Apenas se entreabre la rosa del Alba
se oye un ronco redoble en el mar verdemalva
y truena y retumba en la rada una salva.
Las sombras gloriosas de Prat y su barco
sobre el mar aparecen, debajo de un arco
de triunfo, de lumbres, de oro y de fuego.
Los épicos nombres de Prat y Esmeralda,
en diamantes brillantes, en una guirnalda,
relucen haciendo cambiantes; y luego
La voz estentórea de Prat se dilata
tal si fuera lanzada en clarines de plata
sobre los tropeles de una cabalgata:
—Abismos cerúleos de Iquique!... Abismo
misterioso y sagrado del mar, soy el mismo
marino que ayer te asombró en su heroísmo.
¡Oh! Mar de mi patria, otra vez te contemplo,
y dormido como una culebra a lo largo
olvidas, acaso, mi gloria y mi ejemplo.
¡Silencio profundo del mar, cuán amargo!
Leviatán, tantos lustros que pasan sin glorias,
te oprime y te afrenta tu largo letargo!
¿No aplastan tus lomos egregias victorias?
¿El sabor de las sangres heróicas no sabes?
¿De bélicas horas ya no haces memorias?
No siguen mi ruta brillante tus naves,
de las cuales ninguna ha tenido el bautismo
glorioso de sangre, de horror y heroísmo.
Ya es hora que naves de trágico porte
enderecen el rumbo mirando hacia el Istmo
y extiendan tus costas al trópico, al Norte.
El Águila acecha con tino la presa.
Mar de Chile, de nuevo florezca el laurel
en horas de fuego, de horror y belleza...
Y Condell que oía, venciendo el tropel
clamoroso del Mar, asintiendo a la empresa,
da su grito de gloria:—¡All right! ¡Very well!
ANTONIO BORQUEZ SOLAR.
Santiago de Chile.
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Revista Zig Zag, Año XII n° 587. Santiago, 20 de mayo de 1916.
Saludos
Jonatan Saona

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