viernes, 28 de septiembre de 2012

José Sepúlveda


José Buenaventura Sepúlveda Fernández

El teniente Coronel José Buenaventura Sepúlveda, héroe cañetano de la guerra del Guano y del Salitre (Guerra entre Perú y Chile de 1879), su vida, es poco conocida pero aquí le hago llegar una breve biografía.

Su historia comienza con la llegada de la expedición libertadora de San Martín al Perú y junto a él llegó el patriota chileno Bernardo O' Higgins y Riquelme, quien brindó valiosa colaboración en la lucha por la independencia, por ello le cedió las Haciendas de Montalván y  Cuiva, que habían pertenecido a Don Pedro Arredondo. En 1825, Simón Bolívar ratifica esta concesión. O'Higgins  hizo traer de su patria a su hijo Demetrio quien vino acompañado de un discípulo de aulas llamado Antonio Sepúlveda Aldea. En 1838 llegó por mar al Callao de donde pasó a Cerro Azul.
       
Establecido en el valle, Antonio Sepúlveda, cajero de las Haciendas del General O'Higgins, contrajo matrimonio con la dama cañetana Teresa Fernández, de cuya unión nació en la Hacienda LA HUACA de Cañete, José Buenaventura Sepúlveda el 14 de julio de 1848. Se bautizó en la Parroquia de la Concepción en Lima.

A los 10 años, José se trasladó a Lima para estudiar Educación Primaria. En 1864, a los 16 años de edad retornó a Cañete para desempeñarse como mayordomo de campo de la Hacienda Arona. Obedeciendo a su vocación por la carrera militar, a los 22 años ingresó a la Escuela Militar. La infausta del guano y del salitre de 1879 lo encontró con el grado militar de Mayor de Caballería; luego fue ascendido a Comandante y fue enviado al campo de operaciones.

El 6 de noviembre de 1879 se inmortaliza en la Batalla de Agua Santa o de Pampa Germania, hecho que alcanza un gran significado puesto que había luchado contra la patria de su padre, en defensa de la suya: EL PERU, cumpliendo la promesa de luchar y defender a su patria hasta morir. Junto con él ofrendaron su vidas otros tantos, integrantes del Regimiento Húsares de Junín y Húsares de Bolívar, a quienes comandaba.
En esta acción, los jinetes chilenos dirigidos por José Francisco Vergara y Sofanor Parra vencen a la caballería aliada comandada por el Teniente Coronel José Sepúlveda que se encontraba en la retaguardia del ejército aliado, el cual había emprendido ya su marcha hacia Dolores, en el sector de Pampa Germania, cercano a Agua Santa.

La historiografía peruana y el historiador militar chileno Francisco Machuca cuentan que los chilenos simularon una retirada con el fin de sacar a los aliados de sus posiciones defensivas en la estación de Germania para luego dar la vuelta y atacar a quienes les perseguían. Con ello en superioridad numérica, con mejor armamento y cabalgaduras vencen a los aliados.

Segun parte de Vergara cayeron muertos alrededor de 60 a 70 aliados, entre ellos el Coronel Sepúlveda, tomando además 5 prisioneros. Los chilenos lamentaron la pérdida de 9 soldados (3 muertos y 6 heridos).

Para que estos hechos heroicos no quedaran en el olvido y perdure en la historia por generaciones, en el año 1937, se crea el Colegio José Buenaventura Sepúlveda y que luego sería convertido en Gran Unidad Escolar por el presidente Odría, hoy es la Institución Educativa JBS.

Los restos del héroe cañetano fueron sepultados en el mismo campo de batalla. En 1886, establecido el nefasto tratado de paz con Chile, el cónsul del Perú en Iquique don Guillermo Billingurts, nombró una comisión integrada  por Pedro Dávalos y Lissón, Santiago Devéscovi y Emilio Pardo Figueroa, para que identificaran los cadáveres. 
Los restos exhumados en la Provincia de Tarapacá, entre los que se encontraban los de Sepúlveda, llegaron al Callao el 13 de julio de 1890, celebrándose honras fúnebres en la Iglesia Matriz de éste puerto, el gobierno declaró Duelo Nacional los días 15 y 16 de julio. Luego fueron trasladados a la Iglesia de La Merced en Lima, para sus correspondientes exequias. 
Llevados al Cementerio del Presbítero Maestro, descansaron allí sus restos hasta 1908 y el 8 de setiembre, durante el mandato del presidente José Pardo, se inauguró la CRIPTA DE LOS HÉROES donde finalmente descansa en paz.
**************
Texto tomado del blog historiawil de Wilfredo Román Lucas

Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Raúl Olmedo D. dijo...

El caso del comandante José B. Sepúlveda es - o debiera ser - emblemático en el conflicto 1879-84.

Hacia mediodía del 06 de noviembre de 1879 el comandante Sepúlveda tenía el mando de una pequeña fuerza de caballería cuya misión era resguardar la retirada hacia el sur de las fuerzas aliadas que - luego del desembarco chileno en Pisagua el día 02.11 - buscaban reagruparse en las cercanías de Iquique.
Aunque se habla de "dos escuadrones" (Los Húsares de Bolivia, o Bolívar, boliviano, y los Húsares de Junín, peruano) en realidad no sumaban sino 91 a 94 hombres, número que no ha sido posible precisar. La caballería aliada estaba, además, mal montada. Su ganado, ligero, de poca alzada y adaptado a la montura, no estaba preparado para un choque frontal de caballerías como se estilaba aún en América. Sus bestias carecían de talla y de peso para aquello.
Y - como agregado negativo - la tropa boliviana no portaba sable ese día. Utilizaban la lanza, con la obvia característica de que tal arma otorga ventaja en la persecución, pero no es lo ideal en el choque frontal ni el entrevero.

En tal situación, con su tropa instalada en los precarios edificios de la oficina Germania (cercana a aquella de Agua Santa, mas importante), Sepúlveda el alertado de la presencia de caballería chilena que cumplía, justamente, la misión contraria a la suya. Esto es, servir de antena y alertar a la vanguardia chilena en movimiento hacia Dolores.
Se trataba de dos compañías (un escuadrón) del "Cazadores" de Chile", mas algunos oficiales agregados para misiones específicas. En total, unos 175 jinetes.


Sepúlveda tuvo opciones, en mi opinión.

Pudo decidir batirse parapetado en las instalaciones de la oficina Germania, utilizando las carabinas de la tropa, evitando el choque al arma blanca contra un enemigo superior en número y mejor montado. Habría constituido esa decisión, sin embargo, entregar la iniciativa al enemigo e incumplir su misión de custodia de la retaguardia aliada.

O bien pudo optar por batirse en retirada. Habría arriesgado, en tal caso, ser arremetido en condición de riesgo y por enemigos con mejor ganado. Y también habría significado abandonar el campo al enemigo.

Pudo también rendirse, claro está. Pero estoy cierto de que tal posibilidad no cruzó siquiera por su mente.

Y pudo, finalmente, decidir cargar contra ese enemigo superior en número, y jugarse el todo por el todo a la carta del honor.
Es lo que hizo, y ya sabemos el resultado. El choque frontal resultó fatal para los jinetes aliados, y el entrevero que siguió determinó que sólo seis, o quizás siete de ellos sobrevivieran. Son lo que entrevista algunos días mas tarde el señor Santiago Humberstone en Tarapacá ( "Huida de Agua Santa". J. Humberstone).

José Buenaventura Sepúlveda fue un oficial jefe del EP. Un gran jinete, además. Tenía preparación y amplia experiencia en su arma. Y optó por la muerte en combate, gloriosa, al frente de sus jinetes, sobre la arenosa superficie del desierto. No existe muerte equiparable - en el código de la antigua caballería del siglo XIX - que aquella del comandante que cae cargando al frente de su tropa, honrando su honor y su bandera.

Un grande, José B. Sepúlveda. Un héroe comoquiera que se le estudie.



" Dios no nos manda vencer, sino solo combatir hasta el final".

Raúl Olmedo D.

ws2falcon dijo...

Muy buen comentario. Da la impresión, de acuerdo con los reportes, que Sepúlveda no se dió cuenta del gran número de soldados que apoyaban al primer destacamento de caballería chilena que fué avistado por los Peruanos desde la salitrera en la que estaban acuertelados. Quizás el error fué no haber tenído vigías que vigilaran el area, sabiendo que estaban, si no he leído mal uno de los reportes chilenos, a no más de 16 millas de Pisagua. Sin nadie que avisara que una unidad de caballería con mayor número de tropa se acercaba, la desición de salir a campo abierto a combatir contra un número similar de tropas contrarias tiene sentido. Sepúlveda no sabía que estaba en desventaja cuando atacó el primer grupo de caballería chilena. Al no haber pruebas sobre si puso vigías que vigilando el area den la voz de alarma, se podría decir que se dejó sorprender?

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