sábado, 9 de julio de 2011

relato Salcedo sobre Concepción


Lo que vió el capitán don Arturo Salcedo

Unas treinta cuadras ántes de llegar a San Jerónimo, i cuando la vanguardia de la Division habia acabado de pasar la famosa Quebrada Honda, lugar en que los pobres enfermos tuvieron que sufrir crueles molestias, que aquellos hombres de hierro soportaban con imapávida frialdad i resignacion; su jefe, don Marcial Pinto Agüero, tan prevenido i cuidadoso de su tropa como Canto, ordenó al activo capitan-ayudante don Arturo Salcedo se adelantase forzando sus cabalgaduras a La Concepción, i previniese al capitan Carrera Pinto para que éste preparase el rancho necesario para los espedisionarios, i especialmente hiciera condimentar alimentos sanos i apropiados para los numerosos enfermos i heridos de la division. 
El capitán Salcedo partió inmediatamente, acompañado del subteniente abanderado don Luis Molina V., oficial que ya se distinguía por su carácter serio i digno, i del sarjento 2.º Tondreaux, que servia en la Mayoría. 

Los tres iban a caballo; pusieron a buen paso sus animales i observando cautelosamente el estrecho horizonte, se dirijieron a La Concepción. 

“Serian, dice ahora mismo don Arturo Salcedo, las dos i minutos de la tarde del 10 de Julio, i esa realmente debió ser la hora, porque estudiando documentos de la época, escritos casi al pié del cañón, encontramos que a las cuatro de esa memorable tarde la vanguardia del bizarro comandante Pinto Agüero “estaba a la vista de Concepción”, leo en “La Retirada de Huancayo”, editada en Lima en 1882, pájina 15, renglon 3.º, su autor don Isidoro Palacios, honrado í patriota secretario de los vencedores de Pucará i de Huamachuco i los Jenerales don Estanislao del Canto i don Alejandro Gorostiaga. 

Seria, pues, la hora apuntada, las 2 de la tarde, poco mas, cuando Salcedo, Molina i el sarjento Tondreaux, recibieron la órden de dirijirse a la Concepcion; “a las 2 1/2 llegamos a San Jerónimo, continua Salcedo, i al atravesar esa villa no pudo menos que llamar nuestra atención el pavoroso silencio que reinaba en el pueblo; no se divisaba un alma; no habia nadie; aquello era un cementerio. 

Nosotros mirábamos no sin cierta inquietud aquel silencio, aquel abandono del pueblo, cuando de unas de sus casas vimos salir al súbdito italiano don Carlos Rivetti, comerciante en calzado, vecino de Huancayo, que mui chileno se habia adelantado con su familia a San Jerónimo, para continuar viaje a Lima, que no queria quedarse en La Sierra por temor a la soez i terrible venganza peruana”. 

“Rivetti se dirijió a nosotros, narra Salcedo, i desde léjos, accionando, dió a comprender que algo mui grave acontecia”. 

“Era yo mui íntimo amigo con Ignacio, anota Arturo Salcedo, i algo así como una congoja inesplicable, me tomó el corazón; fué a caso un vuelco del alma que me llevó a imajinar que Carrera Pinto hubiera muerto”. 
“No lo sé; pero, algo raro pasó por mí”. 

“Don Cárlos Rivetti en el inter agregaba: “Toda la guarnición, sin que se halla escapado uno solo han muerto en La Concepción” 

“Todos, todos, han perecido, no se rindieron jamás; Qué chilenos tan bravos!” 

“Un rayo que hubiera caído a mis pies, la muerte de mis padres, no me habria producido una impresión mas profunda, mas espantosa!” 

El señor Rivetti nos dió todos los datos que sobre aquella heróica trajedia poseia; i en el acto continuamos la marcha sobre la Concepción”. 

De San Jerónimo distábamos poco mas de una legua, i ese trayecto lo salvamos a buen paso, i cuando ya estábamos encima de la loma que cierra por el sur a Concepcion i cerro que contornen el labrado camino que, al llegar a su base jira hácia la izquierda, pasa doblando la puntilla i haciendo flanco derecho, penetra al pueblo, abandonamos la carretera, tomamos el atajo i de frente ascendiendo aquella larga i suave montaña, llegamos a la altura”. 

“Desde aquel punto se divisaba todo Concepción; una negra i espesa humareda teníamos a la derecha, i nuestros ojos pronto pudieron descubrir que aquel incendio devoraba el cuartel de la 4.ª compañía del Chacabuco, la de Ignacio Carrera, nuestro amigo i hermano.” 

“Momentos después, una sonora descarga hecha de los suburbios, nos hizo pensar en la tremenda realidad, i volviendo bridas tomamos el campo, devorándolo, i corrimos a dar a nuestro querido jefe, a don Marcial, al coronel Canto, a la División entera, la noticia tremenda, espantosa”. 

“En el camino tomamos un cholo ebrio, embrutecido por el alcohol, fué imposible obbtener nada de él; pensamos fusilarlo, pero después cambiando de opinión, seguimos con el prisionero”. 

“Unas cuantas cuadras ántes de San Jerónimo encontramos al comandante Pinto Agüero, i sin pensar en nada, de repente, brutalmente, le comunicamos todo cuanto ocurria, todo cuanto habiamos visto: el incendio del cuartel, la descarga hecha, lo que Rivetti nos habia narrado”. 

“Nuestro jefe que era todo un soldado, bravo como un león, ronca la voz, gritó; “Hagan avisar al coronel Canto lo que ocurre, i que para no perder tiempo marcho yo con la vanguardia sobre la Concepción; Usted, ayudante Salcedo, parte conmigo”. 

El coronel Canto, momentos después, recibia a su vez la fatal noticia; ordenaba inmediatamente al mayor del 2.º de Línea, don Enrique del Canto, que con dos compañías de ese cuerpo, trepando las sierras del oriente, cayese a La Concepción por su flanco derecho. 

Los veteranos del 2.º, al trote, locos, tomaron el campo, empeñaron la maniobra. 

I la fatal nueva cundió por la hueste chilena con la rapidez del rayo. 

Prendió la cólera, la rabia satánica cual poderoso reguero de pólvora que enciende espantosa mina i un volcan de dicterios, de exclamaciones, de mueras, retos, vivas e imprecaciones, cubrió el espacio caldeado que rodeaba a aquella tropa. 

¡Adelante!, Vivan los chacabucos! Viva Chile! Vivan los mártires de La Concepcion! Viva Carrera Pinto! Mueran los cholos! Abajo los montoneros! Mueran los frailes de Ocopa! Viva Chile! A la carga! Adelante! 

I mil i mil impreciaciones poblaron las filas de aquellos veteranos, a quienes cegaba la rabia, hacía estremecer el valor! 

Los enfermos abandonaban sus camillas i empuñaban las armas; i los buenos, los que custodiaban a los heridos i a los tifoideos olvidaron su misión, dejaron sin amparo a esos inválidos i fueron tambien a Concepción. 

Nadie quería quedarse i fué necesario todo el esfuerzo poderoso de los jefes del 2.º, Artillería, Santiago, Lautaro i Carabineros, para contener a nuestra tropa que queria en volandas, llegar a La Concepcion i vengar tamaña injuria, tan cruento sacrificio! 

Solo el Chacabuco i la compañía del Lautaro del capitan don Rómulo Correa no se contuvieron; i como hemos dicho, estando de vanguardia tuvieron la suerte de ser los primeros en entrar al pueblo, i tambien la de espectar ántes que nadie el espeluznante espectáculo de la matanza horrorosa; de la impudicia i lujuria gastada por nuestros enemigos para violar i profanar los cadáveres, las cenizas de aquellos heróicos soldados. 

Al combate habia seguido la profanacion; la befa inmunda, salvaje del ebrio, del cholo, del mulato cobarde, del indio estúpido, del montonero infame, soez i sanguinario con los muertos, que huye, arranca de los vivos. 

La asquerosa cobardía se cebaba como el inmundo gallinazo en los muertos, ave sagrada, representante fiel, retrato clásico i jenuino de la raza peruana, enjendro de negro, de indio i de coolí, rujia ahora e insultaba a aquellos yertos despojos porque sabia que el mudo silencio de los sepulcros, dominaba soberanamente a los 77 chacabucos! 

Lo hemos dicho, el Ejército entero tembló de rabia, rujió de coraje. 

(tomado del libro de Nicanor Molinare, el Combate de Concepción)
******************
Saludos
Jonatan Saona

7 comentarios :

Anónimo dijo...

Huaripampa y Chupaca

Anónimo dijo...

Ojo por ojo.

arturo sotomayor dijo...

Todo honor y toda gloria a los inmortales, los héroes, los chilenos que no permitieron rendir el glorioso pabellón. La Patria entera debe estar gratificada con esos seres que no luchaban por ideologismos partitocráticos insanos luchaban por lo más sagrado Chile. Bendiciones a los caídos que entendieron con el corazón henchido lo que significa morir defendiendo la Patria.

ws2falcon dijo...

Muy buenos comentarios. Concepción prueba nuevamente, qué si bién, Chile ganó la guerra unido, armado, y apoyado por intereses extranjeros, la verdad también Es qué la guerra no fué un desfile para su ejército. Ellos también recibieron lo suyo. Saludos!!!

Marcos dijo...

Si eres un ejército invasor que ha sometido, ejecutado a mansalva y violado mujeres lo mínimo que esperas es un poco de resistencia no?

Marcos dijo...

Si eres un ejército invasor que ha sometido, ejecutado a mansalva y violado mujeres lo mínimo que esperas es un poco de resistencia no?

Anónimo dijo...

LA UNICA JUSTICIA DE LA CUAL NADIE PUEDE SALVARSE ES ALA CORTA O' A LA LARGA LA JUSTICIA DIVINA...Y ESA YA DIOS NUESTRO SEÑOR YA LA PUSO EN PRACTICA CON NUESTROS DIZQUE HERMANOS DEL SUR',DIOS TENGA COMPASION Y SE APIADE DE ELLOS X TANTAO ABUSO Y DESTRUCCION Y DESGRACIA Q' LE OCASIONARON A NUESTRA NACION.

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