viernes, 22 de marzo de 2013

Parte del Granaderos


COMANDANCIA DEL BATALLON GRANADEROS DEL CUZCO.

Omate, 31 de marzo de 1880.

Al señor Teniente Coronel Jefe del Estado Mayor divisionario:

Cumplo con el deber de poner en conocimiento de usted la parte que el cuerpo de mi mando ha tomado en la batalla del Alto de los Anjeles en la madrugada del 22 de los corrientes con fuerzas enemigas.

El 20 a la madrugada entré con dicho cuerpo al punto del Arrastrado que está  a retaguardia de aquel lugar en el que se reunió toda la división.

El 21 se comunicó la orden jeneral por la cual debía el batallón Grau cubrir la derecha i el mío la izquierda de la línea o, lo que es lo mismo, aquel el punto de los Anjeles i el último Quilinquile, siendo jefes de la línea de cada uno de estos puntos los respectivos primeros jefes de cuerpos i debiendo el que comando prestar el servicio del modo siguiente: poner de día una avanzada de 20 hombres al mando de su respectivo oficial i de noche una compañía, sirviendo de retén el resto del batallón, sin moverse éste de su campamento por estar inmediata a la trinchera indicada, siendo de la responsabilidad de dichos puntos los jefes de servicio con sus respectivos cuerpos.

A la una A. M. del 22 tuvo aviso la comandancia jeneral de que el enemigo se movía sobre Samegua, i entonces usted como jefe de estado mayor ordenó que les cuerpos se pusiesen sobre las armas, lo que se efectuó.

El señor coronel comandante jeneral de la división por órgano de usted ordenó que la sexta compañía de mi batallón que estaba de avanzada, conforme a la orden jeneral, descendiera inmediatamente al río de Tumilaca a órdenes del 2º jefe del cuerpo, sarjento mayor don Francisco García, a impedir cualquiera invasión que por ese costado pudiera hacer el enemigo i que el vacío que esta dejaba lo llenara una compañía del batallón Canchis, lo que también se verificó.

A las 5 de la misma mañana rompió el enemigo sus fuegos sobre aquel costado i luego se sintieron las detonaciones de una inmensa infantería i artillería, a poco rato se vio que los enemigos hacían fuego en retirada i que dicha sesta compañía les hacia la carga con denuedo i valor; entonces el señor coronel comandante jeneral dispuso que la reforzara la primera de Canchis que fue la que estuvo en ese acto en Quilinquile, a lo que igualmente se dio cumplimiento.

Entre tanto que esto sucedía en el lado izquierdo, por la derecha hubo un acontecimiento triste: el enemigo había tomado las alturas del cerro Estuquiña que domina los Anjeles i derrotado al batallón Grau, i estendido sus fuegos sobre el resto de la división formada en columnas paralelas en el punto del Arrastrado. Entonces el señor coronel comandante jeneral, comprendiendo lo difícil de la situación, ordenó que desfilara la división al punto de Yacango en el orden siguiente: Canchis, que marchó antes, Canas i el cuerpo de mi mando un poco después, lo que así mismo se cumplió en un orden de disciplina i moralidad de que habrá pocos ejemplos en las retiradas que han hecho los ejércitos bajo los poderosos fuegos del enemigo.

A la salida del Arrastrado el señor coronel comandante jeneral, tomó el mando de la primera compañía de mi batallón que estaba a órdenes inmediatas de su capitán el mayor graduado don Andrés A. Bujazon. Con ella hizo retroceder al enemigo e impidió que los soldados del batallón Atacama continuaran molestando nuestra marcha, habiéndose perdido cuatro individuos de tropa que murieron en este combate. A la división situada ya en Yacango se incorporó poco después el señor coronel comandante jeneral sin la espresada primera compañía, habiéndome impuesto que esta la había hecho descender por la derecha del cerro Baúl a protejer las dos compañías que se habían batido en la izquierda de Tumilaca. Llegó la división a la plaza de Torata en cuyo sitio supimos que la caballería enemiga operaba a una milla de nosotros por lo que regresó el jefe de estado mayor con la cuarta compañía del cuerpo de mi mando a protejer la retirada de la división que continuaba su marcha: más tarde se reunió ésta con los restos de la sesta compañía i continuamos hasta el punto denominado “Ilubaya”, donde hicimos alto. En este punto podíamos sostener un segundo ataque con grandes ventajas de nuestra parte. No tuvo lugar porque el señor coronel comandante comprendió indudablemente que habría sido peligroso efectuarlo, atendiendo que en este sitio se habían reconcentrado todas las familias de los emigrados, mujeres, ancianos, niños, cargas, equipajes, acémilas, ganados, etc.; por consiguiente continuamos nuestra marcha hasta Chuculay, donde la división hizo alto. En la madrugada continuamos nuestra marcha durmiendo en Chuculay. Hasta este punto vino cubriendo la retaguardia la primera compañía de mi cuerpo a las inmediatas órdenes del jefe de estado mayor de la división i sarjento mayor graduado Bujazon i se incorporó en aquel punto a las once de la noche: descendimos a Carumas donde descansamos cinco días; i después de organizada la división marchamos a ocupar este pueblo.

Por todo lo expuesto verá ese estado mayor divisionario que el cuerpo de mi mando ha prestado a la causa nacional los servicios que se le ha ordenado prestara.

El batallón Granaderos fue el primero que rechazó al enemigo en el río de Tumilaca haciéndole huir despavorido, batiéndose contra las tres armas i habiendo perdido a su jefe el sarjento mayor don Francisco García, cuyo paradero se ignora, pero que conste a Ud. que quedó mal herido en el campo de batalla i perdido también al teniente don Nicolás Roncal, comandante de esa compañía, al teniente don Gaspar Coello de quienes se asegura que cayeron prisioneros, el subteniente don Julián Villavicencio, quien se hallaba en los Anjeles custodiando municiones llevadas a aquel punto por orden de la comandancia jeneral como el mas a propósito para el uso de ellas, i a los arrieros i bestias que condujeron pertrechos de refuerzo al referido punto de Tumilaca.

Finalmente el batallón Granaderos protejió la retirada de toda la división en aquel memorable día, habiéndose batido con un valor desmedido el teniente don Antonio Casanova i los subtenientes don Mariano García i don Nicanor González.

Es todo lo que tengo el honor de exponer a fin de que se sirva ponerlo en conocimiento superior, no pudiendo concluir este parte sin recomendar como recomiendo la disciplina, moralidad i valor de todos los señores jefes, oficiales i tropa desplegados al frente del enemigo en tan penosa retirada.

Dios guarde a Ud.
Manuel A. Gamarra.
*****************
Imagen perteneciente al archivo del IEHM

Saludos
Jonatan Saona

1 comentario :

Raúl Olmedo D. dijo...

Estos partes son, muchos de ellos, notables.
Aquí vemos, por ejemplo, que la unidad "Granaderos del Cuzco" enfrenta al enemigo (Chile) en Tumilaca, y le hace "huir despavorido".
Lo que incluye al "Santiago" en ese frente, cabe anotar.
Pero luego opta, sin muchas explicaciones, por retirarse del campo de batalla, abandonando una posición natural conocida como "inexpugnable" en la historia militar de Perú, y dejando muertos y prisioneros en el campo. No se detienen, durante la retirada, a resistir el avance enemigo en distintos lugares aptos para esa defensa con argumentos también notables.

Y luego, todos cumplieron con su deber.

Estamos hablando de la cuesta de Los Ángeles, la llamada Termópilas Peruanas.

Es muy difícil ganar una guerra así.

Menos mal que Perú contó con corazones como Bolognesi, Arias, Perlá, Zavala, Ugarte, Llosa y tantos otros que optaron por morir de frente al enemigo y no abandonar el campo. Son los que honran la historia militar del Perú.

R. Olmedo

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