocos que habíamos quedado para acompañarle, zarpando enseguida sin más novedad.

Tales son los hechos que inmediatamente se relacionan con los puntos que abraza su citada comunicación, que dejo referidos bajo la palabra de honor que, como militar tengo por norte, y aprovecho esta ocasión para ofrecer a U. mis sentimientos de alta consideración con que tengo la honra de suscribirme su muy atento y seguro servidor.

JUAN L. MUÑOZ"
******************
Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

Raúl Olmedo D. dijo...

En fin. El fallo del TIJ de La Haya ha sido dictado, y Perú ha celebrado por todo lo alto lo que estima un fallo favorable.
Ambos países han acatado lo dispuesto por el Tribunal Internacional y, a medida que se limen los detalles, todo irá dentro del derecho y la paz. Suena bien, pero el sistemita no satisface a los pueblos afectados.
Han pasado los tiempos en que las diferencias se saldaban por la espada. No que muchos habitantes de los dos países no añoren esa opción bélica. A mi, personalmente, siempre me ha gustado.
Pero las llamadas "grandes" potencias no permiten - hoy - a los países tercermundistas irse a las manos. Sólo ellos están autorizados - y por disposición de ellos mismos - a recurrir a las armas en los conflictos internacionales. ¿ Que hacerle ?
Resignación.
A acatar fallos llaman. Habrá que hacerse a la idea.

R. Olmedo

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