domingo, 20 de marzo de 2011

E. Sotomayor y su parte de Calama


Comandancia en Jefe del Ejército del Norte
Señor Ministro:
A las 5 A.M. del 23 del corriente llegué a la vista de Calama con una división de quinientos hombres, mandada por el teniente coronel don Eleuterio Ramírez, marchando durante dos horas en observación de los movimientos del enemigo allí acampado, y estudiando a la vez la topografía del terreno para determinar los puntos de ataque.

Los dos caminos que de la quebrada de Calama se dirigen al Loa, bajando de Limón Verde, fueron los que preferí seguir, considerando que en su término tendría el enemigo todas sus fuerzas.


Las compañías de cazadores del 2º y 4º de línea se dispusieron a tomar la ofensiva: la primera para atacar a la derecha del enemigo, y la del 4º la izquierda, del lado de Topater, forzando este paso.

Los cazadores a caballo debían tomar los caminos que conducen a Tocopilla, Cobija, Chiuchiu y Santa Bárbara, para cortar el paso a los enemigos en esas direcciones; al efecto, llevaban los prácticos necesarios para pasar el río.

La primera avanzada de cazadores a caballo, mandada por el alférez don Juan de Dios Quezada, que buscaba el paso del río para cortar la retirada por el Oriente, recibió los primeros disparos, lo que la hizo detenerse, mientras que la otra mitad del mismo cuerpo, a las órdenes del sargento mayor graduado don Rafael Vargas, continuaba marchando en dirección al vado de Carbajal.

Aproximado a 1.200 metros de la línea enemiga, ordené la marcha de los cazadores de infantería, pues la actitud del enemigo me obligaba a obrar sin consideración alguna.

Los cazadores del 4º de línea rompieron sus fuegos a 500 metros sobre las trincheras formadas por las murallas de una máquina de amalgamación perteneciente a la casa de Artola, situada a 125 metros al frente del puente Topater. Apoyaba este ataque una pieza de artillería de montaña, mandada por el teniente don Eulogio Villarreal, la que se colocó en una pendiente del cerro Topater, cuyo pie baña el Loa.

En este momento el teniente coronel graduado de ingenieros don Arístides Martínez, recibió la orden de marchar por nuestra izquierda, siguiendo las márgenes del río, para tender un puente que franquease el paso a los cazadores del 2º de línea que lo acompañaban con este objeto y dar apoyo a los cazadores a caballo del sargento mayor graduado don Rafael Vargas. Dicha operación se ejecutó con toda prontitud por los treinta paisanos de Caracoles, zapadores improvisados por el teniente coronel Martínez.

Informado por mis ayudantes de campo de haber pasado la tropa del 2º de línea y una pieza de artillería de montaña mandada por el alférez don Pablo Urízar, hice avanzar al teniente coronel graduado don Bartolomé Vivar que, con la 1ª y 2ª compañías del mismo batallón, se situó de reserva en el centro de nuestra línea.

En estas circunstancias el combate se hizo sentir en las alas de ambas líneas, principalmente en nuestra izquierda, donde los cazadores a caballo recibieron a quemarropa una descarga de fusilería de las trincheras enemigas, a corta distancia del vado, a cuyo punto los condujo por engaño un prisionero que les servía de guía, según los expone el mayor Vargas en su parte. En esta inopinada sorpresa los cazadores dieron a conocer su justo renombre de valientes, soportando un fuego mortífero y perdiendo en menos de un cuarto de hora siete hombres muertos y cuatro heridos, viéndose obligados a echar pie a tierra, tanto por las trincheras que cubrían al contrario, como por las dificultades del terreno cubierto de zanjas, canales y espesos arbustos, lo que hacía imposible el servicio de la caballería.

Para terminar el combate, el teniente coronel graduado don Bartolomé Vivar recibió orden de pasar el río con sus dos compañías, apoyando por su derecha a la tropa del 4º de línea y a los cazadores a caballo por su izquierda. Ejecutada esta maniobra, dicho jefe concluyó con los defensores de la trinchera de Topater, al mismo tiempo que el comandante Ramírez, jefe inmediato de las tropas de ataque, terminaba por la izquierda la resistencia de los atrincherados en Carbajal, en donde le fue herido su caballo, batiendo a sus enemigos hasta entrar al pueblo.

En esta acción de guerra tuvimos siete individuos de tropa muertos, de cazadores a caballo, cuatro heridos de este mismo cuerpo, uno del batallón 2º de línea, y levemente herido en la oreja izquierda el bizarro capitán de la compañía de cazadores del batallón 4º de línea, don Juan José San Martín.

El enemigo perdió veinte hombres muertos y treintaicuatro prisioneros, de ellos diez oficiales, dejando en nuestro poder lanzas, fusiles, carabinas y pistolas, en número de 70.

Creo justo recomendar a los señores jefes, oficiales y tropa que tomaron parte en la acción, particularmente al comandante del batallón 2º de línea, don Eleuterio Ramírez, que personalmente dirigía el ataque del ala izquierda con la compañía de cazadores de su cuerpo; al sargento mayor graduado don Rafael Vargas, que escapó milagrosamente en el paso del río, y mediante su reconocido coraje salvó a su tropa después de la sorpresa de Carbajal; al teniente coronel graduado de ingenieros don Arístides Martínez, cuya prontitud para tender el puente facilitó oportunamente el paso del río a las tropas; a mis ayudantes señores José M. Walker, capitán del batallón cívico de Caracoles, y Roman Espech, ayudante del mismo batallón, por su patriotismo y abnegación, pues al marchar a Calama pidieron acompañarme en clase de ayudantes de campo y cuyo nombramiento se les hizo el día 21 al partir; y en fin, a los ciudadanos señores Ignacio Palma Rivera y Alberto Gormaz, con quienes en varias ocasiones mandé órdenes a la derecha e izquierda de la línea en ausencia de mis ayudantes.

Los jefes de las tropas que tomaron a Calama hacen recomendaciones especiales de oficiales y tropa, como podrá verlo V. S. en los partes que acompaño.

La planicie de Calama, en que se halla el pueblo de este nombre y en la que tuvo lugar el combate del 23, ocupa una superficie de tres kilómetros cuadrados, más o menos cubierta de matorrales espesos, ya formando cercas, ya dispersos en todos sentidos. El río Loa la baña por el sur, sirviéndole de defensa como los fosos de una fortaleza; de él salen canales de riego para el cultivo de alfalfa y siembras de maíz. Todo el terreno está dividido en pequeñas propiedades, cuyo suelo, por la clase especial de laboreo, forma una sucesión de acéquias y excavaciones anchas bordeadas de gruesas aporcas que lo hacen intransitable para la caballería e incómodo para el tráfico de a pie. Esta fue la causa principal que hizo prolongarse el combate por más de dos horas.

Calama, como posesión militar, es de gran importancia, prestándose ventajosamente para la guerra de emboscadas. Los matorrales que la rodean tienen de espesor en general seis metros, por otros tantos de altura. Los únicos puntos para atacarla con alguna ventaja son: el camino de Chiuchiu al Oriente y el de Cobija y Tocopilla al Poniente, sin embargo de que los matorrales se prolongan al Oriente como cuatro kilómetros, más o menos, surcando esta parte tres caminos, dos para caballos y uno carretero.

Inmediatamente de tomar posesión de Calama, 11 A.M., hice publicar un bando dando a conocer como jefe político y militar de la plaza al teniente coronel comandante del batallón 2º de línea, don Eleuterio Ramírez.

Calama, Marzo 26 de 1879.

EMILIO SOTOMAYOR
Al señor Ministro de la Guerra.

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