martes, 1 de noviembre de 2011

Parte de Recabarren

JEFATURA MILITAR Y POLÍTICA DE LA PLAZA DE PISAGUA.
Agua Santa, 4 de noviembre de 1879.

Señor General en Jefe:

En cumplimiento de mi deber, paso a narrar en los términos más precisos y acordes con la verdad histórica, los sucesos que en conjunto componen la jornada que tuvo lugar el día 2 del presente en el puerto de Pisagua.

A las 5 A.M. de dicho día, el señor capitán de navío y de dicho puerto me hizo notar la presencia de dos vapores que navegaban hacia él y venían del norte.

Suponiendo que fueran buques enemigos, sin pérdida de tiempo, puse esa circunstancia en el conocimiento de V.S., quien desde la víspera se encontraba en la plaza.
Transcurridos algunos minutos y con horizonte más despejado quedó confirmada mi sospecha de ser buques de la escuadra chilena, alcanzando entonces el número de los que se divisaban hasta dieciocho, todo lo cual hice notar a V.S., al mismo tiempo que solicité sus órdenes para proceder conforme a ellas en todas las emergencias que resultaran de la presencia de la escuadra enemiga al frente de la plaza.

Entonces, honrado con la absoluta confianza de V.S., y siendo las 6 A.M procedí a distribuir entre las dos piezas de artillería colocadas una al norte y otra al sur de la bahía, las fuerzas recién organizadas bajo mi mando, compuestas en su totalidad de doscientos cuarenta y cinco artilleros, incluso los cuarenta y cinco de la división boliviana, en todos los puntos de la plaza por donde pudiera efectuarse fácilmente un desembarque, que era el objeto que se proponía el enemigo.

En esta actitud esperé que el enemigo tomara la iniciativa para contestar sus fuegos, los que rompió a las 6.55 A.M. el blindado Lord Cochrane, inmediatamente secundado por cuatro corbetas de guerra, cuyos nombres no puedo precisar, sobre el cañón del sur, los cuales fueron inmediatamente contestados por él, continuando este desigual combate, en que muy poca parte le cupo tomar al cañón del norte por razón de la distancia en que se encontraban, hasta las 9 A.M., en que cesaron los fuegos por espacio de cincuenta minutos próximamente.

En este interregno, el enemigo se ocupó en transbordar fuerzas de desembarque a cuarenta embarcaciones menores que al efecto tenía preparadas.

Concluida esta operación, comenzó de nuevo a hacer disparos de artillería, dirigiéndolos a la parte no incendiada de la población, con el fin evidente de completar su destrucción, a la vez que proteger el desembarque de las tropas que ya se acercaban a las caletas y playas situadas entre la maestranza del ferrocarril y los cerros, puntos que se encontraban guarnecidos por fuerza de policía y de nacionales, respectivamente mandados por el sargento mayor graduado don Mariano Ceballos, el capitán don Ignacio Suárez y el de igual clase de la guardia nacional don José Vicente Rodríguez, las cuales opusieron a los proyectos del enemigo tan tenaz y vigorosa resistencia, que lograron rechazarlos, colocándolos en condiciones de no poder renovar el combate en tierra hasta no encontrarse apoyados por considerable número de tropas que habían sido desembarcadas en la playa de Guata, situada una milla al norte, trabándose entonces un recio combate que sostuvimos con buen continente y sin perder nuestras posiciones por espacio de más de cuatro horas, a pesar de estar sufriendo al mismo tiempo un nutridísimo fuego que nos hacían las ametralladoras de los buques y de las lanchas, así como con la artillería de los primeros, que no cesó de disparar un solo instante.

Desde poco después de principiado este segundo periodo, comenzaban a bajar sucesivamente varias compañías de las fuerzas bolivianas situadas en el Hospicio, tomando parte en el combate con caluroso entusiasmo y con notable arrojo.

Como el enemigo pudiera disponer de numerosas fuerzas, tuvo ocasión de renovar constantemente sus desembarcos y lograr la reunión de una masa próximamente de cuatro mil hombres, con la cual alcanzó a dominar algunas posiciones ventajosas que duplicaron su acción y nos obligaron a dejar lentamente aunque cortándole muy cerca cada paso que avanzaban.

Ocurría esto a la 1 P.M. en que también noté que se retiraban las fuerzas bolivianas situadas en los cortes de la línea férrea, circunstancia que me obligó a disponer la retirada de los que se batían en la playa; efectuándola el que suscribe, media hora después y por la vía de Junín, única que aun se encontraba expedita y que continué hasta dominar la pampa del Hospicio, de donde me dirigí a la estación de San Roberto para unirme con V.S.

Todas las fuerzas peruanas y bolivianas que bajo mi mando han tomado parte en este rudísimo combate, se han mostrado dignas de la santa causa que defienden, y, por consiguiente, de la superior consideración de V.S., ante quien cumplo el deber de hacer la recomendación que unas y otras merecen.

Siendo digna de especial mención la conducta observada por los señores coroneles de la guardia nacional don Nicanor González y don Manuel Francisco Zavala, a quienes en los momentos más comprometidos del combate les ordené acudir a la estación con un grupo de 18 hombres con quienes estaban en el cañón del sur.

Asimismo el capitán de navío y del puerto don José Becerra, que se mantuvo en su puesto al frente de una compañía de nacionales; el capitán de fragata don Manuel Benavides y particularmente la del alférez don Ignacio del Mar y del capitán de Zapadores don Pedro Rumié.

La circunstancia de haber quedado la plaza en poder del enemigo, no me permite apreciar el número de bajas que ha sufrido, tanto el enemigo como nuestras fuerzas, concretándome a participar a V.S. la sensible muerte del teniente de artillería don Luis Tamayo, de la dotación del cañon del sur, y de la ignorada suerte o condición que le haya cabido al teniente coronel de artillería don Manuel Saavedra, al capitán de la misma arma don N. Espinosa, que quedaron en la ambulancia, del coronel de la guardia nacional don Manuel Zavala, y del capitán de la misma, don José Vicente Rodríguez, ignorándose el paradero de todos ellos.

Encuentro conveniente dejar designado en este parte para el superior conocimiento de V.S., que en la estación del ferrocarril quedó lista para salir a las 5.30 A.M. de ese día, la máquina que debió subir por haber abandonado su puesto el maquinista que la manejaba, y por no haber tenido absolutamente con quien reemplazarlo.

Las consecuencias del bombardeo han sido completar el incendio de la población, comprendiendo una existencia de cincuenta mil quintales de salitre, poco más o menos, y exceptuando la estación del ferrocarril, los almacenes de la aduana y casi toda la casa de Outram y Cía.

Es cuanto tengo que participar a V.S., señor General en Jefe.
ISAAC RECABARREN.

Al benemérito señor General en Jefe del ejército del Sur.
**************
Saludos
Jonatan Saona

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Heroe de heroes ,peleaste como león desde Pisagua hasta Huamachuco, orgullo de nuestra amada patria,Dios te tenga en su gloria y que los militares de hoy sigan tu ejemplo.

Anónimo dijo...

es probablemente el militar que recibió la mayor cantidad de heridas en combate (en Tarapacá, Chorrillos y Huamachuco) y sobrevivió a la guerra, dejo su sangre desde el desierto de Tarapacá a las alturas de Huamachuco siempre defendiendo a la patria hundida como estaba en la peor de las desgracias.

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