miércoles, 10 de julio de 2013

Verdadera Memoria de Salazar

La verdadera Memoria del Comandante Ambrosio Salazar, vencedor de Sierralumi y Concepción

ASALTO DE CONCEPCIÓN: 8 DE JULIO DE 1882
Por: Ambrosio Salazar
*Crónica publicada en el diario “El Perú”, Lima, 8 de julio de 1886. 
Transcripción de Milagros Martínez Muñoz.

Como un corolario inmediato de las derrotas de San Juan y Miraflores, el fornido carro de la guerra se dejó sentir en el pavimento del otro lado de los Andes por prolongado espacio de tiempo, durante el cual una fracción de la república ciñó su pecho de diamantina coraza, para luchar sin tregua ni descanso por su dignidad y buen derecho. Tributar toda su sangre al suelo en que el hombre viera la primera luz, es desde los días de Tirteo, un dulce deber, y este deber lo han cumplido casi todos los trasandinos de la zona del Centro. Tócales a los testigos presenciales puntualizar los episodios realizados en aquellas regiones durante la ocupación del enemigo extranjero; para que la historia narre estos hechos para trasmitirlos a nuestra posteridad, antes que desciendan al abismo del olvido, impelidos por el moho del tiempo.

LOS CHILENOS EN JUNÍN
Las huestes de Chile trasmontaron la cordillera de los Andes dos veces en calidad de conquistadores; mandadas por el coronel Letelier primero y por el coronel Canto después. Esta última división constaba de cuatro mil hombres de las tres armas. 
Se acantonaron en Huancayo, después de la brillante retirada de Pucará el 5 de febrero de 1882, en que el ejército diezmado del señor general Cáceres, hizo cegar a los fámulos de Canto, causándoles incalculables bajas, entre ellas la del jefe de la caballería enemiga. 
Quedó, pues, el departamento de Junín, con un peso enorme sobre su cerviz; la odiosa dominación chilena.

VICTORIA DE SIERRALUMI
Entonces se irguió un pueblo oscuro, dando ejemplo de patriotismo. El 2 de marzo del mismo año, un destacamento chileno de caballería, compuesto de treinta y cinco soldados y tres oficiales, fue completamente destruido en Comas, quedando en poder de los guerrilleros, los caballos, los rifles y la dotación respectiva de municiones, habiéndose salvado apenas cinco soldados contusos, los que llevaron la noticia del acontecimiento al cuartel general de su ejército.

ARRECIA LA RESISTENCIA
Los demás pueblos, a imitación del de Comas, se penetraron de que no debían permanecer impasibles ante los encarnizados enemigos de la patria. Las exacciones que éstos cometían día por día, hicieron despertar un odio entrañable hacia esos conquistadores de instinto vandálico. 
Organizáronse en cuerpos más o menos disciplinados y se pusieron a las órdenes de los jefes que el señor general Cáceres les mandó desde Ayacucho con el título de comandantes militares. Éstos pusieron en mejor pie las fuerzas, arbitrándose municiones y rifles en gran cantidad, allanando dificultades del modo que el patriotismo les sugería. Chupaca, Sincos, Huaripampa y Comas tuvieron sus comandantes militares.

EL PROYECTO DE CONTRAOFENSIVA DEL GENERAL CÁCERES
Surgió entonces en la mente del señor general Cáceres una eminente idea. Fue la de atacar simultáneamente todas las guarniciones chilenas que ocupaban diversos puntos, desde Marcavalle hasta La Oroya, en una extensión de más de veinticuatro leguas.
Con este objeto dictó desde Pazos, cuartel general del ejército, las órdenes siguientes: Que las columnas guerrilleras de Chupaca, Sincos y Huaripampa, a órdenes del señor coronel don Máximo Tafur, atacaran la guarnición del puente de La Oroya; y que las columnas ligeras mandadas por el señor coronel Gastó y la columna “Comas” asaltasen el cuartel de Concepción. El ataque a la guarnición del puente de La Oroya no surtió el efecto apetecido.

LOS PATRIOTAS SOBRE CONCEPCIÓN
El día señalado para el precitado asalto fue el 9 de julio de 1882. El día anterior a éste, es decir el 8, la columna “Comas”, unida a las columnas ligeras mandadas por el señor coronel Gastó, abandonaron el caserío de San Antonio, para marchar sobre Concepción a cumplir la consigna que se les había impuesto.
El objeto no fue atacar ese día, pero como los jefes tuviesen noticias fidedignas, por conducto de los transeúntes y cartas particulares, de que el enemigo común se había ya apercibido de la aproximación de las fuerzas asaltantes, y que, desde luego, pensaba pedir refuerzos a Huancayo donde existía el grueso del ejército de Chile, por resolución unánime de todos los jefes se emprendió el asalto a las 4 del 8, domingo.
La plaza estaba guarnecida por 90 individuos de tropa y 4 oficiales, que fueron los tenientes Carrera Pinto y Pérez Canto, el primero jefe de la plaza, y los subtenientes Julio Montt y N. Cruz.

EL COMBATE
El infatigable patriota coronel Gastó, a cuyas órdenes estaban las tres columnas ligeras, dispuso el ataque de la manera siguiente: 
Que la columna “Comas” llamara la atención del enemigo, colocándose en la falda del cerro denominado del León, que domina la ciudad por el Oriente; y que las fuerzas restantes, sin disparar un tiro, penetrasen por la encañada que conduce a desembocar muy cerca de uno de los flancos del cuartel que ocupaban los enemigos. 
En efecto, éstos, al principio, dirigieron sus disparos de fusilería sobre la fuerza que ocupaba la falda del mencionado cerro, pero no tardaron en ver que la mayor parte de nuestras fuerzas los flanqueaban; en vista de esto, se desplegaron en guerrilla en la plaza, los contrarrestaron con indescriptible arrojo y se batieron con un denuedo que rayó en heroísmo por una y otra parte, hasta las seis y media de la tarde.
Hasta este momento, las fuerzas agresoras contaban con muchas bajas, especialmente heridos; el teniente coronel don Francisco Carbajal, primer jefe de una de las columnas mandadas por el señor coronel Gastó, fue uno de los que recibió una herida en la pierna. 
Los enemigos tenían dos ventajas sobre nosotros; abundantísimas municiones y superiores rifles, de largo alcance, sistema Grass, mientras nuestras municiones eran escasas y los rifles de distintos sistemas, en su mayor parte Remington.

LOS CHILENOS CERCADOS
Acosados los enemigos por nuestras fuerzas que por todas partes avanzaban, haciendo fuego unos, y con rejones en mano, muchos, optaron aquellos por encerrarse en el convento y atrincherarse en él. 
Entonces los guerrilleros circundaron el convento y le prendieron fuego por distintos puntos, con todo el combustible que ellos mismos se proporcionaron. Este paso obligólos a pasar al cuartel contiguo, junto a la iglesia, movimiento que se realizaba a las 10 de la noche del 8 de julio. 
Como las columnas del señor coronel Gastó, no hubiesen comido ese día, dispuso aquél retirarse a un lugar cercano a tomar rancho y pernoctar. Mientras tanto los guerrilleros, con auxilio de otros que de los pueblos inmediatos acudieron, sostenían el combate con más entusiasmo que antes. El nutrido fuego de fusilería no cesó en toda la noche sino en pequeños intervalos.

SANGRIENTA VICTORIA
A las 8 del día 9, con el refuerzo de las tropas del señor Gastó, se dio el último empuje; penetraron al cuartel general donde el enemigo oponía una resistencia tenaz; y a las 9 del día se tocó con el epílogo de la tragedia.
Los chilenos se portaron bien; murieron casi todos en la refriega; los pocos que quedaron, viéndose totalmente perdidos, intentaron pasar por la sacristía a refugiarse en la iglesia, pero fue tarde: estaban encerrados en un círculo férreo y los guerrilleros les obligaron a batirse hasta morir.
En la madrugada del 9 de julio, el grueso del ejército del señor general Cáceres, desbarató a una fracción considerable del ejército chileno, en las alturas de Marcavalle. El resto de este ejército, que ocupaba Huancayo, con la noticia del desastre resolvió retirarse ese mismo día a la capital, al mando del coronel don Estanislao del Canto; en crecido número ascendía a tres mil hombres.

VENGANZA CHILENA
Esas huestes de ingénita malignidad, se asemejaban a un horrible turbión, que todo lo arrasaba a su paso. Fue imponderable la irascibilidad que de ellas se apoderó cuando llegaron a Concepción, al encontrar hacinamiento de cadáveres en la puerta del templo y rincones del cuartel que ocuparon durante la sangrienta lucha.
Los señores Ricardo Cadenas y Daniel Julio de la Peña nos suministraron un contingente más que regular de municiones y rifles cuando principió el ataque al cuartel. 
Tuvimos muchas bajas, pasaban de 25, entre ellas, mortalmente heridos, don Avelino Ponce, José Camacachi y José Manuel Mercado.
Entonces la actitud que tomaron los chilenos fue tremenda. 
Saquearon la población, prendieron fuego al templo y principales casas de la ciudad; tocaron degüello y Canto ordenó que la infantería se distribuyese por el pueblo y la caballería por los suburbios con la divisa de no dejar ningún ser viviente. 
Felizmente, en las primeras horas del día 9, todas las familias de Concepción huyeron a refugiarse al convento de Ocopa, que está a distancia de una legua. 
Desgraciadamente, algunos respetables caballeros, como don Miguel Patiño, don Juan de Dios Salazar, don Isidro Lizárraga y don Ángel Véliz fueron horriblemente victimados por no haber abandonado la población. 
Algunos fueron tratados con piedad, pero por conveniencia: los hicieron conducir camillas con enfermos hasta La Oroya, de donde pudieron escurrirse sin ser vistos por los chilenos: fueron el señor Dn. Santiago Manrique Tello, Marcelino Hernández y José Santos Moreno, que aún permanecían por los alrededores de la población, con rifle en mano, y que también se batieron.

EL GENERAL CÁCERES FUE ALMA DE LA RESISTENCIA
Los habitantes de las breñas escarmentaron a los invasores de una manera ejemplar. Sacudiéronse de esa montaña de plomo por sus esfuerzos propios. 
El hecho de Concepción es singular en su género; la historia cobija en sus páginas muy pocos ejemplos de esta naturaleza y quizá ninguno.
El alma de aquellos pueblos, el que les comunicaba vigor, infundiéndoles valor hasta el último trance, fue el señor general Cáceres, hoy Presidente del Perú.
Los infelices descendientes de Atahuallpa, mirados como seres abyectos y sin patriotismo, en el momento dado supieron cumplir heroicamente con su deber. 
Han vertido sangre a borbotones en los distintos encuentros con los enemigos de ayer; han luchado a pecho descubierto y de cuerpo a cuerpo en los campos de Chupaca y Comas, contra un ejército repletamente municionado, solamente con las armas que la naturaleza les proporcionara y unos pocos rifles y municiones.
Profesaban a los chilenos odio implacable, y no solo a éstos, sino también a los propagandistas de la paz nacida en Montán, a los lazarillos de Urriola, Canto y León García.
Han tenido el inmenso ideal de extirpar al enemigo, aniquilarlo por completo, para conseguir una paz sólida, firmada por los legítimos representantes del país, y no una paz enfermiza suscrita por los asaltantes del poder, que a montones pululan en este suelo. 
Pero felizmente, aquellos constituyen en el día el ejército sedentario de la patria, y casi estamos por creer que en adelante serán éstos los que le llevarán el dogal al cuello de los perturbadores del orden público; raciocinan que no hay beneficio más grande que vivir bajo la égida de la moralidad y la paz. 
¡Cuánta diferencia al pensamiento de los despechados que reuniéndose en corrillos y titulándose sensatos, emiten opuestas ideas y pensamientos contrarios!

Lima, julio 8 de 1886.
Ambrosio Salazar.
*******************
Publicado en el libro La Primera Memoria de Cáceres y otros documentos relativos a la Campaña de la Breña

Saludos
Jonatan Saona 

4 comentarios :

Raúl Olmedo D. dijo...

Los deseos del señor Ambrosio Salazar en 1886 no se cumplieron. Perú, bajo el gobierno del general Andrés A. Cáceres, no denunció el Tratado de 1883 llamado de Ancón. Tarapacá siguió en poder de Chile hasta la fecha, y Tacna y Arica continuaron ocupadas hasta 1929.
El Tratado de esa fecha devolvió Tacna al Perú, pero dejó en poder de Chile el puerto de Arica y parte de los territorios del antiguo departamento de Moquegua.
Por alguna razón que no conocemos, el general Cáceres, desde el poder, aceptó los hechos consumados y no buscó reanudar la guerra en busca de recuperar sus territorios.

R. Olmedo

Anónimo dijo...

razón que desconocemos? el Perú no tenía armada, quedaba un ejército deshecho, los fondos públicos desaparecidos, Lynch tenía un papel que decía tratado de paz y que había hecho reconocer por cuanta ciudad y pueblo habían pasado las autoridades iglesistas apoyadas por las bayonetas chilenas, el Perú en 1884 no podía marchar sobre Tacna, Arica y Tarapacá a retomar sus territorios. Solo quedaba aceptar los hechos consumados y mirar a futuro.

ws2falcon dijo...

Muy buen artículo. Gracias. Ciertamente la victoria chilena no fué un desfile militar. Ganaron la guerra, Pero desde Tacna hasta Huamachuco ellos también recibieron lo suyo.

Anónimo dijo...

lucharon hasta con lo que no tenían (armamentos) pero la naturaleza es tan bendita, que nos ayudo con unos arbustos llamados cilata planta con ramas y hojas espinadas entre otros, a vencer al enemigo, comas tierra heroica..

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