jueves, 6 de febrero de 2020

Emilio Sotomayor

Emilio Sotomayor Baeza
El Jeneral de Brigada Don Emilio Sotomayor

Cuando en el memorable día 11 de marzo del presente año hacia nuestro ejército glorioso del norte su entrada triunfal en la capital; cuando solo se oía el inmenso clamor de un pueblo agradecido, que saludaba entusiasta i delirante de alegría a los que tan heróicamente habían sabido defender nuestra ban­dera i el honor de la República, entre tantos i distinguidos jefes que recibían ovación tan merecida, sobresalía la noble i simpática figura del ilustro jeneral don Emilio Sotomayor. A su presencia se redoblan les aplau­sos. Parecía que so habían reservado para él, solo para él, coronas tejidas con las mismas bellas llores que adornaban ya la frente del glorioso jeneral en jefe que le precedía. 

Aquella gran gloria no eclipsaba, por cierto, la de este ínclito guerrero. Se lo miraba con amor; se recordaban sus grandes hazañas desde el comienzo hasta la conclusión de esta guerra colosal, i parecía que con esta ma­nifestación unánime i espléndida se quisiera premiar no solo al que supo vencer en Cala­ma, Chorrillos i Miraflores, sino al militar honrado i pundonoroso que tan importantes i eminentes servicios ha prestado al país.

El Hijo de la Patria se hace hoi un ho­nor en reproducir en su primera pájina el retrato de este distinguido soldado; i no sin vacilación i justificado temor, intentamos es­cribir su interesante biografía. Plumas mas diestras i autorizadas que la nuestra han acometido en diversas ocasiones este trabajo, bien lo sabemos; pero esta consideración no debía arredrarnos. Siempre hai placer en recordar vidas tan llenas de bellos ejemplos i nunca son infructuosos los esfuerzos del es­critor que procura honrar la verdad i el mé­rito esclarecido, creyendo, i con razón, que tales narraciones llevan consigo útiles ad­vertencias i fecundas enseñanzas.

Desde sus primeros años, don Emilio Sotomayor roveló una inteligencia clara i precoz. Su conducta en las aulas fué siempre inta­chable, mereciendo de sus maestros las mas altas recompensas. El niño revelaba al hom­bre, i observándolo, bien podría preverse que la naturaleza lo había formado dotándolo de todas esas cualidades que debían desarrollar­se mas tarde en una vida de actividad i de labor incesante.

En el año 1865 principia para el señor Sotomayor la vida pública. La guerra con España se anunciaba formidable i amenazante. La República, apoyada en la justicia, confiada en el patriotismo nunca desmentido de sus hijos, fortifica los puertos que se consi­deraban mas inmediatamente amenazados por el enemigo; prepara las armas del com­bate, que una larga, próspera i fecunda paz tenia enmohecidas. Sotomayor es nombrado entonces Intendente de Chiloé, i con una constancia digna de todo encomio, levanta fortificaciones i artilla a Ancud, punto que se consideraba el mas vulnerable del territo­rio i del cual podía apoderarse con mas fa­cilidad el altivo enemigo. No consagraba su tiempo esclusivamente a las tareas que le imponía la defensa del país; empeñaron la gratitud de sus gobernados las notables mejoras locales que llevó a cabo en aquella provincia,

En 1868 deja la Intendencia de Chiloé i es nombrado director de la Academia Mili­tar. Con delicado tino gobierna esa escuela i se hace amar de ésos jovenes, que miran en el maestro i director a un hombre que supo siempre suavizar la ríjida i severa disciplina militar con la benevolencia i suave trata­miento que siempre acompaña al cumplido caballero.

En este mismo año presenta al Ministro de la Guerra, como fruto de sus estudios i constantes observaciones, una interesante memoria sobre la situación i las necesidades militares del archipiélago de Chiloé, que se leyó con verdadero interés i que revela al militar competente i al distinguido escritor.

En 1870 ocupa uno de los sillones de la Cámara de Diputados, como representante por el departamento de Castro. Su actitud en el Congreso fue siempre digna e indepen­diente, Tuvo el talento de mantenerse firmo 0 inquebrantable, sin quemarse en el fuego lucha ardiente de los partidos. Su voto fué su conciencia, i jamás se opuso a ninguna reforma que significara progreso i libertad.

Posteriormente fué enviado a Europa por el Gobierno para que estudiase allí la orga­nización del ejército i la calidad de los ar­mamentos. Lleno de variados conocimientos i habiendo desempeñado fielmente esta mi­sión, vuelve a Chile i se le confía el gobier­no de la provincia de Valdivia.

Llegamos al período mas brillante de la vida del señor Sotomayor. Interrumpidas nuestras relaciones con Bolivia, desconoci­dos los derechos de Chile, rotos los tratados i sabida la confiscación de las propiedades chilenas en aquel litoral, la guerra se hizo inevitable. Era necesario, sin pérdida de tiempo, ocupar a Antofagasta. El Gobierno ordena salir con este objeto desde Caldera 500 hombres i elije para que los comande al coronel entonces, señor Sotomayor; cupo a este ilustre militar escribir la primera páji­na de esa grande i admirable epopeya que se llama la guerra del Pacifico.

Lleno de ardor i de patriótico entusiasmo, sobrepuja todo obstáculo i dirije las opera­ciones de la batalla i toma de Calama; i aun­que se haya querido desconocer la importancia de las medidas estratéjicas tomadas por el señor Sotomayor, negándole su mérito i pericia militar en esta acción, ya la luz se ha hecho sobre esos sucesos, i mas tarde la historia los juzgará con entera imparciali­dad. Para nosotros, la toma de Calama es una de las mas puras glorias de que puede enorgullecerse el señor Sotomayor.

El 2 de noviembre del mismo año (1879) se encuentra en el combate i homérico asal­to de Pisagua. Mas tarde (19 de noviembre), como jefe de estado mayor, i con tal carácter formó el plan i dirijió la gloriosa batalla de Dolores.

Obtenida esta victoria, el jeneral en jefe don Erasmo Encala le confía un cuerpo de caballería de 400 hombres para que tomara algunos puntos importantes en las cercanías de Iquique. Con su actividad peculiar, el señor Sotomayor recorre en cuatro días mu­chas leguas, causa al enemigo gravísimos perjuicios, quita el archivo del estado mayor peruano, hace muchos prisioneros i vuelve de su peligrosa expedición trayendo un con­siderable número do armas i pertrechos de guerra quitados al enemigo.

En las memorables acciones de Chorrillos i Miradores i con el bien merecido grado de jeneral de brigada i mandando la segunda división, le vemos aparecer siempre ardiente i vigoroso en la lucha. Nada lo fatiga; su valor es indomable. No es solo el jefe que manda, sino el soldado que combate i anima a los suyos con la voz i con el ejemplo. Seria hermoso ver a este altivo i gallardo militar en medio del fuego gritar a sus soldados, co­mo aquel rei de Navarra:—"Compañeros, si perdéis vuestras banderas, guiaos por mi pe­nacho blanco; siempre lo encontrareis en el camino del honor i de la gloria."

Sentimos que las estrechas dimensiones de nuestro periódico no]nos permitan esplayar mas nuestras ideas, deteniéndonos con com­placencia en los hechos nías culminantes que honran la vida militar de este distinguido jefe de nuestro ejército.

Cargado do laureles, con la conciencia de haber cumplido lealmente con sus deberes; orgulloso de haber defendido en cien batallas el honor de la República, él ha vuelto al seno de la patria, i sin apetecer descan­so, continúa la vida de labor i trabajo, con­sagrándose nuevamente a las tareas que le impone su cargo de director de la Escuela Militar.

El señor Sotomayor puede estar seguro que nunca el país olvidará sus méritos, i que siempre será digno del amor i reconocimien­to de sus conciudadanos.

Isidoro Vasquez Grille

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Texto e imagen publicados en el periódico "El Hijo de la Patria" núm. 8, Santiago, 27 de agosto de 1881.

Saludos
Jonatan Saona

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