jueves, 9 de enero de 2014

Vargas sobre Rinconada

Acuarela de Rudolph de Lisle

Parte de Mariano Vargas sobre el combate de La Rinconada

Jefatura Superior Militar del Valle de Ate-La Rinconada.

Enero 9 de 1881.
Benemérito Señor General J. de E. M. G. de los Ejércitos.

Señor General:
Tengo el honor de poner en conocimiento de US. el hecho de armas que se ha realizado hoy entre el reducido número de fuerza de que disponía, y el enemigo común de la República.

A las cinco poco mas ó menos de la mañana, tuve aviso de que el enemigo, en número muy considerable, descendia por el Portachuelo de Manchay a Pampa Grande; corroborando este parte las repetidas detonaciones de las bombas automáticas colocadas al intento en aquellos lugares. Inmediatamente procedí a su reconocimiento, y una vez convencido de que realmente era el enemigo el que ocupaba esos lugares, lo puse, por telégrafo en conocimiento de US.; en seguida movilicé mi diminuta fuerza; la coloqué de la manera mas conveniente: la columna Pachacamac tras del parapeto del centro de la zanja, ésta con poco mas de ciento cincuenta hombres; a la derecha de esta columna veinte y cinco hombres, pertenecientes a la primera brigada, comandada por el Teniente Coronel, Don Gurmencindo Herrada, por encontrarse sin armas el resto de su fuerza, y cuya tropa llegó a este lugar el dia de ayer a las 5 p.m. y a pie, por no tener caballada; a la izquierda la compañia guerrillera montada en aguilillos, sumamente estenuados por las fatígas diarias del servicio avanzado, encomendado a aquella y a esta compañía compuesta de treinta y tantas plazas componía parte de la mencionada columna Pachacamac y comandada por el Sargento Mayor temporal Don Francisco Vargas, y los veinte y cinco hombres de caballería montados al mando del Sargento Mayor Arguedas y que servían a mis inmediatas órdenes, colocados tras un médano de ese lado izquierdo. 

Mientras practicaba estas operaciones, el enemigo continuaba descendiendo a la mencionada Pampa: donde se organizó, y no se movilizó sobre mi línea, sino despues de haber practicado varios reconocimientos con patrullas de caballería, y en cuyo intervalo rompió sus fuegos de artillería, con dos piezas colocadas en la falda de un morro situado a la izquierda de la salida del Portachuelo; sus proyectiles salvaban nuestra zanja, cayendo varios de ellos a mas de cincuenta metros a retaguardia de mi tropa; poco despues enmendaron sus punterías, y algunas bombas reventaron dentro de la zanja, pero no llegaron a ocasionarnos daños. Estas eran las condiciones en que me encontraba, Señor General, en aquellos momentos, y por las que procedi a pedir refuerzo a las tropas de la reserva que se encontraban mas inmediatas a mi línea de operaciones, las que suponía tendrian órden de obedecer mis órdenes, en caso semejante, como autoridad superior militar de ese valle, pero desgraciadamente mis órdenes no fueron obedecidas.

Mientras todo esto me pasaba, el enemigo se movilizaba sobre nuestra línea, una vez que llegó a convencerse de nuestra lamentable falta de artillería y del reducido número de nuestros valientes defensores. Las columnas de infantería, con poco mas de dos mil hombres (2,000) se disponían a tomar las alturas de su derecha, y protejidas por un numeroso cuerpo de caballería; pero tenian que retardar esta operacion para poder llegar a tiro de rifle de nosotros, y como se vió despues, por la multitud de quebradas que contienen esas alturas; visto esto y manifestándome el ingeniero don Lucas Pedraza, que sirve a mis órdenes, que además en este peligro se ofreció a servirme de Ayudante, y a la vez el Sargento Mayor temporal, Don José Maria Vivanco a quien últimamente mandé con la misma órden de que dejo hecho referencia, que mis órdenes no podian tener lugar, si personalmente no las comunicaba yo; que podia ser muy bien que mi presencia influyera en el ánimo de los Jefes de de la Reserva, por lo que procedí, sin demora, a ello, dejando encomendada esa pequeña línea al Señor Coronel Miranda.

Al tocar con el Coronel Pomar, Jefe del número 14 me hizo presente que no solo él, sino todo su batallón se encontraba desesperado por acudir al lugar del peligro, pero que se le acababa de comunicar órden, por su inmediato superior, de no moverse de su campamento; visto esto me dirigí a Vazquez; y no encontrando a los Jefes Superiores de ese Ejército dí cuenta a US. por el telégrafo, de este desgraciado suceso, regresando en el acto al lugar de mis principales operaciones. Al entrar en mi línea, pude observar que la caballería enemiga, en crecido número, había dominado por completo a mi fuerza, haciéndole desde las alturas, un nutridlsímo fuego, y que a la vez descendia otra fuerza de caballería por el cerro Melgarejo, la que se dirigíó a tomar la retaguardia de la zanja, desde donde nuestros valientes les dirigian sus fuegos. desventajosamente. Convencido que estos denodados patriotas tenian que ser acuchillados miserablemente, ordene se retirasen sobre la chacra de Vazquez; instantes despues el enemigo quedó en posesión de nuestro campo no sin dejar antes de acuchillar a algunos de los nuestros. Esta retirada, dispuse, fuera protegida por la brigada comandada por el Teniente Coronel Don Millan Murga, que media hora antes de la terminación de este hecho de armas, se me presentó con la fuerza de su mando, siendo este pequeño cuerpo el último en salir del campo, cumpliéndoso asi mismo mis órdenes.

El Teniente Coronel Murga se encontraba con su cuerpo, a mas de media legua de mi línea, cuando se impuso de lo que pasaba en las alturas de la Rinconada; por lo que sin pérdida de tiempo verificó su marcha; y pudo compartir con el mayor entusiasmo y decisión, del hecho de armas de que estoy dando cuenta a US. Enemigo de lisonjas, pero amante del patriotismo y del valor, cumplo con el deber de recomendar a US. el heroico comportamiento de la columna Pachacamac y el severo valor de su digno Jefe Señor Coronel temporal don Manuel Miranda, así como tambien el de los demás Jefes y Oficiales de ese patriota cuerpo. El señalado valor de los Tenientes Coroneles Herrada y Murga, como el del Sargento Mayor Arguedas. Las urgentes y complicadas órdenes que en tales momentos tuve que dictar, en las tres horas y media que duró este hecho de armas, fueron cumplidas por el Sarjento Mayor don José Maria Vivanco, cuyo comportamiento, en horas tan apremiantes, las puede medir por su serenidad y actividad; asi como tambien el patriótico entusiasmo con que cumplió mis órdenes el oficial del cuerpo de ingenieros don Lucas Pedraza, a quien recomiendo a US. de un modo especial.

Tales han sido, Señor General, los hechos verificados en la mañana de este dia. Ellos importan, si se quiere, un triunfo para nuestras armas; porque triunfo es incuestionablemente, luchar poco más de doscientos hombres, con un enemigo que en tales circunstancias disponía de cerca de tres mil hombres, bíen armados, y por los elementos de artillería de que disponían.

Dios guarde a US. S. General
Mariano Vargas

**********************
Imagen, Línea de San Juan vista desde Villa, acuarela de Rudolph de Lisle

Saludos
Jonatan Saona

No hay comentarios :

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...