viernes, 7 de octubre de 2011

Parte de García sobre Angamos

A bordo de la Corbeta Unión.- Al ancla, Arica, Octubre 9 de 1879

Benemérito señor General Director de la Guerra.
B. S. G. :

Al fondear en este puerto con la corbeta Unión de la división de mi mando, cumplo con el deber de dar parte a V. S. de los acontecimientos que han tenido lugar desde nuestra salida de Arica el 30 del pasado en convoy con el monitor Huáscar y a órdenes del Contralmirante Grau.

Habiéndonos reunido ese mismo día en Iquique, después de dejar allí la división que condujo el transporte Rimac, zarpamos el Huáscar y la Unión en convoy hacia el sur. El 4 recalamos sobre la costa de Chile y después de apresar la goleta Coquimbo en Sarco, nos hicimos nuevamente a la mar. En la noche penetramos ambos buques al puerto de Coquimbo, reconocimos su fondeadero, muy inmediatos a los buques surtos en la bahía, y volvimos a salir sin la menor novedad.

Por la mañana del 5 entramos asimismo en la rada de Tongoy. Aquí resolvió el Contralmirante Grau que regresáramos al norte, pero tocando previamente en ciertos lugares acordados.

Habiéndonos dirigido con el convoy sobre la ensenada de Antofagasta, avistamos las luces de este puerto a las 1 h. 35 a. m. del 8; el Huáscar se acercó a practicar un reconocimiento y la Unión, después de aguantarse largo rato sobre su máquina, puso rumbo a la punta de Tetas, donde tenía instrucciones de esperar al Huáscar. Este no se hizo aguardar y a las 3 h. 30 m. a. m. se cambiaron entre ambos buques las señales que teníamos para el caso. Navegamos hacia el norte a dos o tres millas de tierra, teniendo el Morro Moreno por la escuadra, cuando el Huáscar, cuyas aguas seguíamos, desvió rápidamente su rumbo sobre el O. y luego al S. O., haciéndonos al mismo tiempo la señal de "buques enemigos". En efecto, el humo de cuatro vapores se veía distintamente un poco al norte, muy cerca de tierra y próximos a nosotros. Eran las 4 h. 30 m. a. m. y aunque la luna se hallaba fuera, el tiempo estaba brumoso, como sucede de ordinario al amanecer en estas costas. El viento soplaba fresco del sur, y como esto era desfavorable a la marcha del Huáscar nos interpusimos con la Unión entre el monitor y los enemigos, quienes, teniéndonos más inmediatos y avistando sólo nuestro humo, gobernaron en nuestra persecución. Así logramos, aumentando progresivamente de andar, llevarlos más al sur, miéntras el Huáscar fue rondando su rumbo al norte, que era el más favorable a su marcha. A las 5 h. 30 m. a. m. había aclarado completamente, y entónces pudimos observar que nuestros perseguidores era una división chilena compuesta de un blindado y tres vapores más. Luego que éstos reconocieron al Huáscar, que ya se encontraba como a tres millas al norte, gobernaron todos en su demanda. La Unión pasó a colocarse entre el Huáscar y los enemigos, conservando de éstos una distancia de cinco a siete mil metros.

Observaciones repetidas nos hacían conocer que el Huáscar aumentaba, aunque lentamente, la distancia respectiva. Así continuó todo hasta las 7 h. 20 m. a. m., hora en que el vigía dió la voz de "tres humos por el N. O.". Poco después se reconocieron tres vapores que componían una segunda división encabezada por el otro blindado chileno. Desde este momento nuestra situación se hizo muy delicada. El paso del N.  N. E. al Este se hallaba cerrado por la costa inmediata, que nos demoraba a ese lado, el del N. NO al O. por la nueva división, y el del sur, por la primera que nos perseguía.

No quedaba, pues, otro recurso que forzar a todo andar el paso por el norte. Desgraciadamente los buques que venían del NO. estaban muy inmediatos y el blindado de su frente ganaba notablemente distancia.

El Huáscar, que maniobraba con extraordinaria habilidad y rapidez, procuraba aprovechar para el norte cuando le era posible en su proximidad a tierra; pero la distancia del enemigo decrecía hasta cuatro mil metros más o menos. En estos momentos, 9 h. 30 m. a. m., el Huáscar, que ya no tenía salida, puso violentamente la proa sobre tierra frente al Morro de Mejillones de Bolivia. La Unión, con mayor andar entónces, pudo franquearse siguiendo al norte el rumbo que traíamos.

Luego que el Huáscar estuvo cerca de la playa se atravesó al blindado, que no cesó de acercarse más y más y rompió sus fuegos. El Huáscar, con un arrojo indescriptible y que será siempre el título más honroso del Contralmirante Grau, se lanzó al espolón sobre su formidable contendor, que parece evitó el golpe, debido a lo fácil de sus movimientos por la doble hélice.

La otra división llegaba y el segundo blindado tomaba parte en el ataque contra el Huáscar. Miéntras tanto, las corbetas y buques ligeros que venían escalonados según su andar, perseguían a la Unión, destacándose tres de entre ellos, al parecer la O'Higgins, el Loa y otro que para forzar su andar largó velas y quedó algo atrasado. Esta persecución que nos iba alejando del Huáscar nos permitió distinguir únicamente durante poco más de una hora el vigor y ligereza con que nuestro monitor, estrechado por fuerzas tan superiores, acometía a los enemigos.

Los buques que nos perseguían continuaron haciéndolo durante el día con todo empeño, llegando a disminuir en algunas horas la distancia hasta tres mil doscientos metros.

La gravedad de los sucesos que tenían lugar, me decidió a convocar una junta de guerra compuesta del comandante de la corbeta Unión, capitán de navío don Nicolás F. Portal, 2º y 3º de ella, capitanes de corbeta don Juan Salaverry y don Emilio M. Benavides, del mayor de órdenes de la división, capitán de fragata don Gregorio Pérez, y del teniente coronel de la columna Constitución, don Leopoldo Flores Guerra. De su acuerdo unánime resultó que si alguno de los enemigos llegaba a estar a tiro de cañón, presentaríamos el costado para darle combate, aún cuando tal maniobra reuniese, como tenía que suceder, a tres o cuatro de los buques que venían por el sur; pero si esto no ocurría, debíamos continuar sin alteración nuestra derrota, que ya había sacado a la corbeta del centro de toda la escuadra enemiga. Así se verificó y hasta el anochecer se veían los humos de tres vapores por la popa de la Unión a distancia de ocho o diez mil metros.

Sin otra novedad acabamos de fondear en este puerto, donde espero las órdenes de V. E.

Dios guarde a V. E.
AURELIO GARCÍA Y GARCÍA

A bordo de la corbeta "Unión" a la ancla, Arica, Octubre 9 de 1879.
Benemérito señor Contralmirante, Comandante General de las fuerzas y baterías.

Elevo a manos de V. S. el parte que en la fecha dirijo al Excmo. señor General Supremo Director de la guerra, para que se digne V. S. darle el curso correspondiente.

Dios guarde a V. S.
Aurelio García y García.
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Saludos
Jonatan Saona

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