viernes, 8 de julio de 2011

Parte Pinto A sobre Concepción

BATALLÓN CHACABUCO 6º DE LÍNEA

Jauja, julio 12 de 1882.

Señor:

Como V.S. sabe, la guarnición de la Concepción se componía de cuatro oficiales y 73 individuos de tropa de la 4ª compañía del cuerpo de mi mando, al mando del capitán don Ignacio Carrera Pinto.

Según los datos que se han tomado de algunas personas que se han encontrado en la ciudad, están contestes en asegurar que el día 9 del presente, de 2 a 2.30 P.M., se presentaron en las alturas que rodean al pueblo tropas enemigas que, uniformadas de blanco y armadas de rifle, hacían fuego sobre la plaza.


En este mismo momento aparecieron por las diversas entradas de la plaza gran número de indios armados de lanzas. El enemigo encontró lista a la compañía para ponerse en defensa, por tener el capitán de antemano orden mantenerla acuartelada.

Según los relatos que todos hemos oido, el ataque principió con gran ímpetu por parte del enemigo, el que era contenido en las entradas de la plaza por nuestros soldados con bizarría; pero como sufrieran muchas bajas, al anochecer se replegaron al cuartel situado en la misma plaza, y ahí combatieron toda la noche, rechazando muchas veces las masas de indios y gente armada que se abalanzaban a la puerta del cuartel, a sus ventanas y a las paredes que lo circundan.

El ataque duró toda la noche del 9 y la mañana del 10; pero ya, como a las 9.30 A.M. de este día, el enemigo se persuadió claramente de que la municiones se habían concluido y los que habían peleado como buenos 19 horas, tuvieron que resistir sólo al arma blanca, rechazando nuevamente con las puntas de sus bayonetas a los asaltantes que, ya ensorberbecidos, cargaban con furia a tomarse el cuartel.

El enemigo, fastidiado de la tenaz resistencia de los nuestros y convencido de que el temple de los hombres que encerraba el cuartel era de aquellos que no proporcionan un fácil triunfo, resolvió incendiar el edificio, lo que efectuó arrojando petróleo a los techos y haciendo forados en las paredes que rodean al cuartel; de esta manera consiguieron penetrar al recinto donde se encontraban los que hicieron la defensa de la plaza de la Concepción.

Se dice que cuando el enemigo en grueso número entró al cuartel, la porfía y encarnizamiento de la defensa fue horrible; dando por resultado la muerte de toda la guarnición, incluso sus oficiales sin que quisiesen rendirse por nada, a pesar de que se les gritaba que lo hicieran y que nada se les haría.

El comandante de Carabineros me ha asegurado que el alférez de su regimiento, señor Sierralta, recorrió con 20 hombres, el día 11 por la mañana, la ribera del río frente a la Concepción, y encontró un gran número de heridos de bayoneta, y es de presumir que el número de éstos y el de los muertos sea muy numeroso.

El número de fusileros enemigos que atacaron a la guarnición de la Concepción era de 300, al mando del coronel Gastón, y como 1.500 indios armados de lanzas.

Excusado me parece, señor coronel, recomendar a la consideración de V.S. la conducta brillante y más que distinguida observada en el hecho de armas de la Concepción el 9 y 10 del presente, por los señores oficiales y tropa que formaban parte de esa guarnición; hechos de armas de esa naturaleza, llevan consigo su recomendación.

La memoria del capitán don Ignacio Carrera Pinto, subtenientes don Julio Montt, don Arturo Pérez Canto y don Luis Cruz M., sacrificados con sus 73 soldados en el puesto del deber, es algo que el que suscribe, como el personal del cuerpo de mi mando, recordaremos siempre con respeto y nos esforzaremos en imitar, en algo siquiera, el camino que con su abnegación y sus vidas nos ha trazado ese puñado de valientes.

El armamento y vestuario fue llevado por el enemigo, dejando los cadáveres en completa desnudez, con el objeto quizás de que pudiéramos ver las horrorosas mutilaciones con que la saña del salvaje se había cebado en los cuerpos ya sin vida de esos mártires de su abnegación y patriotismo.

Adjunto a V.S. una relación nominal de los señores oficiales e individuos de tropa muertos en el hecho de armas de que doy cuenta, ascendentes a cuatro oficiales y 72 individuos de tropa del Batallón Chacabuco 6º de Línea.

También murió en el mismo hecho de armas el soldado de la 1ª compañía del Batallón movilizado Lautaro Pedro González, que había quedado por enfermo en esa plaza.

Dios guarde a V.S.

MARCIAL PINTO AGÜERO

Al señor Coronel, Comandante en Jefe de la División del Centro.
************
Saludos
Jonatan Saona

5 comentarios :

Angel A. Rodriguez dijo...

la crueldad del ataque en concepcion fue en respuesta a los abusos que cometian los soldados chilenos en cada uno de los pueblos por donde pasaban.

Raúl Olmedo D. dijo...

El abuso - si tal era - no se compadece con la tortura y mutilación extrema de cadáveres chilenos que se implantó en la Sierra, por parte de las fuerzas de Cáceres, a partir de ese mes de julio de 1882. Situación que se mantuvo hasta fines de 1883.
El mando chileno estimó que los jefes y oficiales peruanos que ordenaron o permitieron tales hechos no merecían el trato de prisioneros de guerra en caso de ser capturados. De ahí las ejecuciones sistemáticas que se cumplieron sobre ellos en el mismo período, y que culminaron el 10.07.83 en Huamachuco.
Ningún cadáver peruano fue descuartizado por las tropas chilenas durante la GDP. Aunque muchísimos heridos fueron repasados a lo largo del conflicto.

R. Olmedo

Anónimo dijo...

el repaso y el fusilamiento de prisioneros peruanos ya se daba antes de Concepción señor Olmedo, para eso basta revisar los partes chilenos

Raúl Olmedo D. dijo...

No hay duda alguna de que el repase de heridos se dio, por ambas partes, desde el comienzo mismo de la guerra.
Las tropas chilenas repasaron en Pisagua, de acuerdo a sus propios relatos (argumentando que los heridos aliados se fingían muertos para luego dispararles desde atrás) y también en Germania. En Tarapacá ambos bandos se repasaron con furor, sacando los chilenos, lejos, la peor parte en su derrota.
Igual cosa ocurrió en Tacna, Chorrillos y Miraflores. En Arica sólo repasaron, que yo sepa, los asaltantes chilenos a las fuerzas peruanas.

Pero distinto es el descuartizamiento de los cuerpos enemigos y su paseo en trozos ensartados en lanzas y rejones, para luego ser exhibidos tales miembros colgando de pircas y paredes. Costumbre local que, ciertamente, causó honda impresión en las fuerzas chilenas desplazadas a lo largo del valle del Mantaro.
Se culpó, quizás injustamente, a los oficiales que ordenaron, o permitieron esa conducta. Ya vemos que el propio Cáceres se expresa con horror al respecto. El caso es que, como producto de aquello, desde julio de 1882 en adelante se repasó in situ o se ejecutó a todo herido o capturado peruano. Ese mismo mes, a no menos de 700 personas. Y en julio de 1883, luego de Huamachuco, quizás otro tanto, luego de una búsqueda sistemática en un área de hasta 4 leguas en rededor del lugar de la batalla. Además de los 800 caídos el mismo 10.07.83

R. Olmedo

Anónimo dijo...

Ante tanta aberracion y sanguinario comportamiento algunos no les queda mas que decir que mutilaban porque los chilenos cometian tropelías. Lo que no dicen que hasta Caceres se indignaba pero lo permitia. Aseguraba que eran malas costumbres locales de la indiada lo que puede ser cierto dada la incultura y poca asimilacion a las costumbres civilizadas y cristianas. Lo que no se puede discutir es que la lucha era sin cuartel y ambos bandos lo sabian

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