sábado, 15 de diciembre de 2012

Ramón Ribeyro


Ramón Ribeyro Álvarez del Villar 

Nació en Lima, en 1839. Hijo de don Juan Antonio Ribeyro Estada y de doña  EulaliaÁlvarez del Villar Puelles.
En la adolescencia ingresó a la Marina de Guerra, pero por causas que se desconocen le hicieron dejarla por la universidad. Tenía sin duda ésta, el atractivo de la sombra de su ilustre genitor, el eminente canciller Juan A. Ribeyro,quien fuera el Rector que más tiempo ejerció en la larga historia de la Universidad Mayor de San Marcos. 

Abogado desde 1865, afilióse al partido de don Manuel Pardo, y tocóle colaborar con el renombrado financista Pradier Foderé en la creación de la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Al inicio de la guerra del Pacífico en 1879, era ministro de Justicia; pero dejó el destacado sitial del estadista para tomar el fusil del ciudadano. La causa de su renuncia, fue que había solicitado que todas las decisiones concernientes al desarrollo de la guerra, se tomarán en Consejo de Ministros. El general La Cotera, las rechazó.

Luego de la pérdida del “Huáscar” en Punta Angamos el 8 de octubre de 1879, en la colecta nacional para la compra de un acorazado, que llevaría el nombre de “Almirante Grau”, propuesto por el médico Melitón Porras Díaz, Ramón Ribeyro donó de su peculio, mil soles. Cuando se formó el Ejército de Reserva en Lima, con el grado de coronel EP, se le dio el comando del batallón de Reserva N' 4 y del Reducto N' 2 en Miraflores y como tal asistió a la batalla de Miraflores.

El historiador Tomás Caivano describiendo la batalla, recuerda que todo el ataque chileno por mar, desde la escuadra y por tierra, incidió sobre los tres primeros reductos: 1, 2 y 3, defendidos por el elemento más selecto de Lima; de ahí la enorme mortandad de personalidades visibles y agrega:
“Si el destino perdona la vida al distinguido abogado y ex Vice Presidente de la Cámara de Diputados, Ramón Ribeyro, que mandaba el Batallón Nº 2 (debió decir Batallón Nº 4), al cual estaba confiada la segunda trinchera, no le evitaba el dolor de ver caer a su lado, uno después de otro, a sus amigos queridos, los más distinguidos personajes de la República y de Lima que militaban a sus órdenes”.
Ribeyro el día 15 de enero de 1881, después de la lista de diana, estando el cuerpo formado en columna cerrada dirigió a sus tropas un vigoroso discurso, con el fuego de ese torrente de palabras que tanto entusiasmó a sus discípulos. En la refriega cayó el ilustrado Saturnino del Castillo, maestro de representación y autor de algunos textos de enseñanza; el doctor Olcay, abogado y juez de Iquique; el doctor Manuel Pino, vocal de Puno; el estudiante Arrunátegui de Piura, y otros más. No habían recibido sino una dotación de balas. Después de quemar cuantas tenían, y ya producida la derrota general, por causa que con energía y verdad ha dejado escritas don Víctor Valle Riestra, a las 5 y 30 de la tarde, el batallón de Ribeyro violó el flanqueamiento del reducto que había hecho el enemigo, y a las 8 de la noche acampó con su muy mermado batallón, en la plaza de armas de Lima. Acompañado de su ayudante, el mayor EP José Miguel Vélez, penetró a Palacio de Gobierno a pedir órdenes. No encontró a nadie. Ninguna autoridad estaba allí. Volvió a salir y arengó a su tropa que lo esperaba formada en la plaza:
“Hijos míos, dijo, arengando a las tropas, habéis cumplido con vuestro deber. Si un día desde nuestros queridos claustros se toca el clarín de la Patria, tanto más querida cuanto más afligida, acudiréis sin duda. A nombre del Perú, repito, habéis cumplido con vuestro deber. Podéis volver a vuestras casas. ¡Viva el Perú y Alerta!””.
Como Andrés Avelino Cáceres, Ramón Ribeyro vivió en Miraflores después de la batalla, en uno de los pocos ranchos que humildemente se levantaron entre los escombros renegridos, de las que fueron amables quintas y mansiones opulentas. ¡Cómo emocionarían esos despojos a quienes lucharon en la batalla del 15 de enero de 1881, y presenciaron, en la noche, el siniestro resplandor de la hoguera!. 

Su espíritu infatigable y ardiente lo llevó a colaborar con el doctor Francisco García Calderón, en el empeño de alcanzar con Chile un tratado de paz que librase al Perú de pérdidas territoriales. Ante la negativa chilena de paz sin dichas concesiones, las fuerzas de ocupación buscaron otros interlocutores y capturaron a ambos estadistas que fueron confinados a presidios en Angol y Chillán, en Chile.

A su regreso al país, fanático siempre en su vocación afrontó al gobierno del general Miguel Iglesias Pino de Arce, lo que nuevamente le valió el destierro; y después de algunos meses regresó al lado del general Andrés Avelino Cáceres, en quien reconocía como el más alto exponente de la tenacidad, del heroísmo y de las virtudes militares de esa generación en guerra. Tomó participación activa en la reconstrucción del Perú, despedazado por la guerra, la pérdida de sus tesoros naturales y principalmente por la dilatada ocupación de su territorio. Fue ministro y diputado. Como Plenipotenciario en Chile, entre 1893 y 1895, luchó decididamente para arrancar el cumplimiento de la promesa pactada en el Tratado de Ancón: Transcurridos diez años, durante los cuales Chile retendría como rehenes a las provincias de Tacna y Arica se debería proceder a Plebiscitarlas, situación no aconteció.

En los últimos años ingresó a la Corte Suprema de Justicia, y era vocal jubilado cuando falleció el 26 de agosto de 1916. 

Estuvo casado con doña Carmen Benites Sacio desde 1869, dejando descendencia.
**************
Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Raúl Olmedo D. dijo...

¿ Quien fue el general Miguel Iglesias del Rubí, como se cita en el texto ?

R. Olmedo

Jonatan Saona dijo...

Raúl, gracias por la corrección, el nombre correcto es Miguel Iglesias Pino de Arce
saludos

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