25 de agosto de 2025

Valentín Abecia

Valentín Abecia
El doctor Valentín Abecia

En la bella e histórica Sucre, capital de nuestra república, nació el 6 de febrero de 1,846, el que fué después doctor Abecia, siendo bautizado el 14 del mismo mes y año con el nombre de José Valentín, en el templo de Santo Domingo.

Fué hijo de la distinguida señora Mariana Ayllón de Abecia y del teniente coronel don José Matías Abecia, soldado de nuestro ejército, en aquellos tiempos en que la milicia boliviana gozaba de gran nombradía dentro y fuera del continente americano.

Hizo sus estudios en Chuquisaca, distinguiéndose por su aplicación y talento entre sus compañeros, hasta que recibió el título de doctor en medicina y cirugía en la renombrada Universidad Mayor de San Francisco Xavier, el 27 de octubre de 1,868.

Con notable éxito empezó a ejercer las funciones de su profesión y a conquistarse la fama que llegó a adquirir como médico de profundos y vastos conocimientos, al que después le consultaban con respeto sus compañeros de profesión y escuchaban con embelezo sus alumnos, las no­tables y sabias lecciones que recibían del maestro.

En su juventud visitó las provincias de Chichas, empleado como médico de la empresa minera de la casa Ovando, donde mucho tiempo sirvió en compañía de los doctores Mariano Baptista, Antonio Quijarro, Ramón Rosquellas, Daniel Bracamente, Ramón Corral Alzérreca y otros notables personajes que preferían vivir del rudo trabajo de las minas, antes que contemporizar con una política que era contraria a sus ideas.

La popularidad del doctor Abecia y el prestigio que adquirió en Chichas fueron inmensos, tanto que en 1,876 fué elegido diputado por Nor Chichas, cargo que no desempeñó a causa de la revolución de Daza.

***

En 1,879 Chile de una manera aleve, invadió nuestro litoral apoderándose de él.
Bolivia protestó en masa contra la usurpación y corrió a las armas.

Lo más granado e intelectual de sus hijos voló a los cuarteles pidiendo un puesto entre los defensores de la integridad nacional.

En Sucre se formaron dos cuerpos: los Libres del Sud, compuesto del elemento universitario, mandado por el bravo coronel don Miguel Castro Pinto y el batallón Olañeta, que lo formaron los valerosos artesanos a órdenes del patriota coronel don Eloy Martínez.

Abecia, Siles y una porción de buena e intelectual juventud, fué llamada por el coronel Martínez para formar la lucida oficialidad de ese her­moso cuerpo y como en él era menester un cirujano, todos se fijaron en los prestigiosos y jóvenes facultativos doctores Valentín Abecia y Adolfo Siles.

Pero éllos no se conformaban con ese puesto, estaban poseídos del espíritu de la guerra y pedían una compañía para luchar a la cabeza de ella. Entonces el coronel Martínez apeló al fallo de la suerte, la que debía decidir cual de esos entusiastas jóvenes debía empuñar la espada, o prestar sus servicios profesionales en el batallón.

El nombre de ambos se escribió en diferentes papeletas, y era de verse la ansiedad e impaciencia de estos valerosos jóvenes en el momento en que la suerte se encargaba de señalarles su puesto en el ejército.

Se convino que el que salga de la ánfora que era una gorra militar, sería el cirujano y el que quede el capitán de la 1° compañía.

El coronel revolvió las papeletas y un soldado sacó la suerte que designó el puesto de cirujano al doctor Abecia, que tuvo que resignarse a cumplir sus deberes profesionales.

En esta clase marchó al Perú, una vez en Tacna el batallón Olañeta, fué destinado a cubrir las guarniciones en las oficinas salitreras de las costas de Pisagua e Iquique; donde con razón se creía iba a desembarcar el ejército invasor. Allí, en esas áridas y desiertas orillas cubiertas de arenoso salitre, donde no se vé vejetación alguna y donde el calor del día es estival y la noche se envuelve con un manto de húmedas y densas nubes; allí donde el océano se recuesta muellemente en sus saladas orillas mezclando sus atronadores murmullos con los silvidos de los huracanes del desierto fueron destinados nuestros valerosos batallones, cuyos centinelas veían frecuentemente los penachos de humo de los buques de guerra chilenos que vijilaban esas costas.

En Pisagua, Patillos, Dolores, Porvenir, San Francisco y demás oficinas salitreras, vivaqueaban los batallones bolivianos, Olañeta, Illimani, Dalence, Vengadores, 1° de Aroma y otros hermosos cuerpos formados de patriotas bolivianos, que componían la división del general Villegas en la que hizo el doctor Abecia la ruda campaña de las costas del Pacífico, hasta que por la mala dirección que dió el General en Jefe que mandaba ese ejército, lo hizo perderse en la jornada de San Francisco, gloria fácil para el ejército chileno y vergonzosa para las fuerzas aliadas.

Durante esa campaña, Abecia funcionó como cirujano en jefe de las ambulancias bolivianas, cargo que le fué conferido por el Estado Mayor General boliviano cuando partieron de Tacna a las costas del Pacífico. A su regreso a la patria escribió un folleto referente a esa campaña, que llamó mucho la atención y fué muy comentado, siendo él refutado por un conocido escritor peruano que atribuía el desastre al ejército de Bolivia y quien lo creyera, en los diarios chilenos, los cronistas y reporters de la guerra impugnaron al escritor del Rímac, dando la razón y sosteniendo los conceptos emitidos por el doctor Abecia.

La gran convención nacional de 1,880, eligió Presidente de la República al vencido de la Alianza, al ilustre general don Narciso Campero, quien tuvo el raro talento de reunir en torno su­yo todo el buen elemento que podía encontrarse en la república.

Allí no había sino bolivianos que rodeando al jefe de la nación, trataban del modo de defenderla por que el invasor estaba a sus puertas.

La actitud del país era respetable.— Un fuerte y bien organizado ejército, ansioso de la revancha, compuesto de buenos contingentes de tropa levantada en todos los departamentos, rodeaba al anciano y valeroso general, cuya actitud enérgica y resuelta supo imponer al enemigo de la patria.

Cuando cesó ese estado bélico, cuando pasó esa fiebre guerrera y se firmó una tregua con Chile, el ilustre Campero estaba en las postrimerías de su período constitucional...


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"Homenaje a la memoria del doctor Valentín Abecia". Tarija, 1913.

Saludos
Jonatan Saona

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