domingo, 23 de marzo de 2014

Parte de S. Zapata


PREFECTURA DEL DEPARTAMENTO DE COBIJA.
Ascotán, Marzo 25 de 1879.

Al señor Prefecto del departamento de Potosí;
Señor:

Ignoro si al recibo del presente oficio haya llegado a sus manos mi nota de 22 del corriente, fechada en Calama, i en la que impartía a usted los últimos acontecimientos acaecidos en aquella localidad, con ocasión de la rendición que mandaron proponer los jefes invasores de nuestro territorio, de la plaza de Calama, deposición i entrega de armas, declarando en su defecto tomarla a sangre i fuego.

En efecto; —el domingo 23 al rayar la aurora se presentaron 1,500 hombres armados de rifles, con once piezas de cañón de montaña, tres ametralladoras i muchas bombas.

A las 7 A. M., nuestra avanzada se batía con la enemiga logrando rechazarla tres veces i desalojarla de sus posiciones.

Una hora después todo el grueso de la tropa chilena atacaba por cinco partes distintas, logrando nuestros valientes contenerlos i tomarles muchos rifles que sirvieron para castigar a sus propios dueños. Por último replegaron sus fuerzas en solo tres puntos, atacando por el vado deJuana Guaita, frente de Topater i alto del mismo nombre.

Aquí, señor Prefecto, tuvo lugar una serie de hechos heroicos en los que un puñado de valientes en número de 50 ciudadanos e igual número de tropa, con 30 rifles, 50 fusiles i 20 escopetas, fueron los que escarmentaron a los piratas de América.

Desgraciadamente, después de dos horas de combate, se agotaron nuestras municiones, i con el último cartucho quemado tuvimos que dejar el campo al enemigo. Cortados en nuestra retirada a la costa en pleno desierto i sin recurso de ningún jénero, avanzamos sobre Chiu-Chiu, población situada a siete leguas de Calama, continuando nuestra retirada al interior.

Es indudable, señor Prefecto, que, contando con cien rifles, no nos habría sido difícil conservar aquella plaza importante, que era necesario defenderla palmo a palmo, como se verificó en la memorable jornada del 23, que marcará una época en los fastos de Bolivia, encargándose la historia de recojer los nombres de los pocos pero valientes  ciudadanos.

Dígnese, señor Prefecto, poner al corriente de éste suceso a los habitantes de esa capital i trascribir a quienes corresponde, aceptando usted las consideraciones de aprecio con que me repito de usted atento servidor.

Severino Zapata.
**************
Imagen: Grupo de civiles bolivianos defensores de Calama, al centro izquierda, con rifle don Severino Zapata, al centro con revolver en mano, don Eduardo Abaroa, y centro derecha, don Ladislao Cabrera

Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

Raúl Olmedo D. dijo...

Este parte de don Severino Zapata resulta realmente de antología. Una antología de cuentos o relatos fantásticos, cabe señalar.

Veamos las fuerzas chilenas que actuaron sobre Calama el 23.03.79 .
Infantería :
Tres compañías del 2° de Línea
Una compañía del 4°de Línea
Hablamos de "batallones de línea" en marzo de 1879, y no de regimientos aún. Batallones de 300 hombres, formados por 4 compañías de 75 h. (mas tarde, como regimientos de dos batallones, su contingente sería elevado a 1.200 h. en 1880)
30 voluntarios civiles (mineros de Caracoles) organizados como zapadores.

Caballería :

Una compañía y un piquete de Cazadores a caballo (92 h.)

Artillería :

2 piezas de montaña con 22 sirvientes y oficiales.

Otros :

6 voluntarios civiles de la milicia de Caracoles.

Total : 508 h.

No, pues, 1.500 hombres, ni 11 piezas de artillería ni menos 3 ametralladoras ( que aún no llegaban de Europa).

Los defensores eran alrededor de 120 ( 50 paisanos, 50 soldados y un pequeño grupo auxiliar) que en ningún momento derrotaron y quitaron el armamento a la tropa chilena. Al menos, estos no se enteraron de ese despojo. Luego de combatir con decisión durante una hora aprox., el contingente boliviano se retiró mayoritariamente en fuga desordenada.

Bajas : Chilenas 7 muertos de Cazadores y 5 heridos.
Bolivianas : 20 muertos y 34 prisioneros. 70 fusiles, carabinas y armas de puño capturadas, además de municiones y explosivos.
Y sería todo. Un combate de interesantes consecuencias estratégicas, aunque poco lustre militar, llevado a niveles homéricos por la pluma entusiasta del señor Zapata.

El sacrificio viril y patriótico de Eduardo Abaroa, quien optó por la muerte al rehusar rendirse, se eleva por encima de tales pequeñeces.

R. Olmedo



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