viernes, 11 de julio de 2014

Anónimo sobre Concepción

Relato anónimo sobre el combate de Concepción

En el libro de Nicanor Molinare (El combate de La Concepción) aparece transcrito un fragmento de un largo relato enviado por "el corresponsal" de El Mercurio y publicado en la recopilación de Pascual Ahumada.

"Al Editor del El Mercurio se le envió desde Lima el 22 de Julio de 1882, una larguísima correspondencia, también anónima, que narra el combate de la Concepción, que es un ataque a fondo al coronel Canto, que todavía no llegaba con su ejército a Lima, ciudad a la que entró el 28 del mismo mes....

¿Quién escribió este documento que puede leerse en Ahumada Moreno, tomo 7.º de fojas 196 a 202? No lo sabemos: firma “El Corresponsal” 
No sabemos quien sea el autor; pero si podemos avanzar i quien lea esas columnas pensará lo mismo que nosotros, que el héroe a quien ensalza i levanta sobre el paves de la fama, la pieza aludida, no es otro que el capitán del Chacabuco, don Jorje Boonen para quien parece fuera escrita esa correspondencia, en que se ensalza tanto su nombre, como el de Carrera Pinto, Montt, Cruz i Pérez Canto....

Los que nos leen podrán ahora discutir el punto, i decirnos si no fluye del estudio de lo trascrito la idea fija, absoluta de que el capitan Boonen de 1882, fue el único heróico defensor de los mártires de la Concepción".

La parte del relato anónimo, que se refiere Nicanor Molinare es el siguiente:

"Formaban la primera descubierta de nuestras fuerzas los escasos restos de dos compañías del Chacabuco, mandadas por el capitan de la 2.ª don Jorje Boonen, i a ésta seguia una segunda descubierta o avanzada, formada tambien por algunos hombres del Lautaro al mando del capitan Correa.

Estas descubiertas tenian órden de llegar hasta el lugarejo de San Jerónimo, situado entre Huancayo i Concepción, siguiendo por la cumbre de una cuchilla de cerros que dominan el camino.

El pueblecillo de San Jerónimo dista de Huancayo unas cuatro leguas, se halla a la vista de Concepcion i solo a una legua de distancia de esta ciudad.

El total de las fuerzas que mandaba el capitan Correa ascendia solo a 19 hombres, i la del capitan Boonen a 20, formando un total de 39.

Naturalmente, Boonen, que temia como todos por la suerte de sus compañeros, i con mayor razón que los demás, por pertenecer al mismo cuerpo, hizo la marcha con toda celeridad, a fin de tener lo mas pronto posible noticias de ellos.

En cuanto llegó a San Jerónimo, viendo que nada podia descubrir de allí, sino una siniestra humareda que se levantaba desde la plaza del pueblo, se sintió presa presa de los mas graves temores, sobre todo al notar el estraño silencio i falta de jente por los alrededores de la ciudad.

No pudiendo resistir a la ansiedad que lo dominaba, tomó cuatro hombres de su tropa i con ellos se adelantó a recorrer el pueblo.

Marchando con precaucion, llegó hasta cerca de las primeras calles, en un punto donde concluyen los ranchos diseminados i principia el empedrado.

Hasta ese momento habia notado ya algunas circunstancias extraordinarias, i entre ellas llamaba la atencion la humareda que se levantaba en la plaza, la falta de jente en los ranchos i en las calles, i el no venir a encontrarlos ningun soldado chileno.

Por esta causa sus temores se aumentaron, i se detuvo allí con el objeto de hacer indagaciones i de no aventurarse imprudentemente a una emboscada.

A los pocos instantes, notando sin duda su vacilación, asomaron por una calle cercana algunos cholos. Uno de ellos traia rifle i los demas estaban armados con lanzas i garrotes.

No manifestaron, sin embargo, intenciones hostiles, sino que adelantando paso a paso, gritaron con voz melosa:
“Entren, chilenitos, entren i dejen las armas. Mandan decir los de la compañía que vayan”.

Aquello de dejar las armas era demasiado injenuo para no dar lugar a las sospechas del capitan Boonen. Principió a interrogarlos, diciéndoles que se acercaran, pero los cholos rehusaban hacerlo. Por el contrario, viendo que el capitan chileno los llamaba, principiaron a alejarse.

Poco después, desde uno de los potrerillos cercanos se hacia una descarga de fusilería sobre el capitan Boonen i sus cuatro soldados, i esto manifestaba claramente que la ciudad de Concepción se encontraba en poder del enemigo.

Boonen i sus soldados regresaban presurosos a reunirse con las descubiertas del Chacabuco i del Lautaro, que se adelantaban a protejerlos. Los cholos, miéntras tanto, los perseguian de cerca dirijiéndoles continuos disparos.

Inmediatamente se mandó aviso al Comandante Pinto Agüero de lo que pasaba. Reunidas en seguida las fuerzas de los dos capitanes, hicieron frente a los cholos que los perseguian, i cargando repentinamente sobre un grupo de ellos, lograron tomar a cuatro prisioneros.

Por éstos se supo la terrible verdad de los dolorosos sucesos ocurridos ese mismo día en La Concepción. Esta relacion nos dejó a todos consternados.

En cuanto a los prisioneros, fueron colocados junto al cerro i fusilados en el instante.

Avanzaron entonces apresuradamente las restantes compañías del Chacabuco, i reunidas con ellas las descubiertas, emprendieron en son de batalla la marcha sobre el pueblo. El capitan Boonen i sus hombres que ya habian reconocido el terreno, llevaban la delantera de las tropas.

El pueblo, mientras tanto, hervia de jente. Aparecieron montoneros en todas las calles que daban entrada a la ciudad. Un gran número de soldados regularmente vestidos, equipados i armados de rifles Peabody, estaban apoyados en compacta masa de cholos e indios, que cargaban hondas, lanzas i garrotes.

Nuestras tropas se abalanzaron ciegas al ataque. El enemigo no pudo, a pesar de su número, resistir por un momento aquel irresistible empuje. Los soldados del Chacabuco fueron los primeros en penetrar la ciudad, i a la cabeza de ellos el capitan Boonen. El fue tambien el primero que pudo llegar a la plaza i contemplar el horrible espectáculo que ofrecia aquel teatro de las horribles escenas de heroísmo i sacrificio.

Fueron cojidos 60 prisioneros, fuera de los 15 o 20 muertos que costó al enemigo aquel ataque. En el instante de quedar dueños de la plaza, los 60 fueron fusilados. El enemigo, mientras tanto, huia desolado para acogerse a los cerros vecinos. Quedábamos, pues dueños del pueblo de Concepción, en donde 77 chilenos se habian sacrificado heroicamente en pro de la gloria de nuestras armas i como víctimas de ajenas faltas. Los detalles de los sucesos ocurridos alli no podian ser mas dolorosos...."
**********

Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

sin duda este relato tiene mucho de la imaginación de su autor, fuera de unos cuantos dispersos Concepción era un pueblo fantasma cuando llegaron las tropas chilenas no un "hervidero" de montoneros y soldados

Anónimo dijo...

En la batalla de concepcion eran mas de mil montoneros y soldados peruanos contra 77 chilenos, casi todos adolescentes.....era obvio que unos cientos de ellos todavia iban a estar ahi en concepcion. Queda claro la gran superioridad y valentia de los chilenos. En este relato no hubo bajas chilenas..y mas de 80 de los aliados

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