"Día 21. Los cholos capturan un subteniente Lagos del Santiago y 3 soldados. Estos caballeros contraviniendo las órdenes, han abandonado su campamento para emborracharse estúpidamente, al lado de unas cholas en la falda del cerro. Una partida enemiga los ha encontrado en ese estado y ha cargado con ellos. Tenemos abundante alimento, como llamas, chanchos, choclos, frutas, etc.
A las 9 de la noche nuestro Comandante Martínez recibe instrucciones para atacar las legendarias posiciones de los Ángeles y Torata.
Los ríos de Torata y Moquegua se juntan poco más abajo del Alto de la Villa dejando entre ambos un cerro de 1.500 pies de elevación, considerado hasta antes de ahora como inaccesible por el lado Occidental. El río de Torata, baja de salto en salto y por sus márgenes no pueden transitar ni cabras. El de Moquegua es de fácil subida; pero estando encajonado entre empinadas laderas, bastan unos cuantos tiradores para detener a un ejército. El camino real que conduce a Torata, culebrea por la pendiente más suave del cerro y después de 25 vueltas entra a un cuadro de sólidas pircas de 200 metros por lado, que corona el portezuelo y desciende seguida por el costado opuesto a la quebrada de los Arrastrados. Corta enseguida algunos lomajes bajos y cae dos leguas más allá al valle de Torata. En los Arrastrados, a una milla de las trincheras acampaban los batallones peruanos Grau, Canchis, Canas, Granaderos del Cuzco, columna de gendarmes y alguna caballería (1.500 a 2.000 hombres). Desde ese punto, atendían fácilmente las trincheras de Ángeles y podían procurarse agua y víveres de la parte superior del valle de Moquegua, por el camino de Quilin-Quilin. Una trinchera construida en este punto les aseguraba la posesión de este camino.
El plan de ataque fue el siguiente. El Atacama debía escalar el cerro por la derecha del enemigo a una hora conveniente para que el alba nos encuentre muy arriba. El 2° de línea y un batallón del Santiago, debían atacar al amanecer a Quilin-Quilin y la artillería bombardear las trincheras de los Ángeles desde el Alto de la Villa tan pronto como el Atacama rompiese sus fuegos o diese una señal con una bandera.
Día 22. El flanqueo intentado por el Atacama, era pues el punto primordial del combate. A las 12 de la noche despertamos la tropa en silencio y con 100 balas en el morral y las caramayolas llenas de agua nos pusimos en marcha por el camino ffff. La 2ª Compañía bajo mi mando, provista de palas y barretas debía abrir paso al batallón a través, cerca de los potreros y marchar a la descubierta en la ascensión al cerro. Se ordenó a la tropa no contestar el fuego enemigo durante la noche. Con el mayor sigilo llegamos al pie del cerro y principiaba a reunírsenos todo el Batallón cuando una descarga súbita que se nos hace por la espalda viene a ponernos en serios conflictos. Persuadidos de que era una avanzada de nuestro ejército quien así nos saludaba nos contentamos con escabullir el bulto tras de los montes, mientras que el comandante sereno como de ordinario, se precipitaba hacia el lugar de donde partían los disparos para hacerlos cesar. Algunas descargas hechas desde su campamento por los cazadores a caballo, y desde el cerro, por una avanzada enemiga, vinieron a poner el colmo a la crisis. Yo perdí completamente la chaveta, y no recuerdo haber estado jamás más asustado.
Pasado el temporal nos reúne el comandante para resolver si debíamos continuar la marcha o pedir nuevas órdenes. Considerando que nuestra misión era sorprender al enemigo y que la malhadada equivocación de una avanzada nos había puesto en descubierto resolvimos pedir órdenes. A las 3 de la mañana volvió el mayor Larraín del cuartel general y pudo hacer luz sobre la leona nocturna. Una avanzada enemiga se había deslizado sin ser sentida, hasta un potrero donde dormían los cazadores y los caballos y rompiendo el fuego sobre ellos habrían conseguido apoderarse de la caballada sin nuestra casual intervención. Unos cuantos Atacamas, muy a nuestro pesar, habían disparado sus rifles y los peruanos al oírlos, sorprendidos a su vez, se creyeron cogidos por la espalda y se apresuraron a regresar a sus madrigueras. Minutos después muchos vivas al Perú y la diana de una banda en las trincheras, nos hicieron conocer que los asaltantes eran recibidos con triunfo.
El resultado de esta aventura fue el siguiente. 4 cazadores muertos y 3 heridos, 3 Atacamas heridos, 4 caballos muertos y 4 arrebatados por el enemigo. Y 2 cholos divididos en 4 por los sables de los cazadores.
Nos correspondía tomar a renglón seguido la revancha, pues este incidente venía a favorecer nuestro proyecto. En efecto era natural que los cholos descansen con confianza después de su excursión, y mi compañía en una sola fila y con el fusil bajo, rompió la marcha.
Cuando principió a aclarar reconocí que seguíamos una cuchilla que el día antes habíamos considerado a propósito para esta empresa.
Poco después el 2° rompió los fuegos sobre Quilin-Quilin. Asomamos a un filo desde donde divisamos la trinchera enemiga, y aunque con peligro de desbarrancarnos, nos apresuramos a tomar por la ladera opuesta. Algo más arriba, volvimos a ver algunos peruanos sentados tranquilamente en una cuchilla próxima, mirando batirse a sus compañeros y redoblamos nuestras precauciones. Alcanzábamos ya la cima del cerro cuando un enorme cholo se nos planta por delante, gritándonos ¿Quién vive, canija! Uno de los soldados le contestó ¡yo! y le descargó al mismo tiempo su rifle. Eran las 6 1/4 de la mañana. 3/4 de hora bastaron para barrer con los enemigos diseminados en el cerro. Nos descolgamos en seguida como una avalancha sobre las trincheras. Llegados a distancia conveniente todos nuestros cornetas tocaron ataque y a todo correr nos lanzamos a la bayoneta. Una bandera chilena izada en mi espada flameó bien pronto sobre el muro enemigo. Fue necesario batirla enérgicamente, para que nuestros artilleros cesaran de enviarnos granadas con sus certeras punterías.
En Quilin-Quilin, se batían aún el 2° y el Santiago; pero los fugados de los Ángeles llevaron el espanto a los cholos y abandonaron el campo.
15 minutos después subían a las trincheras el General Baquedano, el Estado Mayor y alguna caballería. El general que es hombre de pocas palabras dijo al Atacama ¡Para valientes como vosotros no hay imposibles! y seguido de sus cazadores emprendió la persecución del enemigo. Detrás de ellos pasaron 2 compañías del Santiago y el batallón Bulnes. A la 1 de la tarde, los seguimos nosotros, escoltando 5 cañones Krupp. Nuestros soldados se habían apoderado de 12 prisioneros.
A las 6 acampamos en Yacango a una legua de Torata. No habíamos comido en todo el día, y como sólo teníamos lo encapillado, el frío bastante respetable en esta altura, no nos deja dormir.
Las punterías de los peruanos han sido execrables. Apenas tenemos 3 muertos y 10 o 12 heridos. El 2° y el Santiago tienen 20 bajas."
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Berríos, R. Fabián. "Desde Caldera hasta Tacna: Testimonios de Rafael 2° Torreblanca". Santiago de Chile, 2012.
Saludos
Jonatan Saona

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