martes, 19 de marzo de 2013

Viaje de Prado


Guerra con Chile. El viaje de Prado y la falsificación de misivas

por Jorge G. Paredes M.

El presente trabajo tiene dos partes. En la primera, analizamos el controvertido viaje del presidente peruano Mariano Ignacio Prado Ochoa en plena Guerra del Pacífico (1879-1883), como un estudio necesario para comprender la falsificación de documentos en torno a este personaje y su alejamiento del territorio peruano. Es una falsificación, a gran escala, bastante bien elaborada, que incluso parece comprometer por lo menos a un historiador y en la cual vemos aparecer personajes peruanos que jugaron un papel muy destacado durante la Guerra del Pacífico entre Perú, Chile y Bolivia.

Al igual que en la controvertida carta de Lafond y de las misivas que forman parte del affaire Colombres Mármol, consideramos que es fácilmente perceptible el interés justificativo de comportamientos reales y, lo que es peor, también supuestos, de personajes históricos. En el primer caso, San Martín y su retiro del Perú (setiembre de 1823), cuando la independencia peruana era sumamente precaria por la presencia del total del ejército realista en la zona sur del Perú, la crisis política interna que se vivía, así como por el desencuentro entre San Martín y Bolívar en Guayaquil (julio de 1822). En el segundo de los casos, el real motivo de este trabajo, el presidente Mariano Ignacio Prado y su viaje de diciembre de 1879, en plena guerra con Chile. Este acontecimiento ocurre poco después de haber perdido Perú la guerra en el mar, como consecuencia de la victoria chilena en Angamos (8.10.1879). Dueñas del mar, las fuerzas chilenas avanzan arrolladoramente por tierra, combinando sus operaciones terrestres con bombardeos sistemáticos de puertos peruanos hasta llegar a Lima y ocupar la capital peruana.


Si en el primero de los casos reseñados, San Martín y su retiro del Perú, se mezcla el culto al héroe y el chovinismo, en el segundo encontramos reacciones encontradas no solo referentes al personaje en cuestión, es decir Mariano Ignacio Prado, sino imbricadas con lo que él llegó a representar como símbolo de una familia oligárquica peruana de los siglos XIX y XX.

I

El controvertido viaje
La administración Prado y la crónica anunciada de la muerte de un régimen.

Uno de los acontecimientos que ha dividido a los historiadores, fundamentalmente peruanos, de la guerra del Pacífico entre Perú, Bolivia y Chile, es el referente al viaje del Presidente del Perú Mariano Ignacio Prado y Ochoa, en diciembre de 1879 (la guerra había comenzado el 5 de abril de dicho año). Muchos han presentado el mencionado viaje como una huida, llegando incluso algunos a señalar que Prado aprovechó del escape para llevarse dinero del Estado peruano.

En un trabajo relativamente reciente, Emilio Rosario señala que en el increíble caos político vivido en plena guerra y ante la pérdida de la misma en el mar, como consecuencia de la victoria chilena en Angamos (08-10-1879), se produjo una doble reacción en la sociedad peruana. Los sectores populares vieron en la acción de Angamos, a pesar de la nefasta derrota, una "acción grandiosa por parte de nuestros héroes". En cambio, los verdaderos conocedores de los avatares de la guerra, los ligados a las altas esferas del gobierno, consideraron que era el principio del fin de la guerra: "Muchos empezaron a abandonar sus puestos, ejemplo de ello es el desbaratamiento del gabinete ministerial y la huida de Mariano Ignacio Prado". (Rosario, E., 2010, p. 191)

Este ambiente de caos político, en plena guerra, ha sido resaltado también por Fernando Armas Asín.
El "viaje de Prado", para emplear una expresión aséptica para este acontecimiento histórico, no se puede comprender adecuadamente sin conocer el contexto político que en diciembre de 1879 va a terminar con la ausencia del Presidente.

Por un lado, la actitud un tanto esquizofrénica del Partido Civil frente al gobierno de M. I. Prado, que tan magistralmente lo ha estudiado Ulrich Mücke (Mücke, 2010, 210-239). Por otro lado, el accionar de Nicolás de Piérola en el sentido de intentar tomar el poder por la fuerza, para lo cual incluso contaba con armamento en Chile.

Habiendo estallado la contienda, el gobierno de Prado consideró que esa actitud subversiva de Piérola iba a ser pospuesta como producto de la guerra y por ello se le permitió regresar al Perú (abril de 1879). Contra lo esperado por el gobierno, la actitud turbulenta de Piérola realmente no amainó y el gobierno, tratando de neutralizarlo y establecer el necesario clima de paz y concordia nacional, llevó a cabo una serie de negociaciones, ofreciéndole participar en el gabinete ministerial, incluso –después del desastre de Angamos- presidiéndolo. Sin embargo, según Armas Asín, la actitud de don Nicolás de Piérola era de calculada paciencia, porque sólo era cuestión de esperar la pronta caída del régimen de Prado. Como dice el citado historiador:
"Creyeron poder manejar, dominar, al rebelde, y luego incorporarlo a su sistema de alianzas públicas, pero al final (octubre) no se dejó. Fue un amargo despertar, pues quisieron escapar del copamiento civilista y terminaron primero entregados al mismo civilismo (28 al 31 de octubre) y luego quedándose solos" (Armas, 2010, p. 130)

Como se puede apreciar, el "viaje de Prado" (18 de diciembre de 1879) es el final de una serie de desencuentros entre los principales actores políticos peruanos, personas e instituciones, en un periodo tan convulso como puede ser el de una guerra internacional y con un enemigo en pleno avance victorioso. Fue el simple cumplimiento de una muerte anunciada para un régimen al cual se le había ido de las manos la conducción política del país, la cual venía siendo ambicionada por Piérola, quien de pronto se vio con la mesa servida. Como dice Mücke:
"Solo a finales de 1879, cuando el gobierno había perdido la mayoría de sus instrumentos de poder debido a la Guerra con Chile, uno de los levantamientos de Piérola, tuvo éxito". (Mücke, U., 2010, p. 296).

Esto, en plena guerra, era una verdadera tragedia.

El viaje de Prado de 1876

Resulta anecdótico, e incluso tragicómico, que la decisión de Prado de alejarse del Perú, supuestamente para con su presencia destrabar los obstáculos que se oponían para la compra de material de guerra, que el Perú angustiosamente gestionaba en Europa, no hacía más que adelantar lo que de todas maneras iba a ocurrir por la descomposición en que se encontraba su gobierno. Es muy probable que Prado recordase su exitosa misión desempeñada en Europa, en 1876. Sin embargo, no se daba cuenta que la situación electoral de 1876, por más complicada que fue, y en la que él había resultado vencedor, no podía compararse con la situación políticamente caótica que enfrentaba en 1879 y, para empeorar aún más el ambiente, con un conflicto internacional en una fase que ponía seriamente en riesgo la integridad territorial del país que él presidía.

En 1876, Prado viajó a Europa por motivos de salud (Basadre, 1969, t. VII, p. 227) y, de paso, en calidad de Ministro en Londres, cumplir un encargo recibido del gobierno saliente de Manuel Pardo. La misión era en relación con el problema hacendario que atravesaba el Perú. Innegablemente, la gestión llevada a cabo por Prado fue muy exitosa y concluyó con la firma de contrato Prado-Raphael (junio de 1876), que pudo realizarse, entre otros factores, por las relaciones sociales de Prado, especialmente con el comerciante alemán Carl Eggert, amigo personal de Prado (Basadre, 1969, t. VII pp. 27-29).

De este suceso histórico bien vale la pena rescatar un hecho sobre el cual es bueno reflexionar. Señala Jorge Basadre, que en esa ocasión hubo personas del entorno político de M.I. Prado que trataron de disuadirlo para que no realizara dicho viaje, pero que él consideró que podía confiar en el civilismo y que su victoria electoral no corría peligro con su ausencia. Es cierto que Pardo, el presidente ya de salida, apoyaba la candidatura de Prado (recordemos que Pardo había sido Ministro de Hacienda durante la dictadura de Prado en 1865), pero bien sabía éste que en el proceso electoral de 1876 el civilismo había estado dividido. Esta actitud de Prado es un antecedente importante que debe tenerse en cuenta cuando se analiza el viaje de Prado de 1879.

Prado ignora la crisis política y desoye a sus allegados

Formalmente (resolución legislativa del 9 de mayo de 1879 autorizando al Presidente a salir del país) se puede decir, aunque con ciertos reparos, que el viaje cumplió con los trámites de ley para su autorización y, por lo tanto, fue totalmente legal. Volveremos sobre este asunto.

Veamos ahora, como sus más cercanos allegados y colaboradores le expresaron a Prado que en las cruciales circunstancias, tanto bélicas como políticas y económicas, que atravesaba el Perú, no debía ausentarse porque se podían producir consecuencias nefastas para la dirección de la guerra y del propio país. Si Prado, como nos parece, creyó que iba a poder repetir el éxito que tuvo cuando en 1876 viajó a Europa, solo significa que no sopesaba adecuadamente las circunstancias y contextos, internos y externos, tan diferentes que estaba viviendo.

Tanto su Ministro de Hacienda y Comercio, José María Químper, como su Vicepresidente, general Luis La Puerta, le hicieron saber lo totalmente inconveniente del viaje. La Puerta, quien tendría que asumir el poder, y que a decir de Basadre era "un anciano enfermo y casi reblandecido", le aseguró que apenas saliese del país, él sería depuesto.

En 1881, Quimper publicó su Manifiesto a la Nación, en el cual, a nuestro criterio, se encuentra la mejor defensa de la decisión de Prado:
"Cuando el Presidente Prado á su regreso de Arica, tuvo conocimiento de los recursos con que el país contaba, de los encargos hechos y de los elementos de todo orden que tenía preparados, fue irresistible su deseo de marchar personalmente a Europa y Estados Unidos para acelerar con su presencia y con su acción inmediata la remisión de armamentos y la adquisición de una escuadra. Me opuse a ese deseo aduciendo razones que es inútil repetir; pero como el General Prado tuviese en su apoyo a la mayoría de los miembros del Gabinete, el deseo se convirtió bien pronto en una resolución tomada. Indudablemente era nobilísimo el móvil que indujo al General Prado á ausentarse del Perú; pero no fue, a mi juicio, político ni acertado dejar el país en aquel momento.
Resuelto sin embargo el viaje, procedióse a llenar todas las formalidades de estilo en tales casos, y se llenaron efectivamente. La marcha del General Prado pudo no ser oportuna; pero es una infamia calificarla de fuga o abandono del puesto dejando a éste en acefalía, como lo repitieron á cien voces Piérola y sus cómplices". (Quimper, J. M., 1881, pp. 66-67). 
En la misiva del general La Puerta a M.I. Prado, del 11 de marzo de 1880, se puede apreciar claramente los reparos que su Vicepresidente le opuso a Prado sobre la total inconveniencia del viaje.
"…He dejado a los noticiosos y a los periódicos hacer saber a Ud. los acontecimientos que tuvieron lugar aquí después de la salida de Ud.;… En la noche en que Ud. se resolvió a ir a Europa, le dije que podía yo montar a caballo, viviría 6 u 8 días, pues no tardaría más en estallar la revolución; me equivoqué en 2 días". (Vargas Ugarte, 1970, p. 70).
¿Cómo poder comprender una decisión tan riesgosa cuando sus más cercanos colaboradores le hacían ver los riesgos que se corrían?

Veamos otro aspecto sobre este controvertido viaje.

La reserva del viaje

El 18 de diciembre de 1879 el presidente Prado se embarca en el navío Paita, que era un vapor correo propiedad de la Pacific Steam Navigation Company, pero bajo el nombre de John Christian. Ello debido a que era necesario mantener en reserva el viaje, tal como él mismo lo explica en su Carta Circular suscrita a bordo del Paita desde Guayaquil, el 22 de diciembre de 1879.
"Y me decidí a salir guardando reserva.
1° Para evitar en lo posible que lo supiese el enemigo, cuyos buques surcaban nuestras aguas del norte, dos de los cuales detuvieron este vapor algunas horas después que salimos del Callao.
2° Para evitar discusiones y opiniones, cuyo resultado, en la excitación en que los ánimos se encuentran, hubieran sido contrariar mi marcha y originar bullas y escándalos.
He aquí explicado los motivos de mi viaje y las causas del sigilo con que lo he realizado. …
No deja de ser admirable la religiosidad con que han guardado el secreto de mi viaje las varias personas que lo conocían; y esto me consuela mucho porque trae a mi ánimo el convencimiento de que, pensando con cordura, todos han estimado como una necesidad premiosa mi salida y el logro de los altos fines que lo inspiraron". (Ahumada Moreno, La guerra del Pacífico, tomo II, pp. 273-274).
¿Era conveniente y necesario el carácter reservado del que fue rodeado el viaje de Prado? Consideramos que sí, aunque sus opositores políticos que tomaron el poder denunciaron que era inadmisible que el presidente Prado se hubiera ausentado sin el conocimiento del país. En su Manifiesto dirigido desde Nueva York con fecha 7 de agosto de 1880, Prado se refiere nuevamente a este hecho:

"Era indispensable reservarla para no arriesgar ni la realización, ni el éxito, de un proyecto de tanta magnitud. Para no excitar las pasiones e intereses de del partido opuesto al Gabinete que dejaba. Para evitar que lo supiera el enemigo que a la sazón cruzaba por el callao. Para no caer prisionero, como habría sucedido en una de las naves que los chilenos abordaron el buque, si hubieran sospechado que iba en él. Por todas estas razones me decidí a no divulgar el viaje, que no por eso dejó de sr conocido y aprobado por el Vice-presidente de la república, por los Ministros y muchas otras personas más.

Y no me arrepiento de la reserva que guardé, con tanto mayor razón cuanto que por no guardarla hubiese caído prisionero, en poder del enemigo, y los que calificaron de fuga mi viaje, lo habrían calificado de fuga y connivencia con él". (Ahumada Moreno, t. III, pp. 382 y siguientes).
Vayamos por partes. Una vez aprobado y decidido el viaje, era de necesidad imperativa guardar el mayor sigilo, tanto en sus preparativos como en el embarque mismo. Ello explica por qué fue necesario que Prado se registrarse con otro nombre. Había que minimizar la posibilidad que el Presidente cayese en poder de los chilenos, por las implicancias políticas que ello acarrearía. Pero del debido secreto que guardaron los que conocían del viaje no puede colegirse, como muy interesadamente lo hace Prado, que todos los personajes de su entorno político y de gobierno hubieran considerado el viaje como de una imperiosa necesidad. Ya hemos visto que por lo menos dos de sus más cercanos allegados y colaboradores no compartían esa opinión, aun admitiendo que era para un fin noble, como era el intentar destrabar lo concerniente a la compra de armamentos.

Viaje y legalidad

Hemos señalado, con ciertos reparos, que se puede considerar, desde el punto de vista estrictamente formal, el viaje del presidente Prado como perfectamente legal, toda vez que se hizo de conformidad con la resolución legislativa del 9 de mayo de 1879, la cual autorizaba al Presidente a salir del país.

Casi todos los historiadores de este controversial acontecimiento, entre ellos Jorge Basadre, señalan que el viaje de Prado, en diciembre de 1879, fue totalmente legal porque el decreto del 18 de diciembre, que autorizaba su salida, se basaba en la resolución legislativa del 9 de mayo de 1879. Esta última, por su parte, autorizaba al Presidente de la República el poder mandar las fuerzas de mar y tierra y, además, salir del territorio nacional, si así lo creía o consideraba necesario.

No es este el parecer del historiador Percy Cayo, quien señala -y con toda razón- que los legisladores al dar dicha autorización debieron estar pensando que tal vez el presidente Prado, que asumía personalmente la dirección de la guerra, se viera en la necesidad de pasar a Bolivia o a Chile e incluso a ambos países.

Veamos que establecía la resolución legislativa del 9 de mayo de 1879.
"El Congreso, en vista del oficio que el día dos del mes de en curso dirigió a las Cámaras Legislativas el Presidente del Consejo de Ministros, dando cumplimiento a lo dispuesto en los artículos 95 y 96 de la Constitución del Estado, ha concedido licencia al Presidente de la República para que, si lo juzga necesario, pueda mandar personalmente la fuerza armada y salir del territorio nacional; debiendo en caso que haga uso de esta licencia total o parcialmente, encargarse del desempeño del Poder Ejecutivo el Vice-presidente llamado por la ley".
¿Qué establecían los mencionados artículos 95 y 96 de la Constitución de 1860?
Artículo 95.- El Presidente no puede salir del territorio de la República, durante el periodo de su mando, sin permiso del Congreso, y en su receso de la Comisión Permanente; ni concluido dicho periodo, mientras esté sujeto al juicio que prescribe el artículo 66.
Artículo 96.- El Presidente no puede mandar personalmente la fuerza armada, sino con permiso del Congreso, y en su receso, de la Comisión Permanente. En caso de mandarla, sólo tendrá las facultades de General en Jefe, sujeto a las leyes y ordenanzas militares, y responsable conforme a ellas.

¿Y qué dice M.I. Prado en el decreto de 18 de diciembre de 1879?
"Por cuanto estoy autorizado para salir del país por la resolución legislativa del 9 de mayo de 1879, y asuntos muy importantes y urgentes demandan mi presencia en el extranjero, y es mi deber y mi deseo hacer cuanto pueda a favor del país.
Decreto:
Artículo único.- Encargase de la Presidencia de la república a S.E. el Vice-presidente conforme a los artículos 90 y 93 de la Constitución".
¿Qué decían los mencionados artículos 90 y 93?
Artículo 90.- En los casos de vacante que designa el artículo 88, excepto el último, el Primer Vicepresidente concluirá el período comenzado. En los casos del artículo 93, sólo se encargará del mando por el tiempo que dure el impedimento del Presidente.
Artículo 93.- El ejercicio de la Presidencia se suspende:
1. Por mandar en persona el Presidente la fuerza pública.
2. Por enfermedad temporal.
3. Por hallarse sometido a juicio en los casos expresados en el artículo 65. (Delgado, 1965, p.250)
Ahora sí podemos analizar y apreciar mejor el parecer de Percy Cayo.

Hemos señalado que este historiador considera que la autorización de mayo de 1879 habilitaba, es cierto, al Presidente Prado a asumir personalmente la fuerza armada y salir del país. Sin embargo, los legisladores consideraron, tácitamente, en atención a como estaba evolucionado la guerra, que esa posibilidad de viaje solo podía ser hacia los países vecinos del sur (Bolivia y/o Chile). Esto como una posible consecuencia de la asunción del mando de la dirección de las fuerzas armadas y por lo tanto la posibilidad de pasar a territorio del país aliado (Bolivia) o del país enemigo (Chile) o de ambos, según podía evolucionar el desplazamiento de ejército peruano y/o aliado.

Para Percy Cayo, en mayo de 1879 los legisladores no podían tener en mente la posibilidad de un viaje del presidente a otro u otros países que no tuvieran que ver directamente con el escenario mismo de la guerra, toda vez que Prado quedaba autorizado, y así ocurrió, a asumir en forma personal la dirección de la guerra. Es por ello que Percy Cayo sostiene:

"El espíritu de esa autorización, indudablemente, no estuvo dirigido a que el presidente abandonara el territorio nacional como lo hizo siete meses más tarde. Mas parece haber estado, definitivamente dirigida dicha autorización al viaje al sur, que emprendería once días más tarde, a «mandar las fuerzas de mar y tierra»" (Cayo, Percy, 1981, p. 201).

Reconociendo que los argumentos esgrimidos por Percy Cayo son dignos de ser evaluados en forma objetiva, sin embargo consideramos que el uso que hizo Prado, en diciembre de 1879, de una resolución dada en mayo, es decir 7 meses antes, no ilegaliza el viaje, es decir no lo convierte en una viaje clandestino, como algunos sostienen, porque ello significa desconocer, o por lo menos no valorar adecuadamente, que Prado sale formalmente en regla, con el conocimiento y aceptación (a pesar de desacuerdos) de sus Ministros y del Vicepresidente. Prado cumple con dar el decreto encargando la Presidencia de la República al Vicepresidente La Puerta, quien no objeta el procedimiento y asume la Presidencia. Algo más, Prado deja una Proclama dirigida a la Nación y al Ejército, de fecha 18 de diciembre de 1879, en la que señala:
"Los grandes intereses de la Patria exigen que hoy parta para el extranjero, separándome temporalmente de vosotros en los momentos en que consideraciones de otro orden me aconsejan permanecer a vuestro lado. Muy grandes y muy poderosos son en efecto los motivos que me inducen a tomar esta resolución. Respetadla, que algún derecho tiene para exigirlo así el hombre que como yo sirve al país con buena voluntad y completa abnegación" (Delgado, 1965 p. 251)

¿Era necesaria otra resolución del Congreso autorizando el viaje del Presidente para salir del país con destino a los Estados Unidos y Europa?

Hay que tener en cuenta dos cosas. Primero, que Prado dejó la Presidencia el 16 de mayo de 1879 al asumir ese día el mando de las fuerzas terrestres y navales de la República, como General en Jefe del ejército y armada (art. 1° del decreto del 16-5-1879). Segundo, que cuando Prado regresa a Lima reasume la presidencia con fecha 2 de diciembre de 1879. Ese día, el vicepresidente Luis La Puerta da un decreto por el cual él cesa en el ejercicio del poder. El decreto, en su artículo único, dice:
"Ceso desde hoy en el ejercicio del poder Ejecutivo, que reasume el Presidente Constitucional General don Mariano I. Prado"
Como Prado había reasumido el cargo de Presidente, consideramos que en atención al espíritu y a la letra de la Constitución de 1860, vigente en ese momento, si él hubiera deseado asumir, personalmente, nuevamente la dirección de la guerra, hubiera sido necesaria una nueva autorización legislativa. Esto mismo vale para un ausentarse del país. Como el Congreso estaba en receso, la autorización la hubiera tenido que otorgar la Comisión Permanente (art. 95 de la Constitución). ¿Por qué Prado no gestionó esa nueva autorización? ¿Por qué no la consideró necesaria? Algo más, ¿por qué sus allegados y colaboradores no la consideraron necesaria? Considero que un análisis jurídico especializado de este punto es necesario.

De los testimonios personales de Prado se puede colegir que la decisión de ausentarse del país la toma en la última etapa de su estadía en el sur (fines de noviembre de 1879) y ya en Lima, en las primeras semanas de diciembre. No es cierto, como sostienen algunos, que en los primeros días de diciembre el Poder Ejecutivo envió al Congreso una solicitud de autorización para salir del país. El Congreso estaba en receso y ese trámite lo hubiera tenido que dirigir a la Comisión Permanente, lo cual no se hizo. Tan es así, que en el decreto del 18 de diciembre de 1879, en la parte considerativa, se dice: "Por cuanto estoy autorizado para salir del país por la resolución legislativa del 9 de mayo de 1879".

Más allá de las interpretaciones sobre si la resolución de mayo de 1879 era más que suficiente para que, en diciembre de 1879, Prado decidiese y se ausentase del Perú, se debe también considerar el factor tiempo de gobierno disponible. Éste era de tan solo ocho meses pues un nuevo gobierno debía asumir el mando del Perú en agosto de 1880. Si, como Prado señala en carta a Daza, el viaje podía durar unos cuatro meses, significaba que para abril o mayo de 1880 estaría de regreso Prado y ello significaba etapa de contienda electoral. Si a esto añadimos, como bien señala Basadre, que a Prado se le culpaba por todos los desastres de la guerra y por lo tanto estaba abrumado por un ambiente de vacío, lo políticamente correcto hubiera sido "intentar en algún gesto dramático la unión nacional, luchar por ella y si sus esfuerzos no tenían resultado, dimitir". (Basadre, 1969, tomo VIII, p. 179)

Es fácil comprender por qué el viaje de Prado fue asumido no sólo por sus enemigos políticos como una fuga, como es el caso de los periódicos de la época y entre ellos el influyente El Comercio. El viaje de Prado, no cabe la menor duda, fue una decisión totalmente impolítica, no realista y que no hizo sino poner el cúmplase a la anunciada muerte del régimen pradista. Consideramos, que con o sin viaje el régimen pradista no daba para más, y tarde o temprano, más temprano que tarde, un golpe habría terminado con él, como es lo que ocurrió. Lo que sucede es que con su viaje Prado precipitó este acontecimiento. De haberse quedado, no hubiera cejado Piérola en su intento de hacerse del poder y la tan nefasta evolución de la guerra habría sido el pretexto, atribuyéndola a una mala dirección. Ya sabemos que no era problema de dirección sino que Perú se embarcó en una guerra para la cual no estaba preparado.

Piérola, en el poder, lleva a cabo una serie de cambios en los cuadros militares que eran contraproducentes y ya se conoce los resultados. Ironías de la historia: tomada la capital limeña y habiéndola abandonado Piérola (algunos hablaron de fuga) terminó al poco tiempo dimitiendo, el 28 de noviembre de 1881, por no contar con el apoyo de las fuerzas del norte (Montero), del centro (Cáceres) y del sur (La Torre). Llegó a Lima el 3 de diciembre y abandonó el Perú con pasaporte otorgado por el gobierno de Chile. (Basadre, 1969, tomo VIII, pp. 357-360).

Prado comunica su viaje al país aliado.

Era lógico que Bolivia, aliado del Perú en esta contienda, tuviera que ser informada de la ausencia del Presidente del Perú, que hasta no hacía mucho había estado en el sur y en contacto con las fuerzas bolivianas. Es por ello que, el mismo día de su viaje, Prado le escribe una misiva al General Hilarión Daza, Presidente de Bolivia y que había establecido su cuartel general en Tacna, comunicándole que emprende viaje a Europa para conseguir por lo menos un poderoso buque que permita hacer frente a la escuadra chilena. Le señala, además, que las fuerzas aliadas del sur quedan bajo su comando y la de los jefes peruanos. Se despide diciéndole que calcula él que el viaje durará máximo cuatro meses.

Zoilo Flores, ministro boliviano en Lima -por su parte- cumplió con informar a su gobierno sobre este tan delicado acontecimiento, haciéndoles conocer el impacto producido por este hecho considerado por los peruanos "como una fuga o deserción" que provocaba "profundo despecho y cólera" incluso entre los amigos personales y políticos más íntimos de Prado. (Querejazu, 1995).

Juicio de connotados historiadores

Los historiadores peruanos más desapasionados, más objetivos, tales como Jorge Basadre, Percy Cayo Córdova, César Arias Quincot, Fernando Lecaros, Enrique Chirinos Soto, Javier Tantaleán Arbulú y Franklin Pease, son de la opinión que dicho viaje, en plena guerra y en la crítica situación que se encontraba el Perú, fue totalmente desacertado e impolítico.

Basadre, escribe:
"La historia independiente no puede menos que censurar el viaje de Prado". (Basadre, 1969, tomo VIII, p.178).

Percy Cayo Córdova, en su trabajo "La Guerra con Chile" señala:
"Acertado o no, el juicio de la historia mayoritariamente se ha inclinado por censurar acremente la actitud del presidente y aunque la página final de tal juicio puede quedar por escribirse,..."(Cayo, 1981, tomo VII, p. 200).

César Arias Quincot., al respecto nos dice:
"...el presidente Prado tomó la trágica decisión de embarcarse rumbo a EE.UU. para, con su presencia, activar las gestiones para lograr que el país recibiera esos barcos de guerra. La decisión fue lamentable e irresponsable, porque, dada la naturaleza de nuestra vida política, caracterizada por instituciones débiles, la presencia física del mandatario era vital para mantener la estabilidad política. Además, como la mayoría de la opinión pública desconocía este problema, la actitud del presidente fue entendida como una «fuga» que lindaba con la «traición»"(Arias,. 1998, tomo VII, p. 275)


Fernando Lecaros, después de compartir la opinión de Basadre en el sentido de haber sido un viaje censurable, escribe:
"Sin necesidad de creer que fue un acto de cobardía o de robo de los dineros del Estado, el súbito abandono de la Presidencia y de la Dirección de la Guerra en los momentos tan difíciles que se vivía, es un cargo suficiente para condenar la acción de este militar y político". (Lecaros, 1983, p. 73).

Enrique Chirinos Soto, escribe sobre el viaje de Prado:
"Entonces, Prado decide viajar al extranjero (18 de diciembre) para dirigir en persona las gestiones conducentes a la adquisición de los blindados. El rumor público que ha persistido a través de las generaciones, acusa por eso a Prado de traición. También lo acusa de haberse llevado el dinero o las joyas. En el Septenato libro del que soy autor en unión al doctor Guido Chirinos Izares, hemos dado las razones que exoneran a Prado de la doble e infamante acusación de robo y de traición. Estas son, en resumen, las siguientes: 1) El Congreso ha autorizado expresamente el viaje de Prado. 2) También ha sido autorizado por el Consejo de Ministros, con el solitario voto en contra de José María Quimper. 3) Prado no se lleva en las alforjas dinero ni joyas. A la sazón, ya funcionaba el giro bancario. 4) Las alhajas entregadas por las señoras de Lima a la Junta Administradora de Donativos fueron rematadas en Londres por Augusto Espinoza, agente de la dictadura de Piérola. Por lo demás, en el decreto de 3 de junio de 1888, mediarte el cual Piérola priva a Prado de la ciudadanía peruana, no se imputa a éste traición ni se le acusa de apropiación ni robo de dinero ni de joyas. Todo ello no obstante, resulta evidente que Prado comete muy grave error político al soltar, en tan difíciles circunstancias, el timón de la nave del Estado, y dejar ésta al garete" (Chirinos Soto, 1991, t. I, p. 259)

Tantaleán Arbulú, en su importante artículo dedicado a la guerra con Chile, publicado en Socialismo y Participación, de octubre de 2009, y que lo ha incluido en su libro "La gobernabilidad y el leviatán guanero", es claro en señalar que Mariano Ignacio Prado es uno de los peores presidentes que ha tenido el país (Tantaleán, 2011, p. 377). Sobre el viaje en cuestión, Arbulú comparte el certero juicio de Franklin Pease. Aprovechemos su cita para conocer la opinión de Franklin Pease.

"Una actitud que generó una leyenda negra es el viaje que hiciera el presidente Mariano Ignacio Prado a Europa. Al respecto, citaremos el juicio mesurado y serio del historiador Franklin Pease:

Prado había abandonado el Perú y había dejado el poder, una vez más, al enfermizo y reblandeado general La Puerta. Para ausentarse del país, hizo uso de la autorización legislativa [otorgada] medio año antes, que apuntaba a que, en caso que la guerra fuera feliz, avanzaría a territorio boliviano y, eventualmente, hasta territorio enemigo […] La razón del viaje esgrimida por el presidente se fundó en la necesidad de su presencia en Europa con el fin de adquirir las naves indispensables para una guerra que, según juzgaba, se prolongaría por mucho tiempo. Acertado o no, el juicio de la historia se ha inclinado por censurar acremente la actitud de presidente Mariano Ignacio Prado". (Tantaleán, 2011, pp. 390-391).

En cuanto a estudiosos extranjeros relativamente recientes mencionaremos a un holandés, dos franceses y a un estadounidense.

El holandés Dirk Kruijt emite un juicio bastante contundente y severo:
"… Si hasta ese momento la guerra del desierto en el sur había sido una catástrofe, lo que siguió fue una verdadera humillación para las Fuerzas Armadas y el gobierno peruano. Al conocerse la noticia de la derrota de Tacna, el presidente Prado decidió un repentino viaje a Europa para supervisar personalmente la compra de armamentos. Esta excepcional muestra de cobardía le brindó la oportunidad a un político civil, Nicolás de Piérola, para un golpe de estado." (Kruijt, 1990, p. 28)

El historiador francés Claude Michel Cluny, escribe:
"… El general presidente viste precipitadamente el hábito del rey Demetrio, quien, narra Plutarco, abandona para huir del oro y la púrpura, como un comediante en cuanto la pieza ha sido interpretada". (Cluny, 2008, p. 305)
"… el general Prado no tenía alma de dictador; pero se encontró en un callejón sin salida: no teniendo la fuerza o la voluntad de imponer ni las reformas ni la paz, siendo ésta indispensable para aquéllas, únicamente podía ceder al arrastre o partir. Prado cedió, y se resolvió a partir en el oprobio". (Cluny, 2008, p. 307).

El francés Pierre Razoux, escribe sobre el viaje de Prado:
"… La población aún estaba en shock por la desaparición del almirante Grau y su moral estaba de lo más baja. El Congreso se había negado incluso a votar los impuestos para financiar el esfuerzo de guerra. El presidente peruano pasó varios días arengando a los miembros del Congreso. Pensando que había logrado restablecer la situación en el frente interno, se embarcó el 18 de diciembre de 1879 a Europa, con el fin de negociar allá importantes préstamos bancarios e intentar procurarse nuevos navíos de guerra. Tres días después de su partida, la población de Lima se sublevó y llevó al poder a Nicolás de Piérola, personaje radiante y controvertido, demagogo y populista, que no hizo gran cosa para mejorar la situación de las fuerzas armadas", (Razoux, 2005).

El prestigioso historiador Peter Klaren, señala:
"Entretanto, ya antes, a medida que el Perú vivía esta serie de reveses militares y una crisis política cada vez más aguda, el Presidente Prado tomó la inexplicable decisión de abandonar el país en secreto el 18 de diciembre de 1879, para viajar a Europa en busca de préstamos con los cuales adquirir otros blindados más. Cuatro días más tarde, Nicolás de Piérola, su principal rival político, derribó a su gobierno e instauró una dictadura para salvar al país". (Klaren, 2004, p. 239)

Felipe Portocarrero Suárez, en su obra "El Imperio Prado: 1890 -1970", muy acertadamente ha puesto énfasis en el cómo fue vivida, por gran parte de la población peruana, esta decisión del presidente Prado:
"...ese viaje fue vivido por el país como un episodio traumático que envolvió a la población en un profundo sentimiento de abandono y desmoralización, agudizado todavía más por la cercana pérdida del Huáscar" (Portocarrero, F. 1995, p. 22).

Y más adelante continúa Portocarrero:
"Cuando el general Mariano Ignacio Prado y Ochoa viajó fuera del país en las dramáticas circunstancias bélicas en que lo hizo, desencadenó «sospechas inquisitoriales» entre sus contemporáneos. Estos últimos sintieron su partida como una fuga vergonzosa, como una evasión de sus responsabilidades producto del temor y la cobardía difícilmente excusables en un militar y, menos aún, en quien había sido depositario del fervor popular y tenido como héroe (se refiere a su destacada actuación en la lucha contra España en 1866, que llevó incluso a la formación de una Cuádruple Alianza conformada por Perú, Ecuador, Bolivia y Chile)". (Portocarrero, F. 1995, p. 235).

¿Se llevó dinero Prado?
Esta acusación es parte de la leyenda negra tejida en torno a M.I. Prado y que luego recaería sobre toda su familia. Está perfectamente esclarecido que, además de los poderes especiales de los cuales estaba facultado para la misión que se había propuesto, llevaba la suma de tres mil libras esterlinas que le había sido entregada, para sus gastos, por el Ministerio de Hacienda.

¿Y qué del dinero de la colecta patriótica de 1879? Sobre esto se habló y habla aún mucho, aunque también en calidad de leyenda. Esto también es historia conocida y suficientemente aclarada.

Después del desastre de Angamos (8-10-1879), don Melitón Porras tuvo la idea de llevar a cabo una colecta nacional que permitiera recolectar dinero que sería destinado a la adquisición de un acorazado, el cual debería ser bautizado como Miguel Grau. Para hacer realidad esta iniciativa se constituyó una comisión que debería encargarse de administrar el dinero que se obtuviese, pero, y esto es muy importante, sin entregárselo al Estado. La comisión estuvo integrada por el obispo Roca y Boloña, José Vicente Oyague, José Unanue, Aurelio Denegri y Bartolomé Figari, Todos, prestigiosos y honorables miembros de lo más alto de la sociedad peruana. El dinero en efectivo fue convertido en letras contra París y Londres. También se dispuso de joyas de mucho valor que podían ser comercializadas en Europa (las de menor valor fueron fundidas). Así como también, barras de oro y plata (375 kilos de plata y 15 de oro), producto de las fundiciones de joyas que se juzgaron no comercializables. Todo este cargamento fue transportado a Europa. Para no despertar sospechas de las fuerzas chilenas, muy sagazmente se empleó la ruta del sur, haciendo escala nada menos que en Valparaíso. El encargado de llevarlas fue Julio Pflücker y Rico, quien zarpó una semana antes que Prado saliese del Perú. Cuando Plücker y Rico llegó a París, en febrero de 1880, recién se pudo informar que Prado había sido depuesto y que ahora tenía que obedecer las órdenes de un nuevo gobernante, Nicolás de Piérola. Pero esto ya es otra historia,

Esta verdad fue destacada, en forma meridiana, por Jorge Basadre, quien escribe sobre el particular:
"La versión de que Prado se llevó consigo el dinero destinado a la compra de nuevos barcos es calumniosa". (Basadre, J., 1969, tomo VIII, p. 180).

La familia Prado y el "complejo reparativo"

Felipe Portocarrero ha analizado, en la obra que hemos mencionado, el "complejo reparativo" que debió actuar entre los descendientes de M. I. Prado (su hijo Manuel Prado y Ugarteche llegó a ser presidente del Perú en dos oportunidades: de 1939 a 1945 y de 1956 a 1962), los cuales llegaron a crear un poderoso imperio económico, el denominado Imperio Prado, estudiado por Felipe Portocarrero y desde otra óptica por Dennis L. Gilbert en su obra "La oligarquía peruana: historia de tres familias". Este complejo reparativo está muy ligado a la segunda temática de este trabajo.

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Texto escrito por Jorge G. Paredes M., tomado de la web www.monografias.com y la Revista de Claseshistoria, Publicación digital de Historia y Ciencias Sociales.

Saludos
Jonatan Saona

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